Gomen! No tengo sino simples disculpas ya que mi internet exploto y no he podido subir nada en ningún lugar aprovecho estos segundos robados de señal los aprovecho para casi terminar de subir este capítulo de mi short fic! En serio en mi próximo robo de señal actualizare mis dos historias pendientes! Naruto es de Kishimoto y la historia está basada en las novelas de Canción de Hielo y Fuego y son de su escritor! Ahora si Buena lectura!

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Sus ojos obstinados vagaron por quinta vez por el jardín principal de la fortaleza, hacia días que sabia ella evitaba tener cualquier tipo de contacto con él y eso aunque al principio le pareció entretenido ya había empezado a sacarlo de quicio, lo que más irritación le causaba era que extrañamente se había hecho cercana a los dos rubios que pasaban las tardes hablando de que sabe que en las amplias bibliotecas del castillo.

Rodo sus ojos al sentir como unos pasos relajados marchaban directamente hasta su posición, como todas las tardes desde que había decidido salir del confinamiento al que había aceptado estar sumido para curar definitivamente sus heridas, pero había algo extraño esa tarde, los pasos se habían detenido un poco más lejos de lo normal obligándolo a girarse hacia su intruso.

-No quise hacerlo, lo juro- Hablo rápidamente el rubio al ver como la rabia apareció claramente en las facciones del pelinegro, en sus manos descansaba burlescamente el pesado abrigo que había usado la ojiblanca para escapar de la habitación del Uchiha muchas noches atrás.

-Porque lo aceptaste entonces?- Se obligo a preguntar en el tono más distante que pudo mantener, se mordió el labio resintiendo definitivamente la amistad de esa maldita mujer con su mejor amigo. –Te dije que…-

-Ino fue quien me lo entrego- Aclaro entendiendo lo que había causado más incomodidad en el pelinegro. –Hinata no se siente cómoda en mi compañía- Volvió a decir perdiendo la cuenta de cuantas veces decía eso al día, intento en vano retener la sonrisa burlesca que escapo de sus labios al ver como el Uchiha se cruzaba de brazos y suspiraba resignado a estar perdiendo esa batalla.

-Que te hace esa rubia quejumbrosa que haces todo lo que te dice?- Interrogo ácidamente girándose nuevamente hacia el jardín principal, sus sentidos vibraron haciéndolo agradecer internamente no haber empezado su retirada como cada día.

-Ino no es quejumbrosa- Defendió el rubio tirando el abrigo de cualquier forma en la silla de pesada madera roja que descansaba a unos metros del pelinegro. –Tu eres demasiado amargado y lo sabes- Completo dándose por vencido, su amigo se había puesto rígido de golpe lo que indicaba que estaba observando a la ojiblanca.

-Tu eres demasiado condescendiente con esas dos- Le respondió distraídamente sintiendo con satisfacción la sorpresa de su compañero, ya había aprendido a controlar definitivamente el estado de vigilancia que despertaba la ojiblanca en el, dándole la libertad de poder interactuar con el rubio cada vez que ella aparecía y ellos estaban juntos.

-Por lo menos hablan conmigo no? Que puedes decir tu- Devolvió el golpe sonriendo más ampliamente al ver como las manos del pelinegro se cerraban con fuerza en el barandal que separaba el balcón del jardín donde seguramente estaba paseando la Hyuuga.

Gruño como respuesta admirando fijamente la delgada silueta de la ojiblanca, esa tarde llevaba un vaporoso vestido de seda en tonos rosados pastel, lo único que delimitaba alguna parte de su figura era una delgada cinta de oro que estaba justo bajo sus senos, su cabello nuevamente estaba recogido en un elaborado trenzado que simulaba una corona dejando totalmente expuesto su pálido y largo cuello, bufo al ver la marca ligeramente rosada ya casi desvanecida en su piel.

-Hasta cuándo vamos a jugar a esto Sasuke?- Se quejo seriamente el rubio, su cuerpo se había movido lentamente hasta quedar justo a su lado, siguió fugazmente la mirada del pelinegro encontrando la siempre agradable vista de la ojiblanca frente a uno de los arbustos de flores color lavanda. –Los Hyuuga deben estar próximos a llegar y tu orden fue…-

-Se cual fue mi orden Naruto- Lo corto exasperado desviando su mirada de la delgada mujer y centrándola totalmente en su amigo. –Le dijiste a Ino que está libre de mi compromiso?- Recordó ese detalle que suponía estaba creando esa distancia insípida de la ojiblanca hacia él.

-Ayer hablamos de eso- Confeso dándole la espalda al jardín y apoyándose en el barandal de bronce pulido. –Quiere saber si alguno de nosotros se quedara con la fortaleza y si ya no será tu esposa que pasara con ella- Sus ojos se negaban a fijarse en el pelinegro a su lado y prefirió admirar detenidamente los grandes floreros que estaban a cada lado de las puertas dobles de cristal del balcón.

-Que quieres hacer?- Consulto sin tener demasiados deseos de conservar aquella fortaleza en medio del mar, lo que realmente deseaba era volver a sus tierras frías. –Podría ser la regente de la fortaleza…- Divago admirando el perfil serio del rubio, lo vio fruncir el ceño y negar lentamente.

-Como sabremos que conseguirá un esposo digno de mantener todo esto sin querer deshacerse de ella?- Medito en voz alta pensando en cuantos guerreros de casa menores verían aquello como una oportunidad de tomar una fortaleza para sus propias ambiciones.

-Podrías quedarte aquí hasta que ella se casara… Podrías elegir a su esposo… Incluso si vienen los señores de las montañas tal vez haya alguien que te agrade lo suficiente- Soltó diferentes opciones sin realmente darle demasiada importancia a lo que llegara a pasar con esa fortaleza en medio del mar.

-Y tu? Vinimos aquí por ti recuerdas?- Se quejo abiertamente girándose para mirar fijamente al pelinegro. –Me dejaras todo eso a mí como si fuera mi problema-

-Te llevas mejor con ella de lo que yo jamás lo hare- Dijo queriendo acabar lo más pronto posible con esa absurda discusión. –Te recuerdo que ella ni siquiera me habla porque entregare a Hinata a su familia- Recordó con un tono de voz más rencoroso de lo que hubiera querido.

-Pelean demasiado Sasuke- Se rindió sin querer darle totalmente la razón al pelinegro, lo miro de reojo notando que estaba más en su mundo que en lo que estaban discutiendo. –Debes ayudarme entonces… Yo te ayude-

-Bien- Concedió con neutralidad intentando librarse rápidamente de la presencia de su amigo. –Pensaremos en alguien que le haga bien a Ino- Se explico dando por terminaba esa conversación.

-Gracias- Acepto el rubio entendiendo que no recibiría nada mas del pelinegro, separo su cuerpo de las rejas y empezó una marcha cansada hacia el interior del castillo, sus ojos se desviaron nuevamente el abrigo tirado de cualquier forma en una de las sillas y con una idea más divertida que malvada lo tomo entre sus manos.

Sus sentidos le indicaron que no estaba completamente solo pero al parecer el rubio se resignaría a ser una compañía silenciosa durante todo lo que el decidiera estar en ese lugar, sonrió de lado al ver como las mejillas de la ojiblanca estaban de un rosado permanente, sabía que la observaba y sin embargo hacia como que no le importaba, como si no le causara ningún efecto permanente.

"Que clase de magia es esta" Se pregunto centrándose totalmente en ella, en sus formas de mujer demasiado joven, se tenso al verla tropezar ligeramente con alguna raíz, casi pudo escuchar el suspiro de alivio que debió soltar al no caer en la grama siempre húmeda, sus gestos siempre delicados y pausados la llevaron a quedar justo bajo el balcón detallando como ella tomaba distraídamente unos zapatos de piso y empezaba a colocárselos con elegancia mostrándole sus pálidas y firmes pantorrillas haciendo que nuevamente el calor en el empezara a asfixiarlo.

-Me lo agradecerás después- El tono burlón de la voz del rubio lo hizo abrir los ojos con sorpresa al ver como algo oscuro pasaba rozando su hombro y cara y caía al vacio totalmente inerte, se giro rápidamente viendo como una sonrisa traviesa bailaba en el rostro de su amigo y desaparecía totalmente tras las puertas de cristal de ese balcón.

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Suspiro derrotada al ver como el perfil intimidante del pelinegro sobresalía de ese nuevo lugar desde donde parecía vigilar todo lo que sucedía en la fortaleza, cerró los ojos y negó frenéticamente intentando liberarse del nudo que rápidamente se había empezado a formar en su vientre, se sentía la mujer más vulgar y descarada de todas.

-Debes controlarlo- Se dijo dándose ánimos y pretendiendo ignorarlo una vez más, se inclino a un lado para soltar sus delgadas sandalias y empezó su rutinaria caminata por el agradable jardín, el aire salado la golpeo lánguidamente dándole la impresión que pronto llegaría una tormenta, se estremeció recordando los sonidos del mar contra las paredes de roca oscura y resbaladiza que rodeaba la fortaleza produciéndole pesadillas y noches de desvelo cada que una tormenta amenazaba el castillo.

Sonrió satisfecha de ver que todavía quedaban algunas rosas lavanda en su lugar favorito y con cuidado marcho a su encuentro desligándose totalmente de su nerviosismo anterior, un suspiro feliz escapo de ella cuando llego junto al arbusto dejando que sus dedos acariciaran el terciopelo de los pétalos, los sonidos de los pequeños habitantes de ese paraíso la hacía recuperar la calma que cada día le era más difícil de mantener, su mente viajo nuevamente al momento en el que Naruto había entrado a la biblioteca diciendo que los señores de la montaña llegarían lo más pronto posible a la fortaleza, alejándola definitivamente de esas búsquedas infructuosas que la rubia se dignaba a realizar.

-Para que necesito saber de dónde provienes?- Se pregunto admirando sus manos con reproche, su cuerpo pareció responder pues un hormigueo frio paseo por la punta de sus dedos al tiempo que su columna aguantaba la nueva descarga de saberse detallada por los ojos negros a unos metros por encima de ella, se mordió el labio conteniéndose el deseo de subir su mirada y encontrarse con la de él, un jadeo escapo travieso por sus labios intensificando el palpitar en su intimidad.

-Que pesadilla- Se dijo totalmente frustrada y empezando a caminar para salir del jardín, ese día parecía estar más sensible a esa mirada que sabia estaba empezando a perder la paciencia. –Debo enfrentarlo y decirle… Decirle… Que exactamente?- Ante sus propios confusos pensamientos su determinación volvió a flaquear, uno de sus pies se enredo descuidadamente con alguna piedra o raíz casi haciéndola caer.

Abrió sus piernas en un intento desesperado por recuperar el equilibrio y sonrió para sí misma al saber que había salvado ese bello y pálido vestido de terminar cubierto con grama y lodo por no evitar ni un día sus paseos por los jardines, bajo su mirada detallando que realmente la vaporosa y casi traslucida seda no se hubiera manchado de ninguna forma y noto una ligera línea de lodo en el borde del vestido que arrastraba.

Frunció el ceño por sus distracciones y se decidió a ponerse los zapatos que reservaba para sus paseos en los jardines, así logro alzarse un poco en estatura y no ensuciarlo demasiado, se giro notando el par que guardaba para ese sector y avanzo insegura hacia ellas pues sabía que estaría totalmente bajo el lugar donde sabia estaba apoyado el pelinegro.

-Hazlo rápido- Se dijo estirando sus manos y tomando el par casi nuevo que estaba escondido en el muro bajo que rodeaba el primer piso del castillo y daba total acceso a cada sector del jardín que se extendía por casi media propiedad.

La brisa marina llevo los olores de las flores a su alrededor turbando sus sentidos y con nerviosismo logro colocarse el par de zapatillas, bufo un poco insatisfecha al saberse completamente sola, la mirada del pelinegro parecía haber desaparecido en algún punto de su tropiezo y ese instante, arrugo el ceño sin comprender sus propios sentimientos contradictorios y avanzando un nuevo paso decidió alejarse por los pasadizos secretos del jardín, una sombra cubrió todo el espacio donde estaba parada haciéndola subir la mirada y viendo como la oscuridad se acercaba rápidamente a ella.

-Que…- No pudo terminar de hablar pues la suave y pesada prenda cayo completamente en su cabeza haciéndola caer sobre su trasero, gimió todavía perdida en la oscuridad del abrigo, abrió los ojos sorprendida y sus manos se movieron con torpe rapidez para lograr dar con la luz de la tarde.

Se removió lo último de la cálida tela dejando al descubierto su rostro al sol, soltó el aire que había estado conteniendo y alzo su mirada perlada encontrándose con la oscura del pelinegro que la observaba detenidamente, por un instante descubrió algo parecido a la culpabilidad en sus ojos pero la expresión de burla cubrió todo su elegante rostro en segundos haciéndola sentir humillada.

-Que… Que cree que hace?- Se digno a decir alzando ligeramente su tono de voz, sus ojos se negaban a separarse de los de él y aunque sentía la humedad de la grama filtrarse por el vestido no se movería ni siquiera un centímetro.

-Lo mismo digo- Se limito a contestar todavía con el gesto de prepotencia adornando sus facciones haciéndola sonrojar de rabia, lo vio sonreír con malicia obligándola a contener la respiración controlando el temblor de sus piernas.

-Acaba de arruinar este bello vestido- Se quejo dignamente y como pudo se puso de pie llevándose consigo el gran abrigo. –Y también ensucio el abrigo- Agrego al sentir la ligera humedad en una de las inmensas mangas que la rodeaba todavía por los hombros.

-Entrégamelo- Ordeno la ronca voz del pelinegro haciendo que nuevamente la electricidad golpeara su cuerpo, abrió su boca para responderle pero se limito a alzar su vista nuevamente y retarlo silenciosamente. –Sube mi abrigo Hinata- Ataco al no sentirse ni un poco intimidado por el infantil gesto de la ojiblanca.

-Cuando lo vuelva a limpiar- Se resigno a decir mordiéndose ligeramente el labio inferior, se acomodo lo mejor que pudo el largo y pesado abrigo a su alrededor y se giro sobre si misma empezando a alejarse de ese balcón.

Sus oscuros ojos se cerraron ligeramente al verla girarse y ver como la humedad de la grama hacia que la seda se pegara a su tersa piel, gruño entre dientes y maldiciéndose por ser tan débil a sus deseos carnales se acerco a una de las columnas y en un ágil movimiento se apoyo en la delgada baranda que rodeaba ese segundo piso.

Su corazón estaba latiendo desenfrenadamente en su pecho haciéndola sentir totalmente fuera de lugar, había empezado a odiar no poder contenerse cerca de ese perfecto hombre, una corriente de aire antinatural el golpeo en la espalda justo cuando un sonido amortiguado de algo cayendo llegaba desde su espalda.

-Kami…- Suplico entre dientes presintiendo que el pelinegro había decidido actuar en consecuencia a su estupidez, apretó sus manos sobre el grueso abrigo intentando de esta forma calmar la ansiedad que había logrado congelarla en su posición, su piel hormigueo amenazante haciendo que cerrara los ojos a lo que sabía estaba por venir.

Su cuerpo aterrizo perfectamente en la fresca grama del jardín, sus músculos se relajaron al erguirse toda su estatura, sus ojos barrieron rápidamente el pequeño paraíso de la fortaleza encontrando el inmóvil cuerpo de la ojiblanca a solo unos metros de su posición, sus manos ardieron al saber que iba a tocarla y maldito fuera el que osara interrumpirlo esta vez.

Se movió sigiloso, tal como haría un depredador al encontrar la presa que había estado persiguiendo, el aroma a flores que llenaban sus sentidos no pudo disimular el olor dulzón que sabia provenía de la ojiblanca, apretó sus dientes jurándose mantener la compostura la mayor cantidad de tiempo posible.

-Déjeme- La voz ronca y nerviosa llego a sus oídos justo cuando él pretendía tomarla por los hombros deteniéndolo momentáneamente. –No sé que me hace pero no me gusta- Confeso girándose sobre sí misma para ver fijamente al pelinegro.

-Que?- Soltó algo confundido al ver como los grandes ojos de la menuda mujer temblaban al estarlo viendo tan intensamente, sus mejillas estaban totalmente rojas y su cabello estaba un poco desordenado, probablemente por el roce del grueso pelaje que cayó sobre ella.

-Lo que escucho…- Dijo en un tono más bajo, se mordió nuevamente el labio y trago grueso sin atreverse a dejar de mirarlo, aterrada lo vio avanzar un nuevo paso hacia ella que se regaño por no retroceder.

-Repítelo- Reto con suficiencia al ver como su pequeño cuerpo vibro al sentirlo nuevamente cerca, su pequeña boca quería mentirle pero él veía mas allá de sus palabras, el veía a su cuerpo reaccionar a su cercanía y con seguridad dio un nuevo paso rozando ligeramente los senos de ella con su estomago.

No pudo contener el jadeo que su boca dejo escapar al sentir su piel quedar tan cerca de la piel del pelinegro, sus ojos se abrieron horrorizados al saber que lo deseaba, deseaba desesperadamente que él se acercara mas, que el llenara su piel con un calor que ella quería conocer, un calor que pasaba bajo su piel y encendía la sangre que corría por sus venas.

-No…- Su voz fue un susurro al viento, se mareo ligeramente al percibir como las manos del pelinegro se levantaban y se acercaban a ella, cerró los ojos intentando desesperadamente mantenerse lo suficientemente fuerte para conservar su pudor ante ese hombre.

Un sonido gutural escapo del fondo de su garganta al verla rendirse a él, sus manos quemaron al posarse sobre las tersas mejillas de la frágil mujer y se regocijo internamente al sentir como esta suspiro a su contacto y su cuerpo empezó a temblar ligeramente, se inclino rápidamente cortando definitivamente la distancia entre sus rostros.

El contacto le llego tan fuerte que casi cae de espaldas, los demandantes labios del pelinegro reclamaron su boca con ferocidad, sus manos dejaron de apretar el abrigo y por instinto las subió hasta apoyarlas en los anchos hombros del pelinegro intentando sujetarse a él y no caer en su intenso arrebato, la suavidad de la lengua del hombre delineo sus labios haciéndola jadear y logrando que abriera su boca ligeramente.

La sintió temblar con tanta fuerza que sus brazos bajaron a sostenerla por la cintura pegando nuevamente ese pequeño cuerpo al suyo, un ardor sofocante cubrió su piel en donde ella estaba apoyada, se apretó mas a ella sintiéndola jadear nuevamente contra sus labios, su carnosa lengua empezó a devolver lentamente el arrebato de posesión con el que había entrado en ella.

Se apoyo en la punta de sus pies haciendo que sus manos llegaran un poco más arriba maravillándose por la sensación de ese sedoso cabello negro entre sus dedos, aplasto conscientemente sus senos al estomago el hombre sintiendo una satisfacción vergonzosa al sentir como algo se presionaba insistentemente contra su propio estomago, un gruñido salvaje quedo atrapado en su boca haciendo que toda su piel picara, despertando en ella la urgencia de tocar esa piel tan caliente que lograba derretirla por dentro.

Su mente lucho por mantener el control perdiendo estrepitosamente al instante en que las pequeñas y temblorosas manos de la ojiblanca se deslizaron bajo la chaqueta de cuero que siempre cubría su casi desnudo pecho, sintió un camino de fuego marcado por esas delicadas puntas de dedos que se hundieron en sus hombros haciendo pequeños círculos y deslizando las uñas por su piel en un intento de mantenerse pegada a él, no pudo controlarse más y con un ágil movimiento deslizo sus manos en caminos contrarios, llevo una hasta su nuca aplastándola totalmente contra su cara y la otra hasta su firme y redondeado trasero elevándola fácilmente del suelo.

Gimió entre sorprendida y satisfecha al sentir como sus pies dejaban de estar apoyados en el suelo y su instinto volvió a controlarla llevándola a enrollar sus piernas en la firme cadera del pelinegro impulsándose hacia arriba para que su rostro quedara a la misma altura que la del Uchiha sintiéndolo morder fuertemente sus labios.

-Que tenemos más cerca- Gruño roncamente al reconocer que todavía estaban en medio del jardín y necesitaba con urgencia asfixiante desnudar a esa pequeña bruja blanca que se retorcía entre sus brazos.

-Ah?- Sus sentidos se turbaron al sentir ese cálido aliento chocar contra su boca, se separo un poco viendo maravillada como por primera vez podía ver al mismo nivel el rostro del pelinegro, su mente la hizo reaccionar a la pregunta y con vergüenza se dispuso a responder. –No lo sé… Mi Habitación está al otro lado del castillo-

-Demasiado lejos- Murmuro inclinando su rostro y clavando sus dientes en el fino cuello de la ojiblanca, sintió como los dedos de ella se apretaron sobre su cuello presionándolo contra ella. –Piensa…- Le ordeno mientras se dedicaba a saborear toda la piel que tenía a su alcance, paseo rápidamente la mano que descansaba en la nuca y deslizándola por su estrecha espalda asegurando totalmente su trasero entre sus anchas manos presionando con fuerza esa húmeda intimidad contra su abdomen desesperándolo al saberla tan lista para recibirlo en su interior.

-No… No puedo- Admitió escondiendo su rostro en el cuello del pelinegro maravillándose con la esencia picante que parecía brotar de su piel. –Una sala… Esta cerca- Recordó la pequeña y casi privada sala de lectura que muy pocas veces se había dignado a visitar.

-Donde- Murmuro deslizando sus dientes sobre la yugular de la mujer sintiendo como ella se apretaba mas a él con cada caricia que le daba, sonrió satisfecho al sentir sus grandes y suaves senos pegarse totalmente al comienzo de sus pectorales, rozando ese terso nacimiento con su piel descubierta.

-Detrás… De ti- Dijo con dificultad al tiempo que sus sentidos se nublaban al sentir su delicada piel restregarse a la piel del pelinegro haciendo que el nudo en su vientre se hiciera insoportable.

La libero por unos segundos de su tortura y levanto totalmente su rostro para poder ver a donde debía ir, se giro con ella muy pegada a sí mismo, tan ligera que no le costaba nada avanzar a grandes zancadas hasta el lugar que tenía una vaga idea de donde se encontraba, extendió sus sentidos intentando encontrar a alguien vagando por esa parte del castillo complacido por la elección totalmente aislada de la mujer entre sus brazos.

Su cuerpo se pego completamente al torso del pelinegro al sentirlo empezar a moverse, sus anchas manos cubrían casi en su totalidad todo su trasero haciéndola sentir totalmente una mujerzuela, enterró su rostro en el hueco del cuello del pelinegro llenándose nuevamente con su aroma alejando esos pensamientos pudorosos de ella, se atrevió a subir una de sus manos acariciando lentamente el cuello del hombre y enredando sus dedos en su los mechones que tenía a su disposición, suspiro sobre esa caliente piel sintiéndose repentinamente poderosa al ver como la blanca piel se erizaba ante su aliento y tomando una respiración superficial clavo sus dientes en el.

Ronroneo satisfecho al imaginar los dientes blancos de la mujer clavarse en su piel, los sintió tan intensamente que tuvo que apoyarla contra las puertas de la sala de lectura para poder cerrarlas y estar definitivamente a solas con ella, su ansiedad tomo control de sus manos y con agilidad deslizo su agarre de su redondo trasero acariciando hacia arriba haciendo que poco a poco ella lograra apoyarse en el suelo pulido de la habitación.

-Que…- Pregunto un poco confundida y todavía deseosa de mas contacto con su piel, sus ojos estaban fijos en la blanca piel que tenía a su altura, detallo por primera vez las correas de dagas escondidas bajo su abrigo y no queriendo contenerse deslizo sus manos buscando donde podía liberarlas para tener más piel de el que ver.

Dejo caer su cabeza hacia atrás dejándola hacer sobre él, no podía entender como alguien en exceso inocente tenia tanto valor para expresar abiertamente su curiosidad, sus hombros fueron liberados en un rápido movimiento de la chaqueta sintiéndola bajar por sus brazos haciendo hormiguear su piel justo cuando la prenda chocaba contra el suelo, sin pensarlo levanto sus brazos apoyándolos por encima de la cabeza de la menuda mujer para poder mantenerse de pie.

-Kami…- Gimió totalmente excitada al ver como cada musculo se marcaba perfectamente bajo esa blanca piel, sus hombros se tensaron al momento que sus pesadas manos cayeron por encima de su cuerpo levantándose como una casa sobre ella, las correas negras atravesaban diagonalmente todo su pecho y apretaban aun mas sus músculos, llevo sus manos donde vio los seguros haciéndolas caer en instantes a su alrededor, el metal chocando con la piedra pulida pareció crear una vibración que despertó cada célula de su piel empujándola a pegarse a esa marcada piel.

Un nuevo ronroneo salió de sus labios al sentir como las pequeñas manos dejaban caricias frías por donde tocaba, noto como ella había liberado un poco de su poder congelante pero estaba demasiado caliente para que el contacto frio produjera algo más que deseo, el roce de algo húmedo en su estomago lo hizo centrar su mirada en ella excitándose completamente al ver la punta rosada de la lengua de ella marcar un camino mojado entre sus pectorales y bajando nuevamente hasta sus abdominales, las uñas de ella se enterraron a cada lado de su cadera cuando delineo el borde de su pantalón enloqueciéndolo.

Las ásperas manos del pelinegro cayeron en sus hombros empujándola totalmente contra la puerta, rodo su mirada por el amplio pecho impaciente y deseosa por mas para segundos después quedarse congelada ante la intensa oscuridad que la miraba desde arriba, su rostro tenía un muy ligero tono rosado en sus mejillas haciendo que entreabriera su boca sin poder controlarse, reconoció la lujuria en el brillo cristalino de esos ojos y sin saber porque dejo que sus hombros y cabeza cayeran sensualmente contra la madera invitándolo silenciosamente a admirarla.

-Sabes…- Soltó de pronto la ronca voz del pelinegro que no podía separar su mirada del menudo cuerpo de la ojiblanca, sus perfectos senos cubiertos con un ligero rubor y una capa de sudor lo hizo desear romper la seda y sonriendo con malicia bajo sus manos para tomar con ambas palmas la redondez de su pecho. –Eres demasiado peligrosa para tu propio bien Hinata- Advirtió apretando la suavidad entre sus manos viéndola inclinarse más hacia atrás y sus piernas se abrieron un poco más para darle un mejor apoyo.

Jadeo al sentir como ahora sus senos también dolían al contacto, deseaba que esas grandes manos tocaran su piel desnuda y movida por sus propios deseos llevo sus manos hacia su espalda encontrando la trenza de seda que liberaría totalmente el vestido de su cuerpo, solo logro bajarla un poco cuando las manos del pelinegro detuvieron su acción confundiéndola.

El apretado vestido se libero dándole la agradable vista de la unión de sus senos obligándolo a encontrar sus manos en la espalda de ella para detenerla de su acción de desnudarse definitivamente, él quería disfrutar sin prisas de ese perfecto cuerpo y tomando su propio deseo irrefrenable logro volver a apretar el vestido escondiendo nuevamente su suave piel, bajo su rostro hasta dejarlo a unos milímetros del de ella y con satisfacción la sintió besarlo con desespero, sus pequeños brazos volvieron a rodearlo turbándolo nuevamente y como pudo la separo ligeramente para verla a los ojos.

-Camina hasta mi habitación y quítate ese incomodo vestido- Ordeno con voz ronca viendo como ella se sobresalto a sus palabras pero asintió justo cuando sus mejillas alcanzaban un nuevo tono de rosa oscuro.

-Que… Que harás tu?- Se atrevió a preguntar sintiendo como la nube de lujuria empezaba a despejarse de su cabeza llenándola nuevamente con su pudor natural, vio como el pelinegro pareció reconocer su cambio y con rapidez se volvió a ver aplastada entre el grueso cuerpo del pelinegro y la madera de la puerta.

-Quiero disfrutarte con mucha calma Hinata- Reconoció deslizando una de sus manos hasta su intimidad y empezando a acariciar sobre la seda la hizo volver a su estado de dolorosa anticipación, su humedad fue tan embriagante que casi dudo el poder tener fuerza suficiente para no tomarla en ese lugar.

-Quiero… Quiero poder tocarte también- Su revelación lo golpeo como si una onda de calor lo hubiera abofeteado, sus ojos se encontraron con los tímidos de ella haciéndolo apretar los dientes para separar su mano del interior de sus muslos.

-Tienes menos de un minuto para llegar sino… Te tomare en las escaleras- Amenazo viendo con celosa posesión como al contrario de asustarla ella solo se excito aun mas y con un simple asentimiento de cabeza salió de la sala para casi echar a correr por los pasillos hasta su destino, el aroma dulzón que llenaba sus sentidos lo perturbo descubriendo ansiando demasiado tomar ese pequeño cuerpo.

Bufo con frustración agachándose para tomar tanto sus arneses como la chaqueta y salir definitivamente de esa pequeña sala que sabia seria su próximo objetivo, se torturo imaginando ese pálido cuerpo totalmente expuesto sobre la gran mesa de roble en medio de la habitación, imagino con una puntada dolorosa en su virilidad cuan rosados debían ser sus pezones y el mismo tono debía esconderse entre sus firmes pero suaves muslos.

-Sasuke?- Una aguda voz lo golpeo haciendo que un dolor de cabeza explotara al saberse nuevamente interrumpido, posiciono la chaqueta y los arneses justo delante de su excitación para ocultarla de la mujer que acababa de llegar.

-Que necesitas?- Pregunto bruscamente haciendo que la recién llegada se congelara en su posición a unos metros de él, sus ojos azules parecieron un poco perturbados pero al final dejaron ver la tranquilidad de mantener la distancia con él.

-Necesito mostrarte algo- Admitió juntando sus manos a nivel de su estomago resaltando ligeramente los redondos senos rosados que coronaban su delgada figura, arrugo la nariz necesitando con urgencia ir hasta su habitación.

-Puede esperar cierto?- Se atrevió a ofrecer viendo como ella alzo una ceja incrédula a su tono de voz. –Necesito hacer algo primero- Explico regañándose mentalmente por estar dando más explicaciones de las necesarias.

-Yo… Bueno creo que si- Respondió dudosa retrocediendo un paso para alejarse definitivamente de él, escucho como el pelinegro suspiro aliviado y se obligo a centrar nuevamente su atención en el. –Has… Visto a Hinata?- Se atrevió a cuestionar clavando su mirada en los ojos cristalizados del pelinegro.

-No- Dio como simple respuesta dándose la vuelta sin esperar una nueva respuesta, haciendo que solo en ese momento la rubia se diera cuenta que estaba totalmente desnudo de la cintura para arriba, cubrió su boca con las manos conteniendo el grito de vergüenza que quiso escapar de ellos y sin esperar a que el desapareciera completamente se giro y empezó a marchar en la dirección contraria.

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Su piel hormigueaba al sentir el frio contacto de la brisa pasear con pesadez por su cuerpo, todavía su respiración estaba agitada y toda ella estaba sensibilizada a un punto que no sabía era posible, avanzaba con prisa pero sin ´llegar a correr por la amplia sala principal del castillo buscando las escaleras que la llevarían a la habitación que sabia había tomado el pelinegro para sí.

Deteniéndose justo en la entrada del pasillo lleno de escaleras dudo si cumplir la orden del hombre, estaban totalmente separados y ella podía perderse nuevamente no cumpliendo con los caprichosos designios del Uchiha, suspiro bajando su mirada y viendo como su vestido estaba mojado en diferentes partes y un poco revuelto rindiéndose a la realidad que su condición le presentaba.

"Creo que lo deseo más de lo que él podría estarlo deseando" Se confesó avergonzada de saberse totalmente desesperada por sentir nuevamente el cuerpo del pelinegro pegado a ella, sus dedos picaron al recordar la sensación caliente de su blanca piel bajo su tacto y con decisión empezó su marcha hacia el lugar elegido.

Su mente empezó a traicionarla anticipándose a lo que estaba por pasar, recordaba sombras de su pasado indicándole que su padre no estaría nada satisfecho al saberla entregándose a alguien que no era su esposo pero se sorprendió al darse cuenta que esa situación no le interesaba en lo mas mínimo, su nodriza le había comentado superficialmente lo que un hombre y una mujer hacían cuando se encontraban en la soledad de una habitación previniéndola de lo que podría intentar Deidara con ella.

-Y casi lo logro- Se atrevió a reconocer recordando fugazmente el día que había conocido al pelinegro, todavía había noches en las que soñaba con ese momento, donde las grandes y suaves manos del rubio habían paseado por su piel llenándola de un miedo que había logrado congelarle hasta la columna vertebral, cerró los ojos y negó frenéticamente haciendo a un lado esos momentos que sabia no regresarían jamás.

-Hinata?- La voz ronca del otro guardián de la fortaleza la sobresalto haciendo que se girara levemente para verlo aparecer en el camino de unas escaleras que abrían un camino oscuro a niveles superiores de la habitación que estaba buscando. –Que haces aquí?- Volvió a hablar avanzando a paso rápido hacia ella.

Se sonrojo al sentir como se acerco demasiado a su sensibilizada piel, sus ojos encontraron los del rubio abriendo y cerrando la boca con vergüenza al saberse descubierta, mordió su labio con fuerza obligándose a responder alguna cosa a sus preguntas.

-Yo… Vine a…- Tartamudeo subiendo un nuevo escalón quedando a pocos centímetros del rubio, su cuerpo vibro ansioso al verlo avanzar hasta ella un simple paso, estirando una de sus manos para tomarla del brazo. –Busco a Sasuke!- Soltó casi en un grito viendo como la mano se detenía antes de tocarla haciéndola sentir agradecida.

-Nunca esta a estas horas en su habitación- Respondió distante volviendo a llevar su brazo al costado de su cuerpo, detallo entonces el cabello revuelto de la frágil mujer ante él y su pálido vestido un poco más suelto de lo que recordaba, la sangre hirvió en sus venas al reconocer la excitación de la mujer flotar a su alrededor haciéndolo apretar los dientes.

-Yo… Lo… Esperare- Agrego nerviosa, su cuerpo se inclino en forma de despedida y sin esperar alguna respuesta casi corrió hasta la pesada puerta que separaba definitivamente al mundo de lo que ella estaba dispuesta a hacer.

Su cuerpo se tenso al verla moverse con tanta agilidad, su vestido totalmente manchado de verde y humedad en toda la extensión de sus torneadas piernas se pegaban indecorosamente a ella mostrándole nuevamente la forma de aquellos muslos que estaba seguro nunca podría conocer.

-Dobe…- La profunda voz de su amigo llego a él con un ligero tono de advertencia, se giro encontrando instantáneamente sus miradas detallando la desconfianza que sabia le provocaba verlo a esas horas por la torre de las habitaciones. –Que…-

-Vine a buscar la espada a mi habitación- Se apresuro a responder obligando a su cuerpo a avanzar pesadamente, su piel ardía impotente al entender la aparición del pelinegro, frunció el ceño y bajo su mirada avergonzado por esos sentimientos que la ojiblanca todavía despertaba en el.

Sin pensarlo su mano voló para sujetar el brazo del rubio deteniendo completamente su extraña huida, sintió como ante su agarre este jalo su brazo intentando alejarse pero cerró con más fuerza sus dedos cortando definitivamente cualquier intento de escape.

-Que pasa Sasuke?- Dijo intentando contener la molestia que sabia estaba totalmente infundada, volvió a jalar su brazo pero los dedos presionaron mas fuerte mandando una corriente de dolor por todo su hueso. –Necesitas algo de mí?- Ataco girándose definitivamente para encarar las inexpresivas facciones del pelinegro.

Sus ojos pasearon rápidamente por el rostro de su amigo de toda la vida, encontrando la molestia que sabia le producía entender que él había reclamado a la ojiblanca para sí y a pesar de la distancia que sabia había marcado la mujer, la atracción que sabia tenía el rubio por la Hyuuga hizo que nuevamente una llama de posesión lo obligara a delimitar en voz alta su derecho sobre ella.

-Lo siento- Soltó sorprendiéndose a el mismo, sus ojos negros estaban fijos en los rasgos ahora confusos del rubio reconociendo que se disculpaba por tomar algo que sabia Naruto deseaba sinceramente.

La confusión le dio rienda suelta a la frustración que tenia con su amigo de toda la vida, gruño liberando definitivamente su brazo y empujando un poco el pesado cuerpo del pelinegro se lanzo sobre el presionando su antebrazo sobre el cuello de su contrario.

-Siempre hemos hecho todo a tu conveniencia, siempre Sasuke- Le reclamo sintiendo como la rabia empezaba a nublar su raciocinio y el hecho de tener que controlarse para no cortarle la garganta allí mismo. –Y entonces atacamos este maldito lugar, por una mujer, la cual esta convenientemente sentada en la biblioteca de la fortaleza que fue toda su vida su hogar para que? Para que tú subas y estés con esa bruja- Casi grito lo ultimo sintiendo como sus músculos se tensaban con cada segundo que pasaba.

-No conozco a Ino- Dijo ligeramente liberándose de la posible culpabilidad que tal vez quiso sembrar Naruto en el. –Y si, Hinata es una bruja y el hecho de que Ino esté en la biblioteca es porque desea ayudarla a comprender lo que es- Hablo fluidamente sin apartar su oscura mirada de la azulada ahora incrédula de su amigo.

Su mano se cerró violentamente en un puño que se estrello justo sobre la boca del pelinegro, sintiendo el crujido de hueso chocando contra hueso, su cuerpo grito pidiendo más violencia y cuando se dispuso a lanzar el segundo sintió como en un ágil movimiento del pelinegro sujeto sus muñecas y se giro sobre si mismo golpeando bruscamente su pecho y su rostro contra la pared del pasillo.

-Suéltame!- Grito frustrado el rubio sintiendo el irregular borde de la piedra clavarse en su piel, intento impulsarse hacia atrás pero la presión en su pecho se hizo más fuerte sacándole el aire. –Tu… Kisama… Siempre has sido un egoísta! Debías cumplir tu parte con Ino… No andar con la zorra de Deida…- Su frase no termino pues la gran mano del pelinegro había tomado su cabeza y la había aplastado definitivamente contra la roca rasguñando su piel.

-Nunca vuelvas a decir eso- Lo amenazo con voz oscura sintiendo como su cuerpo reacciono a la idea de otra persona sobre el cuerpo de la ojiblanca, un instinto primitivo calentó su cuerpo dándole a entender que su lugar era con la Hyuuga. –Jamás y escúchalo bien… Jamás volverás a mencionar que si acaso ese kisama estuvo alguna vez cerca de ella… Es mía entiendes?- Sus palabras roncas golpearon los sentidos del rubio al tiempo que empujaba mas su siempre agradable rostro contra la piedra.

Coloco sus manos justo debajo de su pecho y utilizando toda su fuerza física logro empujar el pesado cuerpo del pelinegro haciendo que se tambaleara por un instante, se giro sintiendo un ligero camino de sangre bajar desde su pómulo hasta su barbilla viendo con frustración la fiereza que tomaba al pelinegro cada vez que se hablaba de la ojiblanca.

-Ella te consumirá como le hizo a Deidara y te dejara… Cuando alguien más llegue a rescatarla- Ataco con un tono de burla que hizo al pelinegro aguantar la respiración, trago con fuerza sin siquiera pensar en limpiar la sangre que ya había empezado a manchar su ligera camisa blanca.

-Sasuke?- Una suave voz hizo que el pelinegro se girara un poco encontrándose a la pelinegra parada justo frente a la puerta de su habitación, apretó sus dientes al ver como su siempre liso cabello caía en cascadas onduladas a cada lado de su rostro cubriendo todo su pequeño torso hasta el comienzo de sus caderas. –Que ha pasado? Naruto?- Pregunto desviando su mirada perlada al rubio que estaba un poco más abajo del pelinegro.

El frágil cuerpo de la ojiblanca se movió tan rápido que ambos aguantaron la respiración, el Uchiha apretó sus puños frustrados al ver como ella simplemente lo pasaba de largo para colocarse un escalón por encima del rubio para casi verlo de frente.

-Estas lastimado- Se atrevió a decir sintiendo como su corazón se apretaba contra sus costillas, subió una de sus manos para intentar tocar la cortada que sangraba en su pómulo pero la tibia mano del rubio la tomo de la muñeca deteniendo su acción.

-Olvídalo- Soltó roncamente separando su vista de la hipnótica mirada de la Hyuuga para centrarse en la frustrada mirada del pelinegro a unos pasos de ellos. –Es tuya de cualquier forma- Agrego empujando con ligereza el cuerpo de la mujer que cayó apoyada en el pecho desnudo del pelinegro y sin decir nada más bajo con pasos nerviosos lo que quedaba de escaleras para intentar olvidarse definitivamente de esa permanente obsesión.

La estrecha espalda tembló contra su pecho haciéndolo sentir fuera de lugar, subió sus manos apoyándolas casi con temor en los pequeños hombros de la mujer, un gemido ahogado llego a sus oídos encendiendo una llamarada de celos que no pudo controlar.

-Porque te importa?- Hablo ácidamente apretando sus frágiles hombros y haciéndola girarse para dejarla justo frente a él, ella tuvo que subir un poco su barbilla para poder encontrar sus miradas viendo como sus grandes ojos perlados reflejaban un dolor impropio en ella.

-Yo…- Su voz flaqueo al sentir la furia contenida del pelinegro, una presión aplasto su estomago haciéndolo sentir revuelto de golpe, notando nuevamente la desnudez del Uchiha, sintiendo completamente el poder que emanaba de cada centímetro de su gran cuerpo.

-El te interesa?- Gruño entre dientes sin atreverse a separar su oscura mirada de ella, vio como sus mejillas se tornaban de un rosado más oscuro y se mordía el labio ansiosamente, sus manos se apretaron con más fuerza de la necesaria contra sus hombros haciéndola jadear quedamente.

Su corazón salto al escuchar sus últimas palabras, sus ojos debieron dejar ver la confusión que sentía pues el apretó con más fuerza de lo normal su agarre sobre ella, una ola de calor la lleno haciéndola jadear suavemente y vio claramente lo que debía hacer para acabar definitivamente con esas contradicciones entre ellos.

Las temblorosas manos de la ojiblanca empezaron a subir por su pecho dejando un camino frio a su paso, el contacto de sus dedos sobre su piel lo turbo momentáneamente y cuando iba a volver a preguntar que clase de juego estaba jugando las pequeñas manos lo tomaron firmemente de sus mejillas y lo jalaron hacia abajo encontrando sus labios con los nerviosos de ella, gruño contra su rosada boca separando sus manos y cerrándolas posesivamente sobre su cintura para terminar de pegarla a su cuerpo.

El poder del Uchiha cedió definitivamente cuando abrió ligeramente su boca para permitir que la carnosa y húmeda lengua de ella se deslizara en su interior, jadeo al sentir nuevamente su intoxicante sabor y dejando su pudor de lado se impulso hacia arriba profundizando el beso al tiempo que sus muslos se sujetaban firmemente a sus caderas.

Su espalda choco levemente con la piedra irregular al sentir el pequeño cuerpo de la ojiblanca chocar contra su cuerpo, sus tersas piernas se enrollaron hábilmente a su cadera y sus senos volvieron a aplastarse sensualmente contra su piel desnuda despertando nuevamente su ansiedad por probar los secretos que escondía entre sus perfectos muslos.

Sonrió satisfecha al sentir como las manos del pelinegro se deslizaron para sostenerla firmemente por su trasero, sus manos la apretaron haciéndola jadear y provocando que se restregara descaradamente contra su estomago desnudo, lo sintió avanzar con rapidez mientras su boca demandaba con besos profundos sus atenciones, gimió irguiéndose un poco en su posición y dejando que sus manos vagaran libremente por la ancha espalda del hombre sintiendo como la fuerte mandíbula de el rozo el nacimiento de sus senos quemando cualquier vestigio de raciocinio que pudiera haber conservado.

Separo una de sus manos para abrir sin cuidado la puerta de la habitación, gruño guturalmente al sentir los dientes de la ojiblanca mordisquear ligeramente la comisura de sus labios y su lengua recorrer la línea de su mandíbula, subió su mano hasta la nuca enredando sus dedos en sus ondulados cabellos y jalándola ligeramente hacia atrás, sus miradas se encontraron detallando el deseo que brillaba intensamente en sus ahora alilados ojos jalo un poco mas haciéndola gemir provocando que el calor contra su estomago se hiciera más fuerte, pateo la puerta escuchando como en un pesado sonido se cerraba totalmente y sin demasiado cuidado puso el tembloroso cuerpo de la mujer en el suelo a unos centímetros de sí mismo.

-Que…- Su pregunta quedo a medias al sentir como las agiles manos del pelinegro la giraban sobre sí misma, sus piernas temblaron al sentir el golpe de su caliente aliento en su nuca inclinándose hacia adelante ansiosa, su cabello cayó como una cortina a cada lado de su cara obligándola a cerrar sus ojos con fuerza al sentir como los dientes de él se enterraban fuertemente a un lado de su cabeza, muy cerca de su oreja, tembló excitada sintiendo las ansiosas manos de el deslizarse pesadamente por su cuerpo apretando cada cierto tiempo las sedas bajo sus palmas.

Soltó una respiración contenida al separar sus dientes de la pálida piel viendo con satisfacción la marca casi morada que había dejado a la vista, sus manos se encontraron en las cintas que mantenían el vestido como una censura sobre ese perfecto cuerpo, sonrió con malicia y sin cuidado deslizo sus dedos por las pequeñas aberturas ejerciendo un poco de fuerza a los pocos segundos la seda emitió un quejido al rasgarse totalmente contuvo el aliento al ver la nívea piel de la espalda de la ojiblanca aparecer ante sus ojos, su pálida piel resplandecía con luz propia haciéndolo tragar pesadamente ante la visión.

La seda cayo por su cuerpo como una suave caricia dejándola totalmente expuesta a la intensa mirada del pelinegro, un fuerte escalofrió corrió por sus huesos reconociendo para sí que eso era lo que el imaginaba cada vez que la vigilaba desde las sombras, jadeo impaciente e intento darse la vuelta para enfrentar aquel rostro intentando descifrar que estaba pensando.

-No…- Gruño guturalmente poniendo una mano en el hombro manteniendo a la mujer en su lugar, se sentía tan grande ante ese frágil cuerpo ante él, sus estrechos hombros temblaron y su diminuta cintura marco definitivamente el camino de su perdición, pego su pecho desnudo a esa escultura de porcelana regocijándose al sentir la suavidad de ella apoyarse en su estomago, paso con facilidad sus manos por sus delgados brazos sintiendo como se erizaba a su roce y trago grueso al deslizar sus manos por debajo de sus brazos y llegar a la tibieza de sus blandos senos, satisfecho de sentir que sus manos se llenaban completamente con ellos.

-Ah…- Soltó sensualmente al sentir las calientes manos del pelinegro sujetar sus senos, la punta de sus dedos rozaron sus pezones lanzando corrientes eléctricas por su piel que se fundían en el intenso dolor entre sus piernas, las sintió flaquear a los lentos y tortuosos movimientos que el Uchiha ejercía sobre sus erguidos pezones y sin pensarlo demasiado se inclino hacia adelante sintiendo la presión de la virilidad del pelinegro contra su espalda baja, subió sus brazos acariciando toda la piel que encontraba en su camino y enrollándose en el ancho cuello del hombre lo jalo hacia abajo sintiendo su aliento contra una de sus mejillas.

Bajo un poco mas su rostro dejando besos húmedos en su hombro y cuello sin dejar de apretar entre sus dedos sus pequeños pezones, la sintió tambalearse hacia adelante y una de sus manos bajo hasta sujetarla de su plano abdomen maravillándose al sentirla abrir un poco sus piernas dejando que sus sentidos se llenaran completamente con su excitación, clavo nuevamente sus dientes en su hombro y empezó a empujarla hasta la cama.

Suspiro sintiendo la asfixiante sensación de las suaves mantas que cubrían la cama del pelinegro, todo olía a él y la humedad entre sus piernas se hizo más intensa, lo sintió erguirse totalmente sobre ella llenándola con un miedo repentino y su cuerpo fue impulsado con brusquedad haciéndola girar nuevamente quedando tendida sobre su espalda, entreabrió sus labios al ver la piel del pelinegro brillar con una ligera capa de sudor un ronroneo descarado escapo de su garganta al sentir sus ojos pasear satisfecho por cada pedazo de piel que tenia disponible.

-Kami… Eres perfecta- Gruño roncamente al admirar su pálida piel marcada con caminos rojos donde él había tocado, sus grandes senos coronados con dos perfectos pezones rosados totalmente despiertos para él, su ombligo adornaba perfectamente su estomago plano dándole paso a la intimidad de la ojiblanca, sus muslos estaban ligeramente hacia dentro escondiendo escasamente su entrada de un rosado más oscuro totalmente preparada para él.

La cama se movió bajo ella y su respiración se corto por unos segundos al sentir el peso del gran hombre caer sobre ella, cerró los ojos mordiéndose fuertemente el labio al sentir la lengua traviesa del pelinegro jugar con uno de sus pezones provocándole espasmos que no pudo contener y empezó a frotarse contra él, sintiendo la áspera tela del pantalón que todavía conservaba atado a sus caderas, la tela fue brusca con su intimidad pero toco un punto sensible haciendo que su cabeza cayera hacia atrás sintiendo deseos de llorar.

-No seas impaciente- Dijo roncamente soltando un cálido aliento contra el pezón húmedo que acababa de liberar al sentirla desesperada contra él, su propia ansiedad le gritaba que la tomara de una vez por todas, subió su mirada encontrándose con los cristalizados ojos perlados que lo veían suplicantes.

-Onegai… Me duele- Confeso avergonzada posando sus manos en los amplios hombros del pelinegro e impulsándose ligeramente rozo sus senos con su pecho, sus piernas se movieron torpemente entre las piernas del hombre abriéndose un poco mas haciendo que el cayera completamente contra su intimidad.

Se apoyo en sus manos alzándose todo el largo de sus brazos viendo con más claridad como la pequeña mujer entre sus brazos se estremecía con una ligera capa de sudor bañando todo su cuerpo, se impulso hasta el ombligo de ella clavando sus dientes en esa apetitosa piel, abrió los ojos sorprendido al sentir la humedad con un sabor dulzón, totalmente diferente a la acidez acostumbrada la escucho gemir con más fuerza y sus pequeñas manos se hicieron dos puños atrapando las sabanas retorciéndolas bajo su contacto, se relamió ligeramente y se dispuso a descubrir que otra diferencia habitaba en ese menudo cuerpo.

Cerró los ojos con fuerza al sentir como la cálida lengua marcaba un camino húmedo desde su ombligo hasta su intimidad, su respiración era tan superficial que casi podía sentir el aire silbando entre sus dientes para intentar mantenerse consciente, su boca rozo fugazmente su entrada haciendo que sus caderas se impulsaran hacia arriba de forma suplicante, todo su cuerpo parecía derretirse a cada sensación que le producía el pelinegro, bufo frustrada al sentirlo levantarse ligeramente y con pesadez inclino la cabeza hacia un lado para ver que lo detenía.

Su virilidad golpeo dolorosamente la tela de su pantalón haciendo que se levantara ligeramente y decidiera quitarse las prendas de una vez por todas, sus ojos no podían separarse de las extrañas reacciones de la ojiblanca, su respiración era tan errática que le producía ansiedad pensar que aquello fuera algo peligroso para ella, vio su cabeza moverse pesadamente entre las sabanas enredando sus cabellos oscuros y se encontró con unos ojos de un lila intenso, sus labios estaban rojos e hinchados produciéndole una extraña sensación de atracción.

-Onegai…- Su voz rota lleno toda la habitación, congelándolo en su posición, aguanto la respiración y se inclino para ver mejor el rostro de la ojiblanca, respiraba por la boca y sus dientes brillaban de un blanco casi irreal, pero sus ojos, su siempre expresivos ojos estaban ausentes, solo había una súplica extraña en ellos que no logro ni por un segundo detener su urgente deseo de hundirse en ella.

Empujo la tela de sus pantalones hasta las rodillas y se volvió a inclinar sobre la intimidad de la ojiblanca, el calor que sintió lo hizo ronronear impaciente y sus pies lograron desprenderse totalmente de la ropa estirando sus piernas todo lo que cubría la cama bajo sus labios hasta la entrada y dio un casto beso sintiéndola vibrar intensamente.

-Sasuke!- Grito al sentir sus labios en su entrada, sus dientes rozaron su punto más sensible haciendo que sus caderas se impulsaran hacia arriba y las grandes manos del pelinegro la tomaron de la cadera clavándola en su lugar, su lengua se deslizo por sus pliegues internos haciéndola jadear con fuerza acumulando un nudo de fuego liquido en su bajo vientre, toda su sangre ardía llenándola con una sensación de que estaba quemándose desde dentro.

Se maravillo con el sabor limpio y dulce de la intimidad de la ojiblanca, la penetro con la punta de su lengua escuchando con satisfacción un grito escapar de su pequeño cuerpo, su cuerpo relajado contra ella empezó a percibir un cambio en la temperatura de la habitación haciéndolo dudar nuevamente de lo que estaban haciendo, ella se movió hacia abajo golpeando su rostro e invitándolo a profundizar sus toques empezando a moverse un poco más rápido llenándose con el adictivo sabor de ella.

El fuego exploto por todo su cuerpo deslizándose desde el interior de sus muslos, los latigazos eléctricos la hicieron vibrar bajo el pesado cuerpo del pelinegro, sus manos liberaron la tela de las sabanas sintiendo sus dedos agarrotados por la fuerza con la debió estarse sujetando, su respiración se hizo profunda y como pudo se movió un poco para encontrar su mirada con la del pelinegro.

-Quédate conmigo Hinata… Vuelve- Su voz distante la hizo fruncir el ceño, intento enfocarse en el rostro elegante del pelinegro encontrando sus rasgos levemente perturbados, un miedo golpeo su cuerpo con fuerza impulsándola a apoyarse en sus codos y alzarse para ver que era lo que había pasado, gimió asustada al ver los frescos rasguños en los hombros del pelinegro y detrás de él una capa de hielo blanco y brillante creciendo lentamente por todo su alrededor.

-Kami… Que… Que es esto?- Dijo nerviosa sentándose totalmente en la cama, sus manos temblaron y su mirada se centro en sus cortas uñas encontrando con horror rastros ligeros de la blanca piel del hombre. –Sasuke…- Lo llamo sintiéndose completamente aturdida.

-Quédate- Murmuro roncamente el pelinegro impulsándose para besarla delicadamente en sus labios, la confusión fue momentánea pero el miedo se disipo al sentir las grandes manos de el acariciarla ligeramente, paseando por su piel creándole un hormigueo tibio por donde se deslizaba, se dejo apoyar nuevamente en la cama y sus piernas se abrieron vergonzosamente para recibirlo en su interior. –Mantén tus ojos en mi- Ordeno al separar sus labios de los de ella, solo pudo asentir nerviosa y lo vio bajar su mirada unos instantes, luego sus ojos volvieron a encontrarse.

Jadeo intentando desplazar el temor que le había provocado la explosión de hielo que broto del pequeño cuerpo de la ojiblanca, su sabor todavía llenaba su paladar embriagándolo de una forma que sabia no era normal, el aire frio quemo donde sabia tenia los rasguños de las manos de ella impulsándolo más profundamente en ella, ahora veía fijamente esos ojos perlados que tanto le gustaban, su timidez natural se dejaba ver en el rojo de sus mejillas, la escucho suspirar quedamente cuando logro apoyarse en su entrada.

-No… No quiero dañarte- Su voz nerviosa lleno sus sentidos haciendo que se inclinara un poco y atrapara sus labios en un beso calmo, ella subió sus manos hasta enrollarlas en su cuello, cerró los ojos asustada sintiendo como algo grande empezaba a presionar en un intimidad, sus piernas temblorosas se abrieron un poco más si podía ser posible quedando sobre la cadera del pelinegro, se mordió el labio aguantando la sensación de invasión.

-Mierda…- Soltó guturalmente, era mucho más pequeña de lo que imagino, su punta estaba totalmente presionada por ella y eso solo lo hacía desear hundirse con fuerza en ella. –No te muevas- Pidió empujándose levemente contra esa estrechez envolvente, avanzo solo hasta la mitad cuando la escucho gemir totalmente dolorida apretando los dientes para no ser mas brusco con ella.

-Me duele- Lloriqueo cerrando los ojos y escondiendo su rostro en el espacio entre el cuello y el hombro caliente del pelinegro, lo sintió entrar desgarrando definitivamente algo en su interior, casi grito pero se obligo a clavar sus dientes con fuerza en su labio sintiendo de inmediato el sabor conocido de su sangre. –Sas..Sasuke- Lo llamo entrecortadamente dejando que su cabeza cayera sobre las almohadas y quedara justo frente al rostro contraído del pelinegro.

-Eres muy estrecha- Confeso con los dientes apretados al sentir como ella lo envolvió completamente, su miembro se enterró completamente en ella arrancándole un suspiro quedo por mantenerse todavía quieto y no impulsarse sobre ella.

-Eso… Eso es malo?- Se atrevió a preguntar totalmente apenada viendo como él la miro confuso y luego se deslumbro completamente, una ligera sonrisa adorno sus delgados labios quitándole totalmente el aliento.

-Es perfecto para mí- Reconoció sintiendo como ella se relajaba en su posición y conteniendo la respiración se preparo para moverse sobre ella. –Ábrete mas para mi Hinata… Relájate y siente- Pidió retrocediendo ligeramente arrancándole un gemido placentero a la ojiblanca.

Su cuerpo se sintió vacio cuando lo sintió apartarse pero volvió un instante después arrancándole un nuevo gemido, el dolor todavía latía entre sus piernas pero sabía que podía soportarlo, sabía que podía mantenerse en ese momento, en ese lugar con el pelinegro, solo con el lograba sentir que todo su cuerpo cobraba vida, jadeo al sentir que en su interior algo susurro que eso era exactamente lo que necesitaba, llenándose completamente con la fuerza incontrolable del pelinegro, porque él era un volcán haciendo erupción en ella, quemando todo lo anterior a él, dándole nueva vida y con este descubrimiento se relajo completamente a saberse enteramente del hombre sobre ella.

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Ok si, fue súper largo el capitulo! Yo soy de historias largas y si son cortas como que los capítulos salen súper largos! Espero les haya gustado el capi! Soy una pervert! Lo admito! No puedo negarlo! Y me encanta serlo! Sus comentarios son bien recibidos! Respondo por PM a quienes tienen cuenta! Y los que no siempre les dejo un coment por acá pero hoy no podre hacerlo! Igual les digo que los leo y que me motivan a continuar en este hobby tan maravilloso que en más de una ocasión me ha ayudado a sacar mi propia vida adelante! Jajajajajaja… Nos leemos pronto! Espero!

Ahhhh… Solo falta un cap. y se acaba la historia! Lo subiré si Kami lo permite en los próximos días!