LA HISTORIA NI LOS PERSONAJES ME PERTENCEN LA HISTORIA ES DE KASEY MICHAELS

Y LOS PERSONAJES DE LA GRANDIOSA SM..

GRACIAS POR SU COMENTARIOS A LAS CHICAS QUE ME ESCRIBIERON AYER DISCULPEN QUE NO LAS NOMBRE PERO PROMETO EN EL PROXIMO NOMBRARLAS COMO ES DEBIDO


¡He dicho que éstas muy guapa con ese vestido! -repitió Bella, aquella vez medio gritando las palabras-. ¡El estilo sirena es perfecto para ti!

Dios. ¿Cómo se suponía que podía vender vestidos, hacer que sus novias se sintieran especiales, cuando tenía que gritar encima del ruido de los martillos y de las sierras eléctricas?

Bree Tanner se miró al espejo y sacudió la cabeza.

-El estilo está bien, pero le falta algo. A mi edad, necesito algo que aparte la atención de mi horrible cuello.

-Tu cuello no es horrible -le aseguró Bella, hablando una vez más por encima del ruido que hacía una sierra eléctrica.

-Bueno, de todos modos no creo que éste sea el adecuado. No obstante, resulta tan difícil concentrarse con todo ese ruido... ¿Qué es lo que está pasando aquí, Bella?

Mientras ayudaba a Bree a quitarse el vestido, Bella le explicó la obra que llevaba ya produciéndose tres interminables días y continuaría al menos durante otro mes. O eso era al menos lo que le había dicho Rose.

-Ahh... Albañiles. Cinturones de herramientas, vaqueros ceñidos y torsos desnudos. ¿Dónde están? -dijo Bree dirigiéndose a la ventana en sujetador, ropa interior y poco más. Apartó las cortinas e inclinó la cabeza hacia un lado para mirar hacia la parte trasera del edificio-. Oh, Dios mío...

Bella se agarró las manos para no tener que darle un puñetazo a algo. O a alguien. Se había quitado de nuevo la camisa. Menudo exhibicionista. Edward Masen. El dueño de la empresa de construcción. Dueño de su propia tableta de chocolate. Bree no era la única persona que tenia aquella reacción con Edward Masen.

-Sólo es un hombre sin camisa, Bree

-No. Mi Riley es un sólo un hombre sin camisa. Ése de ahí es una historia completamente diferente. ¿Te lo imaginas untado de mantequilla?

Bella se echó a reír.

-Bree, estás a punto de casarte.

De mala gana, Bree se apartó de la ventana.

-Sí, de casarme, no de morirme, aunque fue así como me sentía con mi ex. Se permite mirar no tocar. ¿Y tú? Ya sabes... ¿lo has tocado?

No porque no se me haya pasado por la cabeza, pensó Bella.

-No me interesa -dijo, como si la imagen no le afectara lo más mínimo.

-¿De verdad? ¿Estas enferma?

Bella parpadeó.

-No, ¿por qué?

-Porque si eso no te interesa, tal vez deberías considerar tomarte una vitaminas o algo así.

-No me puedo creer que trabajes en una guardería -comentó Bella mientras hacía que Bree levantara los brazos para poder meterle otro vestido de estilo sirena -. Menuda boca tienes.

-Es parte de mi encanto. Ah -dijo Bree pasándose las manos por ls caderas mientras Bella le abrochaba la cremallera-. Éste sí. Me encanta el cuello y el modo en el que parece darme la forma que prácticamente creí haber perdido después de mi tercer hijo.

Bree se miró por delante y por detrás un minuto entero. Bella sabía lo que estaba pasando. Rápidamente agarró el velo y se lo colocó a Bree sobre el cabello. Entonces, le entregó un ramo de calas moradas. Y un pañuelo de papel.

-Éste es el vestido que estabas buscando, ¿verdad? -dijo después de que Bree se secara las mejillas y se sonara la nariz.

Bree asintió. Evidentemente, no estaba segura de poder hablar. A pesar de toda insistencia en que sólo se trataba d una segunda boda, de una formalidad en realidad, y que no esperaba sentirse especial, Bree Tanner estaba empezando a sentirse de repente especial más especial. Toda las novias merecían sentirse así.

Bella la acompañó para que hablara con Sue de la posibilidad de ponerle un sujetador cosido al vestido y otros detalles del traje y luego se dirigió hacia su despacho. De repente, no se pudo contener más y giró a la izquierda para encaminarse hacia la parte trasera de la casa.

Inspeccionaba los progresos que se hacían todas las noches, pero había evitado hasta entonces salir al patio mientras los albañiles seguían trabajando. Ni les ofrecía de beber, ni hacía preguntas ni se quejaba del ruido. Y, sobre todo no miraba a Edward Masen sin camisa.

En realidad, lo había mirado en una ocasión. El día anterior por la tarde. Solo en esa ocasión se había subido a la segunda planta y lo había mirado desde una de las ventanas justo ese momento en el que él se levantaba la manguera y se vertía el agua por la cabeza para refrescarse. A continuación, sacudió la cabeza como un perrito para librarse del exceso de agua. Sin poder evitarlo, Bella había pensado que ella podía lamérsela. Luego, se había dado un bofetón imaginario porque ella jamás pensaba esa clase de cosas.

¿Quién pensaba así?

Probablemente Bree Tanner. Esa mujer se divertía más mentalmente de lo que Bella se divertía levantada y despierta.

Con una mano sobre el pomo de la puerta de su despacho, se le ocurrió un pensamiento. Manteniéndose alejada, ¿no estaba haciendo que resultara evidente que había una razón para hacerlo? Después de todo, una persona normal querría ver lo que los albañiles estaban haciendo con su propia casa.

Seguramente, él estaba allí afuera, riéndose de ella y pensando que la tenia bien asustada.

¡Que cara más dura tenía ese hombre!

Subió las escaleras de dos en dos y se dirigió a su cocina. Agarró la jarra de té helado que, casualmente habría preparado esa mañana, echó una bandeja entera de hielo y tomó unos vasos de plástico. Con todo aquello, volvió a bajar la escaleras antes de que pudiera cambiar de opinión.

Salió de la casa y se dirigió hacia el patio trasero. Lo hizo sin pensar, porque pensar era peligroso casi más que contar los músculos del torso de Edward Masen y seguir bajando hasta llegar a la tableta de chocolate.

-¿Alguien tiene sed? -dijo es voz alta, sonriendo a la cuadrilla en general, mirando a los cuatro hombres sin fijarse en ninguno-. He traído té helado.

Los cuatro dejaron sus herramientas y se acercaron a la mesa donde Bella había dejado la jarra y los vasos. Tres de ellos le dieron las gracias mientras se servían un vaso de té helado. Después, se dirigieron al extremo más alejado del patio para cobijarse bajo la sombra de un arce.

Edward Masen también se sirvió un vaso, pero permaneció donde estaba. Olía a sol y a colonia masculina mezclada con un poco de sudor. Ella tuvo que aclararse la garganta para poder hablar.

-¿Cómo... cómo va todo?

-No tan bien como habríamos esperado –le dijo, antes de vaciar el vaso con unos cuantos tragos. Bella observó como se movía la garganta y, de repente, también sintió sed-. Hemos encontrado madera podrida de la que tenemos que ocuparnos antes de poder seguir. Se lo dije ayer a Rosalie cuando estuvo aquí. ¿Se lo ha dicho a usted?

-No –respondió Bella mirando a su casa con preocupación-. No me lo ha dicho. ¿Se trata de algo serio?

-No lo sabremos hasta que descubramos un poco más pero no creo que sea una superficie demasiado grande.

-¿Lo justo para no encarecer demasiado la obra?

Edward sonrió. Sus ojos verdes relucieron cuando lo hizo. Bella jamás hubiera creído que le gustaran tanto eso ojos verdes.

-Eso también. El agua de la lluvia se ha colado entre los maderos originales y los que se añadieron después, lo que dio lugar al moho. El canalón también se ha desprendido un poco del tejado trasero, seguramente a causa de las heladas del invierno pasado. La pizarra del tejado está en muy buen estado. Es casi indestructible, por lo menos tiene eso a su favor.

-¿Y no es peligroso que haya moho? -preguntó Bella sentándose sobre el banco mientras trataba de hacer de hacer cálculos mentales-. ¿Hay que retirar todo el recubrimiento?

-Ésa es la buena noticia. Ya lo hemos quitado. Así es como hemos descubierto el daño que ha causado el moho y lo hemos retirado. Hemos remplazado los tablones que habían resultado dañados. Principalmente, lo que significa es que usted ha tenido que oír más martillazos durante los dos últimos días de los que esperaba haber escuchado.

-No había contado con martillazos de ninguna clase –admitió ella-. Yo más o menos había esperado que todo ocurriría mágicamente. Ya sabes, como si se tratara de unos duendecillos que se presentaran por la noche y al día siguiente, la ampliación ya estaría hecha.

-¿Duendecillos? ¿con martillos recubiertos de terciopelos?

-En realidad, con varitas mágicas –dijo Bella tratando de no sonreír-. Y alas. No se olvide de las alas.

-Estoy tratando de imaginar a Carlisle con alas -comentó él. Entonces, sacudió la cabeza-. No. No lo consigo.

-No creo que usted le sentara demasiado bien tampoco. Aunque los zapatos de punta podrían resultar interesantes. Mire... Yo... Yo... Siento lo de la otra mañana. Empezamos con mal pie, ¿no?

Edward sonrió. Maldita sea... ¡Tenia los dientes tan blancos! Bella trató de imaginárselo delante del espejo del cuarto de baño, limpiándoselos, pero no lo consiguió. Edward Masen era uno de esos seres humanos de belleza natural. No debería culparlo. Seguramente, él no podía evitarlo.

-No sé... a mí me pareció interesante. Nunca antes me había visto atacado por un mando a distancia.

-Normalmente, la primera impresión que causo es mucho mejor, aunque seguramente debería esta agradecida de que no me quedara dormida con el tubo de pegamento instantáneo en las manos.

-Se me ocurren cosas mucho mejores para llevar a la cama que el tubo del pegamento instantáneo.

Bella sintió que las mejillas se le sonrojaban.

Decidió no comentar nada al respecto.

-No me quedé dormida viendo la televisión en la cama, sino en el sofá porque se suponía que tenía que estar haciendo lacitos y pegándolos... No importa. Digamos que mi vida será mucho más fácil cuando termine esta obra y yo tenga mi espacio de trabajo.

-Tengo algo que decirle al respecto. Sólo he estado en el interior de la casa el día que Rosalie me la enseñó. Desde entonces, me he limitado a trabajar a medidas y los dibujos que hice aquel día, pero creo que podría tener una sugerencia mejor para la extensión desde el dormitorio hasta la oficina de la planta superior. Tendría más espacio para estanterías, que precisamente lo que creo que le gustaría tener allí.

-¿De verdad? Yo... mmm... supongo que podríamos entrar para ver a qué se refiere.

-¿No le importa ? -Rosalie me explicó que usted no quiere nadie en el interior durante las horas en las que esta abierta su tienda hasta que no sea totalmente necesario . Para eso falta mucho. Deje que vaya a por mis planos y me reuniré con usted en el interior.

Bella asintió. Él tomó su camisa y se dirigió hacia la parte más alejada del patio mientras ella pensaba en los pasos que había dado aquella mañana tras levantarse. Lo que recordaba era lo que había hecho con la ropa que se había quitado en la noche anterior antes de meterse en la cama. No tenía ningunas ganas de que Edward Masen viera un sujetador colgado del pomo de la puerta del cuarto del baño o algo por el estilo. Ese pensamiento hizo que se le rizara el cabello que con tanto cuidado había alisado aquella mañana.


REALMENTE DISCULPEN LA TARDANZA NO ERA MI INTENCIÓN ACTUALIZAR A ESTA HORA AQUÍ EN MI PAIS SON LAS 3:49 AM. SUCEDE QUE AQUÍ EN VENEZUELA TENEMOS REGULACIÓN DE HORA Y HOY ME TOCABA CASI TODA LA NOCHE.

EN FIN AQUI TIENEN EL CAPITULO Y LES CUENTO EL QUE VIENE ES CANDENTE!

SEÑORITAS YO TAMBIEN QUERIA LAMERLO CUANDO HIZO LO DE LA MANGUERA SI ES DEMASIADO BELLO ESE HOMBRE

ESPERO LES GUSTE NOS VEMOS MAS TARDE xD

SALUDOS A MIS AMIGAS LOS GRUPOS DE FACEBOOK

ESTOY QUE CAIGO DE SUEÑO

BESOS ANNY...:3