Uy! Qué bueno que les gusto la historia! De verdad que a mí me gusto mucho escribirla! Es difícil de describir la emoción que sentí cuando la idea fluyo con tal naturalidad que me di cuenta que hay cosas que no hay que extender demasiado, esta como dije en el primer capítulo es una historia corta! Así que bueno… Masashi sigue siendo el Naruto y todos los personajes que aquí aparecen! Creo que en su totalidad son los personajes de él, de mi creación no hay ninguno! Creo… Igual bueno que tengan una buena lectura!
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El aire fresco de la mañana golpeo su rostro haciéndolo suspirar con pesadez, sus ojos se perdían en los jardines internos de la fortaleza de sal, estos eran definitivamente como siempre se había escuchado que eran, unos paraísos en medio de la sal, el sonido de los pájaros a su alrededor así como también a los sirvientes ir y venir quitando y poniendo platos mantenía sus sentidos alerta pero ajenos a su raciocinio, giro sobre sí mismo con aburrimiento al escuchar la siempre alegre risa de su compañero encontrándolo ya sentado ante el gigantesco comedor en el balcón principal del castillo.
-Hoy tampoco piensas desayunar?- Interrogo la siempre alegre voz del rubio, las horas desde el momento que invadieron la fortaleza de sal habían pasado con una velocidad sorprendente para ambos, poco a poco las horas y los días se habían vuelto semanas y todavía se veía muy lejano el momento de volver con sus familias en el norte.
-Donde está Ino?- Pregunto ignorando lo que el rubio le había dicho, lo vio arrugar el ceño justo cuando terminaba de tragar el gran bocado que había colocado en su boca, hizo una mueca aburrido al verlo intentar controlar la tos que le había causado el ligero ahogo.
-Debe estar en la torre principal- Se resigno a responder tomando un sorbo del vaso con jugo que tenía a su alcance. –Porque todas las mañanas me haces la misma pregunta?- Curioseo cortando un trozo más pequeño en caso de una nueva sorpresa, sin embargo sus sentidos estaban totalmente centrados en su amigo.
-Debería bajar a desayunar en la mesa- Se quejo cruzándose de brazos y volviendo a centrar su mirada en el colorido jardín que tenían a su disposición, sus ojos notaron un ligero movimiento en la esquina más alejada del verde paisaje su cuerpo se tenso haciendo que un sonido ronco escapara desde el fondo de su garganta.
-Todavía no está totalmente cómoda con este… Cambio de situación- Lo último lo dijo con cierto tono de duda que hizo que el pelinegro se congelara en su posición. –Por cierto, ya sé de donde viene nuestra invitada misteriosa- Agrego sin ningún tipo de delicadeza, sabía desde semanas atrás que el pelinegro sentía cierta curiosidad por la verdadera historia de la mujer de ojos perla.
El silencio se extendió entre ellos, uno comiendo con lentitud dándole tiempo a su acompañante de suplicar por la información que sabia le interesaba y el otro admirando el delgado y pálido cuerpo al otro lado del jardín, su cabello brillo como un cielo sin luna al entrar en contacto con los brillantes rayos de sol, su largo cabello le servía como un manto que parecía esconderla de todos los que se dignaban a admirarla de mas, esa mañana llevaba un ligero vestido de seda color salmón, el cinturón con medallones de oro marcaban su estrecha cintura dejando a la vista su perfecta forma de sirena.
-Que sabes de ella- Se resigno a preguntar escuchando el murmullo de la risa mal disimulada de su amigo, sus ojos se negaron a separarse del rutinario paseo que ella hacia los jardines del castillo, detallo sus pálidos dedos acariciar distraídamente una que otra planta, haciendo que las flores brillaran con intensidad ante el fondo blanco de sus manos, la vio subir su mirada perlada y encontrarse silenciosamente con la de él, como cada mañana ella se limito a asentir en forma de saludo y escondió rápidamente su rostro porque sabía se empezaba a colorear de la manera más extraña que él había visto, primero la punta de su perfilada nariz, regándose el color carmesí por sus pómulos extendiéndose hasta sus orejas y cuello, dándole un tono tan rosado a su piel que parecía pintado.
-Es de una familia del sur, muy al sur… Según lo que logre conseguir ella lleva aquí casi cinco años- Empezó a hablar sintiendo como su estomago se revolvía a repetir lo que había escuchado de boca de los soldados que la habían traído siendo apenas una niña. –Deidara logro sacarla de la protección de su familia y la mantuvo oculta todos estos años- Agrego alejando el plato de su rostro y poniéndose de pie en un fluido movimiento.
Los pasos lentos y relajados tensaron al pelinegro en su posición, viendo como la mujer de mirada perlada pareció presentir al nuevo espectador y su cuerpo se puso rígido, sus manos se congelaron sobre el arbusto que tenia las más exóticas y brillantes rosas, de un hermoso tono lavanda que contrastaba a la perfección con la palidez de su piel, escucho el suspiro bajo de su amigo obligándolo a girarse para estudiarlo de reojo.
-Ella solo veía a su nodriza y a Deidara… El había dado instrucciones precisas para que ningún soldado pudiera verla bajo ningún concepto, incluso torturo y desapareció a algunos que se habían cruzado por equivocación con ella, se convirtió en señorita en esta cárcel camuflada- Siguió comentando al tiempo que se cruzaba de brazos resignado a que esa menuda mujer le tuviera un terror insano a la atención que él pudiera prestarle.
-Porque su familia no la busco?- Curioso por saber quién era realmente la joven mujer dejo escapar sus dudas en voz alta, sonrió de lado al ver como ella se sobresalto al cruzarse con uno de sus soldados, noto como el hombre se puso nervioso al tenerla tan cerca haciendo que dejara caer la lanza que llevaba en las manos, su sonrisa se convirtió en una mueca de incomodidad al ver como ella se inclinaba al mismo tiempo que el hombre y sus manos se encontraron en el mismo lugar sobre la lanza caída, la vio tensarse pero el soldado solo había tragado grueso y parecía no poder apartar su mirada de ella empezando a molestar al pelinegro.
-Eso es lo que no logro descifrar todavía… Creo saber quiénes son sus familiares demo, no logro entender cómo es posible que la dejaran en manos de su secuestrador, los guardias que custodiaban la torre donde ella habitaba son eunucos y dijeron que Deidara nunca se molesto en un posible ataque por ella, ellos mismos se sentían incómodos de verla demasiado tiempo dicen que su belleza es una maldición para los hombres- Respondió admirando con cierta incomodidad como la ojiblanca se había puesto de pie y el soldado todavía estaba arrodillado ante ella, la vio inclinarse ligeramente haciendo que su largo cabello cayera sobre uno de sus hombros rozando el rostro del soldado que ante el contacto se dejo caer de espaldas apartándose definitivamente de ella, su pálido brazo quedo expuesto a la luz del sol al estirarse para intentar ayudarlo pero el solo negó y como pudo se puso de pie para desaparecer totalmente del jardín.
-Creo que tiene un efecto muy extraño en todos los hombres que ella mira fijamente no crees?- Se atrevió a preguntar el rubio dejando de admirar a la joven y centrando toda su atención en su oyente, lo vio totalmente perdido en sus pensamientos, sus ojos se mantenían fijos en el lugar donde la pequeña mujer estaba parada, sus brazos estaban tensos sobre su pecho y sus labios estaban apretados en una fina línea dejando claro que estaba irritado. –Sasuke? Deja de mirarla por un momento quieres?- Lo llamo poniendo una de sus manos en el hombro del pelinegro sacándolo totalmente del trance.
-Ino realmente no sabía quién era ella?- Pregunto ácidamente al saberse descubierto, había algo extraño que se removía bajo su piel cada vez que la observaba interactuar con algún hombre, y empezaba a preguntarse si lo que decían sobre ella era una inexplicable realidad. –Deidara que ha dicho?-
-Deidara no es una opción, cada vez que alguien se atreve a preguntarle sobre ella los ataca, incluso hirió a la propia Ino cuando ella quiso saber cómo es que no sabía nada de esa mujer viviendo en el mismo sitio que ella sin cruzársela nunca en cinco años- Respondió dándose por vencido con su testarudo amigo.
Ambos hombres se quedaron en silencio, una lucha silenciosa se extendió entre ellos al mirarse fijamente, ambos tenían ideas un tanto diferentes en cuanto a qué hacer con la fortaleza conquistada y aunque no era demasiado en serio las peleas por su diferencia de opinión, mas de una vez los había llevado a enfrentamientos físicos.
-Confías en ella?- Naruto se sorprendió al escucharlo hablar, nunca era el primero en romper el silencio y bajo esta interrogante entendió que se refería a la hermana menor del antiguo señor del mar.
-No tengo razones para no hacerlo- Respondió dándole definitivamente la espalda al jardín y apoyarse en las rejas que delimitaban esa pequeña terraza donde la familia anterior debía hacer todas las comidas. –Es una mujer Sasuke… Deidara prácticamente la estaba vendiendo al mejor postor debía suponer que alguno intentaría atacarlo una vez se supieran engañados por el-
-Ya habría tenido un ejército juramentado que lo protegería de cualquier ataque, incluso si el ataque lo producía la familia de una parte de los soldados- Explico el pelinegro bajando sus manos y apoyándolas en el balcón, su mente se negó a buscar nuevamente a la menuda mujer y decidió centrar su mirada en los oscuros rompeolas al final de los límites de la fortaleza, el sonido aunque distante le daba cierta sensación de ansiedad que no se permitía mostrar.
-Y que pretendía hacer con ella entonces? Dejarla aquí para siempre? No podía hacerla su esposa…- Intento adivinar el rubio frunciendo ligeramente el ceño ante la expectativa de esa tortuosa idea. –Cuando planeas dejar que se haga el juicio hacia Deidara? Ya ha pasado mucho tiempo desde que llegamos, incluso varios soldados han decidido volver a nuestras tierras- Dijo ya cansado de hablar de esos temas con el pelinegro, esa rutina había logrado acabar con sus deseos de repetir alguna vez una invasión con el Uchiha.
-Lo hemos discutido mil veces Naruto… Hasta que no sepa quién es Hinata no podremos hacer el juicio… Si su familia decide…-
-Su familia la abandono Sasuke!- Dijo cortando el discurso repetido del pelinegro. –Quien sabe porque razón demo, ella está sola… Nadie ha logrado hacer que hable de cómo se llama su padre y de cómo Deidara la mantenía en este lugar… Ella no hablara contra el… Entiende que el la hizo creer que es su dueño… El centro de toda su vida gira en torno a lo que decida Deidara y actualmente debe estar tan aterrada que no sé cómo no ha intentado tirarse desde su torre- Descargo toda la frustración que aquella repetitiva situación le causaba.
-Se que te molesta tanto como a mí- Se limito a decir el pelinegro entendiendo totalmente la frustración de su amigo, ambos no daban crédito a la extraña situación de la ojiblanca, habían logrado obtener algunas cosas pero, quien era Hinata seguía manteniéndose en el mas celoso de los silencios.
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El fresco aroma de la eterna primavera de los jardines del castillo la relajaba, todavía había noches en las que no podía conciliar el sueño, temiendo un nuevo ataque, alguien más siendo dueño de la fortaleza, alguien más dejándola como prisionera sin cadenas, suspiro empezando a caminar por el frio jardín, sus pies cantaron al sentir la humedad de la grama de un verde tan brillante que la hacia sonreír involuntariamente, desde que podía recordar su lugar favorito era entre las flores, sus bellos colores la hacían pensar en los destellos de los arcoíris nocturnos que todavía recordaba de su infancia, su hermano mayor y su hermana menor compartiendo escapadas para dejarse arropar por la oscuridad de la noche.
Mordió su labio inferior ante el recuerdo, una sensación que se unió a la opresión en sus pulmones al sentirse vigilada y dándose fuerza subió su mirada encontrándola instantáneamente con la oscura y siempre imperturbable mirada del nuevo protector de la fortaleza, asintió con dificultad a modo de saludo sintiendo automáticamente como empezaba a faltarle la respiración y con un rígido movimiento desvió su rostro justo cuando el calor cubrió totalmente su rostro, recordándole lo tonta e ingenua que podía llegar a ser.
Sus manos se detuvieron tentativamente en sus bellas flores favoritas, las exóticas rosas de color lavanda que la enamoraron desde que las vio florecer por primera vez, recordaba el joven rostro del antiguo dueño del castillo decirle que las había mandado a traer especialmente para ella.
"Todo este hermoso jardín para mi" Pensó recordando cada una de las palabras del rubio, al principio no había sido más que un protector y confidente para ella, incluso podían hablar durante horas pero, el tiempo fue pasando y cada vez él se hacía más receloso de quienes los acompañaban en sus paseos por los jardines que él había modificado para que ella pudiera disfrutarlos enteramente, la opresión en su pecho la hizo jadear dándole a entender que alguien más la estaba mirando, ella conocía perfectamente esa sensación, conocía bien esos ojos azules que la aterraban a un nivel de estremecimiento físico visible.
-Que estarán hablando- Murmuro para sí al sentir como ambas miradas se centraron en ella, aguanto la respiración unos segundos obligándose a relajarse ante sus vigilantes, casi siempre era de forma separada que ambos se limitaban a admirarla, sin embargo el rubio había querido ser amable con ella, aterrándola aun mas por la posible reacción de Deidara contra este nuevo hombre.
Su cuerpo conocía de memoria cada uno de los jardines y podía permitirse vagar sin ninguna motivación, no había nada que le diera algo porque vivir, aunque ahora estaba incluso más sola que cuando Deidara la retenía solo para él, casi no recordaba cómo era hablar con nadie.
Se inclino hacia otro arbusto lleno de flores lavandas notando el contraste de ellas con su pálida piel, sonrió al sentir como el viento empezaba a jugar con su largo cabello, los olores de ese paraíso en medio del mar la llevaban a sentirse totalmente feliz, amaba cada una de esas sensaciones, avanzo con cierto nerviosismo sintiendo como la grama empezaba a calentarse, se giro un poco notando esos ojos azules intentando curiosear en ella y descubrir algo que ella no sabía bien que era, sin embargo los oscuros de su acompañante no dejaban ver ningún sentimiento, solo la miraban, solo a ella.
Se giro sobre si misma moviéndose al ritmo que le marcaba el viento y con agilidad empezó a caminar hacia una de las salidas del jardín, sus ojos se cerraron un instante al sentir el destello del sol dar directamente en su rostro haciendo que avanzara con la memoria de su cuerpo, escucho el bajo bufido de una persona haciéndola abrir sus perlados ojos, una mirada verde brillante la encontró sorprendiéndose al ver como el soldado ante ella entreabrió sus labios y llena de curiosidad se inclino un poco para detallarlo.
El eco amortiguado de algo cayendo sobre la grama la hizo girarse y ver la lanza tirada muy cerca de ella, se agacho sin pensar demasiado y justo cuando su pálida mano toco la fría arma una mano se encontró con ella, se giro para ver al hombre de ojos verdes mirarla fijamente haciéndola sentir incomoda, algo en su expresión le dio un poco de temor y sin pensarlo demasiado se alzo en toda su estatura viéndolo desde arriba.
-Gomen…- Se disculpo torpemente estirando su mano para ayudarlo a ponerse de pie al tiempo que una ligera corriente de aire paseo por su cabello haciendo que cayera sobre su hombro, un jadeo contenido llego a ella viendo como el hombre se dejaba caer de espaldas ante ella dejando su delgado brazo extendido, ella solo bajo su mirada escondiendo nuevamente su piel y retrocedió unos pocos pasos.
Vio como el soldado se ponía de pie en torpes movimientos y sin decir nada mas la dejaba nuevamente sola en medio de aquel perfecto paisaje, suspiro sintiéndose totalmente ajena a ese mundo que la rodeaba, tan lejano como todo lo que podía recordar de su antiguo hogar, volvió a subir su mirada hacia el balcón principal del castillo viendo como tanto el pelinegro como el rubio parecían discutir de espaldas al jardín, tal vez ocultándose de sus extraños ojos esto hizo que su estomago se revolviera con ansiedad, cerro sus manos sobre el grueso cinturón que apretaba su estrecha cintura y rozando los bellos medallones de oro que lo adornaban decidió dar por terminado su paseo de esa mañana.
Sus pasos ligeros avanzaban sin producir ningún ruido, sus delicados pies dejaban un rastro húmedo a su paso produciéndole escalofríos al sentir la piedra pulida bajo su piel, cruzo en una de las esquinas bajando totalmente la miraba al saber que llegaría a uno de los salones con más gente de todo el castillo.
"Por Kami" Se avergonzó al sentir como de pronto todas las voces se apagaron a su alrededor, uno que otro susurro llego a sus sensibles oídos mas no pudo entender ninguna palabra, dejo que sus pies cruzaran la estancia lo más rápido que podía sin dejar ver demasiado el miedo que esas personas le producían.
-Cuidado- Una suave voz llego a ella deteniéndola totalmente en su posición, apretó sus manos y mordió su labio inferior obligándose a subir su mirada perlada para ver quien se había dignado a dirigirle la palabra.
-Ino…- Suspiro el nombre aliviada, sus ojos azul pálido brillaron satisfechos dejando ver la felicidad que le producía verla nuevamente, se sintió otra vez avergonzada por ser la causa de que su hermano estuviera encerrado en esos oscuros calabozos del castillo.
-Me acompañaras a comer?- Pregunto ignorando la expresión dolorida que tenia la menuda mujer frente a ella, se había mantenido cerca desde el momento que la vio inconsciente en medio del salón principal el día de la invasión, una parte de ella nunca podría perdonar lo que su hermano había causado en esa inocente y algo torpe mujer.
-No creo… Que sea lo más idóneo Ino- Respondió nerviosa sintiendo un vacio al rechazar nuevamente aquella invitación, los ojos de la rubia se quedaron atrapados con los de ella empezando a incomodarla de sobremanera. –Es por mi culpa que…-
-Deja de culparte- La corto la rubia tomándola distraídamente del brazo y arrastrándola hasta el comedor principal del castillo. –Deidara te trajo aquí siendo una niña y te mantuvo alejada de todos… Incluso de mi que podía hacer tal vez más agradable tu estancia… Además que el…- Sus palabras quedaron en el aire haciendo que ahora fuera la ojiblanca la que subiera su mano libre y apretara con cierta familiaridad la mano que la tenia sujeta.
Sus ojos se habían cristalizado ligeramente y con pesadez buscaron los siempre inocentes ojos perlados de su compañera, la vio sonreír con dificultad y supo que el tema estuvo nuevamente terminado.
-No traigo zapatos- Soltó como excusa al ver como la rubia se detenía en las puertas dobles que las separaba del balcón donde se encontraba el comedor principal, su corazón golpeo irregularmente sus costillas al ver como el pálido de los ojos de su acompañante se centraba en el final de su vestido de seda.
-A mi no me importa que no traigas zapat…- Su frase quedo a medio terminar, las dos mujeres se giraron al ver como las puertas dobles se abrían completamente dejando a la vista las imponentes figuras de los dos conquistadores de la fortaleza.
-Ino- La siempre relajada voz del rubio fue el primero en salir de su asombro, la rubia se sobresalto al escuchar su nombre y solo pudo inclinarse un poco más para escapar de esas intensas miradas. –Veo que pudiste acercar a Hinata a los salones del castillo- Dijo intentando reducir la tensión que sabia se estaba formando entre ellos.
-Ah… Yo… Solo me la tropecé de camino acá- Soltó nerviosa subiendo ligeramente su rostro y centrándose totalmente en el rubio, su rostro se torno rápidamente en un rosado más oscuro al ver como el solo se limitaba a sonreírle abiertamente.
-Le dije que no traigo zapatos- La siempre melodiosa voz de la ojiblanca hizo que los otros tres centraran sus miradas en ella haciéndola morderse el labio con fuerza al ver que los tres la examinaban atentamente. –Yo creo que mejor…-
-Quédate- Su voz grave atravesó todo el ambiente dejando claro que más que una sugerencia fue una orden, sus ojos se centraron en la ojiblanca que se había puesto totalmente roja pero no dejaba de verlo a la cara. –Naruto…- Llamo rompiendo el contacto visual que la mujer había ejercido en el.
-Nos vemos más tarde- Se despidió el rubio dejando una suave y fugaz caricia en el largo cabello dorado de la heredera de la fortaleza de sal, Hinata se giro levemente para ver como la ancha espalda del pelinegro parecía ocupar todo lo que sus ojos alcanzaban a ver, su cabello estaba cada día más largo y ya rozaba ligeramente el comienzo de sus hombros y cubría uno de sus ojos.
-Uchiha me da mucho miedo- La voz de la rubia llego a ella como un susurro haciendo que volviera su rostro hasta donde se encontraba totalmente aturdida la rubia, su cuerpo hormigueo al darse cuenta que ella no temía a ese intimidante hombre. –Aunque por el no estoy en uno de esos calabozos así que debería pensar agradecérselo en algún momento- Recordó mas para sí que para la ojiblanca a su lado.
Abrió su boca para decir algo pero al instante aparecieron varias mujeres atareadas con varios platos llenos de diferentes frutas y panes de miel para ellas, apretó sus manos con fuerza sobre su pecho y empezó una marcha hacia el comedor.
"Quien será realmente?" Se pregunto por primera vez, solo había cruzado palabras con el Uchiha el día de la invasión y no habían sido especialmente agradables, luego de ese día el era una sombra permanente en cada rincón del castillo, siempre vigilante y distante, su compañero era el que se había ganado rápidamente el cariño de todos los sirvientes del antiguo señor ganándose también el afecto de la menor de los herederos.
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La claridad del día iba quedando a sus espaldas mientras el eco de sus pasos se hacía cada vez más sonoro a su alrededor, las antorchas ardían con fuerza cada 50 pasos por lo que el estrecho corredor no quedaba totalmente a oscuras, le dolía ligeramente la cabeza y justo en ese momento sintió que deseaba dejar todo atrás y volver a sus tierras en el norte, donde todo era conocido y aunque tenían un clima difícil era lo que mejor lo hacía sentir.
-Seguro que quieres hacer esto?- La voz a su lado reboto en las piedras del estrecho corredor haciendo el sonido más agudo, arrugo su nariz intentando que no empeorara su dolor de cabeza. –Yo soy el que más quiere irse pero preguntarle directamente a él… Va a ser un infierno…- Siguió hablando haciendo que cada palabra golpeara directamente su cerebro obligándolo a retener una maldición por haber decidido llevarlo consigo.
La silueta del pelinegro se perdía entre los bordes irregulares de las piedras oscuras que le daban un ambiente más siniestro al recorrido hacia los calabozos, las llamas de las antorchas creaban sombras alargadas que se perdían antes de que una nueva llamarada hiciera acto de presencia pero, podían caminar sin ningún inconveniente, el silencio había sido el predominante entre ellos desde que habían abierto las puertas de acceso a ese lugar olvidado.
El sonido amortiguado del tintineo de las rejas de uno de los calabozos les indico que ya casi llegaban frente al antiguo señor sus respuestas probablemente fueran la única forma de escapar de la fortaleza que parecía crecer en medio de una muerte salada, en medio de la oscuridad el cabello dorado del hombre todavía brillaba como un sol en medio de un paisaje despiadado.
-Visitas- Soltó burlesco antes de ver quiénes eran las personas que habían bajado a verlo, sus ojos azules brillaron con malicia al encontrarse directamente con unos oscuros que lo veían sin dejar escapar ningún sentimiento. –Tardaste demasiado en venir a verme- Agrego cruzándose de brazos y apoyándose en una de las paredes de piedras irregulares.
-Porque razón debería venir?- Interrogo curioso por las palabras de su prisionero, apretó los dientes y sus manos se cerraron en dos puños tensos al verlo sonreír con prepotencia, lo rompió sin demasiado esfuerzo.
-Porque deseas la verdad de Hinata… Por eso- Dijo haciendo que el rubio que acompañaba al Uchiha se atragantara ligeramente, sus ojos dejaron el rostro elegante del pelinegro para ver las facciones sorprendidas de su acompañante. –Es una bruja muy bella verdad?- Se burlo avanzando dos pasos hasta enredar sus dedos en los gruesos barrotes de su celda.
-De donde te la robaste Deidara?- Fue la voz ahora seria de Naruto la que hizo que el mencionado se girara y centrara su atención en el. –No empeores tu situación, los señores de las montañas vienen a tu juicio por querer prometerles a tu hermana cuando está legalmente era la prometida de Sasuke… No agregues a eso un secuestro- Hablo viendo como el rubio solo ampliaba su sonrisa a cada palabra que decía.
-Hinata vino por su propia voluntad- Revelo haciendo que un gruñido de advertencia brotara del cuerpo tenso del pelinegro. –Era una niña hermosa cuando la traje, sus ojos tienen un poder hipnotizante, una maldición como le decía su nodriza- Su voz nostálgica dejaba claro que parecía estar reviviendo esos momentos.
-Deja de decir mentiras sobre ella- La frase escapo entre sus dientes antes de que pudiera detenerlas, frunció el ceño al ver como en medio de la oscuridad la mirada azulina de Deidara brillo con un entendimiento que hizo que toda su piel hormigueara en advertencia.
-La quieres para ti cierto?- Interrogo avanzando lentamente hacia el pelinegro, lo único que los mantenía uno lejos del otro era la hilera de barrotes de las cuales se aferraba fuertemente el rubio, sus nudillos estaban totalmente pálidos dejando claro la molestia que le producía hacer esa pregunta.
-Quiero lo que me robaste- Ataco el Uchiha avanzando un paso viendo fijamente al rubio, era solo dos dedos más alto que el señor del mar, valoro inconscientemente el cuerpo fibroso de su enemigo, dándose cuenta que no sería tan buen luchador como él. –Ino me pertenece y ahora toda tu fortaleza también- Concluyo cerrando mas la distancia y tomando también aquellos barrotes entre sus puños apretados.
-Y porque mi hermana es doncella aun? Puedes tomarla si lo deseas- Reto el rubio alzando un poco su barbilla para ver fijamente al pelinegro. –Pero a quien realmente quieres es a Hinata…- Saboreo cada silaba del nombre de la ojiblanca, todavía tenía muy vivido el recuerdo de sus pálidos y hermosos rasgos exóticos.
-Tu…- Gruño fuera de si el pelinegro justo cuando sus manos se separaron del metal para intentar atrapar el cuello del rubio, este sonriendo retrocedió los pasos suficientes para que la punta de los dedos del pelinegro alcanzaran a rozar parte de la tela que cubría su pecho.
-Detente- La voz llego al mismo tiempo que las manos que lo obligaron a retroceder varios pasos hasta quedar totalmente apoyado en las piedras del estrecho corredor. –Sabía que esto era una mala idea… Estas dejando que se meta en tu cabeza- El regaño fue tan directo que sus ojos dejaron de centrarse en el rubio al otro lado del lugar para ver fijamente los ojos azules de su amigo.
-Quítate Naruto- Gruño moviendo salvajemente sus brazos para liberarse del pesado agarre y sin meditarlo lo empujo con fuerza haciendo que chocara contra los barrotes que protegían al antiguo señor de que pudiera atacarlo. –Acabare contigo Deidara… Juro que lo hare-
-Puedo decirte a que saben sus labios…- La frase floto entre los tres hombres haciendo que la sangre se tornara espesa en el cuerpo de los más jóvenes, una sonrisa perturbadora brillo en la delgada boca del prisionero haciendo que los otros dos se tensaran en sus lugares, vio con satisfacción como el pelinegro aguantaba por pura soberbia el querer atacarlo. –Esa pequeña bruja se convertirá en tu perdición Uchiha… Se niega a algo más que caricias superficiales y eso Uchiha… Eso puede enloquecer hasta al más frio de los hombres- Sus propias palabras atacaron sin piedad su cuerpo haciendo que cada musculo se tensara por saber que no podría evitar que alguien más tocara a su pequeña obsesión personal.
El cuerpo de Sasuke se movió, totalmente aturdido como se encontraba, ciego de sus sentidos y raciocinio, sus músculos pesaban en cada parte de sus extremidades así como también la punzante sensación de posesión que no sabía existía dentro de su cuerpo por la pequeña mujer de ojos perlados, todo se volvió confuso desde el momento en que lo único que deseaba era poder borrar esa sonrisa cínica y torturada del rostro de Deidara.
Su mente volvió a funcionar al sentir como toda su espalda estaba siendo presionada contra el borde irregular del pasillo, su cabeza palpitaba fuertemente haciendo que su vista se tornara borrosa, su piel sensibilizada por alguna extraña razón sentía el exceso de contacto de unas anchas manos que aplastaban sin piedad su pecho haciendo que se le hiciera muy difícil el respirar.
Sintió una rabia impropia nublar su vista totalmente, Naruto lo mantenía totalmente aplastado contra una de las paredes del camino hacia los calabozos, no recordaba cómo había subido pero el dolor lacerante en su espalda le daba una idea de cómo había pasado, lanzo su cuerpo hacia adelante chocando completamente con la inamovilidad del rubio que se aplasto con más fuerza sobre su pecho haciéndolos avanzar dos nuevos pasos hacia arriba.
-Suéltame dobe!- Gruño entre dientes, empujándose nuevamente contra el ancho torso del rubio, el cual nuevamente cambio de posición y volvió a hacerlo caer sobre la pared, la luz del sol los golpeo justo cuando llegaron a la entrada de la torre principal, intento mover sus brazos sintiéndolos totalmente inmóviles a cada lado de su cuerpo.
-Te comportas como un psicópata Sasuke!- Grito el rubio tomándolo de la ligera camisa que portaba y lo arrojaba sobre el suelo pulido. –Te das cuenta que lo habrías matado si yo no hubiera bajado contigo?- Siguió reclamando pero el pelinegro le gruño en advertencia logrando alzarse un poco para ver desde abajo a su compañero.
Sus ojos detallaron entonces la mancha carmesí que había tomado casi toda la tela de la ligera camisa que llevaba el rubio, su brazo goteaba rítmicamente la sangre dejando un rastro difícil de ignorar en el suelo pulido color de las nubes de invierno, frunció el ceño buscando con cierta desesperación la mirada furiosa de Naruto.
-Eres un completo loco Sasuke… No sé qué mierdas se te han metido en la cabeza pero no vuelves a bajar a ver a Deidara- La voz furiosa del rubio lo atormento completamente, lo vio mover con dificultad su brazo sano y al instante siguiente una pequeña daga negra rebotaba sobre las nubes de tormenta que era el suelo llenando el espacio con un eco demasiado agudo para ambos.
-Naruto…- Lo llamo pero este solo negó frenéticamente, sus ojos siguieron detallando el pequeño puñal mientras escuchaba el sonido del lino siendo rasgado con fuerza, un jadeo amortiguado llego a sus sentidos dándole a entender que su amigo estaba intentando vendar la herida.
-Daré la orden Sasuke… Si me entero que bajas a ver a Deidara te amarrare a los pies del trono de sal y te quedaras ahí como el maniático en el que te has convertido- Fue su tono distante lo que hizo que algo en el interior del pelinegro se removiera incomodo y lo obligo a ponerse de pie quedando nuevamente por encima del rubio.
-Solo quiero largarme de este maldito lugar Naruto- Soltó sin realmente saber que decir, vio como el rubio terminaba de amarrar la antes blanca tela y sus ojos azules lo miraban con incredulidad.
-Quieres saber qué otras cosas me dijeron de Hinata?- Dijo de pronto haciendo que tanto su cuerpo como el del pelinegro se estremecieran, espero algo intranquilo hasta que el Uchiha asintió de mala gana para resignarse a escucharlo hablar. –Que fue ella quien enloqueció a Deidara… Que él era un señor agradable pero que la noche que apareció con una niña de extraños ojos perlados el cambio… Todas sus atenciones fueron para ella, todo el castillo fue modificado para su comodidad pero, la mantenía aislada de todos, la escondía solo para ser él quien la disfrutara… Fue bajo su vigilante mirada que ella se volvió una mujer Sasuke… Deidara creía que era su dueño pero, ahora que acabo de presenciar lo que sus soldados dicen creo que la verdadera regente era ella y a ti te está consumiendo de la misma forma-
Abrió sus labios para refutar aquellas palabras, esos ojos acusadores le impidieron soltar alguna excusa sin sentido por lo que volvió a cerrarla, sentía la pesadez de su cuerpo y el punzante dolor en casi toda la espalda, apretó sus puños y giro sobre sí mismo para evitar aquella mirada decepcionada.
-Me iré mañana al norte, tu serás el que se encargue de todo lo referente a Deidara y esta fortaleza maldita- Dijo expresando en voz alta lo que tenia días pensando, el también se había dado cuenta de los ligeros cambios en su silenciosa personalidad y también había deducido que era a causa de esa extraña mujer. –Ella no parece afectarte como lo hace conmigo así que vigilaras que vuelva a donde…-
-Ella también me afecta Sasuke- Confeso el rubio avanzando con pasos rápidos para quedar nuevamente frente al pelinegro. –Es incomodo darme cuenta de cómo pareces arder cada vez que ella está cerca y yo quisiera que ella no te mirara a ti sino a mi- Agrego viendo como los ojos negros del Uchiha se oscurecieron de una forma peligrosa.
-Tu…- Pero corto su frase antes de comenzarla realmente, no tenía sentido nada de eso, nunca desde que se conocían habían peleado tanto como desde el momento que habían pisado aquella fortaleza. –Es entonces una bruja?- Pregunto incrédulo apretando sus puños para controlar sus deseos de herir gravemente a su compañero.
-No sé lo que sea Sasuke pero, cuando veo como te ve… Como parece anhelarte algo en mi interior me dice que la aleje… Si se queda aquí probablemente le haga lo mismo que le hizo Deidara… Incluso algo peor- Su voz fue bajando a medida que parecía confesar algo demasiado vergonzoso para él.
-No serias capaz- Le rebatió el pelinegro con cierta incredulidad por lo que acaba de escuchar. –Hay que alejarla de nosotros- Dijo con seguridad tomando el hombro sano del rubio para poder verlo a la cara.
-El problema Sasuke…- Dijo con cierta duda, sintiendo como los dedos del pelinegro se hundían con más fuerza de la necesaria en su hombro. –No creo que tú puedas mantenerte lejos de ella- Concluyo viendo como las facciones del pelinegro mostraban su incredulidad haciéndolo sentir más incomodo con lo que había revelado.
-Que mierda…- Su frase quedo sin terminar, el ligero sonido de un jadeo hizo que todos sus sentidos se activaran y se centraran totalmente en el recién llegado, vio como el rubio apretaba sus delgados labios y cerraba los ojos frustrado haciendo que se girara para ver al intruso, aguanto la respiración al ver como en medio de la sala iluminada parecía brillar bajo la luz del sol la pálida piel de la mujer causante de todos sus males.
-Gomen…- Su voz siempre melodiosa hizo que su cuerpo se estremeciera detallando que tenía el mismo efecto en el rubio, apretó los dientes intentando hacer de lado la molestia de saber que ella también afectaba a su mejor amigo. –Kiba me dejo pasar y yo… No sabía que…- Empezó a balbucear aturdiéndolos a ambos.
Sus ojos perlados encontraron los suyos en medio de aquella enorme sala, su redondeado rostro se sonrojo de golpe pero no aparto su mirada, todo su menudo cuerpo pareció vibrar en reconocimiento haciendo que el gruñera guturalmente.
-Hinata…- Fue la grave voz del rubio el que logro romper la conexión que apareció entre ambos pelinegros, sintió la mirada de su mejor amigo sobre si mismo pero su atención estaba totalmente centrada en la frágil mujer. –Que… Que haces aquí?- Controlo el nerviosismo de ver como por primera vez ella lo miraba fijamente, su cuerpo avanzo dos pasos hacia ella justo cuando subía sus brazos para abrazarse a sí misma y hacer más evidente la curva de sus grandes senos.
-Quería… Quería ver a… Deidara- Dijo nerviosa sin dejar de ver al siempre alegre rubio ante ella, la vergüenza la volvió a golpear al sentir la intensa mirada del otro hombre en el lugar, se negó a si misma a buscar esa mirada acusadora y busco refugio en el azul cielo de los ojos del rubio.
-Ya veo- Fue la baja respuesta que dio el rubio antes de empezar a caminar hacia las puertas por donde había accedido la ojiblanca. –El estuvo preguntando por ti ayer en la tarde- Confeso al quedar justo frente a la ojiblanca, sus mejillas totalmente sonrojadas, sus labios carnosos y de un color aun más tentador que sus mejillas y sus enormes ojos lo admiraban con un brillo de miedo que nunca antes había notado en nadie que lo mirara de frente.
Sasuke admiro la escena en silencio conteniendo sus ganas de empujar el cuerpo del rubio lejos del pequeño y frágil de la ojiblanca, cada parte de su cuerpo se tenso al ver como las manos de Naruto tomaron el rostro de la mujer y la obligo a subir su mirada, sus rosados labios se entreabrieron al instante que el hombre se inclinaba un poco sobre ella, el contacto fue tan fugaz que esperaba haberlo imaginado.
Avanzo sin mirar atrás, soltó a la ojiblanca como si su tersa piel lo quemara, sus mejillas se tornaron en solo dos segundos en un rojo tan intenso que tuvo miedo de que perdiera el conocimiento debido a su atrevimiento pero, solo la vio abrir con sorpresa sus ojos y posar sus delicados dedos sobre esos deliciosos labios.
-Nos veremos más tarde- Su voz ronca dejo en evidencia cuanto lo había perturbado el contacto que realizo, apresuro sus pasos sin esperar a ver si el pelinegro o ella misma lo seguían. "Solo un momento de debilidad, ella es solo eso para mí… Un momento de debilidad" Se dijo cuando las pesadas puertas dobles se cerraban a su espalda, subió sus brazos para revolverse el cabello haciéndolo consciente nuevamente del superficial corte que tenia sobre su hombro derecho.
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Su corazón golpeo con fuerza sus costillas haciéndola jadear, el mentolado aliento del rubio tenía sus sentidos un tanto embotados por lo que tuvo que apoyarse en una de las estatuas que adornaban todas las puertas del castillo, había olvidado cómo se sentían otros labios sobre los suyos.
"Cuando yo no lo deseo" La corrigió su consciencia, la tristeza lleno su cuerpo congelando rápidamente toda la sangre en sus venas, sintió sus ojos nublarse al ser nuevamente victima de lo que sea que causara en los hombres que la veían fijamente, recordó esa misma expresión muchos años atrás de otro rubio tan amable como el que acababa de salir por las puertas.
Intento controlar la furia que amenazaba con sacarlo de su raciocinio, apretó sus puños justo cuando sintió como la temperatura a su alrededor empezaba a bajar rápidamente, sus sentidos despertaron lanzando una advertencia que recorrió cada parte de su ancho cuerpo, sus ojos se fijaron entonces en como el menudo cuerpo de la ojiblanca empezaba a temblar y su pálida piel empezaba a mancharse con un azul tan pálido como los ojos de señor del mar, dio dos pasos en dirección a la mujer sorprendiéndose de encontrar que sus piernas habían empezado a congelarse.
-Hinata- Su voz grave resonó en toda la sala pero la mujer parecía no escucharlo, frunció el ceño al ver como su oscuro cabello empezaba a aclararse, volviéndose de un blanco perlado, casi como el que sabia adornaba sus ojos. –Hinata!- Grito un poco más alto impulsando su cuerpo hacia adelante, sintió el hielo quebrarse ligeramente pero sin llegar a liberarlo.
Su mente empezó a trabajar rápidamente buscando una forma de romper definitivamente el hielo que estaba formándose en su cuerpo, sus ojos dieron con la daga oscura que estaba tirada muy cerca de su posición, justo donde la había tirado el rubio antes de confesar que también gustaba de la ojiblanca.
-Olvida eso- Se regaño dejándose caer sobre sus rodillas, su cuerpo resintió la brusquedad con la que se lanzo rompiendo aun más el hielo y liberando una de sus piernas, pero tan rápido como líbero su pierna el hielo formo una capa gruesa sobre el brazo que se apoyo en el suelo.
Su mano libre se estiro ágilmente hasta el oscuro puñal notando como el acero no parecía estarse cubriendo de hielo, sus dedos tocaron la empuñadura justo cuando su aliento empezaba a escapar de sus labios en un grueso vaho que lo atormento, frunció el ceño clavando el metal en la base del bloque de hielo que tomo su brazo, el hielo crujió bajo el metal y se rompió levemente jalo con fuerza sintiendo como un millar de puñales atravesaban su piel manchando lo transparente con el color carmesí de su sangre.
-Kuso- Maldijo fuertemente subiendo su mano, la detallo admirando con temor los rasguños que su piel mostraba, las heridas estaban de un extraño color morado haciendo que un escalofrío golpeara su columna urgiéndolo a que abandonara aquel lugar.
Sus ojos se movieron con rapidez viendo como la ojiblanca estaba totalmente absorta en un sufrimiento extraño para él, su cabello con vetas blancas le indicaban que efectivamente había un poder maligno en ella, sus manos se apretaron sobre la empuñadura de la daga y con fuerza la enterró en la base del hielo que sujetaba su pierna, esta vez el hielo estallo como un cristal siendo arrojado contra una pared y los pequeños puñales hicieron menos daño.
-Mátala- Rugió una voz en el interior de su consciencia, el hielo buscaba volver a atraparlo en su trampa mortal por lo que tuvo que moverse de forma zigzagueante para poder llegar a la menuda mujer, la vio caer sobre sus rodillas haciendo que un sonido sordo llenara todo el lugar, se giro viendo con terror como las estatuas empezaban a estallar bajo la cobertura de cristal, las paredes mostraron varias puñaladas que el hielo empezaba a crear para destruir.
-Mátame- Su mente revivió la voz de la mujer ante él, el recuerdo lo aturdió viendo ante él a la indefensa mujer que lo miraba llena de terror el día de la invasión, totalmente cubierta de sangre y tierra, sus rodillas no pudieron mantenerlo más en pie y cayo con brusquedad a unos centímetros de donde se encontraba la ojiblanca.
-Hinata- Llamo sin mucho ánimo al sentir como nuevamente el hielo empezaba a cubrir sus extremidades, el aire congelado atravesó su piel empezando a cortarla, gimió cuando el aire pareció golpearlo sobre su espalda lastimada nublando definitivamente su vista.
Sus sentidos empezaban a salir lentamente de su adormecimiento en el cual se sumía cuando la tristeza era imposible de controlar, su maldición volvía a aparecer y podía sentir que con más fuerza que las veces anteriores, sus manos temblaban y sin querer realmente apreciar que había hecho las retiro pausadamente de su rostro.
-Sasuke!- Grito horrorizada al ver el cuerpo casi inconsciente del pelinegro a solo unos pocos pasos de ella, su piel empezaba a tornarse de un azul peligroso y sus brazos y piernas estaban totalmente cubiertos de hielo, gimió y se lanzo hacia el intentando apartar el miedo que su propia magia oscura le producía.
Sus manos no se incomodaban al tacto del frio cristal en el que se estaba convirtiendo el hielo sobre el cuerpo del pelinegro, vio cerca de ellos un puñal negro y dando dos respiraciones para calmarse lo tomo y empezó a golpear con fuerza las cadenas que mantenían inmóvil al Uchiha.
-Onegai… No… Tu no… Tú eres fuerte… Eres diferente… Lo sé- Balbuceaba frenéticamente clavando una y otra vez la punta de la daga en el macizo hielo que empezó a alzarse por sus caderas y hombros haciéndola llorar nuevamente.
-Usa… Las dos manos- La ronca y adolorida voz del pelinegro la hizo subir su mirada y encontrarse con una adormecida mirada oscura. –Tómalo con fuerza- Volvió a hablar haciendo que ella entreabriera su boca, gimió intentando moverse pero el hielo no se lo permitió.
-No… No te muevas- Pidió nerviosa, su cuerpo pareció llenarse de valor al estar viéndolo fijamente, el asintió dando una señal que parecieron entender sus manos pues se alzaron sobre su cabeza y se enterraron completamente en el hielo que tenia cubierto su brazo derecho.
El hielo se desquebrajo con un sonido muy parecido a un lamento y el Uchiha recupero la movilidad del brazo recién liberado, su cuerpo se lleno de adrenalina calentándolo rápidamente y lo movió evitando quedar nuevamente en posición donde se congelara nuevamente.
-Hazlo otra vez- Pidió con un poco mas de fuerza viendo como sus rosados labios temblaron y sus ojos perlados buscaron los de él, detallo el miedo cubrir todas sus facciones haciéndolo dudar realmente de las verdaderas intenciones de la mujer.
Hinata solo asintió a la orden y repitió el movimiento ahora totalmente consciente de él, sus pequeñas manos temblaron cuando llegaron sobre su cabeza y cerrando los ojos lo dejo caer con fuerza en la otra base cristalina produciendo el efecto anterior.
Gruño al sentir como su piel hormigueo al ser liberado bajo los ataques de las pequeñas agujas de hielo, apretó los dientes y tomando el puñal de las temblorosas manos de la ojiblanca lo clavo sin pensar en medio de sus dos piernas produciendo un estallido que hizo que la mujer jadeara y se cubriera los oídos.
Movió sus rodillas entendiendo que había logrado liberarse nuevamente, su cuerpo se tambaleo amenazándolo con caer y con la poca fuerza que todavía conservaba jalo sin delicadeza a la ojiblanca obligándola a ponerse de pie, sus ojos volvieron a encontrarse viendo el camino húmedo en sus mejillas ahora azuladas, sus ojos tenían un brillo alilado que antes no poseían y dos mechones de cabello blanco enmarcaba su redondeado rostro.
-Muévete- Ordeno ácidamente empujándola un poco, su cuerpo estaba más pesado de lo normal por lo que al intentar dar un paso casi cayo, sus ojos se abrieron con sorpresa al sentir el tembloroso cuerpo de la ojiblanca sostener todo su peso y empezar a avanzar hacia las puertas dobles.
-El no onegai… El no…- Repetía una y otra vez como un mantra sintiendo como sus piernas resentían tener que mover toda la extensión de musculo y hueso que era el pelinegro, jadeo liberando uno de sus brazos y empujando la puerta con dificultad, el peso muerto del Uchiha le hacía demasiado difícil el respirar, volvió a poner su mano en el brazo con el cual mantenía al hombre totalmente pegado a ella y apoyo su hombro en la puerta utilizando su peso y el de su acompañante para liberar las pesadas puertas.
Su cuerpo no respondía a mas nada que a los torpes movimientos de la mujer que lo sostenía, la sintió apoyarlo en algo ligeramente mas cálido y con pesadez abrió los ojos justo para ver como una de las puertas se movía lentamente dándoles paso al exterior, la gravedad actuó en el haciéndolo chocar rápidamente con el suelo pero sus músculos ya no sentían ningún dolor mas.
Enrollo sus pequeñas manos a la tela de la camisa del pelinegro apoyándose completamente en su pecho sintiendo como sus lagrimas caían en su cuello y rostro, podía ver como intentaba luchar por abrir nuevamente sus ojos haciendo que sus sollozos se hicieran mas fuertes al tiempo que el eco de unos pasos parecían acercarse a toda velocidad.
-No se acerquen!- Alcanzo a gritar haciendo que todos los pasos se detuvieran en un instante. –Onegai no… Esto no puede alcanzarte- Gimió nuevamente centrando su atención en el pelinegro, sus ojos llorosos pudieron ver en medio de la neblina los negros e intensos ojos del Uchiha centrarse totalmente en ella, su cuerpo fue golpeado por una corriente de calor que pareció descongelar la sangre en sus venas, jadeo sin reconocer la sensación pero no se atrevió a apartar sus manos del cuerpo totalmente herido del pelinegro.
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Que tal quedo? Mmmm espero su opinión por este nuevo capítulo! Realmente son una fortaleza para no dejar ninguna historia atrás! De verdad, aunque algunas continuaciones sean más difíciles que otras, por cierto, este capítulo me quedo súper largoooo! Intentare que no estén así los siguientes! Pero es que son tantas ideas que hay que plasmar para que se entienda la situación como tal que bueno, no pude parar de escribir!
Gracias a Natalia, Dark Mermaid-sama, Hina, hinatacris, Ale, Marianeila 16, Knicky Ouji, hime-23 y por tomarse el tiempo de dejarme un comentario, me alegra mucho saber que les gusto la historia! Y ps espero este segundo capítulo les haga justicia a la pequeña espera que tuvieron en comparación con el resto de mis publicaciones, nos leeremos en pocos días! Por cierto gracias por sus favoritos y sus follow de verdad son la constancia para escribir.
Otra cosa, yo soy PRO SASUHINA esto desde el principio iba a ser una SASUHINA me dio risa ver que logre confundirlas un poco, además que el naruino no sé porque me gusta tanto y pensé en ver si realmente les interesaría aunque sea un one-shot de esa pareja… Solo son ideas mías… Cosas que a uno se le ocurren de repente.
