Voy a dividir este capítulo entre lo que vive Kikyou y lo que vive InuYasha para hacer mejor la historia, que quede bien con lo que quiero poner y para que el próximo capitulo sea el final espero les guste n.n
-o-o-o-o-o-o-o-
Kikyou's POV
Corrí rápidamente por el bosque como si me estuviera persiguiendo un ser demoniaco y no tuviera a mi alcance mis flechas. Perladas lagrimas rodaban por mis pálidas mejillas, recibí algunos golpes por las ramas de los árboles. Llegue al muro cubierto por la enredadera donde todo comenzó y entre al jardín de mi casa.
Entre a mi casa por la puerta trasera y seguí el camino hasta mi cuarto. Cuando iba por la mitad de las escaleras sentí que todo me empezaba a dar vueltas y sentí una punzada que atravesaba mi corazón. Me apoye contra la pared respirando agitadamente, use mis energías para entrar a mi recamara. Me acosté en mi cama intentando recuperar mis energías.
Cerre mis parpados y la primera imagen que se me vino a la mente era la cara de InuYasha con sus ojos cristalinos, llenos de aflicción y terror. Recorde como me llamaba desesperado. Una sensación de culpa se apodero de mí por haber hecho eso.
-Pero es lo mejor –susurre- después de todo el doctor me ha dicho que mi corazón pronto dejara de funcionar.
Cubri mi rostro con mi almohada para intentar tranquilizarme. No podía alterarme, menos en mi condición. Pensé que todo iba a mejorar desde que conocí a InuYasha pero me equivoque mi enfermedad me abarco más, intente recordar los buenos momentos que había pasado con InuYasha
-Ahora todo se ve tan diferente, al menos tuve la suerte de pasar mis últimos días contigo mi querido InuYasha –exprese tristemente, apreté mas la almohada contra mí - yo solo quería estar al lado de mi amado InuYasha ¿acaso eso está mal? Pero sé que la muerte pronto se me acerca ¿Qué harás cuando eso pase InuYasha? Me preocupa, por eso sé que lo mejor fue decirte un adiós y si yo llego a morir por favor tú sobrevive.
Sentí los ojos realmente pesados y aturdida, me quite la almohada de la cama y coloque mi mano derecha a la altura de mi corazón apretando la tela, me dolía mucho y sentí que estaba perdiendo la consciencia.
-¡Kikyou! ¡Abre la puerta ahora mismo! –dijo una voz afuera de mi habitación, podía reconocerla era la de mi padre pero no podía moverme.
-¡Abre Kikyou!- escuche como se abría la puerta de mi habitación de golpe, como si le hubieran dado una parada y pude ver el cuerpo de mi papa- ¡Kikyou! –Se acercó a mí – no cierres los ojos –pude notar en sus ojos algo de desesperación.
Mi energía se agotó, solo pude sonreír levemente para luego perder la consciencia y todo lo que pasaba a mí alrededor. No sé cuánto tiempo paso mientras estaba inconsciente pero cuando abrí lentamente mis ojos pude observar que me encontraba en el hospital, rodeada de máquinas y cables que me impartían suero. A lo lejos se escuchaban unas voces que reconocí al instante.
-¡¿Qué ha pasado?! – la voz de una mujer anciana sonaba alterada - ¿Qué le ha pasado a Kikyou?
-Por favor díganme que no le ha pasado nada malo –se escuchó otra voz entrecortada, le costaba hablar por los sollozos
-El medico no especifico que le sucedió –hablo esta vez un chico – pero al parecer tuvo un paro cardiaco.
-¿Cuánto tiempo lleva aquí? –pregunto entre sollozos la voz de una jovencita.
-Dos días –respondió aquel hombre, aquello me sorprendió ¿estuve inconsciente estos dos días?
-Te agradezco que nos hayas avisado, jamás debimos haberla dejado sola –dijo aquella anciana mientras suspiraba- Entraremos a verla.
Cuando las dos jóvenes se asomaron por la puerta de mi habitación no pude evitar sonreír. Ahí frente a mi estaban las personas que más quería en el mundo, de repente sentí unos largos brazos a mi alrededor abrazándome con fuerza y sollozando, solo pude devolverle el abrazo con algo de dificultad.
-Estas viva –dijo Kagome sollozando en mi pecho abrazándome- cuando me entere de lo que paso te juro que pensé lo peor –dijo alejándose de mí y acariciándome los cabellos- pero veo que te encuentras bien, aunque estas algo pálida.
-Ya, ya Kagome déjala –dijo Kaede acercándose a nosotras- apenas está despertando, no la sofoques –dijo Kaede separando a Kagome de mi cuerpo y viéndome aliviada- ¿Cómo paso esto Kikyou?
-Kaede, Kagome –exclame feliz al verlas- no se preocupen ya estoy mejor.
-¡¿Cómo que no quieres que nos preocupemos?! –Grito Kagome de repente- ¡Eres una estúpida Kikyou! ¡Casi te mueres! ¡¿Ahora sales que no nos preocupemos?! ¡¿Acaso crees que puedes resolver todo sin ayuda?!
-Cálmate Kagome –dijo Kaede tratando de tranquilizarla- puedes exaltarla con tus gritos y ella tiene que descansar.
-Lo se, pero… -dijo Kagome intentando calmarse, realmente era una mujer con un pésimo carácter- es que ella sabe que nos preocupamos y siempre pretende que puede hacerlo todo sola.
-Kagome, está bien –dijo sonriendo- solo fue otro de mis ataques ya no te mortifiques lo importante es que estoy bien, ¿no es así?
-Si...-dijo entre dientes para luego ir a abrazarme- por favor no vuelvas a darnos un susto como ese.
-Lo prometo –dije sonriendo mientras acariciaba los cabellos de Kagome.
-Muy bien ¿nos vas a decir que paso? –Dijo Kaede sentándose en la cama- ¿Qué paso en nuestra ausencia Kikyou?
-Es una historia muy larga de contar – dije sentándome un poco en la cama.
-No te preocupes tenemos tiempo –dijo Kaede sonriendo.
Empecé a contarles desde el día que descubrí la salida al bosque, mi encuentro con InuYasha, como empezamos a relacionarnos. Me sentía bien hablando con ellas sobre mi maravillosa aventura por el bosque, aunque se lo había contado a Miroku y Sango no era lo mismo ahora me sentía feliz porque se lo compartía a las personas que más quería. Le conté que me descubrió mi papa y todo lo que había pasado omitiendo los latigazos que me había proporcionado en la espalda, no quería que lo odiaran ni tuvieran algún enfrentamiento con él por eso. También les dije que mi enfermedad había avanzado y por esa razón estaba aca.
-Que romántico – suspiro Kagome, cuando termine de contar la historia, siendo víctima de la conmovedora historia- ¿No lo crees Kaede?
-Si es muy romántica –dijo con un deje de preocupación- pero, ¿sabes en el problema que te metiste? es un prisionero, peor aún es un hanyou
-Lo sé muy bien Kaede –dije ocultando mi mirada- sé que está mal visto que una sacerdotisa este con un hombre y más cuando este es un hanyou, sé que estoy siendo una traidora pero no puedo evitar amarlo con todo mi corazón.
-¡Kikyou! –Exclamo sango entrando de golpe a la habitación interrumpiéndonos- ¡¿Cómo estas?!
-Sango –dije sorprendida mientras esbozaba una sonrisa- estoy bien.
-Me alegro, cuando me entere tuve que venir corriendo para acá –dijo quitándose la capa- pero estoy encubierto ya que recuerda que he sido desterrada.
-¡Sango! –expreso Kagome abrazándola muy fuerte- te extrañe mucho amiga mía.
-¿Se conocen? –pregunte sorprendida al contemplar la escena.
-Por supuesto –dijo Kagome viéndome con una sonrisa- tenemos años de amistad, de hecho fui yo quien le dijo que te cuidara cuando tu padre nos sacó de la casa.
-Así es Kikyou –dijo Sango acercándose junto con Kagome- yo le prometí cuidarte y estar al pendiente de ti.
-Muchas gracias por cuidar a nuestra Kikyou –dijo Kaede en forma de agradecimiento.
-Por cierto Kikyou tengo una excelente noticia –dijo Sango arrodillándose en la cama.
-¿Cuál es? –pregunte viéndola con curiosidad.
-¡Miroku está vivo! –exclamo feliz haciéndonos sorprender a todas.
-¿Co…Como? –dije asombrada.
-Parece que Kouga e InuYasha le salvaron la vida –dijo Sango completamente feliz abrazándome.
Me sentí realmente feliz al saber que su marido estaba vivo, se quedó un rato contándonos lo sucedido, estaba realmente feliz al contemplar a las personas que realmente quería ahí reunidas conmigo. Al menos voy a morir feliz pero algo dentro de mí me ponía muy triste y era el hecho de que no podría estar al lado de mi querido InuYasha, al menos estaba feliz de que Sango tendría un final feliz y en mi interior rogaba de qué así fuera. Pasamos un rato ameno riendo y bromeando entre las cuatro, contándonos anécdotas de lo que había pasado en la ausencia de todas nosotras.
-Gracias chicas –dije de repente dejando de reír- gracias por estar aquí conmigo.
-No tienes que agradecer Kikyou –dijo Kaede sonriendo- esta vez Kagome y yo no pensamos irnos, bueno al menos no sin ti.
Iba a contestar cuando de repente se escuchó que la puerta se abría de golpe, dejando ver la figura de mi padre con aquella mirada fría, dando a entender que era una ilusión de mi cabeza que mi padre se había preocupado por mi cuando entro a la habitación y me vio desmayar.
-¿Qué demonios hacen todas ustedes aquí? –Expreso con ira- mi hija necesita descansar y ustedes solo vienen a molestar.
-Tenemos derecho a estar con Kikyou –exclamo seriamente Kaede- ella nos necesita en estos momentos.
- No, no lo tienesn - refutó - Kikyou es mi hija. Ella no tiene nada que ver con ustedes.
-No tiene por qué decir eso –salto Kagome enojada- no me importa que sea el mayor sacerdote pero Kikyou merece tener una distracción sabiendo que esta enferma.
-¡Callate Kagome! –Grito mi padre haciéndola retroceder un poco- ¡lárguense las tres de aquí ahora mismo!
-¡No! –dijo Sango enfrentándolo también- yo perdi todo el respeto que le tenía a usted en el momento que mando a matar a mi esposo, por lo tanto no tengo porque seguir sus órdenes.
-Ya escuchaste a Sango –dijo Kaede firmemente- nos iremos cuando Kikyou este mejor porque pienso llevármela.
-Váyanse –dijo con una sonrisa tenebrosa de medio lado- no me hagan hacerlo por la fuerza, porque no acostumbro a tocar mujeres y ancianos.
-No –dijo firmemente Kaede- ya te lo dije Kikyou vendrá con nostras.
-Qué idea más estúpida –comento mi padre cruzándose de brazos- ella es una mujer enfermiza e inútil, con ustedes se volvería peor no me arriesgo a dejarla cuando aquí tiene los mejores médicos que la pueden atender.
-Kikyou no necesita de este ambiente fúnebre y oscuro en la que la mantienes, lo mejor seria que volviera con nosotras, ahí estará mas segura y sobre todo no es una mujer inútil –dijo Kagome enojada por aquel comentario.
-¿Qué no lo es? –dijo soltando una sonrisa sarcástica - ¿Qué no les conto la deshonra que le dio a todos los sacerdotes? Una buena sacerdotisa útil no cometería ese pecado.
-¡Amarlo no es un pecado! –dije fríamente- el amor que él y yo nos tenemos es limpio y puro.
-Por su culpa tú estás aquí –expreso con un tono de voz más frio- por su culpa has sido una desvergonzada, ¡en vez de una sacerdotisa pareces una golfa!
-No te atrevas a insultarme padre –dije fríamente mientras me paraba de la cama- yo me voy con Kaede y Kagome, ya soy mayor para decidir lo que quiero hacer con mi vida.
-¡Tú no te vas a ir! –Me grito mi padre- tu eres mi hija y mientras vivas bajo mi techo y mis órdenes harás lo que yo diga.
-¡Deja de ser tan obstinado! –Sugirió Kaede perdiendo los estribos- ¿Crees que teniéndola encerrada en un cuarto, como una muñeca de porcelana es sano para ella? –resalto Kaede- Kikyou para mejorar necesita un ambiente fresco.
-¡Yo protejo a mi hija a mi manera! ¿Entendido? Tu opinión me tiene sin cuidado –apretó los puños con fuerza para luego decir con ironía - si el ambiente fresco le hiciera tan bien no se estaría muriendo.
-¡Paren! –grite exaltada, no me gustaba que pelearan pero luego empecé a sentirme mal, mis ojos empezaron a entrecerrarse y me costaba respirar- ¡esta discusión es absurda!
-¡Kikyou! –dijo Kagome abrazandome- tranquilízate por favor.
Mi visión empezó a nublarse y una punzada enorme invadió mi pecho y se extendió por todo mi cuerpo, comencé a tambalearme en los brazos de Kagome y cai desmayada en sus brazos mientras mi respiración se volvia cada vez mas lenta. Solo pude escuchar que llamaron a un doctor para luego este decir que se necesitaba atenderme urgentemente llevarme a un quirófano porque me encontraba entre la vida y la muerte.
-o-o-o-o-o-o-o-
InuYasha's POV
Me encontraba en mi cabaña sentado de forma fetal reflexionando todo lo que había pasado, no entendía porque mi amada sacerdotisa me abandonaba cuando ella había prometido que estaríamos juntos. No podía entender muchas cosas ¿Acaso ella ya no me quería? ¿Todo había sido un engaño? ¿Se habrá cansado de estar en una relación con un hanyou? Muchas preguntas se formaban en mi mente y me hacían sentir realmente mal, de repente el sonido de la puerta abrirse me saco de mis pensamientos y pude observar a Onigumo parado en la puerta.
-InuYasha Taisho – exclamo casi de inmediato. Solo pude suspirar frustrado, tampoco entendía porque me buscaban tanto.
-¿Qué necesitan? –pregunte con una voz apagada, sinceramente no tenía ánimos de nada.
-Cuidado como me respondes –me dijo amenazante Onigumo tomándome fuertemente del brazo- esta vez no habrá nada que te salve, tu suerte se acabó.
-¿Suerte? –pregunte confundidos, pero él no me contesto simplemente llevo mis brazos bruscamente a mi espalda- ¿Pero qué…?
-Te lo dije, hanyou –hablo Onigumo interrumpiéndome- tu maldita y asquerosa suerte acaba hoy.
Comenzó a caminar arrastrándome pero al llegar a la puerta se detuvo, me dejo ahí parado ante mi mirada de intriga, camino entre los prisioneros hasta llegar a la esquina donde solía dormir. Kouga lo miro con desconfianza.
-Quitate – le exigió Onigumo a mi amigo pero este ni se inmuto- que te quietes te dije.
-¿Por qué? – cuestiono mi amigo mirándolo fijamente. Me quede paralizado cuando adivine lo que quería Onigumo-¿Que tiene esta esquina en particular?
-Si no te quitas, el próximo que ira a la cama de exorcismo serás tú –repitió Onigumo perdiendo la cordura. Mi amigo se levantó refunfuñando.
Onigumo reviso entre las tablas que constituia la pared de la choza, y detrás de una suelta, hallo lo que buscaba: mis cartas distribuidas astutamente.
-Que inteligente- dijo irónico sacándolas del escondite- pero siempre seguirás siendo un perdedor ante mí.
Abrí mis ojos al ver que se acercaba a mí con mis cartas. Había imaginado bien, él estaba buscando mis cartas.
-¡Maldi…! –antes de que pudiera decir algo más, Onigumo me metió una patada en el estómago haciendo que perdiera algo de aire.
-No te dirijas de esa manera a tu superior –grito mientras me levantaba y me arrastraba fuera de la choza.
Caminamos a lo largo de toda la prisión, cuyo fin parecía no existir. Todos los soldados y presos nos observaban algunos con sorpresa y otros con lastima, como odiaba que me vieran con lastima después de todo yo odiaba dar lastima. Pero al observar aquella miseria que nos hacían someter hacia que mi odio aumentara más. Finalmente nos detuvimos, en un espacio algo solitario. Observe una choza algo grande, que se levantaba ante mis ojos. Cuando termine de inspeccionarla me quede pálido al darme cuenta que era un cuarto de exorcismo.
-Es una cámara de exorcismo para nuestros prisioneros importantes –sonrio Onigumo al ver mi cara palida – se supone que el monje Miroku tenía que morir exorcizado con sus propios poderes, pero el mayor de los sacerdotes ordeno otra cosa, asi que… -se congio de hombros- su muerte fue tan.. ¿satisfactoria?
-No tienes derecho de mencionar el nombre de Miroku –reclame con rabia y un deje de altanería- maldito hipócrita.
-¡Callate! –Ordeno golpeándome el rostro- no tienes por qué hablarme de esa manera soy tu superior –dijo mientras me daba otra patada con su rodilla en mi estómago haciéndome caer.
En ese momento entro el padre de mi querida sacerdotisa y me observo con lastima y una sonrisa sínica en el rostro, disfrutaba verme en el suelo con mis manos alrededor de mi estómago. Onigumo se encontraba a mi lado sonriendo de igual manera.
-Onigumo- le llamo aquel hombre que se hacía llamar el líder de todos nosotros- veo que lo distrajiste muy bien mientras yo llegaba.
- Observe esto, mi señor –le extendió todas las cartas- Son las que su hija le mandaba a este miserable.
Miyamoto tomo todas las cartas que mi amada sacerdotisa me habia enviado durante todo este tiempo y las examino determinadamente. Una arruga se poso entre sus cejas al confirmar que realmente eran de ella aquellas cartas escritas a puño de su propia hija. Pero su enojo aumento cuando leyó una en específica, realmente no se cual fue. Pero por la rabia que sintió termino rompiendo aquella carta haciéndome enojar, mis ojos se salieron de sus cuencas agarre fuerzas de donde no las tenía, cerré mi mano en forma de puño y se la estampe en la cara con toda mis fuerzas haciéndolo caer.
-¡Infeliz! –grite mientras algunas lágrimas se asomaban por mis ojos sobre todo por la rabia.
-¿Cómo te atreves engendro? –dijo aquel hombre tocándose la mejilla que le había lastimado, mientras me veía con un deje de superioridad- Onigumo, llévalo adentro de la cámara de exorcismo.
-Como usted ordene mi señor –dijo Onigumo agarrándome de los brazos para empujarme adentro mientras se burlaba de mí.
Me arrastro hasta adentro, cuando entramos al fondo del lugar un olor a cadáveres inundo mis fosas nasales, haciendo que me mareara debio a mi débil olfato canino podía sentir los olores peor que cualquiera y los más fuertes conseguían marearme
-¿Qué te pasa fenómeno? –Me pregunto Onigumo burlón- ¿Acaso no puedes resistir un simple olor?
No le conteste, realmente no tenía fuerzas para hacerlo. Me sentía completamente mareado y con muchas nauseas. Caminamos un poco y observamos una puerta que llevaba a una habitación, Miyamoto lo abrió y adentro había unos monjes con ropas blancas y un enorme pentagrama para exorcizar en el medio.
-Bueno, ahora si llego tu turno –dijo Onigumo sonriendo con satisfacción, para luego dirigir una mirada hacia su líder- mi señor ¿puedo divertirme un rato con él?
- Por supuesto –dijo con una sonrisa macabra en sus labios mientras se hacia un lado.
Onigumo se acercó a mí con una sonrisa burlona, para luego darme una patada en el estómago haciendo que cayera adolorido al suelo debido al golpe. Estaba tan mareado por el es putrefacto olor que no tenía fuerzas para defenderme, en el suelo comenzó a darme golpes en los brazos y piernas. Varias veces alzo mi cabeza para golpearme. Tenía incontables heridas, unas más graves que las otras. Mi cuerpo empezaba a temblar del dolor, mi cabeza me pesaba y no podía abrir los ojos.
Me quede tirado en el suelo completamente adolorido, pero a pesar del dolor yo quería vivir un poco más y me resistía a morir tenía que sacar fuerzas de mi lado youkai para mantenerme con vida. Solo quiero verla a ella de nuevo, la echaba tanto de menos. Todos los recuerdos que viví con ella pasaron ante mis ojos, ella me dio las ganas de seguir viviendo y soportando los maltratos de este lugar con la esperanza de que algún día iba a salir de aquí. Ella era una hermosa flor que florecía cerca de todas estas hierbas malas.
-Muy bien, es hora de que te pares –dijo el sacerdote Miyamoto mientras me agarraba bruscamente y me paraba- es hora de terminar contigo engendro, fuiste un dolor de cabeza.
-Terminemos con la vida de este bueno para anda –menciono Onigumo mientras sujetaba mi otro brazo- alguien como él no merece vivir.
Sin previo aviso me aventaron contra aquel pentagrama mientras los sacerdotes vestidos de blanco empezaban a recitar una oración, de aquel pentagrama empezaba a salir una luz azul muy brillante. Un dolor punzante empezó a recorrerme todo el cuerpo, empecé a gritar intentando Salir del lugar pero no pude, mis fuerzas se habían desvanecido. ¿Este era mi final? No podía ser, sabía que este mundo era difícil vivirlo pero yo solo quería sentirme querido por aquella sacerdotisa.
El dolor comenzaba a recorrerme por todo el cuerpo traspasando mis músculos, mis gritos se hacían más fuertes mientras escuchaba las risas del padre de la mujer que amaba y de Onigumo al parecer le divertía verme sufrir, intente no seguir gritando pero el dolor era realmente imposible de ignorar. No quiero morir, era lo único que se repetía constantemente en mi cabeza, quería volver a verla aunque sea por última vez. Al menos quiero saber su nombre querida mía.
-Muere, infeliz –dijo Onigumo riéndose- te lo mereces un ser como tú solo causa vergüenzas.
Me sentía atrapado en una oscuridad infinita, mis parpados se iban cerrando cada vez más y el dolor empezaba a desaparecer. Definitivamente este iba a ser el final, pero lo que no sabía era que mi amada también estaba muriendo en el hospital, su corazón estaba deteniéndose poco a poco.
Aunque en este momento no fuéramos nada, pude sentir algo de ella en mi interior nuestras mentes parecían concordar en solo una frase:
No quiero morir… Te necesito a mi lado… No quiero morir sin antes verte
Continuará…
