Penúltimo capítulo, aunque me hubiese gustado hacer algunos más la verdad es que me he quedado un poco bloqueada con la historia y lo quiero que se vuelva aburrida.
Gracias por leer y comentar.
40 semanas.
Emma había dejado a su padre en la comisaria esa noche, desde que Regina había pasado las 36 semanas de embarazo no pasaba una sola noche fuera de casa, la morena estaba nerviosa pues su ginecólogo ya le había dicho que era cuestión de días que se pusiese de parto y eso la ponía nerviosa desde hacía muchos días. La rubia entro en la mansión para la hora de la cena, Regina esperaba en la cocina con la comida lista.
-¡Qué bien huele! –Afirmó Emma entrando y viendo a la morena sentada en uno de los taburetes.
-Llegas pronto.- Le dijo la morena dándole un beso en los labios.
-Te echaba de menos.- Aseguró Emma cogiendo una patata de la bandeja.- ¿Dónde está Henry?- Le preguntó mirando alrededor.
-Está arriba con Kate.- Le contestó Emma levantándose para mirar la lasaña que estaba en el horno.
-Es cierto, había olvidado que se quedaba con nosotras esta semana.- Dijo Emma sentándose donde Regina había estado antes.
-Sí, están súper excitados.- Aseguró Regina.- Vamos al comedor un rato, a esto aún le falta.- Regina extendió su mano para que Emma la cogiese, hecho que no tardo en suceder.
-¿Cómo esta mi bebe?- Preguntó Emma una vez que se habían sentado en el sofá.
-Inquieta, y a mí me tiene bastante molesta.- Aseguró pasando su manos por su abultada barriga.
-Es normal, ella está muy feliz ahí dentro y no quiere salir.- Dijo dándole un beso.
-Eso no lo dudo.- Regina se recostó sobre el pecho de su mujer y Emma paso sus brazos a su alrededor para abrazarla.
-Me gusta cuando la noto moverse.- Confesó Emma rompiendo el cómodo silencio que había entre las dos.
-A mi me gustará más cuando se mueva fuera de mi.- Aseguró Regina que no podía ocultar su cansancio. Sophia se había pasado los últimos días demasiado inquieta para que ella pudiese dormir.
-¿Has odio, pequeña?- Le preguntó Emma haciendo que Regina sonriese.
-Voy a ver la cena.- Dijo Regina intentando levantarse.
-Yo me encargo.- Aseguró Emma levantándose lentamente y corriendo hacia la cocina. Emma bajo la temperatura del horno y saco algunos platos para preparar la mesa.- ¿Te parece que comamos en el salón?- Le preguntó a su mujer desde la cocina.
-Como quieras.- Contestó la voz cansada de Regina.
-Yo llevo todo.
Emma apareció con un mantel para ponerlo en el suelo para los niños y otro para ponerlo en la mesa del café para ellas. Regina la miró trabajar en silencio. Trajo cuatro platos, además de los cubiertos y las bebidas, desde que la morena había dejado de tomar alcohol Emma había hecho lo mismo.
-¡Niños!- Grito Emma desde el tiro de las escaleras.
-¡Vamos!- Contestaron los dos.
-Ya bajan.- Dijo Emma sentándose al lado de Regina sirviendo los cuatro platos.
-Perfecto.- Contestó Regina poniendo su mano en la barriga con cara de dolor.
-¿Qué te pasa?- Le preguntó Emma dejando los platos nerviosa.
-Esta algo alterada esta noche.- Dijo acariciando su barriga para intentar conseguir que se relajase un poco.
Emma entonces subió la camiseta de la morena y dejo varios besos en su barriga, sabía que eso conseguía relajar a su hija y a Regina le encantaba ese gesto.
-¿Sophia está nerviosa?- Preguntó Henry al entrar en el salón y ver la escena.
-Así es.- Dijo Regina acariciando los cabellos rubios de su mujer.
-¿Y qué pasa?- Pregunto Kate que no entendía nada.
-Mama da besos en la barriga de mami para que Sophia se relaje.- Aseguró él contento.
-Así es, Kate.- Dijo Emma dejando lo que estaba haciendo y dándole a cada uno un plato- Comeremos aquí.- Aseguró señalando todo lo que había allí preparado.
-¿Podemos ver una película?- Preguntó Henry contento, le gustaba cuando pasaban así los días.
-Claro, poned la que queráis.- Dijo Regina mientras comenzaba a comer.
Henry y Kate debatieron los pros y los contras de ver o no ver una y otra película, al final fue Henry quien gano con sus argumentos por lo que acabaron viendo Peter Pan. Regina y Emma estaba hablando de sus días mientras los días comían totalmente concentrados en la película.
-¿Me traes un poco de mahonesa?- Le preguntó Regina a Emma.
-Claro. ¿Quereis algo, chicos?
-Yo no, gracias.- Dijo Kate.
-Yo quiero un helado.- Le dijo Henry.
-Eso después.- Aseguró Emma saliendo del salón y volviendo segundos después con el bote en la mano.
-Muchas gracias, cariño.- Habló Regina sirviéndose un poco.
La cena pasó tranquila, la película terminó y los niños estaban tan cansados que acabaron quedándose dormidos en la alfombra. Regina se recostó sobre Emma y ambas terminaron quedándose también dormidas aunque sólo fueron unos minutos pues el frío hizo acto de presencia y se despertaron.
-Sube al dormitorio, yo cogeré a los niños.- Dijo Emma abrazando por detrás a su mujer y dándole un suave beso en el cuello.
-Vale, allí te espero.- Regina subió al dormitorio.
Emma cogió primero a Kate en brazos y la subió al dormitorio de Henry donde habían colocado otra cama para que ambos pudiesen dormir juntos. Una vez que ella estaba acostada Emma bajo y cogió a Henry que pesaba algo más.
-Como pesas, campeón.- Dijo a pesar de que el niño estaba dormido.
-Tú pesas más.- Susurró Henry con los ojos aún cerrados.
Emma sonrió y subió con su hijo en brazos hasta dejarlo arropado en la cama. La rubia entró entonces en su dormitorio y se encontró con su mujer acostada acariciándose su abultada barriga.
-Te amo.- Dijo Emma nada más entrar y ver esa imagen.
Regina solo sonrió e invitó a la rubia a que la besase. Emma comenzó a besar sus labios para luego bajar y comenzar a besar su cuello y bajo hacía su barriga, Regina empezaba a excitarse y sus gemidos cada vez era más altos.
-Emma.- Murmuraba la mujer entrelazando sus dedos en el cabello rubio.
Emma siguió con su tortura lenta, disfrutando de los gemidos y los movimientos de Regina debajo de ella.
-¡Emma!- Gritó un poco más alto la morena.- Para.- Insistió pero la rubia pensaba que era de broma.- ¡Emma!
La rubia entonces se separó y se quedó mirando a la morena que se arqueaba y mostraba muesca de dolor en su cara.
-¿Qué te pasa?- Preguntó Emma muy asustada.
-Creó que Sophia ha decidido cortar nuestra noche.- Bromeó Regina intentando aliviar su dolor.
-Tengo que llevarte al hospital.- Gritó Emma saltando de la cama muy nerviosa.
-Llama a tu madre, tiene que quedarse con los niños.- Dijo Regina mucho más tranquila que Emma.
-Es cierto, yo me encargo.- Emma saltó sobre la cama de nuevo y cogió el móvil que estaba sobre su mesa.
En menos de un minuto dio por finalizada la conversación con su madre que había asegurado que llegaría en tan sólo unos minutos para quedarse con los niños mientras ellas se marchaban al hospital.
-Tengo que llamar a una ambulancia.- Dijo Emma intentando volver a llamar pero Regina le quitó el móvil.
-No, cogeremos el coche. No hay que alarmarse tanto.- Dijo Regina soltando un fuerte quejido al terminar la frase.
-Pero…- Emma iba a debatir pero Regina la corto.
-Pero nada, es sólo una contracción ni siquiera sabemos si estoy de parto o no.- Aseguró Regina mucho más tranquila que la rubia.
-Vámonos.- Emma cogió a Regina como pudo y la ayudó a bajar las escaleras y a subir al coche.- Voy a por la maleta.- Emma corrió hacia dentro y luego segundos después apareció con todo en sus manos.
Mary Margaret había llegado unos segundos antes de que Emma y Regina se fuesen por lo que ellas se quedaron más tranquilas.
Emma apartó en la zona de urgencias del hospital y ayudo a Regina a subir a una silla de ruedas que Whale había sacado para recibirlas.
-Vamos a la habitación 108.- Le dijo Whale a Emma que se marchaba a aparcar bien el coche.
Unos minutos después Emma entraba corriendo a la habitación donde Regina estaba bastante más tranquila y relajada que antes. La rubia llevaba su maleta en un hombro y el bolso de la morena en el otro, lo dejo todo en el sofá y se sentó en la silla de al lado.
-¿Cómo estás?- Preguntó Emma cogiendo su mano.
-Bueno… estaré mejor cuando se me quiten estos dolores.- Aseguró poniendo la mano en su barriga.
-¿Qué te ha dicho Whale?- Volvió a preguntar Emma.
-Que aún tengo que dilatar un poco más.- Dijo Regina ahora algo molesta.
-Esperemos que no se alargue mucho.- Emma la miró contenta.
Pasaron más de veinte minutos en los que Regina sólo se había dedicado a maldecir y a culpar a Emma de todo pero la rubia está aguantando todo con una paciencia incalculable, siempre recordando el nacimiento de Henry y las 4 horas que pasó al borde de volverse loca debido a los dolores.
-¿Cómo vas, Regina?- Preguntó Whale entrando de nuevo en la habitación y encontrándose a la morena sudando y bastante alterada.
-Sácala de ahí.- Soltó sin más la morena más en una súplica que otra cosa.
-Vamos a ver cómo vas.- Le dijo Whale poniéndose unos guantes y mirando detenidamente si Regina había dilatado.
-¿Qué tal, doctor?- Preguntó Emma que estaba bastante nerviosa por el dolor de su mujer.
-Estas casi lista, una enfermera pasara en 10 minutos para llevarte al paritorio.- Aseguró dándole una sonrisa a la morena que estaba cada vez más nerviosa.
-Vale, gracias.- Dijo Emma al ver que Regina no tenía pensado decir nada.
Emma se levantó de su silla sin soltar la mano de Regina y se colocó enfrente de ella mirándola a los ojos, dejo un beso sobre su frente y le sonrió, la morena no pudo evitar corresponder a la sonrisa.
-Te amo.- Susurró Emma que ahora posaba sus labios sobre los de su mujer.- Y me vas a dar uno de los mayores regalos de mi vida.- Aseguró contenta.
-Tú me diste uno al casarnos y otro hace 4 años.- Aseguró la morena que se refería a Henry.
-¿Te gustaría tener más hijos?- Preguntó Emma que había notado que al hablar con Regina no sentía tanto dolor.
Ambas habían hablado muchísimo del tema pero nunca había llegado a una conclusión clara, a las dos le encantaban la idea de tener más niños pero nunca había querido dar un número, había preferido dejarse llevar.
-Supongo que sí.- Dijo Regina escondiendo su cara en el hombro de Emma que la abrazaba.
-¿Supones?- Preguntó Emma con curiosidad.
-Sí, pero la próxima vez te toca a ti quedar embarazada.- Soltó un quejido de dolor al decir eso.
-¡Qué graciosa!- Dijo Emma bajando su cabeza a la barriga de Regina dejando allí un beso.- Aunque pensándolo bien no sería mala idea, es decir, no creo soportar nueve meses más un embarazo tuyo.- Emma recibió un golpe en el hombro.
-Soy una embarazada ejemplar.- Aseguró pasando su mano por la barriga.
-¿Perdona?- Preguntó sarcásticamente.- Hagamos memoria…- Dijo Emma llevando su mano a su barbilla fingiendo pensar.- Antojos a las 3 de la mañana, cambios de humor que hacían que acabase durmiendo en el sofá, dolores de espalda que acaban en masajes míos y luego en una tórrida noche.- Paró durante unos segundos- ¡Ups! Esto último era bueno.- Dijo haciendo que Regina soltase una carcajada por las ocurrencias de la rubia.
-Estás loca, Emma Swan.- Dijo Regina acercando el rostro de la rubia para besarla apasionadamente.- Pero sí me gustaría tener más hijos contigo.
-Sabes…- Dijo Emma dubitativa.
-¿Qué?- Preguntó Regina animando a su mujer a seguir hablando.
-He pensado que ambas hemos vivido la experiencia de estar embarazadas, quizás… quizás podríamos adoptar.- Dijo Emma algo nerviosa, lo había pensado varias veces pero nunca se había atrevido a decírselo a la morena.
-¡Qué gran idea!- Aseguró Regina con una sonrisa.- Aunque sólo tengo una condición…- Emma se puso algo nerviosa.
-¿Cuál?- Le preguntó.
-Que esperemos a que Sophia haya nacido y tenga al menos dos o tres años.- Dijo haciendo reír a Emma que la volvió a besar.
-Así será.- Aseguró Emma que fue interrumpida por una enfermera.
-¿Nos vamos?- Preguntó la jovial enfermera moviendo la camilla de Regina.
Emma iba al lado de la camilla sin soltar la mano de su mujer, la enfermera le pidió que las dejase mientras ella se ponía un gracioso atuendo azul para poder acompañar a su mujer en la sala de parto. Al entrar encontró que Regina estaba algo sedada pues los dolores eran demasiado fuertes para aguantarlos sin la epidural.
-Hola.- Susurro acercándose a ella y cogiéndole de nuevo la mano.
-Me gusta ese atuendo.- Dijo mirándola con una sonrisa pícara.
-Prometo que me lo pondré cuando me pidas.- Aseguró Emma haciendo reír a todos.
-Bueno señoras, eso tendrá que esperar.- Dijo Whale sonriendo.- Vamos Regina, toca hacer tú trabajo.
Una hora y media después Regina estaba siendo trasladada de nuevo a la habitación donde Emma la esperaba ansiosa, por suerte la enfermera había sido muy agradable y le había dejado a su hija allí con ella. Emma la mecía lentamente pues la niña tenía hambre y estaba esperando a que la morena llegase para que le diese el pecho.
Estaba mirando por la ventana, ya casi estaba amaneciendo y su padres y Henry no tardaría en llegar además de todos sus amigos, Ruby y Dorothy había acortado sus vacaciones al enterarse y también estarían al llegar, Emma fue interrumpida cuando la puerta se abrió y la camilla donde venía Regina entró.
-Hola, cariño.- Dijo Emma cariñosamente a la morena que sonrió cansada.- ¿Cómo estas?- Preguntó esperando a que colocase la camilla correctamente.
-Hola, bien sólo un poco cansada.- Aseguró Regina que se levantó un poco en la cama.
-Ya puede darle el pecho.- Dijo la enfermera antes de salir de la habitación.
-¿Me la dejas?- Preguntó dulcemente Regina.
-Claro, ahora necesita a su mami.- Dijo dándole un beso en la frente y dejándola suavemente en los brazos de su mujer.
-Es preciosa.- Aseguró Regina mirándola contenta.- Se parece a Henry.- Dijo sonriendo.
-Al fin y al cabo tienen el mismo padre.- Dijo Emma mirando dulcemente a su hija.
Ambas decidieron que si era posible el donante con el que Emma quedó embarazada sería el mismo que el de Regina, deseaban que sus hijos se pareciesen y con ello sus lazos fueran aún más fuertes. Las dos constataron que ambos tenían los mismos ojos.
-Te ayudo.- Dijo Emma levantándose para bajar un poco la bata de Regina y así poder darle el pecho.
-Vale.- Regina le agradeció con una sonrisa.
Sophia se había calmado un poco y había cogido el pecho de su madre con muchas ganas, Regina se sentía feliz por esa sensación, era increíble sentir a su hija tan cerca.
-Es increíble.- Dijo Regina sin poder evitar derramar una lágrima.
-Lo sé, sentí lo mismo con Henry.- Aseguró Emma embobada mirando a su hija.
-Hablando de Henry, ¿Cuándo vendrá?- Preguntó bastante nerviosa.
-En un rato, mis padres los traerán en cuanto desayunen.- Aseguró Emma que ya había hablado con su madre.- Espera… Lo había olvidado.- Dijo Emma levantándose y sacando una cajita de la maleta.
-¿Qué es eso?- Preguntó la morena curiosa.
-Una medalla.- Dijo sacándola de la caja.- Es para Sophia, es igual a la que tiene Henry.- Se la mostró.
Unas semanas antes Emma mando a inscribir una medalla igual que la que Regina le había comprado a Henry el día que nació. En ella se podía ver a un pequeño bebe y por detrás su nombre además de las iniciales de sus madres.
-Es muy bonita.- Aseguró Regina.- Pero espera a que termine para ponérsela, parece hambrienta.- Dijo mirando el entusiasmo con el que comía la niña.
-Eso parece.- Confirmó Emma cogiendo la pequeña mano de su hija. – Y además esta fuerte.- Dijo al notar que apretaba su mano.
-Os quiero.- Dijo Regina haciendo que Emma levantase la cabeza y la mirase dulcemente, ese era sin duda unos de los días más felices de su vida.
