Último capítulo gracias por leer y comentar. Seguiré publicando capítulos de "Por amor al arte" además de una nueva historia que tengo en mente. Os animo a entrar y comentar para saber vuestras opiniones.


-¡Mamas!- Gritaba Henry entrando en la habitación haciendo que Emma y Regina se asustaran.

-No grites.- Dijo Regina regañándolo.

-Lo siento.- Antes de que terminase la frase Sophia había comenzado a llorar por el susto.

-Emma…- Dijo Regina para que la rubia cogiese a la niña.

-Lo siento.- Dijo Henry a punto de romper a llorar porque su hermana había llorado por su culpa.

-Ven aquí.- Dijo Regina golpeando el lado de la cama que estaba vacío.- No llores, no lo sabías pero ya sabes que ahora hay que tener cuidado.- Henry abrazó a su madre contento.

-¿Puedo verla?- Preguntó entusiasmado.

-Claro que sí, pero… ¿Y tus abuelos?- Preguntó Emma mirando hacia la puerta entreabierta.

-Son unos lentos.- Dijo haciendo reír a sus madres.

Emma entonces se acercó a la cama y dejo a la niña que había dejado de llorar sobre los brazos de Regina para que Henry pudiese verla de cerca. Regina le explico cómo debía tratarla, que no debía tocar su cabeza y que al ser tan pequeña debía tener mucho cuidado con ella.

Segundos después entraron David y Mary Margaret en la habitación ambos parecía exhaustos y sus respiraciones eran entrecortadas.

-No vuelvas a hacer eso. – Le regañó Mary Margaret, Henry sólo asintió.- ¿Cómo estais?- Preguntó Mary acercándose a Regina para poder ver a su nieta.

-Muy bien.- Aseguró Regina con una sonrisa mientras David abrazaba a su hija y la felicitaba.

-¿Puedo?- Preguntó refiriéndose a coger a la niña.

-Claro.- Dijo Regina levantando un poco las manos para que Mary Margaret pudiese cogerla.

-Jooo, así no la veo.- Dijo Henry enfurruñándose un poco.

-No te preocupes, te cansarás de verla.- Aseguró la rubia prediciendo lo que pasaría en unos años.

-¿Cuánto ha pesado?- Preguntó Mary Margaret.

-Lo mismo que Henry.- Dijo Regina dirigiéndole una sonrisa a su hijo.- 2.700 Kg y ha medido 47 centímetros.

-¿Yo pese eso?- Preguntó el niño curioso.

-Sí.- Dijo Emma con una sonrisa.

Los cuatro pasaron más de dos horas charlando, la niña había pasado por todos los brazos de los allí presentes pero había acabado acostada en su cuna para que durmiese tranquila. Mary y David se disculparon, a pesar de querer quedarse, debía llevarse a Henry y preparar el almuerzo, además deseaban dejar a las mujeres solas.

-Estoy cansada.- Susurró Regina mirando a Emma que estaba sentada en el sofá de al lado.

-Toca darle de comer en media hora, si quieres puedes descansar ese tiempo.- Aseguró Emma mirándola.

-Está bien, pero… ¿Tú no descansas?- Le preguntó pues sabía que la rubia también debía estar cansada.

-No, tranquila. Me tomaré un café.- Dijo guiñándole un ojo.

-Pero también debes estar cansada.- Aseguró la morena.

-No te preocupes, descansaré después.

Regina se quedó dormida minutos después y Emma sólo se había dedicado a observarlas, guardaba el sueño de las dos mujeres más importantes de su vida. Regina parecía muy tranquila y feliz, estaba segura que estaba teniendo un buen sueño, su cara no sólo parecía relajada sino que de vez en cuando se podía ver una sonrisa en su rostro. Por su parte, Sophia también dormía, parecía satisfecha y había dado con chuparse el dedo a pesar de que Regina había intentado darle un chupete.

Sophia comenzó a llorar 45 minutos después, Regina se removió un poco antes de que Emma la cogiese en brazos y la relajase, para comprobar si en realidad tenía hambre acercó su dedo a la boca de la niña y esta comenzó a chupar con bastante ansia.

-Regina…- Susurró para despertar a la morena.

-Ummm…- Soltó Regina desperezándose un poco.

-Sophia tiene hambre.- Dijo Emma dándole un beso en la frente y poniéndola en los brazos de Regina que sonreía.

Regina le dio el pecho de nuevo a la niña y esta quedó dormida mientras lo hacía, Emma las observaba intermitentemente pues su móvil está a punto de explotar. Todos sus amigos querían ir a visitarlas pero no quería agobiarlas así que casi tuvo que hacer un horario para que todos pudiesen ir sin problemas.

Dos días después Regina y Emma entraban de nuevo en su casa, por suerte la estancia en el hospital había sido breve, lo que agradecía sobre todo Emma que estaba agotada de dormir en ese incómodo sillón.

Nada más entrar se encontraron con Henry sentado en las escaleras esperándolas y a Mary y David metidos en la cocina de Regina lo que hizo que la morena se pusiese bastante nerviosa.

-Hola. –Dijo Henry asomandose como podía al carro de su hermana.

-No te cuelgues, la puedes tirar.- Dijo Emma cogiéndolo en brazos para que pudiera verla bien.

-Es muy guapa.- Dijo el niño embobado.

-Sí que lo es.- Aseguró Regina que iba dirección a la cocina.- Dime que no has tocado nada.- Dijo entrando pero viendo que Mary Margaret tenía el almuerzo casi listo.

-Hola para ti también.- Dijo su suegra irónicamente.

-Buenas.- Regina alivió la tensión y les dio un abrazo a cada uno.- Gracias.- Les dijo refiriéndose al almuerzo.

-Nada, era lo menos que podíamos hacer.- Dijo Mary Margaret.- Voy a ver a la pequeña.- Salió corriendo haciendo que David y Regina se mirasen y sonriesen.

-¿Dónde está mi nieta favorita?- Preguntó irónicamente pero vio que Henry se enfadaba.- No te enfades, cariño.- Le dijo mirándolo.- Tú eres mi nieto favorito.- Aseguró y el niño se relajo y sonrió.

Mary Margaret miró a la niña pero la vio tan tranquila durmiendo que prefirió no cogerla y dejarla dormir un poco más.

-Se parece a ti, Henry.- Dijo su abuela y el niño se reclino en los brazos de su madre.

-¿Sí?- Preguntó interesado.

-Así es, tiene tus mismos ojos.- Aseguró señalando sus ojos.

-¡Bien! Será igual de guapa que yo.- Dijo e hizo reír a todos.

-Tan modesto como tu madre.- Aseguró Regina que acaba de entrar.

-¡Eh!- Espetó la rubia fingiendo que le habían dolido esas palabras.

-Es la verdad, cariño. Cuanto antes la aceptes mejor.- Dijo dándole un beso en los labios.- Vamos a comer, estoy hambrienta.- Regina empujó el carro hacia el comedor donde David estaba poniendo la mesa.

Todos se sentaron en el comedor de la casa, Regina presidiendo la mesa, a su derecha Emma y a su izquierda Henry al lado de este su abuelo y su abuela. Todos comían muy contentos mientras que Regina miraba de vez en cuando al carro donde se encontraba su hija dormida.

-Mami, tengo una sorpresa.- Dijo Henry antes de terminar el almuerzo.

-¡Henry!- Le regañaron David, Mary Margaret y Emma pues quería esperar un poco para contárselo.

-Lo siento, no me puedo aguantar.- Dijo con una sonrisa el niño.

-¿Qué sorpresa?- Preguntó entonces Regina que ya no podía con la curiosidad.

-Cuando comamos te lo enseñamos.- Aseguró Emma mirándola con una sonrisa.

-Está bien.- Regina acepto sin mucho entusiasmos.

Todos terminaron de comer pero antes de ver la sorpresa que habían preparado Regina tuvo que volver a darle el pecho a Sophia que durante un tiempo debía comer cada 3 horas. Emma se sentó al lado de Regina en el sofá mientras que el resto se había sentado en el de al lado.

-Se ha dormido.- Dijo Regina dándole la niña a Emma.- Hay que cambiarla.- Aseguró mientras estaba a punto de levantarse.

-Yo me encargo.- Aseguró Emma sin dejar que su mujer se levantase.- Vamos a limpiarte.- Le hablo a la niña en tono infantil.

Emma cambio el pañal sucio de Sophia y luego la llevo a su dormitorio para que durmiese, durante un tiempo la pequeña debía dormir cerca de ellas así que había montado la cuna de Henry en su dormitorio. Puso el interfono sobre la mesilla y se llevo el otro al salón.

-Esta dormida.- Dijo sonriendo y dejando el aparato sobre la mesa.

-¿Cuál era esa sorpresa?- Preguntó entonces Regina que ya no podía esperar más.

-¡Vamos!- Gritó Henry cogiendo la mano de su madre entusiasmado.

-¿Dónde vamos?- Preguntó mientras subían las escaleras.

-Es una sorpresa mami.- Dijo Henry contento.

Emma había vuelto a coger el interfono y subió junto con el resto, Regina parecía bastante surpicaz con respecto a la sorpresa pero una gran sonrisa nació en su rostro al abrir la puerta del dormitorio que sería de Sophia pero que no había tenido tiempo de preparar al completo.

-¡Es precioso!- Dijo Regina poniendo sus manos en su boca por la sorpresa.

La habitación había sido pintada de color pastes y tenía adornos de todos los colores por las pareces, desde conejos hasta unicornios. Había una cama individual totalmente hecha y con una bonita colcha con el nombre de su hija sobre ella, imaginó que Mary Margaret debía tener algo que ver. Además había una bonita butaca que daba a la ventana.

-Es para que le pueda dar el pecho.- Dijo Mary Margaret al ver a Regina mirándola.

-Es… es…- Dijo Regina sin poder hablar.

-Es la de tu padre.- Aseguró Emma entonces.- La pintamos y la reparamos para volver a usarla.- Le dijo acercándose a ella y pasando su mano por la cintura.

-Gracias.- Regina se giró un poco y beso los labios de la rubia.- A todos.- Dijo entonces mirando a los demás.

-Aún no has visto lo mejor.- Dijo Mary Margaret bastante emocionada.

Mary abrió la puerta de lo que parecía un armario y en ella apareció un pequeño vestidor lleno de vestidos y ropas para la niña.

-Yo también tengo uno.- Gritó Henry emocionado.- Los abuelos y yo hemos ido de compras.- Aseguró muy contento.

-¡Me encanta!- Gritó Regina y cogió a Henry en brazos dándole un beso en la mejilla.

Regina estaba emocionada por todo aquello, la habitación era increíble y que su familia se hubiese molestado tanto para agradarla era lo que más le había gustado. Todos parecían felices y pasaron la tarde charlando hasta que Mary Margaret y David se despidieron.

Ambas se acostaron temprano, estaban agotadas y sabían que debían levantarse para dar de comer a Sophia.

-Yo me levanto.- Dijo Emma con la voz adormilada.- Le daré un biberón.- Aseguró Emma mirando la cuna y a la niña que lloraba intensamente.

-¿Queda alguno?- Preguntó sin recordar sin había guardado alguno más.

-Sí, duerme.- Le dijo dándole un beso en la frente.

Se habían pasado la noche turnándose, por suerte Regina se había sacado la leche y así Emma podía también ayudarla. Emma le dio el biberón y tras sacarle los gases la volvió a acostar, por suerte sólo se despertaba cuando tenía hambre.

-¿Se ha dormido?- Preguntó Regina con voz cansada.

-Sí.- Emma la abrazó por detrás y le dio un beso en la mejilla mientras se quedaba dormida.

-Mami.- La voz de Henry despertó a Regina.

-Dime, cariño.- Dijo en voz baja.

-¿Puedo dormir aquí?- Preguntó con voz de corderito.

-¿Estás seguro?- Preguntó Regina ya que Emma ni se había inmutado.- Sophia llora mucho.

-La escucho desde mi habitación, no pasa nada.- Aseguró dándole un beso a su madre.

-Vale, ven.- Regina se giro y dejo un hueco entre ella y Emma para que se acostase.

-No te muevas tanto, cariño.- Dijo Emma con la voz entrecortada.

Regina abrió los ojos y sintió su corazón llenándose de felicidad. En esa habitación tenía todo lo que siempre había soñado.

FIN