Ohayo! Aquí yo con el tercer capítulo de este short fic! Ya casi se termina! En serio, ya lo tengo todo listo, por eso es que actualizo tan rápido! Lamento las que leen este fic y siguen los que todavía están en proceso! En serio tengo un ligero bloqueo con ambos finales! Y es difícil sacarlas adelante así y más ahora que definitivamente quiero probar con otras parejas! Kishimoto es dueño de Naruto, este fic es totalmente mío basado como dije antes en canción de hielo y fuego! God quiero el sexto libro… Lo necesito, ahora si… A leer!

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El cielo pintado con sus tonos rosados y naranjas cubrieron todo el horizonte oscureciendo rápidamente los brillantes colores de todos los arbustos floreados que había en aquel pequeño jardín al que tenía acceso, suspiro bajando su mirada y centrándose totalmente en los vendajes que cubrían toda la palma de sus manos, estaba segura que si las quitaba ya no habrían siquiera las cicatrices que el hielo le pudo haber dejado, se apoyo totalmente en el respaldo de su asiento subiendo sus piernas para poder abrazar sus rodillas y sentirse un poco más segura de lo que sea que pasaría cuando el pelinegro lograra abrir los ojos.

-Pero sobrevivió… El logro pasar el hielo de mi maldición- Se dijo nuevamente sin saber cuántas veces se había repetido a si misma aquellas palabras, los días ya no tenían color al estar sumida en un constante estado de alerta a que pudiera volver a producir un nuevo ataque, sabía que su poder estaba ligado a su tristeza y por eso evitaba sin éxito alguno no preocuparse por el sobreviviente a su poder maldito.

-Sabia que te encontraría aquí- La conocida y suave voz que se había negado a alejarse de ella llego desde muchos metros de distancia haciendo que se encogiera más de hombros. – ¿Sabias que el aire esta mas frio de lo que debería estar verdad?- Interrogo produciendo un murmullo al arrastrar la seda sobre sus pasos acercándose a ella.

-Vete- Murmuro con voz apagada apretando su rostro un poco mas entre sus rodillas, sintiendo como el aire se enfriaba a su alrededor. –Nunca podre controlarlo, no quiero lastimarte- Agrego al sentir como nuevamente el delgado cuerpo avanzaba a su posición otros cuantos pasos.

-No lo harás- La aguda voz sonó tan segura que se obligo a subir su rostro y encontrarse con unos ojos azul pálido que la miraba con melancolía. –Puedes por favor… Volver a decirme ¿qué fue lo que paso?- Vio a la ojiblanca cerrar los ojos agotada, cada día que había pasado había hecho la misma pregunta, y cada día había dado la misma respuesta.

-Simplemente paso- Dijo sintiendo como todo su cuerpo se removía incomodo por la mentira. –Nunca he sabido cómo controlarlo o como acabarlo, debo dejar que el hielo se derrita bajo el calor de las antorchas o la luz del sol- Repitió abriendo sus ojos mostrando su tono alilado que no era parte natural de su mirada.

-Naruto no sale de su habitación- Confeso tornando sus expresiones aun más tristes produciendo que el aire se pusiera un poco mas frio haciendo que un escalofrío viajara por toda su bronceada piel. –No deja que nadie lo veo o lo trate-

-Eso está bien… Ellos no conocen a nadie aquí- Rebatió sintiéndose tranquila al saber que el rubio protegería fieramente al pelinegro. –Tus sanadores podrían querer asesinarlo y los de ellos ya hicieron todo lo que podían con las heridas- Dijo repitiendo lo que días atrás le había comentado la rubia, se giro al escuchar un suspiro resignado escapar del delgado cuerpo de su acompañante.

-Se que yo te dije eso pero, podrías no decirlo como si fuera una sentencia de muerte- Se quejo abiertamente y termino de llegar junto a la menuda mujer que tenía el tamaño de una niña pequeña totalmente agachada como estaba.

-¿Porque sigues viniendo?- Se atrevió a curiosear por primera vez en días el porqué de la presencia de aquella bella y perfecta mujer ante ella. –Solo he llenado tu vida de desgracias… Hice que encerraran a tu hermano, maldije tu casa… ¿Que buscas en mi?- Dijo sin poder controlarse clavando sus perlados ojos en los de su compañera que solo se limito a estudiarla momentáneamente.

Se mordió el labio al ver como los ojos pálidos la recorrían sin saber que buscaba en su rostro, sus perfectos rasgos la lastimaron en un nivel que nunca nada lo había hecho, su cabello de un rubio que fácilmente competía con los cálidos rayos del sol del amanecer, sus labios carnosos de un rojo natural, su pequeña y respingada nariz, todo en una bella piel bronceada tan igual y a la vez tan diferente de lo que recordaba de Deidara.

-Me siento tan perdida como tu- Confeso en voz baja haciendo que su oyente se sobresaltara y mostrara la sorpresa en sus siempre evidentes facciones, sonrío tomando entre sus manos una de la ojiblanca obligándola a bajar sus piernas y hacerle espacio para sentarse.

-Estas en tu casa…- Dijo con una voz no muy convencida sintiendo como la calidez de la rubia traspasaba sus sedas y llegaba hasta su propia piel. –Siempre has conocido esto… A estas personas, sabes que esperar- Agrego dejando de ver a la mujer a su lado y resignarse a ver el horizonte ahora de un profundo azul oscuro, casi negro.

-Tu cabello tiene ese color- Murmuro distraídamente la rubia dejándose caer en el espaldar del sillón que ahora ocupaban ambas. –Conozco todo pero siempre he estado al margen… Soy lo que mi hermano quiere que sea y soy lo que cambiaría por algo de mayor utilidad- Confeso abrazándose a si misma sin dejar de fijar su mirada en el ahora oscuro jardín que estaba bajo sus pies.

-Prácticamente me vendió a Sasuke Uchiha cuando tuve la edad para darle hijos- Su voz rota atravesó de una forma totalmente desconocida a la ojiblanca pero se sorprendió al sentir como el aire había vuelto a bajar de temperatura. –Ni siquiera lo conozco- La rubia se rompió totalmente, un sollozo ahogado lleno el silencioso espacio que compartían.

La corriente de aire congelada golpeo sus cuerpos llenándola de terror pero cuando se puso totalmente pie una delgada mano la hizo volver a sentarse, sus ojos perlados buscaron desesperados los de la rubia encontrando caminos de lagrimas que marcaban la tersa piel de sus mejillas, el aire arremetía contra ellas como lo haría el aviso de una tormenta de nieve produciéndole un hormigueo en toda su piel.

-¿No tienes miedo?- Se atrevió a preguntar sintiendo la calidez de la mano que todavía la tenia prisionera, el contacto había evitado que se perdiera totalmente en sus propios sentimientos de tristeza.

-No tengo miedo de tu poder Hinata- Revelo viendo la sorpresa bailar en el bello rostro de la contraria. –Soy una mujer como tú, creo entenderlo mejor que los hombres- Dijo confiada haciendo que el corazón de la aludida diera un vuelco contra sus costillas sintiendo como se formaba un nudo en su garganta.

-Mi… Mi nodriza… Decía lo mismo- Murmuro con voz rota dejando de luchar contra la rubia permitiéndose abrir su corazón a una nueva mujer en su vida. –Yo… Nunca lo he… Entendido… Esto nació conmigo- Hablo confesando parte de su pasado haciendo que la rubia abriera los ojos por la sorpresa.

-Porque… Porque no se lo has dicho a Naruto?- Pregunto curiosa liberando por fin la frágil muñeca de la ojiblanca. –Porque no hay nadie buscándote Hinata?- Quiso saber movida totalmente por la misteriosa existencia de la pequeña mujer ante ella.

-¿Qué iba a decir? Nadie me creería si hablara de esta maldición Ino- Soltó con cierta acidez desviando su mirada y centrándola totalmente en el cielo que empezaba a cubrirse de estrellas, haciéndole pensar nuevamente en el pelinegro inconsciente. –Nadie me busca porque yo hui…- Dijo mas bajito sintiendo como su oyente se congelaba en su lugar pero ya sus labios no podían controlar aquella verdad.

-Hui a la seguridad que decía tu hermano que tendría… Hui porque no sé si realmente mi familia… Sobrevivió a mi último ataque- Confeso cerrando los ojos y dándole el espacio para que la rubia decidiera que debía hacer con aquella comprometedora revelación.

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El aire estaba mas cálido de lo que sabía le habría gustado a su compañero pero, su cuerpo todavía mantenía unas temperaturas totalmente cambiantes y sobre todo más bajas de lo normal, observo nuevamente las cortadas en casi todo su rostro, sus brazos y su pecho cubierto con vendas gruesas, trago grueso sintiendo nuevamente una punzante culpabilidad que no lo dejaba tranquilo desde que días atrás encontró a la ojiblanca llorando sobre el cuerpo inconsciente del pelinegro, totalmente rasguñados y una habitación congelada a sus espaldas.

-No quise escucharte- Murmuro dolorido volviendo a sentarse junto al cuerpo durmiente de su amigo. –No quise creer que tomaras en serio eso de que era una bruja, pensé que estabas obsesionado- Siguió hablando apoyando sus codos en la cama del pelinegro hundiendo ligeramente ese espacio.

Sus ojos volvieron a recorrer vagamente la habitación principal de la fortaleza, tan amplia que fácilmente podrían dormir veinte personas y tener espacio de sobra, la gran cama de dosel parecía brindarle un cómodo descanso a su amigo pero, no parecía ayudar demasiado a su recuperación.

Sintió un jadeo escapar roncamente del cuerpo frente a sí y con nerviosismo se acerco un poco más al rostro del Uchiha viendo con fascinación como su ceño empezaba a arrugarse y sus parpados empezaban a moverse rápidamente.

-Por Kami! Gracias!- Dijo sintiendo como una pesadez desaparecía del medio de su pecho, un nuevo gruñido lleno todo el espacio que ellos estaban compartiendo obligándolo a centrar toda su atención en el rostro dolorido encontrando rápidamente una mirada oscura admirarlo con cierta confusión.

-Hinata…- Gruño roncamente intentando incorporarse de golpe, su pecho ardió haciéndolo jadear y oscureciendo totalmente su visión, cada parte de su cuerpo pareció quejarse tumbándolo nuevamente a la cama. –Naruto- Lo llamo sintiendo la presencia de su mejor amigo muy cerca de sí mismo.

-Estoy aquí- Dio como simple respuesta subiéndose un poco y apareciendo en el campo de visión del pelinegro, sonrío al ver su expresión malhumorada haciendo que todo lo demás desapareciera de sus facciones dándole aun más tranquilidad. – ¿Cómo te sientes?-

-¿Qué mierda me ataco?- Pregunto ignorando totalmente lo que quería saber su amigo, lo escucho reír incomodándolo totalmente. –No me parece gracioso… Y ¿cómo es que tu estas sin un rasguño?- Dijo aturdido detallando que el rubio no parecía tener ningún tipo de vendaje o herida.

-No recuerdas lo que paso?- Interrogo sorprendido, su rostro debió darle alguna respuesta que borro definitivamente el buen humor de su amigo, se obligo a negar lentamente escuchando como su compañero bufaba derrotado y se dejaba caer en el espaldar de la silla que estaba muy cerca de su cama.

-Recuerdo que peleamos en los calabozos y con Deidara burlándose por algo...- Empezó a relatar según las imágenes aparecían en su cerebro, abrió sus ojos recordando algo que hizo que su piel se calentara y sus músculos doloridos se tensaran bajo las vendas. –Besaste a Hinata…- Soltó apretando fuertemente sus dientes.

-Si… Eso- Se avergonzó el rubio rascándose la nuca y desviando su mirada al techo de piedra y madera. –Hay que discutirlo luego si quieres- Concedió todavía sin mirar al pelinegro, podía sentir la ligera corriente de rabia que empezaba a correr por el cuerpo de su contrario.

-Ella lo congelo todo por eso- Soltó recordando las corrientes de aire que salían de ese menudo cuerpo, recordó el dolor con el que ella lo miro mientras suplicaba que no le pasara nada, sus cabellos plateados moviéndose a su alrededor.

-Si eso… Justo quería preguntártelo porque… Todos queríamos tener la certeza que realmente fuera una bruja- Su voz bajo dos tonos dejando a la vista la vergüenza que le daba admitir aquello, Sasuke volvió a intentar incorporarse esta vez un poco más despacio y dejando que sus músculos heridos se acostumbraran al cambio de posición.

-No sé si catalogarlo como bruja Naruto- Dijo al tiempo que un jadeo escapaba de sus labios intentando mantener al margen el dolor del cambio de posición. –Son heridas superficiales ¿porque me duelen tanto?- Soltó frustrado al recordar que eran muchos rasguños los que habían cubierto su cuerpo al ser liberado del hielo que quiso arrancarle la vida.

-No querían cerrarse Sasuke- Murmuro aliviado por el cambio de tema, sus ojos se volvieron a encontrar con los del pelinegro leyendo la curiosidad en ellos. –Los sanadores dijeron que tenían la apariencia de una herida hecha bajo la peor de las tormentas de nieve, el borde totalmente quemado por la temperatura y tu piel estaba muy pálida, casi azul cuando logre liberarte de ella- Dijo cruzándose de brazos sin despegar su mirada del rostro de su amigo.

-¿Liberarme?- Se atrevió a preguntar sintiendo en su pecho la calidez de las lagrimas que la ojiblanca había derramado susurrando cosas que ya no podía escuchar, recordó claramente su rostro totalmente destruido llorando por él.

-Ella no quería que nadie se acercara a ustedes, grito mucho rato- Confeso algo incomodo el rubio volviendo a llevar sus manos a su nuca y revolviendo su cabello intentando alejar su nerviosismo. –El hielo empezó a congelar su vestido pero ella no parecía sentir nada, solo gritaba para que nadie te tocara… Incluso se lastimo las manos cuando logre sacarte de debajo de ella-

-¿No podías con una mujer tan pequeña?- Dijo intentando sonar burlesco pero solo pareció incomodar mas al rubio que desvió nuevamente su mirada. –No me estaba lastimando a mí, lo sabes ¿verdad?- Se atrevió a aclarar haciendo que los ojos azules se centraran nuevamente en el.

-Su cabello era totalmente blanco Sasuke- Respondió seriamente. –No sabíamos con exactitud qué era lo que estaba haciendo contigo- Ahora su voz sonó avergonzada.

-Que hiciste con ella Naruto?- Tuvo miedo de la respuesta, el cuerpo del rubio se tenso completamente haciendo que un extraño peso cayera al fondo de su estomago. –Fue un error, ella me saco de una muerte segura, quiero que lo tengas claro-

-Ella se confino a si misma a una habitación en la torre donde vivía con anterioridad… Nadie salvo Ino se atreve a ir a verla- Explico cruzándose de brazos no muy convencido por las palabras del pelinegro.

-¿Nadie habla con ella?- Dijo sintiéndose extrañamente agobiado pero aliviado de saber que nadie se le había acercado durante su tiempo inconsciente. –Llévame allí ahora- Ordeno quitándose la pesada manta que cubría sus piernas, se sorprendió de verlas cubiertas también por gruesos vendajes recién puestos, movió un poco sus rodillas sintiendo el mismo dolor paralizante de cuando quiso sentarse la primera vez.

-Prefiero pedir que la traigan- Confeso poniéndose de pie lentamente y empujando los hombros del pelinegro para que volviera a dejarse caer en las esponjosas almohadas que tenía en toda la cabecera de la cama.

-Hazlo en este momento- Pidió todavía intentando ponerse de pie, vio al rubio arrugar la nariz pero con paso rápido camino hasta la puerta, la abrió dejando a la vista a dos soldados que llevaban sus lanzas y sus espadas, se extraño que hubiera decidido colocar seguridad en la habitación.

-Busquen a Hinata y tráiganla en este momento- Ordeno la distante voz del rubio justo cuando ambos soldados asentían y desaparecían en el pasillo, retrocedió dos pasos y dejo que el peso de la puerta la cerrara completamente, se giro dejando caer su espalda en la fresca madera de la puerta, agotado vio como el pelinegro había logrado empujar sus piernas hasta el borde de la cama y apoyar sus pies en el cálido tejido de la gruesa alfombra de la habitación.

-¿Le tienes miedo?- Soltó roncamente al subir su rostro y encontrar las facciones del rubio apretadas en un nerviosismo impropio de su personalidad. –No es peligrosa- Aseguro poniendo una de sus manos en uno de los pilares de la cama y se impulso dejando escapar un jadeo por el dolor que atravesó todo su cuerpo.

-Creo que no eres el más indicado para decir eso- Se quejo el rubio moviéndose ágilmente para tomar el pesado torso del pelinegro y mantenerlo erguido, se había tambaleado y eso había puesto aun más nervioso a Naruto quien se negó a soltarlo cuando sintió las manos del pelinegro intentando separarse.

-Dobe- Soltó roncamente sintiendo que su relación con su mejor amigo había vuelto a la normalidad, aguanto la respiración probando si así le dolía menos el cuerpo y pensó nuevamente en el rostro descompuesto de la ojiblanca, debía descubrir que era ese poder que parecía salir sin control de ella, era definitivamente una curiosidad que debía saciar lo más pronto posible.

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Su cuerpo estaba totalmente rígido, sus manos caían a cada lado de su cadera sin saber realmente como reaccionar a eso, la calidez que transmitía la chica que la apretaba completamente entre sus brazos calmaba ligeramente todos los miedos que siempre había sentido por sus extraños poderes.

-Yo no dejare que ellos te hagan nada- Susurro entrecortadamente la rubia amortiguando su voz contra su oscuro cabello, sus brazos se cerraron con más fuerza sobre su delgado cuello haciéndola jadear y controlar sus ganas de llorar.

-Gracias…- Murmuro sintiendo como su corazón se calentaba lentamente, aunque se sentía bien saber que alguien la aceptaba enteramente por lo que era no podía dejar de pensar en la imponente sombra del pelinegro, en sus ojos siguiéndola desde la oscuridad, su silenciosa presencia en cada uno de sus paseos se había vuelto algo que necesitaba tanto como el calor de los rayos del sol sobre su cuerpo, una corriente eléctrica la atravesó enderezándola totalmente en su posición haciendo que abriera completamente sus ojos.

-Está despierto- Dijo segura moviendo sus manos para empujar sutilmente el delgado cuerpo de la rubia, la cual pareció un poco confundida por su afirmación. –Sasuke ha despertado- Volvió a decir explicándose superficialmente al tiempo que se ponía de pie y empezaba una silenciosa marcha hasta la puerta.

-Espera Hinata… Naruto cree que eres una amenaza- Soltó algo nerviosa acomodándose el vuelo de su vestido de seda y llegando a paso rápido hasta donde se había quedado parada la ojiblanca. –Déjame preguntarle si puedes verlo y…-

-¡No! Debo verlo ahora… Debo asegurarme que este bien- Rebatió clavando su mirada en sus manos, las sintió hormiguear extrañamente deseando sentir con su siempre frio contacto la caliente piel del pelinegro. –Es algo extraño, solo debo asegurarme que este a salvo- Se atrevió a confesar sintiéndose completamente vulnerable.

-¿Qué clase de magia ha hecho que te atraiga ese hombre tan aterrador?- Su tono subió un poco al soltar aquella pregunta haciendo que la ojiblanca se girara para mirarla con cierta vergüenza, ella sonrío al notar las mejillas de la más pequeña colorearse graciosamente obligándola a suspirar rindiéndose a su insignificante exigencia.

El brillo de una cadena de oro compitió sin mucha suerte con el cabello de la rubia cuando esta la jalo hacia arriba revelando de entre su recatado escote una pequeña llave plateada, sonrío en complicidad y la soltó de la cadena destrabando completamente la puerta que mantenía prisionera a la ojiblanca.

-Gracias!- Agradeció totalmente fuera de sí, cerró los ojos y dejo que sus sentidos le indicaran que camino debía seguir, encontrando su intimidante presencia en una de las habitaciones principales de la fortaleza, su piel volvió a picar incitándola a marcharse rápidamente, sus piernas marcaron un ritmo antes de que ella se diera cuenta.

El aire cálido golpeo su cuerpo cuando tomo más velocidad en las escaleras principales de su torre, los sonidos de la noche le dieron la bienvenida haciéndola reír infantilmente y con agilidad empezó a correr por el bello jardín que horas antes había estado admirando distraídamente, trago grueso al saber que no había dañado nada permanentemente en ese fuerte hombre y anticipando saberse nuevamente bajo esa atenta mirada oscura, sus ojos se encontraron fugazmente con dos soldados que automáticamente se giraron en su dirección al sentirla pasar y con el horror reflejado en sus facciones empezaron a marchar detrás de ella obligándola a aumentar la velocidad de sus pasos, sus piernas se movían tan rápido como solía jugar en los amplios jardines de su hogar, una hilera de antorchas le dieron la bienvenida a las estancias principales de la fortaleza de sal haciendo que notara otros soldados que advirtieron su presencia justo cuando se detuvo frente a las escaleras que le permitirían llegar con el Uchiha.

-¡Detente!- Grito una grave voz haciéndola saltar los primeros tres escalones tropezándose ligeramente con el largo de su vestido, sus manos acariciaron la fina pared pulida calentando sus dedos, sonrío al escuchar el sonido del metal chocar contra la piedra y mas metal indicándole que los que venían persiguiéndola debieron enredarse con los que estaban custodiando el salón principal de la torre de la familia regente.

-Un poco mas- Se dijo a si misma sintiendo como el aire empezaba a escasear en sus pulmones, sus dedos hormiguearon por las sensaciones y su cuerpo le grito que se detuviera justo cuando llego a un pequeño descanso, se giro sobre si misma encontrándose con una pesada puerta de roble tallado con flores en medio de un fuerte oleaje.

Empujo todo su menudo cuerpo contra la puerta al tiempo que los guardias aparecían en su periferia, jadeo lanzando al interior de la habitación y cerrando la puerta en su espalda logro aguantar la agitación que aquella carrera le había producido, un escalofrío bajo velozmente por su columna al reconocer la sensación familiar de ser observada obligándola a subir su rostro para encontrar unos inexpresivos ojos oscuros.

-Sasuke- Gimió con la voz rota y sin fijarse demasiado en lo que lo rodeaba se lanzo a su cuello abrazándolo fuertemente. –Kami… Estas bien… No te hice daño- Empezó a balbucear todavía pegada totalmente al cuerpo caliente del pelinegro.

El Uchiha dejo que la sorpresa adornara su rostro al sentir el tibieza del menudo cuerpo totalmente pegado al suyo, sus ojos vieron a su amigo a unos pasos de su posición, sonrío sarcásticamente al ver la expresión de incredulidad que lo dejo congelado en su lugar siendo un observador silencioso de la culpabilidad que parecía experimentar la ojiblanca.

-No me lo hubiese perdonado- Dijo conteniendo un sollozo en el fondo de su garganta, se separo un poco apoyando totalmente sus pies en el suelo marcando la diferencia notable de estaturas, estudio los rasgos todavía heridos del pelinegro haciendo que su corazón se hundiera en su pecho lleno de tristeza. –No sé cómo controlarlo de verdad… Nunca quise que pasara…- Siguió hablando ahora con las manos unidas frente a su pecho como pidiendo perdón.

-Cállate- Ordeno roncamente el pelinegro viendo como ella cerraba la boca de golpe, bufo cansado y se dejo caer al borde de la cama sintiendo como las cortadas en todo su cuerpo reclamaban el que no tuviera más cuidado. – ¿Como llegaste?- Curioseo todavía consciente de la presencia congelada de su amigo muy cerca de ellos.

-Me escape- Confeso liberando de toda culpa a su nueva amiga. –Ino iba saliendo de la habitación y yo fui más rápida- Agrego sintiendo como el calor se acumulaba en sus mejillas.

-¿Como sabias donde estaba?- Ataco con otra pregunta llenándose con las expresiones infantiles de la mujer ante él, parecía tan arrepentida de lo que sea que pensó que le había hecho que le dio un poco de gracia.

-Cuando…- Empezó pero se corto sonrojándose fuertemente, bajo su mirada gimiendo con vergüenza, casi brinco hacia atrás al sentir los calientes dedos del pelinegro tomarla de la barbilla y subirle la mirada ordenándole sin palabras que continuara. –Cuando esto sucede… Yo… Puedo sentir a… Las personas que he… Atacado- Soltó nerviosa sus manos se movieron ante su cuerpo y con la culpabilidad rondando todas sus extremidades se dejo caer de rodillas ante el pelinegro.

-Te dije que no es peligrosa- Hablo roncamente el pelinegro concentrando toda su atención en el rubio, el cual al saberse mencionado pareció volver en sí y mirar nuevamente con incredulidad la escena de la pequeña mujer llorando inconsolable por lo que pudo haberle causado al pelinegro.

-Perdóname- Pidió dolorida apoyando sus manos en su regazo y dándose valor de mirar nuevamente al pelinegro, el parecía cubrir todo lo que sus sentidos alcanzaban a percibir, nunca había nada mas cuando decidía admirarlo a él. –Padre siempre me castigaba cuando lo hacía… Puedes… Puedes castigarme- Hablo sin pensar viendo como las facciones del pelinegro se endurecían haciéndola sentir aun más nerviosa.

-Tu… ¿Padre?- Una tercera voz llego a los sentidos de la ojiblanca haciéndola girarse con brusquedad apoyando su espalda a las piernas del pelinegro.

-Naruto…- Gimió asustada recordando el último encuentro que habían tenido, donde él la había tenido que levantar y casi arrastrarla totalmente maniatada para lograr separarla del cuerpo inconsciente del pelinegro. –Discúlpame- Pidió agachándose en una ligera reverencia.

-Háblame de tu familia Hinata- Soltó el rubio haciendo caso omiso a su arrepentimiento, sus ojos se encontraron fugazmente con los del pelinegro que haciendo una mueca le dio a entender que podía preguntar lo que quisiera. – ¿Donde están?-

-Yo… No lo sé…- Se atrevió a contestar centrándose en la cálida sensación de las piernas que la mantenían derecha. –Deidara es quien sabe de dónde vengo yo no… No recuerdo que camino tomamos cuando salimos de casa- Empezó a hablar sintiendo como ambos hombres gruñeron con inconformidad.

-Háblanos de tu casa Hinata- Pidió con voz neutra el pelinegro, su cuerpo se agito confundido, el dolor de todas sus extremidades combinado con el estremecimiento que le producía el contacto casi frio de la estrecha espalda de la mujer contra sus gruesas piernas.

-Recuerdo a mis hermanos…- Empezó algo nerviosa recordando vagamente la sensación de tranquilidad que le había producido hablar superficialmente con la rubia, suspiro y se acomodo un poco en su posición. –Los tres tenemos los ojos perlados pero solo yo tengo el cabello oscuro, ni mi padre ni mi madre lo tenían así y… Padre peleaba mucho con madre por mí… Porque era diferente….- Se corto temiendo que en cualquier momento volvieran a aparecer esos fantasmas reclamándole su existencia.

-Tenia cinco años cuando paso por primera vez, unos niños del castillo me estaban molestando… Dijeron algo referente a mi cabello y como era totalmente ajena a mi familia, fue cuando sentí por primera vez el frio de la sangre en mis venas, como empezaba a congelarme y cuando pude darme cuenta todo el jardín estaba cubierto de gruesas paredes de hielo, los arboles, las flores y mis pies, fue cuando recordé que no estaba sola y… Y los niños… Ellos…- Jadeo sintiendo como nuevamente el dolor de la verdad aguijoneaba su pequeño corazón, sin poder controlarlo el frio empezó a hormiguear por su piel.

-Hinata…- La contenida voz del rubio golpeo su rostro haciendo que subiera su mirada encontrándose con una azulada que parecía estudiarla detalladamente, gimió apartando rápidamente sus ojos centrándose en sus pálidas manos, intentando relegar nuevamente el frio de su piel. –Recuerdas sus… ¿Nombres?- Dudo un poco subiendo su mirada viendo como el pelinegro tenía los ojos cerrados con su mandíbula fuertemente presionada causando que un estremecimiento de advertencia corriera por su piel ante su cercanía con la bella mujer.

-Nii-san… Padre lo llamaba Neji… Era mi hermano mayor y mí… Mi imoto Hanabi… Ella… Ella apenas y podía correr cuando abandone mi hogar- Revelo forzando su mente a los recuerdos importantes, los datos que pudieran decirle cual había sido el destino de su infortunada familia.

-¿Eras la segunda hija?- Concluyo el Uchiha abriendo sus ojos y viendo como el rubio había marcado una distancia considerable con la mujer pero todavía mantenía su atención fija en ella. –Eras entonces la que mejores proposiciones tendría- Analizo sintiendo como parecía extraño que la hubieran abandonado a su suerte.

-Deidara llego un día hace siete años… Todavía era joven… Tal vez tendría su edad cuando se presento ante mi padre, recuerdo que hablaba maravillas de la fortaleza de padre y que si mi Nii-san ya tenía una prometida-

-Desde hace tanto?- Dijo incrédulo el rubio cortando el relato de la ojiblanca, se cruzo de brazos y se apoyo en el respaldar de la única silla en la habitación, sus ojos volvieron a buscar los oscuros de su amigo el cual tenía todo el rostro contraído, analizando como el mismo ese increíble relato.

-Los días se convirtieron en meses antes de que nos diéramos cuenta y un día… El se me acerco a solas…- Su cuerpo vibro ante el recuerdo y al reconocer la tensión que de repente cubrió a sus oyentes, haciendo que su piel hormigueara en advertencia, Deidara quiso mucho mas de ella cuando aun no conocía el mundo que los rodeaba. –Siempre había tenido una cortesía gélida hacia mis hermanos pero conmigo… El siempre me seguía con la mirada, podía reconocer cuando sus ojos se posaban en mí y… No… No lo entendía-

-Por Kami… Eras tan pequeña…- Gimió impotente Naruto sintiendo como sus músculos se tensaban a las palabras de la ojiblanca, detallo su cuerpo de mujer pero reconoció un miedo infantil en su actuar, Deidara se había encargado de quitarle la seguridad que las mujeres desarrollaban al llegar a la madurez. –Tu padre…-

-Padre discutió muchas veces con el… Sabía que era por mí pero nunca pude escucharlos, mi Nii-san temía por mí y me mantenía alejada lo más posible de él, sin embargo Deidara lo descubrió… Descubrió que yo era diferente-

-Lo… ¿Atacaste?- La voz dudosa hizo que ella volviera a centrar su mirada en el gran hombre ante ella, las llamas iluminaban solo parte de su rostro y reconoció al antiguo señor del mar en el, se mordió el labio aplastándose más contra las piernas del pelinegro.

-No… A él no- Confeso apretando sus manos sobre la seda de su vestido verde menta, sus dedos resintieron el rustico contacto intentando devolverle la serenidad. –A mi padre- Fue tan solo un susurro pero sintió como ambos contenían la respiración, sus lagrimas escaparon rápidamente de sus ojos al recordar el día que había arruinado su vida.

-Una noche el enfrento a Deidara, le dijo que se alejara y volviera a sus tierras que yo… Yo no saldría nunca de la fortaleza del cielo…- Recordó sintiendo como su corazón empezaba a palpitar frenéticamente contra las costillas, sus pulmones se ahogaron con el poco aire que les dejaba pasar.

-¿Los señores de la montaña?- Soltó roncamente el pelinegro e impulso su cuerpo para ponerse de pie, sus músculos gritaron bajo su piel haciendo que se tambaleara ligeramente pero ya la pequeña mujer estaba a su lado, con sus manos frías sujetándolo del pecho.

-Tu familia son los Hyuuga?- Completo con incredulidad el rubio viendo como el pelinegro intentaba avanzar hacia las puertas de la habitación. – ¿Donde crees que vas?- Se quejo avanzando también para ponerse al otro lado del pesado cuerpo de su amigo y cargar casi todo su peso.

-Hay que hacerlos venir- Ordeno el Uchiha dejando que su cuerpo cayera completamente sobre los brazos de su amigo, sin embargo podía sentir las frías manos de la ojiblanca cerrarse sobre la poca piel expuesta en las vendas. –Tienen que…-

-Por favor no- Pidió la ojiblanca justo cuando la puerta de la habitación se abrió dejando a la vista el delgado cuerpo de la rubia, sus ojos azules mostraron la sorpresa de ver que todavía se encontraba ahí.

-Ino? ¿Qué haces aquí?- Fue la intensa voz del pelinegro lo que hizo que la recién llegada rompiera el contacto con la ojiblanca. –Tu…-

-No puedes entregarla- Dijo intentando mantener al margen su nerviosismo de estar cruzando tantas palabras con el que sabía era su prometido. –Recordé algo que podría ser de utilidad- Agrego avanzando a paso rápido hasta ponerse justo frente a la pequeña mujer pelinegra.

-Pero… Yo no creo que sea correcto…- Respondió la suave voz de la pelinegra sintiendo como a su lado el cuerpo del Uchiha se estremecía lanzando una corriente eléctrica por toda su columna. –Vamos a sentarlo- Gimió con dificultad liberando su mirada de la rubia y centrándose en el otro hombre en la habitación.

-No- Se opuso el pelinegro empezando a liberarse de las manos que lo mantenían erguido, su fría mirada paso del frágil cuerpo de la pelinegra al ancho del rubio totalmente irritado. –Yo decido que hacer en este lugar y decido que los señores de la montaña deben venir-

-Seguro que quieres eso Sasuke?- Intento rebatir el rubio paseando su mirada por las dos mujeres ante él, parecían estar en una sincronía que no venía desde la suya propia. –Tal vez…-

-No Naruto… Esto se ha prolongado demasiado tiempo- Decidió liberándose definitivamente de las manos del rubio y marchando hasta la cama tomo una gruesa chaqueta de cuero negro y empezó a colocársela para salir a la noche.

-Esta herido- La melodiosa voz de la pelinegra llego a sus sentidos haciendo que se girara para encontrarla a solo unos pasos de sí mismo, sus grandes ojos perla lo miraban aterrada. –Por favor no salga- Pidió acercándose un poco más.

-No- Dijo cortante terminando de cerrarse la chaqueta cubriendo totalmente su cuerpo semi desnudo. –Tu volverás con tu familia y libraras a esta fortaleza de tu poder congelante…- Se giro para encarar intensamente a la pequeña mujer viendo como sus labios se apretaban con preocupación.

-No- Volvió a hablar la rubia captando la atención del hombre al otro lado de la habitación. –Nuestra familia tiene diferentes libros de la ascendencia de las familias principales actuales, podría encontrar porque tienes ese poder Hinata- Revelo intentando dar un paso hacia la ojiblanca pero el ancho brazo del rubio le corto el avance haciéndola sentir confundida.

-Seguro que quieres eso Sasuke?- Hablo neutralmente centrándose totalmente en el pelinegro, vio como su ceño se arrugo fuertemente, irritado porque siguiera dudando de sus instrucciones. –Hare que envíen la invitación en este momento- Se rindió atrapando el delgado brazo de la rubia y arrastrándola con él hacia el exterior.

-No puedes hacerlo- Pidió la rubia intentando liberarse del contacto áspero de la mano de Naruto. –No te perdonare que la vuelvas a sumir en la ignorancia- Sollozo jalando con fuerza su brazo y liberándose momentáneamente.

-¿Qué te importa?- Interrogo ácidamente el pelinegro avanzando dos pasos hacia la rubia y quedando justo junto a la ojiblanca. –Ella arruino a tu hermano y probablemente haga que tu familia pierda totalmente esta fortaleza y tú… ¿Quieres mostrarle lo que es?- Su cortante tono hizo que la rubia solo lo mirara con incredulidad y con rabia contenida.

-Tu…- Gimió con rabia la mujer de ojos azules pero cuando se dispuso a avanzar hacia el pelinegro unos anchos brazos la sujetaron de la cintura y la hicieron retroceder rápidamente. –Suéltame Naruto- Su voz subió dos tonos luchando contra aquel intimo agarre.

-Iré a mandar la carta- Se excuso el rubio llevándose consigo a la delgada mujer que seguía luchando contra su agarre, vio fugazmente la tristeza que parecía estar conteniendo la ojiblanca y la rabia que parecía emanar del cuerpo de su amigo, iba a pedirle a Hinata que se fuera con él pero un gruñido de advertencia lo hizo cerrar definitivamente la puerta dejándolos solos.

Se cruzo de brazos sintiendo como cada musculo se quejaba por la tensión que estaba ejerciendo temió momentáneamente que las heridas no fueran tan superficiales como las recordaba, sus sentidos se mantenían alerta al saberse completamente solo con la mujer que había logrado romper completamente su siempre distante apariencia.

-No debería tratarla así- Su voz rota fue tan suave que se vio obligado a girarse para verla fijamente, su cuerpo pareció encogerse al saberse observada, su cabello tan oscuro como la noche sin luna brillo con el reflejo de las llamas que estaban muy cerca de las paredes, su cuerpo se calentó al sentir como esos perlados ojos volvían a centrarse en el.

-Fui yo quien tomo este lugar- Su tono bajo hasta ser un gruñido ronco sin dejar de ver a la ojiblanca, avanzo dos pasos hacia ella satisfecho de ver como ese pequeño cuerpo se estremeció y sus brazos se apretaron sobre su estomago delatando completamente la forma perfecta que sabia poseía.

-Lo sé- Acepto sorprendida de que su voz se hubiese tornado repentinamente ronca, su piel hormigueaba reconociendo repentinamente el peligro latente de estar a solas con ese salvaje hombre. –Por… Por Ino- Se obligo a recordar sintiendo como una presión se instalaba en su pecho y la obligaba a romper el contacto con esos intensos ojos negros.

-Por lo que su hermano me debía- Corrigió deteniéndose a solo unos centímetros de la mujer, sus sentidos se turbaron al reconocer vagamente el aroma a lavanda y vainilla que desprendía esa pálida piel, su cabeza le llegaba al comienzo de sus pectorales haciéndolo sentir enorme para ella.

-Que… Que le debía Deidara?- Se atrevió a preguntar sintiendo el calor que parecía brotar de su amplio pecho, se mordió el labio fuertemente sintiendo como sus dedos le picaban por volver a sentir su piel caliente, mucho más caliente que las que había tocado con anterioridad.

-Una mujer- Murmuro roncamente colocando sus manos en los estrechos hombros de la ojiblanca, una satisfacción primitiva corrió por su cuerpo al sentir como esa frágil mujer pareció derretirse a su contacto. –La que prefiera- Agrego deslizando lentamente sus manos desde los hombros hasta sus tersas mejillas, su piel fría le daba una idea de cómo era que ella había logrado controlar ese extraño poder que poseía.

Su sangre empezó a hervir ante las palabras del hombre, el aire se atasco en medio de su garganta haciéndola suspirar a los dedos que empezaban a pasear lentamente por su rostro, tocando su mandíbula dibujando círculos por sus mejillas y apretando posesivamente sus pulgares en sus carnosos labios, cerró los ojos y echo la cabeza un poco para atrás al tiempo que entreabría su boca sintiendo la áspera piel rozar ligeramente el interior de sus labios.

Gruño guturalmente al sentir la pequeña boca roja de la mujer abrirse para él, un tono rojo oscuro adornaba sus mejillas y sus ojos perlados se mantenían ocultos a su observación intensa, recorrió su rostro lentamente quedándose hipnotizado por los perfectos dientes blancos que apenas se dejaban ver a través de sus labios entreabiertos, la punta de su rosada lengua estaba expuesta a él produciéndole un irrefrenable deseo de morderla.

Jadeo sin atreverse a abrir los ojos al sentir como el cuerpo hirviendo del pelinegro se pegaba a ella, sus senos quedaron aplastados contra su fuerte abdomen haciendo que un nudo se formara en su bajo vientre, sintió entonces por primera vez el frio de su sangre retroceder ante el calor que ese inmenso hombre la hacía sentir, subió sus manos sujetándose con fuerza de sus amplias muñecas justo al momento que sintió como uno de los ásperos dedos del pelinegro entraba completamente en su boca.

Apretó los dientes conteniendo el sonido que quería salir desde lo más profundo de su garganta, la sedosa humedad de la boca de la mujer lo estaba empezando a perturbar totalmente, podía sentir su respiración irregular mover sus pechos aplastándolos y separándolos de los músculos de su abdomen, movió su pulgar un poco más adentro encontrando la punta de su dedo con la rosada lengua que antes había admirado, la sintió tambalearse contra su cuerpo y su mano libre la atrapo por la cintura haciéndolo gruñir.

-Sasuke…- Su tono había cambiado a uno más sensual, su lengua rozaba nerviosamente el dedo que todavía se encontraba en su boca haciéndole difícil hablar, cerró ligeramente sus dientes apretando la carne del hombre sintiendo como algo se movió contra su estomago, algo grueso y duro la golpeo encendiéndola definitivamente, no pensó demasiado cuando separo sus manos de las muñecas del hombre y las deslizo por el pecho vendado del pelinegro pasando sus uñas cortas por la piel que sabia estaba expuesta.

-Eres una bruja- Gruño rindiéndose a lo que las delicadas manos de la ojiblanca le estaban produciendo, nunca antes había sentido tanto deseo por una mujer, sus ojos volvieron a fijarse en la pequeña boca que se había cerrado completamente sobre su pulgar, sus dientes afilados marcaban un ritmo que él no podía seguir y todos sus sentidos se nublaron definitivamente al sentir la húmeda lengua de la mujer empujar y envolver a ritmos constantes su dedo.

La separación fue sorpresiva haciéndola abrir los ojos con sorpresa, mas no duro demasiado tiempo, un instante después estaba tumbada sobre su espalda, la suave sensación bajo su cuerpo quedo opacada cuando se maravillo al sentir el cuerpo ancho y caliente del pelinegro caer sobre ella, gimió satisfecha moviendo ligeramente sus piernas para darle más espacio.

-¿Qué clase de hechizo es este?- Pregunto con voz ronca al sentirse satisfecho de saberla tan dispuesta para él, su cuerpo había gritado de dolor al moverse tan rápido para tirar ese menudo cuerpo en medio de la gran cama que había tomado para sí. –¿Qué clase de bruja eres Hinata?- Agrego bajando su cuerpo y mordiendo ligeramente el cuello expuesto de la mujer, la sintió estremecerse a su contacto y queriendo aturdirla tanto como él lo estaba paso la punta de su lengua por la marca roja que se estaba formando en su pálido cuello.

-Siento… Mucho calor- Gimió fuera de sí, sintiendo como parecía derretirse desde su bajo vientre, la humedad empezó a bajar por su piel más intima haciéndola jadear intranquila. –Me… Duele- Se atrevió a decir abriendo los ojos y buscando la mirada oscura del hombre sobre ella.

Sasuke aguanto por pura fuerza de voluntad no romper las sedas que escondían el resto de ese perfecto cuerpo de sus manos, sus palabras inocentes no hacían mas que encender su lujuria en un nivel hasta ahora desconocido para él, paseo su lengua por todo su fino cuello, mordiendo ligeramente su clavícula y depositando un beso húmedo donde se podía apreciar el nacimiento de sus grandes senos.

Una de las ásperas manos del pelinegro rozo descaradamente el contorno de uno de sus senos haciéndola jadear con más fuerza, los dedos empezaron a moverse sobre la seda haciéndola desear que no estuviera allí, su cabeza cayó hacia atrás cuando esa traviesa mano se deslizo con un ritmo aun más lento al llegar a su plano vientre obligándola a abrir más sus piernas sintiendo la presión de la seda en sus muslos adoloridos.

-Aquí- Pregunto malicioso al posar toda su palma en la entrada de su intimidad, la sintió vibrar como una hoja golpeada por el viento, su aliento fresco golpeo su rostro cuando dejo escapar todo el aire y fue cuando hizo el maravilloso movimiento que él había estado esperando.

Su piel se consumió en llamas cuando lo escucho decir algo que no entendió mas su piel reconoció el contacto posesivo de su ancha mano entre sus muslos, dejo escapar todo el aire de sus pulmones e impulsada por algo muy primitivo en ella se movió contra esa mano invasora mojando definitivamente su vestido y probablemente la mano de él.

Su mirada se clavo en el rojo rostro de la ojiblanca, y se rindió a probar aquellos carnosos labios, deseaba sentir su sabor, comprendiendo que deseaba conocer cada sabor de ella, inclino ligeramente su rostro hasta sentir el aliento de ella golpear sus labios obligándolo a tragar con fuerza.

-Sasu…- Su nombre quedo a medio pronunciar al ver tan cerca de sí misma el perfecto rostro del Uchiha, se removió un poco mas haciendo que su intimidad golpeara también el duro abdomen del hombre haciéndolo gruñir, levanto ligeramente su cabeza rozando fugazmente los delgados labios del hombre.

-Deberíamos hablar con Deida…- Una voz siempre alegre irrumpió por toda la habitación al tiempo que la madera chocaba contra la pared de piedra por la fuerza con la que se abrió, dejo su frase a la mitad al encontrar a su convaleciente mejor amigo apretando posesivamente el pequeño y casi invisible cuerpo de la ojiblanca, sus ojos no pudieron evitar fijarse en la pálida piel de las piernas que rodeaban celosamente la estrecha cadera de su amigo.

-Naruto- La rabia silbo en su cerebro al saberse interrumpido por su siempre preocupado amigo, sus ojos dejaron el rostro ahora avergonzado de la ojiblanca para centrarse totalmente en el rubio que sabia se había congelado en la puerta, se dio cuenta entonces que su mirada azulina no estaba en su rostro y con miedo de querer asesinarlo se atrevió a seguir el lugar donde se centraba toda su atención.

-Creo… Que… Debería irme- Fue la sensual voz de Hinata la que hizo que ambos hombres volvieran su atención a ella, todavía estaba ronca por lo que había estado haciendo y se avergonzó aun mas al sentir el frio de la humedad que yacía entre sus muslos. –Sasuke…- Lo llamo empujando ligeramente su pecho para obligarlo a separarse definitivamente de ella.

-Voltéate dobe- Ordeno celoso el pelinegro sin moverse un centímetro del pequeño cuerpo de la ojiblanca, la sintió estremecerse a sus palabras haciendo que su miembro se clavara fuertemente en la cama.

-Debería irme- Se atrevió a analizar en voz alta el rubio todavía admirando la blanca y aparentemente suave piel de la ojiblanca, sus delgados tobillos daban paso a su elegante pantorrilla que se definía perfectamente en alargados músculos, a pesar de lo que acababa de decir avanzo un paso hacia el frente.

-Das otro paso más y te juro que no podre controlar mis ganas de asesinarte- Amenazo roncamente el pelinegro sintiendo como el cuerpo de su amigo había avanzando hacia ellos. –Sal de la habitación ahora- Murmuro oscuro haciendo que por primera vez sus ojos se encontraran, vio la vergüenza aparecer en las bronceadas mejillas del rubio que sin decir nada mas regreso los pocos pasos que había dado llevándose consigo la pesada puerta dejándolos solo nuevamente.

-Sasuke- Volvió a sonar la voz de la ojiblanca ahora con un matiz de vergüenza haciendo que nuevamente se centrara en ella, apoyo ambas manos a los costados de su cabeza alzándose para ver como las sedas se habían empezado a amontonar en su estrecha cintura.

Su cuerpo recibió una descarga fría al sentir como el pesado pecho del pelinegro se separaba de ella, se mordió el labio por las ideas desvergonzadas que había tenido momentos atrás y no supo si dar gracias o maldecir la interrupción que habían tenido.

Sus rodillas cayeron fluidamente en medio de las delgadas y torneadas piernas de la mujer dándole total libertad para levantarse de la cama y poder admirarla un poco más, sus ojos recorrieron rápidamente la poca piel expuesta de la mujer centrándose en las marcas rojas en su cuello, ahogo sus deseos de volverla a tumbar en la cama cuando la sintió sentarse con dificultad, la nerviosa caricia de sus muslos al rozar sus costados para liberarse totalmente de la comprometedora posición de antes lo hizo cerrar los ojos con fuerza.

Jadeo sorprendida de ver como sus piernas aun luego de volver a estar unidas temblaban, y una presión se había instalado definitivamente en su bajo vientre sintiendo como unas ligeras palpitaciones vibraban en su intimidad, aliso un poco la seda y logro ponerse de pie recorriendo cada pliegue de la seda cuando caía en el lugar que le correspondía.

-Kami!- Gimió con voz ronca al fijarse en la oscura mancha de verde más oscuro en toda la seda que estaba cerca de sus muslos internos, la vergüenza la hizo temblar al tiempo que volvía a sentir el estremecimiento de saberse observada.

Sus ojos temblaron de deseo al reconocer la humedad de la intimidad de la ojiblanca marcarse descaradamente en la delicada seda de su vestido, una gran mancha de un verde más oscuro se extendía por casi todo el largo de la falda entre sus deliciosas piernas haciéndolo gruñir exasperado.

-Toma alguno de mis chalecos y cubre eso- Ordeno señalando desdeñosamente el baúl que estaba muy cerca de donde ella se encontraba, vio su perfecto e inocente rostro volver a colorearse intensamente y asintiendo pareció huir hacia donde le había indicado. –Kuso…- Maldijo muy bajo sintiendo como todo su cuerpo resentía la actividad que el mismo se había impulsado a tener, su virilidad latió con frustración golpeando el frente de la chaqueta que anteriormente había tomado para salir a llamar a la familia de esa bruja ante él.

Sus ojos no pudieron evitar rendirse a seguir sus nerviosos movimientos, fue consciente de las curvas que se escondían celosamente bajo sus vestidos vaporosos, y de cómo Deidara se había encargado de que todo su guardarropa cubriera todo lo que pudiera ser una tentación en ella pero, para el cada fina curva era muy clara, viéndola moverse con nerviosismo entre sus prendas, la veía sacarlas y amontonarlas en un lado sin dar con la que tal vez ella imaginaba seria la menos vergonzosa.

Su cabello ligeramente revuelto fue como un golpe en su entrepierna cuando ella segundos después se digno a ponerse de pie, la mancha pareció hacerse más oscura en los instantes que ella había permanecido agachada frente a su baúl y con satisfacción noto sus perfectos y blandos senos bailar irregularmente en su apretado corpiño, y fue consciente de un olor dulzón que había llenado toda la habitación, frunció el ceño intentando reconocerlo.

-Se… Se la devolveré… Luego... De… Lavarla- Su baja y nerviosa voz hizo que nuevamente se centrara totalmente en ella, se volvió a maldecir al ver su perfecto y pequeño cuerpo totalmente escondido bajo el pesado y oscuro pelaje de uno de sus abrigos de marta cibelina, descubrió entonces que el aroma que no lograba identificar debía ser la excitación de esa mujer, abrió los ojos algo confuso al darse cuenta que su excitación se había intensificado cuando estuvo buscando entre sus ropas.

-Mañana en la noche- Dijo como orden en su profunda y ronca voz haciendo brincar a la ojiblanca en su lugar. –Me lo entregaras- Agrego con un tono que hizo que las piernas de la pequeña mujer temblaran y el olor a su alrededor se hizo más intenso.

-Como… Como diga- Acepto de buena gana dándose la vuelta para dejar de avergonzarse por sus vulgares deseos, bajo su mirada intentando desaparecer la sensación de presión entre sus muslos que ahora surgía al solo escucharlo hablar.

-Lo traerás puesto- Dijo ya con su tono de voz inexpresiva viendo como la espalda de la ojiblanca se erguía ligeramente imaginándose como sus senos debieron subir un poco por el cambio de posición. –Solo eso- Concluyo como si fuera lo más común del mundo.

Aguanto un grito que quiso salir de sus labios y con dificultad asintió rígidamente abriendo la pesada puerta encontrándose de frente con la mirada expectante del permanente compañero del pelinegro, lo vio sonreír con cierta complicidad haciendo que su rostro volviera a tornarse caliente.

-Que pases buenas noches Hinata- Su voz sonó burlesca a sus espaldas haciéndola bajar más su mirada y empezar a marchar entre las sombras hasta su propia habitación, el ambiente refrescante de la noche golpeo sus sentidos regresándola completamente a la realidad, dándole a entender que ella no podría así lo deseara con cada célula de su ser ir a ver nuevamente a Sasuke Uchiha.

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Gomen! Me volvió a quedar súper largo el capitulo pero es que me inspire, en serio! Y lamento no haber terminado el lemon en serio, es que ellos son súper intensos juntos y tuve que cortar su fuego, gracias por sus comentarios y por los follow, me agrada saber que todavía tengo el toque para que disfruten lo que escribo.

Hime-23: ok, pensé que lo había planteado bien, Hinata es bruja y ella no quiso atacarlo a él, ella simplemente no controlo sus poderes y él era el único que estaba cerca y agarro la peor parte, por eso es que ella al final quiso salvarlo, porque en primer lugar no quería matarlo a él ni a nadie.

Estaré esperando por sus comentarios por esta nueva actualización, y que les va pareciendo la historia, no hay demasiado misterio ni huecos en la trama, simplemente son dos personas que no pudieron controlar el hecho de lo que estaban sintiendo por el otro, además de terminar de conocerse a sí mismos.