-Esta casa se construyó hace ya muchos años- sonríe Rachel-. No sé cuándo con exactitud, pues la familia de mi esposo ya la habitaba mucho antes de que yo naciera. ¿No es preciosa? Recuerdos que mis primeros días en esta mansión fueron un desastre- ríe-. No paraba de perderme, y Vincent siempre tenía que ir indicándome dónde estaba todo.

La fantasma en frente mío no para de parlotear mientras sorbe de su taza, de la cual ya lleva bebiendo un buen rato... ¿será esa taza infinita? De la boca de Sebastian no paran de salir preguntas y más preguntas. No es tan descarado como antes, pero puedo ver con claridad que se está esforzando lo máximo para que de sus labios no escape ninguna pregunta lo suficientemente descarada como para ofender a la mujer.

Sé que está deseando preguntar sobre el pasado de la familia de la fantasma.

-Señora Phantomhive... por curiosidad, ¿donde están su esposo y su hijo?

Me sorprendo a mí misma girando el rostro hacia la mujer de pelo rubio. No me había percatado antes, pero la fantasma es realmente hermosa. Su piel es extremadamente pálida; sus facciones, suaves; sus movimientos sofisticados, y sus ojos zafiro reflejan una curiosa atracción que hace que no pueda separar mis ojos de los suyos. Exhala una paranormal sensación de acogida pese al aura siniestra y misteriosa que rodea a Rachel, haciéndome pensar que realmente parece más viva que muerta.

Rachel sonríe, consiguiendo que me sonroje ligeramente. ¿Me ha descubierto mirándola...?

-Oh, ¿te refieres a Ciel y a Vincent?- dice con suavidad-. Estarán en la planta baja, supongo. Vincent debería estar en su estudio, ocupado con papeles de la empresa, y creo que mi pequeño Ciel estará en el jardín, jugando con sus muñecos...- de sus labios sale una risa nerviosa que no se me pasa por alto. Parece que Rachel se percata de mi mirada ligeramente preocupada, por lo que se apresura a añadir-: Últimamente no los suelo ver demasiado... Parecen ocupados, de alguna manera.

-¿Cree que la tratan de evitar, condesa Phantomhive?

Me cubro con una mano mi boca para disimular un suspiro pesado. Otra vez el lado para nada indirecto de Sebastian Michaelis.

-¿Cómo? Claro que no, señor Michaelis.

-¿Entonces...?

La pobre mujer ríe nerviosa mientras hace un gesto para aliviar la tensión. No puedo evitar sentir algo de compasión por Rachel mientras miro el rostro de mi apuesto tío, quien fija su mirada en la rubia sin disimulo alguno.

-Tío, para- decido salir en ayuda de la condesa. Conozco a Sebastian; si no le paro los pies, no parará de presionar a la pobre Rachel hasta obligarla a contestar cualquier cosa en contra de su voluntad. Lo sé-. Estás incomodando a la señorita Phantomhive- me escondo tras una sonrisa, la cual me sirve de máscara para ocultar mis emociones.

Sebastian desvía su mirada hasta mí. Puedo percibir en sus ojos algo de sorpresa, ¿quizá porque lo he interrumpido?

-Oh- es lo único que dice mi tío. Cambia su expresión a una sonriente-. Mis disculpas- dice, dirigiéndose a la dama enfrente nuestra.

-Descuide.

Rachel eleva la comisuras de sus labios formando una sonrisa cálida, y es en ese instante en el que me doy cuenta de que ella también se ha unido a este circo de sonrisas falsas, donde Sebastian, Rachel, y yo misma, nos hemos convertidos en los payasos.

En el espectáculo principal.

·

·

·

-Que curioso...

Sebastian baja de la buhardilla de un solo salto, con agilidad, de una forma casi elegante. Cómo lo envidio. Yo bajé a duras penas, me tomó un par de minutos el conseguir en valor de saltar desde tan elevada altura, y aun con esas me caí de una manera más bien torpe, dándome de espaldas contra el polvoriento suelo.

-¿A qué te refieres?- pregunto-. Oh, a la condesa, ¿no? Sí, es muy curiosa... Pensaba que los fantasmas serían más terroríficos, pero esa mujer parecía de todo menos agresiva- sin saber por qué, me viene la risa tonta-. Creo que es porque parecía muy humana... Parecía viva, de alguna forma. Creo que es por eso que no me dio miedo- cuando mi risa se detiene por fin, me incomoda el silencio que se forma entre mi tío y yo. Sebastian parece estar en otro mundo, y no ni siquiera me mira. No se el por qué, pero tras hacer esa pequeña observación una extraña sensación me recorre el cuerpo. Es como una especie de... vacío-. ¿Crees... Crees que Ciel y Vincent Phantomhive serán así?

-Lo dudo.

Frunzo el ceño, disgustada con la escueta respuesta dada por mi tío. Entonces veo que Sebastian empieza a caminar, alejándose de mí. Aprieto el paso para poder alcanzarlo. Como el hombre situado a mi lado no parece interesado en iniciar una conversación, me es inevitable el sumergirme en mis propios pensamientos.

-Elizabeth...- empieza a decir mi tío, sacándome de mi ensimismamiento. Vuelvo la cabeza para mirarle-. ¿Cuándo... Cuándo te volviste así?

Guardo silencio unos segundos preciosos mientras ambos caminamos (probablemente perdidos, pero ninguno de los dos le da importancia a ello) por los pasillos de la polvorienta mansión.

-¿Cómo?- pregunto. No he entendido la pregunta-. ¿Qué quieres decir?

-Bueno...- con gesto algo nervioso veo cómo Sebastian se sacude el pelo con la mano, echándoselo hacia atrás-. Elizabeth, yo... Te recuerdo como...- suelta un bufido-. ¿Cómo decirlo? Tú eras mi sobrina, yo solía ir a visitar la mansión de tus padre con frecuencia cuando tú y tu hermano erais pequeños y tú... no eras así. Ya sé que hace tiempo que no nos vemos pero... Menudo cambio el que has dado, señorita- concluye.

No le devuelvo la sonrisa que él me regala; en vez de eso bajo la cabeza apesadumbrada. Es cierto de que Sebastian ya no suele ir a visitar la mansión Midford con tanta frecuencia... es más, ¿cuánto tiempo lleva sin pasarse por mi domicilio? Quizá dos o tres años, incluso. Recuerdo que cuando era pequeña... bueno, no es que adorara a mi tío con toda mi alma, pero ambos teníamos una mejor relación que ahora...

En ese entonces era mi querido tío... Ahora, aunque aún lo llame así, más bien lo considero como "el hombre que me está acompañando a investigar las ruinas de una mansión maldita"...

¿Por qué...? Mi padre... Sí, es cierto... Sebastian no es hermano de mi padre, si no de mi madre... Siento ganas de reírme de mí misma. ¿Qué estoy diciendo? ¡Por supuesto que es familiar de mi madre! Por supuesto, siempre lo he sabido, pero de pequeña siempre lo relacioné más con mi padre debido a que el carácter de ambos era más semejante que el de Sebastian y mi madre, y quizá por el hecho de que ambos eran varones...

Recuerdo que cuando mi padre y él tuvieron una pelea, hace un par de años atrás, pensé que acabaría por arreglarse... Pensaba que era una de las típicas peleas que tienen los hermanos y que siempre terminaba por solucionarse. Pero no fue así.

Recuerdo de cuando mi tío salió por las puertas de la mansión dando un fuerte portazo que resonó por toda la casa, pese a su carácter siempre tranquilo y pacífico...

Recuerdo a mi hermano acariciándome la cabeza con cariño mientras ambos contemplábamos la escena, yo con ojos curiosos y confusos...

Recuerdo que aquella fue de las pocas veces que vi a mi madre llorar.

Recuerdo las malas palabras que mi padre dirigió hacia el hombre al cual yo creía como su hermano...

¿Qué quiso decir mi padre con eso de "monstruo"? Nunca llegué a entenderlo del todo. Por encima de todas las otras palabras, era aquella la que salía con más frecuencia de los labios de mi padre...

Sacudo mi cabeza con algo de fuerza. ¿En qué estoy pensando?

-¿Cambio?- vuelvo al tema principal, tratando de ignorar los distintos pensamientos que vuelan por mi mente en estos mismos instantes-. ¿Qué dices? En mí no se ha producido ningún tipo de cambio.

Desde ese mismo día, no volví a ver a mi tío Sebastian hasta que me pidió que le acompañara a la mansión Phantomhive. Era una propuesta de locos para locos... Y aun así, la acepté.

¿Quizá añoraba a mi tío hasta tal punto de querer volver a verlo hasta en la peor de las condiciones posibles...?

Bah, lo dudo.

Me convenzo de que no es culpa de Sebastian el no saber a qué se debió mi cambio, pero aun así siento una especie de molestia en el estómago...

-¿Cómo que no?- sonríe mi tío-. ¡Claro que sí!

-¿Se puede saber en qué he cambiado, tío?- replico con voz desafiante.

Mi tío suelta una risa suave, y con una sonrisa dulce me dice:

-No es nada, no es nada. Es solo que no te recuerdo de esta manera, Elizabeth. ¿Dónde quedó esa chica rubia de coletas y sonrisa deslumbrante que se asustaba por cualquier cosa y se escondía detrás de su hermano mayor?- sentencia sin una mínima perturbación en su sonrisa de ojos cerrados, tan característica de él.

Murió. Dice una voz en mi cabeza. Murió, y no volverá, y no la volverás a ver.

Voy a abrir la boca para soltar una respuesta a la pregunta de Sebastian. Antes de que pueda soltar una sola palabra, mi tío me interrumpe alzando la cabeza y diciendo con voz alta y potente:

-¿No te parece que nos has estado siguiendo por demasiado tiempo?

Me asusto por el volumen con el que suelta esas palabras.

-¿A quién...?- trato de decir.

Sebastian no me mira, pero aun cuando no me hace ningún gesto ni me dirige palabra alguna algo en mi subconsciente me dice que lo mejor es no hacer ruido. Su rostro serio e impasible me da miedo.

Veo que Sebastian observa algo que está sobre nuestras cabezas, algo que yo no puedo ver. Levanto la vista.

Justo sobre nuestras cabezas se encuentra una persona... No, a juzgar por su transparencia y su aura oscura no nos hemos encontrado con un humano, sino con otro fantasma.

Él nos observa a ambos con una sonrisa en la cara, mirándonos a Sebastian y a mí simultáneamente. A diferencia de Rachel, éste se encuentra suspendido en el aire, como si lo sostuviera hilos invisibles, como si en comparación a él el aire fuera lo más pesado del universo. Sus ojos tan azules como los de la señora Phantomhive pero algo menos cálidos se clavan en Sebastian.

Me aferro al brazo de mi tío, ligeramente asustada.

El chico frente a mí fija sus ojos en los de Sebastian. Sonríe de forma siniestra sin apartar los ojos de mi tío quien lo mira con el rostro impasible y dice con total naturalidad:

-Cuanto tiempo sin verte por aquí, Sebastian.

Miro con una mezcla de sorpresa y temor al nombrado, preguntándome a mí misma cómo es que el fantasma conoce su nombre.

Sin embargo, Sebastian no me mira, y cuando veo que separa los labios para decir algo espero ansiosa, quizá con la esperanza de que sus próximas palabras sean una explicación, pero mis espectativas se ven rotas cuando mi tío dice con voz profunda pero decidida:

-Lo mismo puedo decir yo, Ciel.