30 semanas de embarazo.

-Mami.- Dijo Henry entrando en el despacho de Regina.

-Dime cariño.- Le dijo su madre mirándolo con una sonrisa.

-La abuela quiere que vayamos al cine el sábado. ¿Puedo ir?- Preguntó mirándola con ojitos de cordero.

-¿Le has preguntado a mama?- Preguntó Regina sonriendo aunque sabía la respuesta.

-Quería que te preguntase a ti.- Dijo Henry que parecía algo enfadado por esas vueltas que sus madres daban.

-Está bien, cariño.- Dijo Regina sonriendo.

-Vale, gracias.- Soltó dándole un beso en la mejilla y saliendo del despacho para dejarla trabajar un rato más.

Emma se estaba encargando de preparar el almuerzo mientras que Regina trabajaba un poco en su despacho, que la rubia casi no la dejase salir sola de la casa la desquiciaba pero conseguía relajarse si se encerraba y se ponía al día con el trabajo.

-¿Has terminado?- Preguntó la rubia entrando al despacho.

-Casi. ¿Por qué?- Preguntó la morena quitándose las gafas para mirarla.

-La comida esta casi lista y no puedo entretenerme porque esta tarde tengo guardia.- Dijo Emma acercándose a Regina y dándole un beso en el cabello.

-Entonces bajo enseguida.- Regina apagó el ordenador y se levantó.- Por cierto… Henry va el sábado al cine con tu madre.

-Lo sé, me lo dijo.- Dijo Emma sonriendo.

-Siempre acabamos igual, Emma.- Le dijo Regina entrando en la cocina para terminar la comida.

-Lo siento, no quería decirle que sí por si acaso tú tenías algún plan con él. –Soltó Emma consiguiendo que Regina se ablandase aunque no iba a reconocerlo.

-Está bien pero no quiero ser siempre la mala de las dos.- Dijo Regina dándole un beso suave en los labios.- Si me niego acaba enfadado conmigo.

-Prometo intentar solucionarlo.- Dijo segura la rubia.- Vamos a comer.- Emma cogió la mano de Regina para quitarle un poco de peso al asunto.- ¡Henry!- Lo llamo desde abajo.

Tras comer Emma se marchó a trabajar, había tenido que hacer horas extra para poder cogerse después un par de meses para cuidar de su hija, aunque su trabajo era tranquilo y casi sin sobresaltos no podía dejar la ciudad sin cuidado así como así.

Regina por su parte se quedó en casa para adelantar trabajo, al día siguiente debería ir algunas horas al ayuntamiento para seguir cerrando cosas antes de tomarse la baja total. Por suerte la reelección no sería hasta 8 meses después y le daría tiempo a tener a Sophia y no dejarla demasiado pequeña para centrarse en eso.

Acababa de terminar de revisar unos documentos cuando Henry entro en el despacho, el niño había pasado la tarde jugando a un nuevo videojuego que Emma había comprado supuestamente para él, aunque Regina sabía muy bien la verdad, la rubia compraba los juegos para ella y decía que eran para el niño.

-Mami.- Dijo Henry sentándose en el sofá.

-Dime, cariño.- Dijo Regina levantando la vista de sus documentos.

-¿Puedo comer un poco de chocolate?- Henry traía una chocolatina que había cogido en la cocina pero no se la comía sin que su madre le diese permiso, sabía que se podía enfadar.

-Sí, pero sólo si me traes una para mí.- Le contestó haciendo que el niño mostrase una gran sonrisa.

Henry dejó la chocolatina sobre el sofá y salió corriendo sin decir nada, segundos después apareció de nuevo en el despacho con otra chocolatina pero esta vez traía la favorita de su madre. Regina sonrió y la aceptó levantándose de su silla y sentándose al lado de él en el sofá la abrió para comer.

-¡Henry!- Casi gritó Regina llevando su mano a la barriga.

-¿Qué pasa, mami?- Dejo la chocolatina y se giro hacia su madre muy preocupada.- ¿Está bien?- Volvió a preguntar.

-Dame tu mano.- Regina cogió la pequeña mano de Henry y tras levantarse la camisa la puso sobre su barriga.

-¿Qué es eso?- Preguntó de nuevo Henry al notar un golpe en su mano.

-Es Sophia.- Aseguró Regina sintiendo sus movimientos por primera vez.

-¡Qué guay!- Gritó Henry sobrexcitado por la situación.- Parece que está jugando al fútbol.

-Así es, parece que le gusta mucho el chocolate.- Aseguró Regina muy contenta por la sensación.

-¡Como a mí!- Volvió a decir Henry notando de nuevo los movimientos de su hermana.

-Vamos a llamar a mama para que venga a ver esto.- Le dijo Regina señalando su móvil para que Henry se lo acercase.

Henry entendió a su madre y se levantó para darle el teléfono pero nada más dárselo volvió a poner su mano en la barriga de su madre para notar a su hermanita.

-Hola, amor.- Dijo Emma al ver el nombre de su mujer en el móvil.

-¿Qué te queda, cariño?- Preguntó Regina.

-Poco, estoy liada con algunos documentos.- Dijo Emma tranquilamente.

-¿No tenías guardia?- Preguntó Regina.

-Así es, pero en este pueblo no pasa nada así que aprovecho para adelantar el papeleo. ¿Qué necesitas?- Preguntó Emma que ya no sabía que buscaba su mujer.

-¿Podrías venirte antes?- No quería decírselo por teléfono.

-¿Te encuentras mal?- Preguntó Emma que se estaba empezando a alterar.- ¿Y Sophia? ¿Ya viene? ¿Estás bien?- El pánico se apoderó de la rubia que no dejaba hablar a Regina.

-¡Emma!- Le gritó Regina para que se cayese y así poder hablar ella.- Todo está bien, sólo quería que vinieses porque Sophia se está empezando a mover.- Tuvo que decir para relajar un poco a Emma y que no se colapsase.

-Voy.- Gritó Emma colgando el teléfono para salir lo más pronto posible a la mansión.

Emma llegó 15 minutos después a la mansión con la respiración alterada y sudando por la carrera. Cuando abrió la puerta se encontró con las risas de su mujer y su hijo en el despacho por lo que se acercó lentamente para no dejarse ver. Se encontró con la puerta abierta, Henry y Regina comía chocolate mientras que ambos acariciaban la barriga de la morena y notaban como Sophia se movía de vez en cuando. La rubia se escabullo hacía su dormitorio y sacó la cámara para poder inmortalizar ese precioso momento.

-¡Emma!- Le regañó Regina al ver el flash de la cámara.

-Perdona, es que estabais monísimos.- Aseguró Emma entrando al despacho y dejando en el camino la cámara.

Emma se agachó un poco apoyando sus manos sobre el sillón para besar los labios de su mujer y luego repitió el gesto con Henry dejando el beso en su frente.

-Mama, Sophia se esta moviendo.- Aseguró el niño sumamente contento.

-¿Me dejas un hueco?- Preguntó cogiendo a su hijo en brazos para poder sentarse al lado de Regina.

-¡Ponla aquí!- Le dijo el niño cogiendo la mano de su madre y acercándola hacía la barriga de Regina.- Ahora no se mueve…- Soltó tristemente.

-Sí que lo hace.- Aseguró Emma que noto el movimiento bajo su mano.

Emma se quedó un rato sin mover la mano de la barriga de Regina mientras que esta seguía comiéndose el chocolate y sonriendo al ver como sus dos niños hablaban con su barriga y reía pensando en lo que harían cuando naciese.

-Henry vamos a dejar a mami descansar.- Emma veía que Regina no iba a decir nada pero se le notaba cansada.

-Vale, ¿Jugamos a algo?- Preguntó Henry contento.

-¿Te parece si vemos un video?- Preguntó Emma recordando el video que Regina y ella grabaron cuando él dio sus primeras patadas.

-¡Guay!- Soltó haciendo que sus madres riesen.

-Descansa un poco.- Emma se levantó y dejo un suave beso en los labios de su mujer.

-¿Preparas la cena?- Preguntó ella para estas más tranquila.

-Yo me encargo de todo. ¿Alguna preferencia?- Emma la miró sonreír.

-No, pero no te pases con las grasas.- Soltó haciendo reír a la rubia que la volvió a besar.

Emma cogió el portátil antes de salir y comenzó a poner el video para que Henry lo viese, a él le encantaba ver las fotos y videos que su madre le habían hecho cuando era bebe.

-¿Soy yo?- Preguntó sorprendido, ese video era la primera vez que veía ese video.

-Claro que eres tú.- Sonrió Emma al recordar el momento.

Flashback.

-¿Cómo estas, cariño?- Decía Regina entrando en el salón donde Emma estaba tirada jugando a videojuegos.

-Concentrada.- Dijo sin levantar la cabeza de la partida que tenía empezada.

-Eres una cría.- Regina se acercó a su lado y se sentó mirando cómo se dedicaba a matar zombies bastante motivada.

-No es una novedad.- Contestó con una sonrisa pero sin dejar de jugar.

-Lo sé.- Regina le quito un poco el mando y se coloco delante para poder besarla.- La próxima vez me saludas como Dios manda.- Soltó haciendo sonreír a Emma.

-¿Me dejas continuar?- Preguntó para picar un poco a la morena.

-Por supuesto, para que vas a hablar conmigo, preguntarme que tal el día…- Regina se iba a levantar cuando Emma tiró de su mano y la obligó a sentarse de nuevo en el sofá.

-Me encanta cuando te enfadas, no sabes cómo me pone.- Aseguró devorando los labios de la morena sin contemplaciones.

Cuando menos se lo esperaba Regina, Emma cortó el beso y se separó un poco de ella haciendo que esta se sobresaltase y se preocupase por su movimiento. La rubia no dijo nada, simplemente cogió la mano de Regina y la coló por debajo de su ancha camiseta para segundos después notar la patada de Henry.

-¿Es… es…?- Regina se había quedado sin palabras.

-Es nuestro bebe.- Aseguró Emma que dejo escapar una lágrima no sólo por el momento la patada de Henry sino por la mirada de absoluta devoción y amor que Regina le había regalado.

-Te amo tanto.- Dijo dándole un beso pero sin quitar su mano de la barriga.- Me vas a dar lo mejor de mi vida.

-¡Eh!- Fingió enfadarse la rubia.- ¿Dónde quedo yo? – Preguntó intentando permanecer seria pero sin conseguirlo.

-Tú quedas como la madre de nuestro hijo.- Dijo volviendo a besarla.

-Henry será feliz con nosotras.- Aseguró Emma acariciándose también la barriga.

-Claro que lo será, lo adoramos ya y aún no ha nacido.- Dijo continuando con los besos.

-¿Hacemos un video?- Preguntó Emma contenta por su idea.- Así podremos verlo cuando y enseñárselo al pequeño cuando sea más mayor.- Soltó y Regina sólo asintió.

Fin del Flashback.

Emma se había quedado perdida en sus pensamientos y no se había dado cuenta de que el video había terminado y Henry había empezado a encerder la play para jugar.

-¿Me pasas esta pantalla del Mario?- Preguntó el niño al ver que su madre volvía a prestarle atención.

-Vale pero sólo un rato que tengo que preparar la cena.- Dijo Emma quitándose las botas y sentándose al lado de su hijo para jugar con él.

-No puedes.- Decía riendo al ver a Emma frustrada por no poder avanzar en una pantalla tan sencilla.

-Claro que puedo, sólo te dejo jugar un poco.- Dijo como excusa.

Los dos pasaron varias horas jugando y riendo, Henry había conseguido pasarse la pantalla mientras que Emma se justificaba y le decía que se había dejado ganar. Ambos parecían niños, Emma había incluso llevado zumo y cosas para picar, habían apagado las luces y eso parecía una autentica sala de juegos.

-¿Emma?- Preguntó la morena que había entrado después de descansar un poco, llevaba varias noches durmiendo poco y mal.

-En el salón, amor.- Gritó Emma moviéndose por todo el salón intentando ganar a Henry.

-¿Qué hacéis?- Preguntó viendo como tenían el salón.

-Jugamos, le estoy pegando una paliza a mama.- Aseguró Henry orgulloso.

-¿Y la cena?- Preguntó Regina.

Emma se quedó parada y escuchó a Henry gritar por haber ganado de nuevo. La morena levantó su ceja al ver la cara de susto de su mujer y no pudo evitar poner mala cara, odiaba como Emma se despistaba y olvidaba todas sus obligaciones.

-¡Emma!- Le regañó de nuevo.

-Me pongo ahora mismo.- Emma salió del salón y se dirigió a la cocina.

-Estas no son horas para ponerse a hacer la cena.- Regina intentó relajarse pero le costaba muchísimo.

-Lo siento, Henry y yo nos hemos puesto a jugar y se me ha ido el santo al cielo.- Dijo Emma mirándola con cara de pena para intentar evitar el regaño.

-¡Siempre igual!- Espetó Regina cogiendo el teléfono para llamar y que le trajesen algo de cenar.

-Lo siento.- Emma se acercó por detrás a Regina pasando sus manos por la barriga y besando su cuello pero la morena se separó y comenzó a hablar por teléfono.- ¡Mierda!- Dijo casi en un susurro.

El repartidor llego con la cena, Regina había pedido una ensalada de pollo para ella, un menú infantil para Henry y una ensalada verde para Emma, esta puso mala cara al no ver su habitual hamburguesa pero capto el mensaje y decidió no decir nada y simplemente comerse lo que su mujer le había pedido.

-A dormir.- Le dijo Regina a Henry quitándole la tablet donde veía los dibujos animados.

-Un poco más, aún estáis cenando.- Dijo Henry mirando a su madre rubia remover la ensalada que casi no había catado.

-No, sino mañana te dormirás en clase.- Le aseguró Regina señalándole la escalera para que subiese.- Ahora iré a darte un beso y a arroparte.- Aseguró ella mirándolo.

-Vale.- Henry le dio un beso en la mejilla y subió.

Regina recogió la mesa pero dejó a la rubia sentada, estaba molesta por lo sucedido esa tarde y no quería hablar de momento. Una vez que terminó de limpiar todo subió a arropar a Henry y después se marchó a su dormitorio donde se encontró una rosa sobre la cama con una nota, miró en el baño pero allí tampoco estaba Emma por lo que decidió abrir la nota.

Amor, soy un desastre y esa no es una novedad pero te amo y sé que la he cagado

me voy a dormir al cuarto de invitados para que puedas estar tranquila, aunque sabes

que sí deseas venir a verme en medio de la noche estaré encantada de recibirte entre

mis brazos. Además ya me has castigado obligándome a cenar esa cosa verde que llamas

comida, no me castigues sin escuchar mi nombre en tus labios cuando te haga llegar al

cielo.

Te amo, Emma Swan.

Regina tenía que reconocer que Emma era bastante ingeniosa y que a pesar de su enfado con esa nota y la rosa había conseguido que todo se le pasase. La morena había decidió hacerla sufrir un poco más pues sabía que Emma la estaba esperando en la habitación, se ducho y se vistió tranquilamente y después se puso a leer un rato, tenía claro que iría a verla pero quería que lo pasase un poco mal para que captase el mensaje y que no volviese a olvidarse de algo así.

-Regina Mills.- Dijo Emma entrando en la habitación como un elefante en una chacharería.- ¿Me ibas a dejar allí? ¿En serio?- Preguntaba bastante molesta.

-En realidad esperaba a que tú vinieras.- Aseguró Regina aunque realmente no era esa su idea.

-¡Qué!- Espetó Emma sorprendida.

-Pensaba hacerte sufrir un poco y luego ir allí.- Confesó entonces Regina quitándose las gafas y dejándolo todo en la mesita de noche.

Emma entonces no la dejó decir nada más y se abalanzó sobre ella con cuidado para no darle un golpe en la barriga. Atrapó sus labios con pasión y devoción antes de que la morena pudiera si quiera reaccionar ante sus movimientos.

Regina se separaba un poco para mirar los ojos oscurecidos de la rubia, estaba bastante excitada y había conseguido que ella estuviese igual.

-¿Cómo era eso…?- Preguntó Regina haciendo una pausa.- Sí… era… no me castigues sin escuchar mi nombre en tus labios cuando te haga llegar al cielo…- Soltó Regina haciendo que Emma sonriese.

-Sabes que retarme nunca es bueno.- Aseguró Emma con una sonrisa pícara.

-Al contrario es muy bueno.- Dijo Regina cogiendo entre sus labios los de la rubia.