Capítulo 4: Rachel
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–¿Algo interesante?
Sebastian niega con la cabeza, y deja la pequeña y negra libreta en la caja. Saca la linterna, la enciende y sigue investigando la habitación. Hace rato que ya ha oscurecido y ahora ni siquiera nos podemos guiar por la sucia luz que traspasaba las ventanas. Además, he de tener cuidado de no perder de vista a mi tío, ya que él es quien lleva la única linterna que poseemos (la mía se me cayó en el sótano).
Me acerco a la caja fuerte del despacho y recojo con la mano izquierda la libreta. Busco la caja de cerillas que me guardé en el bolsillo y enciendo una de ellas. La cubierta del cuaderno se encuentra increíblemente desgastada, y la mayor parte de la portada está quemada; y aún así, contra todo pronóstico, las páginas del manuscrito están en buen estado. Algo amarillentas sí, pero son legibles.
Le hecho una mirada rápida a la gran caja metálica que hace apenas unos minutos estaba cerrada. Los Phantomhive tenían una magnífica caja fuerte…
Vuelvo mi atención a la libreta. Acerco y alejo el fósforo intentando tanto iluminar las páginas como evitar que el fuego calcine el manuscrito. A pesar de que únicamente uso la punta de dos dedos para sujetar la cerilla, estas escuecen como nunca creí que podría escocer algo. Sebastian untó una extraña crema en la palma de mi mano que alivió un poco el dolor, pero aún así el escozor es insoportable.
Las páginas están repletas de números y números formando operaciones. Sumas, restas, divisiones, multiplicaciones, números decimales, números negativos, fracciones y números mixtos son todo lo que muestran las numerosas hojas del librito. Suspiro. Al fin y al cabo, la familia Phantomhive eran dueña de una importante fábrica victoriana.
Justo cuando voy a dejar el libro de nuevo en caja me da por mirar la última hoja del cuaderno. En la hoja de papel sigue con la cuenta de la página anterior: una elaborada operación en la cual conviven números positivos y negativos, seguramente para averiguar las ganancias de la temporada. Sin embargo, sobre la cara interior de la cubierta de pasta dura está pegada una fotografía. No le doy demasiada importancia, la verdad. La fotografía en blanco y negro solo muestra a un par de niños pequeños que sonríen a cámara mientras se balancean en un pequeño columpio casero. Reconozco en la imagen a Ciel Phantomhive, el niño de ojos alegres que vi en la pintura del vestíbulo. A la niña que lo acompaña no recuerdo haberla visto. La pequeña tiene el pelo recogido en dos graciosas coletas y en sus brazos carga una preciosa muñeca de trapo.
Dejo con cuidado el libro sobre el metal y dirijo una mirada a mi tío. Me pregunto por qué parece tan interesado en este cuarto. Se nota que nunca llegaron a reconstruir esta parte de la casa, a diferencia de la cocina o el sótano. Aparte de solo algunos muebles (como la caja fuerte), toda la habitación se encuentra quemada, reducida a cenizas.
–Da igual cuánto te empeñes en mirar la habitación– le digo resignada a Sebastian–. Todo es insalvable. Lo único que ha sobrevivido es el cuaderno, que tuvo la suerte de encontrarse en ese momento en el interior de la caja fuerte.
–Has estado revisando el cuaderno- afirma.
–Sí– enarco una ceja–. ¿Por qué lo preguntas? ¿Acaso te molesta?
Sebastian sonríe.
–En lo absoluto. Es más, me es reconfortador sentir que tengo un par de ojos más que revisan si se me pasa por alto algo. Y bien, ¿has visto algo interesante?
Hago todo lo posible por borrar el levísimo rubor que habían decorado mis mejillas.
–No, nada…– titubeo–. Bueno, en la página del final había una fotografía pegada a la cubierta, pero no mostraba nada extraño; solo eran un par de críos jugando.
Él asiente con la cabeza.
–Bueno, aquí no hay nada que pueda parecer interesante. De todas maneras investiguemos las siguientes habitaciones por si encontramos algo de interés.
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Como sospechaba, las salas del piso superior se encuentran completamente calcinadas; todo lo que podemos observar son paredes negras como el carbón y con un cierto olor a quemado. Mi tío se detiene de repente. Me vuelvo para mirarlo.
–¿Has oído eso?
–No. ¿Qué debería haber oído?
Mi tío permanece un rato en silencio, aguzando el oído. Después sonríe.
–Deben haber sido imaginaciones mías.
Me inquieto ante el comentario, pero decido permanecer en silencio.
Me gustaría poder describir los siguientes momentos, pero me es completamente imposible, ya que en su mayoría lo único que vimos fueron habitaciones vacías y negras, nada mínimamente interesante. Un par de horas más tarde, decidimos darnos por vencidos y parar de abrir y cerrar puertas sin ton ni son.
Cuando ya estábamos dirigiéndonos a las escaleras noto que Sebastian se para.
–¿Qué pasa? Vamos, la salida está abajo.
Sonríe.
–Espera, querida sobrina– dice con tranquilidad mientras señala al techo–. Ahí hay una trampilla. Ven– me indica–, te voy a ayudar a subir ahí.
–¿Por qué?– me quejo. Estoy un poco demasiado harta de mi tío y de sus ansias exploradoras.
–No hay escalera para subir– bufo por lo bajo. Ese es un buen punto.
Me subo a los hombros de Sebatian y con algo de torpeza abro la trampilla del techo. Me deslizo hasta el interior de la buhardilla.
–¿Ves algo?– pregunta.
–Está oscuro– es todo lo que recibe por respuesta Sebastian.
Estoy tan concentrada en distinguir algo en medio de todo lo negro que no puedo evitar soltar un pequeño grito cuando noto que algo me golpea en la cabeza. El objeto cae al suelo y aprovecho para recogerlo. Maldigo por lo bajo. Vaya forma de pasar las cosas, pienso con mal genio. Enciendo la linterna.
Para mi sorpresa, la buhardilla no se encuentra quemada como los pisos inferiores. Me pongo de pie y me golpeo la cabeza con el techo, por lo que me encorvo hasta parecer el jorobado de Notre Dame. Lo que más me sorprende de la estancia no son los muebles casi intactos, ni la moqueta desgastada, ni los miles de papeles que se extienden por el suelo, sino la figura humanoide que se ve sobre el sillón mellado.
Apago la linterna y me acerco con sigilo a la persona.
–Elizabeth, ¿por qué tardas tanto?
Doy un pequeño salto debido al susto. Ni siquiera me doy la vuelta cara encarar a mi tío, ni me pregunto siquiera cómo ha podido subir; estoy demasiado absorta observando cómo la figura sobre el sillón gira la cabeza al haber notado nuestra presencia. Me tapo con las palmas los ojos, aunque una me duela como si la hubiera posado sobre llamas, esperándome lo peor, jurándome acabar con la vida de Sebastian en el improbable caso de sailr vivos de esta casa.
-¡Vaya, qué sorpresa! ¿A qué se debe esta visita?
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Confundida, separo con lentitud los dedos y miro a través de los huecos entre éstos. Lo primero que veo a una mujer… recuerdo haber visto en algún lugar a ésta mujer… pero no recuerdo de qué me suena…
La mujer sonríe dulcemente. Con amabilidad, como si nos conociéramos de toda la vida, nos invita a sentarnos en los asientos que se sitúan enfrente de ella, a lo que nosotros obedecemos en silencio. En sus manos enguantadas sostiene una delicada taza de té, a la que da breves sorbos de vez en cuando. Nos mira a ambos detenidamente. Reconozco esa mirada cálida y a la vez firme, pese a no haberla vista en persona hasta ahora.
–¿Es quien creo que es?– susurro a Sebastian–. ¿Rachel Phantomhive?
–Su fantasma– puntualiza él. Vuelve la mirada a Rachel y se aclara la garganta–. Señora Phantomhive, ¿puedo hacerle un par de preguntas?
La mujer se sorprende un poco por la poca delicadeza de mi tío, aunque después vuelve a sonreír con despreocupación.
–No veo por qué no– bebe una última vez de la taza antes de dejarla descansar sobre la mesa–. Pregunte.
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Bueno, voy a cortar este capítulo por aquí.
Si queréis que os diga la verdad, esta historia se me está yendo de las manos completamente. Como muchas de las historias de esta página web, esta fue una historia sacada un poco de la manga. Simplemente un día se me ocurrió la idea de hacer una historia de terror sin tener completamente ni idea de cómo escribirla ni nada. Odio pasar miedo, lo admito, por lo que cada vez que alguien me dicen "ven al cine a ver esta película con nosotros" y veo que la peli en cuestión se titula Screamers, tripas y sangre obviamente me rajo.
Sé que escenas quiero incluir, pero tengo ni la menor idea de cómo desarrollarlas. En fin, supongo que lo que quiero decir con todo este "sermón" es que estoy sufriendo de una especie de "bloqueo del escritor" con esta historia en específico, por lo que no os extrañéis si no actualizo este fanfic en muuuuucho tiempo (yo que sé, un lustro y medio en continuarla), por lo que voy a subir otros fanfic que llevo ya tiempo pensando y demás.
De todas formas no pienses que dejaré abandonado a este fic, a su suerte por las calles desiertas y dejando que se alimente de lo que la gente tira, no. Sé que lo acabaré (algún día), así que no os preocupéis.
Sin nada más que contar, me despido. Y ya sabéis, dejadme un comentario (que no hace daño a nadie el escribir) y, si quieres, dale al favourite o a follow; que si quieres, ¿eh?, si no, pues no, que nadie te está obligando (mentira: hazlo, hazlo, hazlo, hazlo… okay, no)
