-o-o-o-o-o-o-o-o-
Kikyou's POV
Aún estaba tirada en el suelo en shock, mi cuerpo no respondía tampoco podía articular palabra alguna puedo decir que fue la primera vez en mi vida que le tuve miedo a mi padre. Al no ver reacción en mi me agarro violentamente del brazo obligándome a levantarme y me empujó hacia las escaleras.
Por la fuerza ocasionada mi cuerpo golpeo con los primeros escalones, desvíe mi mirada a los presentes, observe con detalle lo que pasaba a mi alrededor, los monjes me miraban inquietos esperando que me encontrara bien, mi padre me observaba con odio y con aquella mirada siniestra con los puños cerrados. Logre incorporarme y me mantuve callada, a este punto sabía que razonar con mi padre iba hacer una pérdida de tiempo.
-¡Llévenselo! –ordeno mi padre, mirando a los demás sacerdotes que no se movieron al parecer no tenían intenciones de traicionar a Miroku- ¡¿Qué esperan?! ¡Llévenselo! –exclamo tan frio como el hielo mismo, haciendo que los sacerdotes acataran su orden.
-Padre…- susurre levantándome, tenía que hacer algo iban a matar a Miroku por mi culpa y no me sentía muy feliz con eso.
-No te preocupes señorita Kikyou –me dijo Miroku tranquilizándome desde la puerta- todo va a estar bien – me miro sonriendo. Ese intento de hacerme sentir mejor no había funcionado.
Observe como se lo llevaban, lo iban a matar por mi culpa desde el principio no debí involucrarlo en mis asuntos, voltee y vi a Sango llorando me partió el corazón verla así, estaba esperando un hijo y ahora la pequeña criatura se iba a quedar sin padre. Observe que Miroku beso los labios de Sango cuando paso por su lado en una forma amorosa de despedida.
-Ahora tu… -me llamo mi padre agarrándome del brazo violentamente de nuevo, yo le sostuve la mirada, no era una cobarde – vendrás conmigo a mi cuarto, tenemos muchas cosas que arreglar y las vamos arreglar de una vez.
Mi padre me arrastro con él por las escaleras hasta llegar a su cuarto, el agarre era tan fuerte que el brazo me dolía. Cuando entramos me tumbo en el suelo con violencia cerrando la puerta tras de sí, no dejaba de verme con desprecio. Me reincorpore como pude pero cuando voltee la vista observe a mi padre que caminaba lentamente hacia mí con algo en la mano, mis ojos se abrieron de hito en hito mi cuerpo comenzó a temblar y retroceder un poco.
-No….No…No te atrevas, papa –dije tartamudeando iba a irme de su cuarto cuando apenas me voltee, mi padre me empujo a la pared y empezó a darme latigazos con aquella fusta que había agarrado de su closet.
Comencé a sentir un dolor profundo en todo mi cuerpo que se centraba en la espalda, mi padre comenzaba a golpearme con más fuerza. Mis manos se aferraban como podía a la pared, comenzaba a gemir del dolor no quería mostrar debilidad ante mi padre pero esos golpes dolían mucho sentía como desgarraban mi piel y a los pocos segundos empecé a sangrar, lo note porque pude sentir como mi kimono comenzaba a mancharse.
-¡¿Cómo pudiste Kikyou?! – exclamo mi padre golpeándome con aun más fuerza y con una voz realmente cruel.
-¡Ay! ¡Papa ya no más! –Suplique entre sollozos mientras sentía los latigazos en mi espalda- no más papa… ¡Si quieres matarme hazlo de otra forma! Papa por favor
Mi padre se detuvo con mis suplicas, cuando me voltee iba a pegarme de nuevo pero ya no quería que lo siguiera haciendo así que le agarre la mano para que no siguiera golpeándome, forcejamos unos segundos y por fin pude quitarle aquella fusta para luego sentarme en su cama temblando con mis lágrimas perladas resbalando por mi rostro.
-¡No más! –Le grite moviendo la mano con la que tenía la fusta de arriba abajo- ¡No me vuelvas a pegar papa! ¡No me vuelvas a pegar en tu vida! ¡Y no me vuelvas a castigar! ¡Porque me olvido de que soy tu hija!- dije lo último con desesperación, el solo me miro con el entrecejo fundido.
-No me creas mal padre Kikyou, tú te lo buscaste –se cruzó de brazos- ¿Cómo pudiste traicionarnos a todos?, ¡Eres una sacerdotisa! No te castigo por verte con un hombre, ¡Si no por verte con un hanyou! ¡Eres una traidora!
-¡Yo nunca quise ser una sacerdotisa! –Le dije arre costándome un poco en su cama, mi espalda dolía mucho.
-¡Pero lo eres! ¡Eres el orgullo de toda la región por ser una de las mejores"–Se me acerco a paso lento y me sujeto fuertemente de la mandíbula haciendo que lo viera fijamente a los ojos- ¿Cómo pudiste traicionar mi confianza? Si tanto querías formar una familia ¿Por qué no buscaste a otro hombre? ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué tenías que desobedecerme y salir del templo para encontrarte con ese bastardo?! –a este punto me sujeto con más fuerza de la mandíbula, estaba temblando nunca imagine temerle tanto a mi padre- yo creía en ti, nunca voy a perdonarte esta traición Kikyou.
-Yo no te estoy pidiendo que me perdones papa –dije intentando ser firme pero aun mis voz temblaba un poco- porque no me arrepiento de haberme salido de este templo y verme con él. Sé que soy una sacerdotisa y que verme con un hanyou es una traición, pero no pude evitarlo porque estoy profundamente enamorada de él papa.
-¡Callate! ¡No quiero escucharte! – me grito separándose de mí.
Me pare como pude de su cama para dirigirme hacia la salida de su habitación, me dolía el cuerpo y no dejaba de temblar y mis piernas flaqueaban un poco pero aun así tome fuerzas y salí del cuarto arre costándome en el marco de la puerta de su habitación y comencé a llorar. Mi padre salió de mi habitación y coloco su mano en el hombro.
-Vamos a tu habitación –me dijo con un poco de lastima en su voz.
-¡No me toques! –Le dije soltándome bruscamente aunque el movimiento hiciera que la espalda me doliera fuertemente- lo único que quiero es irme a verme con InuYasha y entrar a ese lugar con campo de energía así la traición estaría más completa ¿no piensas lo mismo padre?
-No digas estupideces –dijo mi padre volteándose para marcharse- haz lo que quieras –luego se marchó y lo único que escuche antes de que desapareciera de mi vista fue que llamaran a un médico para que me atendiera urgentemente.
Camine tambaleándome como pude hacia mi habitación, Sango que estaba recogiendo sus cosas cuando salió del cuarto y me vio tambaleándome se acercó rápidamente donde estaba.
-¿Qué paso? –me pregunto, yo solo la observe con los ojos llorosos y la abrace en eso ella vio mi espalda ensangrentada y me soltó asustada- ¡¿Qué fue lo que te paso?! ¡¿Quién te hizo eso?!
-Fue mi papa… –le respondí temblando y entre sollozos.
Sango se sorprendió, no podía creer que mi padre me había hecho una cosa tan horrible. Me ayudo a caminar a mi habitación con cuidado, al entrar me recostó rápidamente en la cama boca abajo. Mi cuerpo seguía temblando y solo le agarre las manos a Sango buscando protección.
-¿Estas bien Kikyou?- me pregunto preocupada, sujetándome de las manos fuertemente.
-Sí, no te preocupes –dije susurrando en medio de un quejido- tengo frio.
-Voy a cambiarte de ropa –dijo mientras me cubría con las sabanas de mi cama.
-No, no es necesario puedo hacerlo sola.
-No seas tonta y déjate ayudar Kikyou –respondió en medio de un regaño Sango- estas muy golpeada no puedes hacer ningún esfuerzo.
-Mi papa mando a llamar a mi médico –le dije ignorando su regaño- pero realmente no debió hacerlo.
-Kikyou por favor, te va atender ¿me oíste? –Dijo Sango seriamente- tiene que revisarte.
No respondí más, solo me limite a llorar me dolía mucho la espalda. Sango me quito el kimono para luego lavar mis heridas mientras me quejaba un poco, cuando termino de lavarlas solo me cubrió con la sabana hasta la cintura y se quedó conmigo hasta que el medico llego y este comenzó hacer su trabajo con respecto a mis heridas, cuando termino se fue al escritorio y comenzó a escribir mientras Sango se limitaba a acariciarme la espalda con cariño.
-No puedo creer que tu padre haya hecho esta tremenda atrocidad –dijo acariciándome la espalda- ni que estuviéramos en la edad de las cavernas.
-Sango, no puedo condenar a mi padre por esto –dije más tranquila- sabes que yo tengo la culpa de esto, se salió de sus casillas y no supo lo que hacía, yo sé que obre mal Sango este era mi castigo.
-Usted me perdonara señorita Kikyou –dijo el médico interrumpiéndonos- pero ante un hecho de esto, no puede guardar silencio –menciono lo último preocupado- yo aprecio mucho al sacerdote Miyamoto pero no tenía por qué agredirte de esa manera, además tú no estás en condiciones para recibir un castigo así, recuerda los problemas que tiene tu corazón, lo desconozco completamente.
-Doctor por favor déjelo así, Kikyou está muy nerviosa –dijo Sango parándose para ir a donde estaba el- ¿le van a quedar esas marcas?
-No creo, las lesiones son muy superficiales – respondió el medico sinceramente eso me tranquilizo al saber que no me iban a quedar marcas- debe tomar unos brebajes para evitar que las heridas se infecten y un ungüento para la inflamación –finalizo dándole un papiro a Sango y marchándose del lugar.
-Sango, gracias por quedarte conmigo pero –dije cerrando los ojos un momento- creo que deberías ir con Miroku él te necesita más que yo.
-Kikyou ¿estas segura que estarás bien?
-Claro que sí, soy una mujer fuerte.
-No lo dudo –dijo sonriendo- pero prefiero quedarme contigo un rato hasta que se te baje un poco la inflamación.
-Gracias… Sango –dije intentando levantarme pero solté un quejido por lo que preferí quedarme quieta- perdóname por mi culpa mataran a Miroku y tu hijo quedara sin padre.
-No Kikyou –me respondió de inmediato, sin ninguna pisca de duda- tú no tienes la culpa de lo que paso, en dado caso fue nuestra sabíamos que podría pasar si te ayudábamos, fue una decisión de ambos.
-Aunque digas eso, no me siento muy contenta –dije cerrando los ojos.
-No te preocupes, mejor descansa –me dijo para darme un beso en la nuca y luego marcharse.
Me quede dormida un rato, realmente necesitaba descansar. No supe de mí hasta que un rayo me despertó, abrí los ojos lentamente y pude escuchar el sonido de la lluvia, estaba lloviendo. Al parecer el tiempo estaba de acuerdo con la situación que estaba pasando, intente reincorporarme y cuando voltee mi mirada lo vi a él, a la última persona que quería ver.
-Vaya, al fin despertaste – me dijo con una sínica sonrisa- por lo que veo tu padre te dio un buen castigo –menciono refiriéndose a mis heridas, acto seguido agarre las sabanas para cubrirme- eres una niña muy mala Kikyou.
-¡Lárgate! –Exclame fríamente- ¡No quiero verte!
-Vamos, linda…-se arrodillo a mi lado – olvidemos lo que ocurrió, además piénsalo fue lo mejor para ti una sacerdotisa no puede estar con un hanyou.
-…-
- Sé que debes estar indignada, pero con el tiempo lo entenderás –menciono acercándose más a mí- pero creo que con esta golpiza ya entenderás que no puedes traicionar, tu padre me dijo que iba a mandarte a matar pero le dije que mejor buscara otro castigo y al parecer encontró uno muy bueno.
-¿Así que todo esto lo hiciste para que olvidara a InuYasha? –solté una risa sarcástica- Onigumo, hagas lo que hagas no harás que deje de amarlo y aunque mi padre me haya dado estos azotes no pienso renunciar a este amor.
-Vaya, eres una mujer muy astuta –dijo sonriéndome sínicamente, me volteo bruscamente sacándome un quejido de dolor- pero sé que lo olvidaras.
-¡Aléjate! –dije empujándolo – no me das otra cosa que asco.
-Tal vez ahora me tengas asco –dijo quitándome la sabana haciendo que mis pechos fueran visibles a la luz- pero are que me desees, más que a ese engendro.
Comenzó a besarme el cuello, y una de sus manos estaba posada en mis pechos empecé a forcejear con él, no quería que me tocara me daba asco. El único hombre que quería que me tocara era mi InuYasha, aunque mi espalda me doliera seguí forcejando con él hasta que pude arañarle el rostro para que pudiera alejarse de mí, llevo sus manos a su rostro para tocarse la herida, aproveche ese momento para agarrar el balde de agua que había dejado Sango para limpiar mis heridas y se lo eché encima para luego taparme con las sabanas y pararme del lugar.
-Eres muy mala Kikyou –dijo tomándome del brazo para luego acorralarme contra la pared y empezar a besarme el cuello, intento besarme los labios pero no lo deje no quería que me besara.
-¡Suéltame! –exclame enojada intentando forcejar- ¡Auxilio!
-Callate –dijo tapándome la boca con sus manos- no grites...
-¡Suéltame asqueroso pervertido! –dije abofeteándolo- ¡No quiero que me toques!
Antes que ese depravado pudiera decirme o hacerme algo. Entro Sango sujetando su espada, al parecer había escuchado mis gritos.
-La sueltas o te vuelo la cabeza, Onigumo –menciono amenazante, haciendo que me soltara y me recostara de la pared con el pulso acelerado.
-Esto no es asunto tuyo,viudita –dijo lo último en forma de burla, Sango no se inmuto y siguió con su mirada amenazante.
-Lárgate de aquí –dijo completamente seria- si no quieres que llame a los guardias del templo.
-Esto no se queda así Kikyou –dijo amenazadoramente para luego retirarse del lugar.
Sango corrió a mi lado abrazándome, estaba contenta no me hubiera imaginado lo que hubiera pasado si no llegaba a tiempo.
-Gracias Sango –dije separándome para sentarme en la cama.
-De nada –dejo la espada aun lado y se dirigió a mi closet a buscar mi ropa de sacerdotisa- estuviste durmiendo tres días Kikyou ¿Aun te duelen tus heridas?
-Sí, pero ya no tanto no te preocupes –respondi a medias realmente estaba sorprendida de que estuviera durmiendo tanto tiempo. Me coloque mi traje de sacerdotisa con ayuda de Sango, luego me acosté en la cama aunque hayan pasado tres días no me sentía completamente recuperada.
-Sango ¿Qué paso con Miroku? –pregunte viéndola a los ojos, ella solo bajo la cabeza sin responderme ahí entendí todo y de mis ojos empezaron a salir lagrimas- lo lamento…
-Tranquila –me puso una mano en el hombro- Kikyou vine para despedirme de ti, tu padre no regresa
-¿Mi padre? –pregunte aturdida, no entendía nada.
- Tu padre se fue al campo hace tres días y no regresa –explico parándose- me quede solo para cuidarla mientras sanaban sus heridas, recuerde que fui exiliada
-No te vayas Sango –dije suplicante- no puedes irte.
-Tengo que hacerlo, pero no se preocupe –dijo sonriéndome- sé que nos volveremos a ver.
Con esto dicho, se marchó dejándome en la cama completamente triste, ahora si me sentía completamente sola el pecho empezó a dolerme fuertemente sabía que si tenía una emoción fuerte le haría mal a mi corazón pero en este momento solo pensaba en mi querido InuYasha, sabía que Onigumo lo odiaba y ahora que él estaba al mando de la situación junto a mi padre no sabía que le deparaba
-InuYasha, porfavor mantente con vida…
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Bueno subi 2 capitulos para que vieran que no soy mala e.e
Espero no me maten por lo que le hice a Kikyou D: a mi igual me dolio escribir eso ;-; pero era importante para la trama en fin si tienen sugerencias me dicen n.n
Quiero que el pueblo me responda algo, ¿quieren que Miyamoto muera o lo dejo vivo pero que se vuelva bueno?
