Disclaimer: Kuroshitsuji no me pertenece. Si me perteneciera, seguramente la serie no habría visto nunca la luz debido a la pereza que me daría el dibujar todo el manga.
Bueno… ¿cómo empezar las notas de autor? Sí, he pensado en el típico "hola", pero… no sé, no me convence. Tomaros esta "interesante" reflexión, nótense las comillas por favor, como saludo. Ya sé que me he atrasado un poco, aunque no creo que a nadie le importe en demasía… forever alone. Creedme que no he podido sacar tiempo, y ya sé que es la misma excusa que ponemos todos aquí, pero es la pura verdad. Seguramente no tenga ni la mitad de la mitad (un cuarto, a quien le interesen las mates) del trabajo o deberes que suelen tener aquí los escritores, pero ¡vamos!: ¿quién no se atrasado nunca en la actualización de su historia?
Bromas aparte, la verdad es que cada día que pasaba me sentía más y más culpable al no sentarme frente al ordenador a escribir, así que no penséis que habéis sido los únicos que lo han pasado mal.
Y bueno, sin más dilación (porque aunque no os lo creáis estas notas ya me han llenado la mitad de una página del Word) empecemos YO a escribir, y VOSOTROS a leer.
·
La hora del té. A decir verdad, la aborrecía de pequeña, algo extraño, sinceramente. El mantel de encaje blanco que colocábamos sobre la pequeña mesa, el hermoso juego de té hecho de valiosa y delicada porcelana, las pastas de colorines ricamente decoradas… Todo era pomposo, con el color rosa predominante en la mesa, encantador a la vista de una cría de 8 años escasos. No, no era la decoración o la mesa lo que odiaba, sino el hecho de tener que pasar una hora entera sentada en ella sujetando la taza y sorbiendo el líquido.
Creo que hablo en nombre de todos los niños cuando digo que a nadie le gustó esta hora cuando eran pequeños. Lo que en realidad nos gustaba era correr, saltar, jugar, hablar a gritos…
Por eso, no hubo mejor hora en la que Paula nos informara de la vuelta de mi hermano. Dejamos las tazas sobre la mesa, nos levantamos de las sillas y corrimos como alma que lleva el diablo por los amplios pasillos de la mansión Midford, o por lo menos papá y yo, ya que mi madre caminaba en vez de correr, aunque no con ese aire de parsimonia que solía arrastrar consigo. Eso era algo bueno, supuse. Ella estaba feliz, supuse.
Llegamos al vestíbulo. Ahí estaba él. No divisé diferencia alguna en mi hermano. Seguía siendo el mismo, y eso me alegraba. Corrí escaleras abajo y salté a sus brazos; fueron demasiados meses en los que no había sentido sus brazos rodeándome.
Él se sobresaltó. Seguramente no se esperaba que una niñita rubia con dos coletas se le tirara encima nada más llegar a su casa. Eso me alegró también. Me encantaba sorprender a Edward, pillarle desprevenido, con la guardia baja. De inmediato cambió su expresión seria a una más cálida para recibir a su hermana pequeña, extendió los brazos y me atrapó en el aire con algo de torpeza.
–No sabes cuánto te he echado de menos.
–Nosotros también te hemos extrañado. No has sido el único que has sufrido– repuse yo con una risita tonta.
Papá y mamá nos alcanzaron en pocos segundos, uniéndose a la bienvenida de mi hermano mayor. Papá le preguntó cómo le iba, y si ya había enamorado a alguna que otra chica en el internado; mi madre, por su parte, quiso saber sobre sus calificaciones escolares y sus estudios. Yo permanecía en silencio, pero con una sonrisa en medio de la cara.
Fue un día feliz, y eso nadie lo puede negar. Quisiera pensar que ésa fue la recompensa de todo lo que sucedió a continuación. La parte feliz anterior al nudo de la película, a los problemas.
Rodeé el cuello de mi hermano con ambos brazos y me colgué de él.
–Elizabeth, no te cuelgues del cuello de tu hermano- me regañaban. No recuerdo quien fue, si mi padre o mi madre–. Elizabeth, baja. Elizabeth. Elizabeth, basta ya. Elizabeth… ¡Elizabeth!
·
·
–¡Elizabeth, Elizabeth! ¿Estás bien! ¡Elizabeth! ¡Elizabeth, despierta!
¿Quién me llamaba con tanta insistencia? Qué molesto. ¿Acaso no ve que estoy aquí? No hace falta gritar. Muevo los labios articulando la típica frase de "cinco minutitos más", pero algo falla. Me siento incapaz de realizar movimiento alguno. Mientras, la voz sigue llamándome sin cesar.
–Elizabeth, ¿te encuentras bien?– una pausa. Silencio–. ¿Estás viva?
Me duele todo, sin excepción; hasta el pelo, seguramente. Pero… eso es bueno, ¿no? Dicen que el dolor es una manera de saber que estamos vivos. Si bien un sabio eso, el cuchillo que se aloja en mi estómago dice lo contrario.
–Sí…- una voz contesta por mí, una voz quebrada y dolorida. Esa no puede ser mi voz… ¿verdad?–. Sí, estoy viva… o por lo menos creo estarlo.
Si requiero de tanto esfuerzo para separar mis párpados, no me quiero mi imaginar lo doloroso que sería el ponerme en pie. Abro los ojos despacio, muy despacio, sintiendo cómo mil mini-agujitas se clavan un poco más en mi globo ocular. Me quedo con los ojos tan abiertos como soy capaz, es decir, que solo dispongo de una rendija minúscula por la que veo el mundo.
De pronto siento como unos brazos me rodean, me abrazan y me aprietan. Tiene sentido, al fin y al cabo. ¿Quién no se solidarizaría de una pequeña chica que ha visto morir a su familiar y quien posteriormente ha sido asesinada? Entonces lo pienso con detenimiento. ¿Qué psicópata abraza el cadáver de una niña pequeña?
Cada segundo que pasa me muestro más confundida. ¿Estoy viva o estoy muerta? Qué lío tiene mi pobre cabeza.
–Solo… sólo déjame volver a rememorar ese día, a la hora del té–. No me oye, lo sé. Es imposible. He fallecido, ¿no?
-¿Qué día?
Mi mente reacciona con una palabrota. Me separo inmediatamente de él, sintiendo cómo se rompen mis huesos. Bueno, la parte positiva es que parece que me he espabilado del todo. Mis ojos se abren completamente, ¿y a quién veo nada más separar los párpados?
–Imposible…– casi por instinto, me palpo el estómago–. No hay cuchillo– susurro, asegurándome de que nadie más me oiga. Vuelvo la vista hacia la persona– ¿Sebastian?– ¿Qué está pasando aquí?–. No es posible… yo vi cómo-
No me deja acabar la frase. Se abalanza sobre mí y me atrapa en un… bueno, ¿sabéis cuando alguien os achucha tan fuerte que crees que en vez de transmitir cariño, lo que desea es tu muerte por asfixia de lo fuerte que te abraza? Pues eso.
Pasan unos cuantos minutos hasta que decide soltarme, ocasión que aprovecho para recuperar algo de aire.
–Creí que no te volvería a ver. De repente te paralizaste y tu cara cambió a una de verdadero pánico. Murmuraste algo que yo no llegué a oír. Acto seguido te desmayaste. Llevas dos horas tirada en el suelo, inmóvil.
Silencio por varios minutos.
–Tú no has visto…– me callo–. Tú no sabes… Yo… La muerte– cerebro estúpido. ¿Qué no puedes formar una frase como una persona normal?
Sebastian sonríe. No es su típica sonrisa socarrona.
–No parece que hayas tenido un sueño bonito, precisamente. Vamos, levántate.
Por segunda vez en el mismo día, me agarro a la mano que me ofrece mi tío.
Caminamos por los pasillos una vez más. En silencio, para variar. Me palpo otra vez la barriga. ¿Una alucinación creada por mi mente?
Imposible.
·
·
En el suelo reposa una muñeca desgastada. Polvorienta, estropeada, le falta uno de sus ojos de botón y el relleno sobresale por las costuras. La recojo del suelo sin saber muy bien por qué. ¿De quién será? Que yo recuerde, la familia Phantomhive contaba con un hijo, no con una hija. La levanto por encima de mi cabeza y la examino, en un intento de distraerme. Lleva un vestidito al que se le han caído un par de volantes rojos y una pamela de colores pastel. El ojo que perdura se ha descosido y cuelga solitario por un solo hilo. Seguro que fue una hermosa muñeca en sus tiempos, pienso con inocencia.
No le he contado mi "visión" a Sebastian. De seguro no lo entendería. De hecho, yo tampoco comprendo, así que lo que he hecho es guardar ese recuerdo en el rincón más profundo y oscuro de mi cerebro, a la espera de ser olvidado; sin embargo, no puedo evitar el sobarme el estómago de vez en cuando. Necesito saber que no fue real, asegurarme de que estoy viva. Es comprensible, ¿verdad? Por lo menos ahora el dolor no es el único método que tengo para saber si sigo en el mundo terrenal…
Me guardo la muñeca y sigo a mi tío.
La próxima habitación que visitamos es el sótano. Cuando Sebastian lo propuso me dieron ganas de aplaudirle con sarcasmo o de pegarle una colleja.
El sótano. ¿En serio? Parece que este hombre nunca ha visto una película de terror. El sótano es el lugar favorito de los asesinos enmascarados armados con una sierra mecánica, zombies putrefactos en busca de apetitosos cerebros o psicópatas enfermos que deberían estar en un manicomio, o un centro psiquiátrico, que es lo mismo pero usando el eufemismo.
Él me explicó que si de verdad queríamos inspeccionar a fondo la casa lo mejor era empezar por el principio, y no empezar a construir la casa por el tejado. Dijo que la mejor manera era empezar desde abajo (es decir, el húmero, oscuro, siniestro y peligroso sótano) y subir desde ese punto hasta el tejado.
Curiosamente, mi tío posee de una increíble capacidad de convencer a la gente para que hagan lo que quiere. Es un manipulador en toda regla. Supongo que esa fue la razón por la que hoy estoy a su lado.
Nada más traspasar la puerta, el olor a humedad y moho acumulado inundan mis fosas nasales. Las escaleras crujen con un siniestro sonido bajo nuestros pies, y eso que no hemos bajado ni dos peldaños todavía. No sabía que las escaleras podían llegar a ser tan terroríficas.
Busco a ciegas el interruptor de la luz, pero sin éxito, lo que nos obliga a bajar las escaleras totalmente a oscuras. Supongo que a la familia le pareció gracioso el darse de bruces cada vez que quisieran bajar al sótano.
Ya abajo repito el proceso de buscar el interruptor, lo encuentro y pulso el botón para encender las luces. Nada.
Bueno, supongo que es lógico. Esta casa lleva deshabitada años. Pienso con ironía. No creo que a ningún simpático idiota se le hubiera ocurrido mejor idea que tirar su preciado dinero de su preciado bolsillo para pagar las facturas de una mansión abandonada.
Sin previo aviso, un fuerte rayo de luz me golpea en la cara, lo que hace que durante unos segundos lo vea todo de color blanco para que posteriormente unas luces de colores me manchen la vista. Lanzo una mirada fastidiosa a mi tío. Ya pillo la indirecta bastante directa, es lo que quiere decir la mirada. Me llevo las manos al bolsillo del pantalón y saco una delgada y ligera linterna. Tiene el tamaño de un bolígrafo y es algo más grueso que éste, por lo que cabe perfectamente en un bolsillo. La enciendo e inmediatamente la giro por toda la habitación.
Si lo piensas bien, las linternas pueden dar mucho miedo. El haz de luz que emiten sólo ilumina una determinada zona, por lo que desconoces lo que ocurre en los sectores que se quedan en la oscuridad. ¿Quién sabe? Igual a tu derecha hay una trampa mortal que tú no puedes ver, o quizá una monstruosa figura que espera algún descuido tuyo para engullirte. Suena paranoico, lo sé, pero si alguna vez has visto una película de terror o jugado a un videojuego del mismo género en primera persona me entenderás.
El rayo de luz de mi linterna recorre todo el espacio, hasta el último rincón. Lo mejor es tener visualizada la habitación en tu mente para así no llevarte alguna que otra desagradable sorpresa. Es un sótano bastante pequeño si tenemos en cuenta las dimensiones del resto de la casa.
–Qué alivio…– suspiro.
–¿Qué te esperabas?– no puedo verle la cara, pero sé que sonríe y a la vez enarca una ceja.
–No lo sé, la verdad. Por lo menos unos cuantos cadáveres en estado de putrefacción colgados al techo por el cuello.
–Has visto demasiadas películas de miedo, mi querida sobrina.
Ambos nos reímos. Es extraño. Es la primera vez que comparto una verdadera risa con mi tío. Además, ¿no empezó a tutearme hace poco? En medio de la carcajada oigo algo; algo parecido al rumor del agua burbujeando. Parece que Sebastian también lo ha oído ya que al igual que yo detiene su risa. Viene de las paredes, estoy segura.
Con sumo cuidado me acerco a la pared desnuda y apoyo la mano izquierda en ella y así durante unos segundos. Justo cuando voy a girarme hacia mi tío y decirle que todo va bien siento cómo mis manos se manchan con algún líquido tibio y pegajoso. Instintivamente aparto la palma de la pared y la observo a la luz de mi delgada linterna. Palidezco. Vuelvo la vista hacia la pared y observo cómo el mismo líquido sale a borbotones de ella. Ni siquiera parece que salga por los huecos que hay entre los ladrillos, sino que directamente son los mismos ladrillos los que segregan el líquido. Emerge de todas las paredes, las cuatro y una velocidad vertiginosa. Ya ni siquiera sé si del suelo también sale o si son la acumulación de las paredes, solo sé que ya me mojan la mitad de las zapatillas.
Busco a Sebastian con la mirada y lo localizo al lado de las escaleras, señalando hacia la puerta y haciendo una señal que indica que salgamos pitando de aquí. No me lo pienso dos veces a la hora de seguir su consejo. Sin pensarlo mucho me subo a una de las tantas cajas que están esparcidas por el suelo. Sé cómo es andar en el agua, y es que esta ralentiza tus movimientos. Además, esto no es agua.
Vamos, Elizabeth. Me digo a mí misma. Siempre has presumido de tu agilidad y velocidad. No puedes fallar. Me ordeno.
·
·
¿Sabéis de esos juegos de plataformas en los que el personajes al cual controláis debe saltar de un sitio a otro para superar la pantalla? En una situación parecida me encuentro yo, sólo que en un videojuego es mucho más fácil. Estás detrás de una pantalla y lo único que debes hacer es apretar un solo botón para que tu personaje pegue un salto descomunal hasta la otra punta de la pantalla. Si lo hicierais en la vida real, comprobaríais lo complicado que puede resultar una acción tan inocente como saltar.
Voy brincando de caja en caja tan rápido como puedo mientras observo lo rápido que crece el pequeño mar a mis pies. Los objetos ya empiezan a flotar y eso es malo: significa qué se hundirán bajo mi peso cuando me apoye en ellos. Pero no puedo rendirme ahora, estoy casi en la puerta.
Tú puedes, no temas. Saltas, aterrizas en la escaleras, atraviesas la puerta y ya entonces tendrás tiempo para que el pánico te domine.
Flexiono las rodillas. Un salto más y estaré a salvo. Un salto más, solo uno, solo uno, solo….
Salto, y siento mi cuerpo en el aire. Un segundo después estoy otra vez en tierra o mejor dicho, la mitad mía está en tierra. Me balanceo al filo del peldaño, agitando mis brazos como las aspas de un molinillo, todo para tratar de no perder el equilibrio. No hay barandilla a la que agarrarse, no hay nada.
Mierda, mierda, mierda, mierda…
Es inevitable. Mi cuerpo se inclina más y más hacia atrás. Me voy a caer. De repente noto una mano agarrándome de la muñeca y tirando de mí hacia delante. Recupero el perdido equilibrio y echo a correr hacia la salida. Cierro la puerta con pestillo y me apoyo la espalda en esta.
Jadeo. A salvo. Estoy a salvo.
–Gracias– le digo a mi tío, que se encuentra a mi lado.
–¿Por qué?
–¿No es obvio? Por salvarme.
Silencio.
–Es odioso admitirlo– empieza Sebastian–, pero yo no me he movido de aquí.
Me inquieto.
–No bromees, por favor– le digo muy seria mirándolo directamente a la cara. Él también se encuentra muy serio–. ¿Quién si no me ha salvado?
No recibo respuesta. Tampoco es como si me la esperara. Observo con detenimiento la palma de mi mano izquierda. Está roja y la piel se ha despellejado un poco. Duele.
Ácido.
·
·
¡Bien! Otro capítulo terminado. La verdad es que sé si transmito la sensación que quiero transmitir con mi tipo de narración, es decir; miedo, o por lo menos misterio o intriga. En fin, gracias por leer y demás.
"¡Por fin "aparece" un nuevo personaje!" Estaréis pensando y... ¡Sí! La verdad es que crear una historia de fantasmas con solo dos personajes en la que, para colmo, aún no ha aparecido ningún fantasma es algo fastidioso, ¿no? ¿Y bien? ¿Quién creéis que es el nuevo personaje? Y... No, no tiene por qué ser Ciel necesariamente, bien podría ser Rachel o Vincent o cualquier otro.
Longliveotakus500: eres cruel, ¿sabes? Y... ¡Eso es bueno! (Digo en las historias, ¿ok?) Me encanta tu idea, y me muero de ganas de usar las muertes que mencionaste en la historia. Cierto es que el fic va por un camino un tanto distinto, pero seguramente me las apañaré para introducirlas. De hecho tu idea es taaaan buena, que creo que deberías escribir una historia así :) Por ahora te tendras que conformar con habitaciones ácidas XD Ya sé que te dejé una contestación por privado pero como me faltaron que poner las digo aquí. Porque yo molo (es broma) :)
Espero que os haya gustado este capítulo un poco más "gracioso" por decirlo de alguna manera. Si os ha gustado, dejad review; si no os ha gustado, dejad review; si sois un fantasma que me quiere maldecir por blasfemar sobre el encanto de vuestros preciados hogares, me lo hacéis saber por un review, ¿ok?
Sayōnara!
