Ohayo! Aquí el ultimo capitulo de este short fic que me decidí a hacer basado en las novelas canción de Hielo y Fuego, los personajes son de Kishimoto, espero les agrade y disculpen la tardanza como dije antes tengo problemas con el internet y se me ha hecho imposible poder conectarme, buena lectura.
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El aire frio recorrió su cuerpo agotado haciendo que se girara sobre su costado y buscara a tientas la manta que sabia había empujado en algún momento de la noche, sus manos se movieron sin cuidado por todo la blanda superficie, un ruido al otro lado de su posición hizo que arrugara la nariz y con molestia se resignara a abrir los ojos.
-Pensé que no despertarías- La ronca voz sonó burlesca haciéndola sentarse de golpe, sus aterrados ojos barrieron con la habitación no conociendo ningún detalle, su sangre se acumulo en sus mejillas al encontrarse con el perfectamente desnudo cuerpo del pelinegro, jadeo deseosa y fue cuando se percato que se sentía extremadamente ligera.
Sonrió abiertamente al ver como su rostro se ponía un tono más oscuro llevando el rubor hasta el comienzo de sus senos desnudos y a perderse por su cuello hacia sus orejas, desvió su vista y empezó con su tarea de ponerse el pantalón para poder salir de la habitación, su cuerpo gritaba que se acostara nuevamente, los dos últimos días no había descansado casi nada y comido mucho menos pero había valido la pena.
-Donde vas?- Pregunto nerviosa sacando sus temblorosas piernas de la cama para caminar hacia él, se llevo consigo la pesada manta para cubrir su cuerpo desnudo, sentía cada musculo de su cuerpo adolorido por todo lo que había estado haciendo los dos últimos días haciendo que nuevamente se avergonzara por su comportamiento.
-Hoy deberían llegar los señores de la montaña- Empezó a comentar cruzando sus arneses en su pecho desnudo y los cubría completamente con una chaqueta de cuero negro que se cerraba hasta sus pectorales. –Ino tiene dos días intentando hablar conmigo pero no la he dejado y creo que ya debo dejar de evitarla- Agrego no muy satisfecho por esa situación.
-Voy contigo- Dijo rápidamente al sentir como su corazón golpeo sus costillas al imaginarse al pelinegro solo con la perfección que sabia poseía la rubia, todavía tenía algunas dudas con respecto a todo lo que había sucedido entre ellos y el compromiso, el famoso compromiso que había llevado al pelinegro a conquistar esa fortaleza, apretó sus labios con inseguridad y dejo caer la manta sin darse cuenta.
Bufo intranquilo al ver aparecer el delgado y tentador cuerpo de la ojiblanca ante él, sintió como su miembro despertó ligeramente entre sus piernas al detallar celosamente cada marca roja y morada que había dejado en la pálida piel de la mujer, avanzo dos pasos hacia ella tomando sus senos descaradamente y empezando a hacer círculos con sus pulgares en sus muy dispuestos pezones.
-Sasuke!- Gimió entre sorprendida y deseosa al sentir las manos del hombre empezar a moverse sobre sus senos, su amplio cuerpo se inclino por la cintura para poder tomar sus pezones con la boca, jadeo avergonzada y se dejo hacer.
-No deberías estar tan dispuesta- Regaño distraídamente dejándose caer en la silla que se encontraba a un lado de ellos, arrastro consigo el pequeño cuerpo colocándolo entre sus piernas para poder acariciarla a su antojo sintiéndola vibrar a sus roces descarados. –Nunca saldremos de esta habitación- Su voz salió mas ronca dejando claro su deseo por volver a hundirse en el embrujo que ella guardaba entre sus muslos.
-Espera…- Pidió nerviosa sintiendo como empezaba a mojarse ligeramente, sus palabras lejos de escandalizarla solo lograban hacer que ansiara el sentir ese gran cuerpo rendido a ella. –Dijiste que… Era importante- Tartamudeo subiendo sus manos hasta posarlas sobre las ásperas del pelinegro.
Sasuke sonrió con prepotencia y con un ligero movimiento hizo que fueran los pequeños dedos de la pelinegra los que tocaran ahora sus pezones mientras él se dedicaba a apretar y soltar la redondez que ocupaban toda su palma, la sintió tambalearse y la jalo más hacia sí.
Gimió intentando tomar el control de la situación y con dificultad logro detener las ansiosas caricias del Uchiha sobre sus senos, había descubierto que era lo que más le gustaba tocar de todo su cuerpo, podía pasar eternos minutos dándole caricias y lametones, mordiéndolos y chupándolos hasta hacerla perder la razón.
-Vístete- Ordeno al sentir como ella lograba deshacerse completamente de sus manos sobre sus senos, pensó en que había muchos lugares donde podía tomarla con facilidad siempre y cuando llevara esos vestidos vaporosos de seda que tanto le gustaban.
-No… No sabes que quiere hablar Ino contigo?- Se atrevió a preguntar al moverse hasta el closet que no había sido usado sino hasta la noche anterior que una de las sirvientas había aparecido mágicamente ante la puerta de la habitación trayendo consigo todos sus preciosos vestidos, miro uno de un tono carmesí que jamás había tenido el valor de utilizar, era un tono de seda que despertaba los más bajos instintos en los hombres, o eso era lo que le había dicho su nodriza cuando lo vio por primera vez.
-Realmente no creo que sea algo referente a mi- Comento distraídamente al tiempo que guardaba dos gruesas dagas negras en los arneses y aseguraba una tercera en el cinturón de su pantalón, vio la gruesa capa de hielo derretirse alrededor de uno de los pilares de la cama, ella era el frio que el tanto añoraba del norte mezclado perfectamente con los vivaces tonos de la eterna primavera que había aprendido a apreciar por verla a ella entre sus coloridas flores.
-Sera sobre mi poder?- Divago atando la última cinta de una brillante tela negra que marcaba perfectamente sus curvas, se sintió un poco extraña por haberse decidido por ese atuendo pero la sensación que había surgido dos días atrás parecía llevarla a realizar las cosas que más le agradaban al pelinegro y por eso había elegido ese bellísimo vestido estilo princesa.
-Puede ser- Su respuesta murió en su boca, sus ojos detallaron el delgado cuerpo de la ojiblanca cubierta por un vestido con el tono perfecto del símbolo que representaba a su familia, toda ella parecía el emblema de su familia convertido en persona.
-No… No te gusta?- Se atrevió a preguntar al ver como el pelinegro se había congelado al clavar su mirada en ella, su rostro se había contraído de una forma que ella nunca antes había visto y nerviosa llevo sus manos hasta las cintas negras para cambiarse inmediatamente.
-Déjalo- Se apresuro a decir al ver como ella buscaba liberarse de esa perfecta funda para su cuerpo, su pálida piel emulaba perfectamente la parte blanca de su emblema, su cabello y las cintas de su cintura eran la parte negra y el vestido era el fondo donde todo se unía, ella era su milagro personal definitivamente.
Hinata solo se limito a asentir volviendo a ajustar los nudos colocando perfectamente cada detalle del vestido, se recogió rápidamente su largo cabello en una coleta alta sin prestarle demasiada atención al recogido dándole un aire tan natural que casi hizo que el pelinegro perdiera el aliento nuevamente.
Ella empezó la marcha hasta la puerta de la habitación, sintiéndose nerviosa a la mirada que sabia la seguía detalladamente, se sorprendió de aceptar que estaba asustada de que el no la viera mas de esa intensa forma al ya haber tomado su cuerpo, de todas las formas que quiso por dos días seguidos cabe destacar, gimió abochornada por sus pensamientos vulgares y abrió la puerta con dificultad.
El pelinegro frunció el ceño al despertarse totalmente del trance en el que se había sumido al pensar cuál era el lugar perfecto para la ojiblanca, sonrió de lado y cruzándose de brazos avanzo con largas zancadas hasta quedar pegado a la espalda de la mujer pero sin realmente tocarla.
"Esto será muy incomodo" Se confesó la pelinegra al sentir el calor bailar sobre su piel al sentir la pesada respiración del pelinegro rozar tan ligeramente su nuca pero sin llegar a tocarla, no sabía cómo podía ver a todos los demás miembros de la fortaleza ahora que todos debían saber que ella había desaparecido conveniente en la habitación del Uchiha, por dos días enteros.
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Las frutas cortadas parecían hablarle desde su bandeja, el pan recién horneado mantenía su calor y su olor tan celosamente que sus sentidos casi estaban embotados por eso, las dos jarras de jugo fresas descansaba sin haber sido tocado muy cerca de su posición, suspiro cruzándose de brazos y dejándose caer contra el espaldar de la silla que ocupaba, arrugo su nariz al escuchar como al otro lado de la mesa el choque del vaso con la madera y los cubiertos sobre la porcelana le indicaba que su acompañante no se sentía para nada nervioso.
-Para onegai- Pidió cortésmente al no poder soportar más el saber que él no estaba ni un poco nervioso por el juicio que se llevaría a cabo una vez que llegaran los señores de la montaña, se arrepintió de haberse guardado su descubrimiento para sí diciéndose que el primero que debía saberlo era el pelinegro, el cual había decidido consumar su relación con la ojiblanca justo en ese momento tan crítico.
-No voy a morir de hambre solo por estar esperando que el teme de Sasuke decida aparecer por el castillo- Hablo relajado pero había bajado los cubiertos para detener definitivamente su alimentación. –Segura que esto… No te molesta?- Pregunto como por vigésima vez viendo como la rubia bufaba exasperada y se ponía de pie en un fluido movimiento haciendo que su vestido de seda turquesa resaltara su bella cabellera dorada y sus ojos perfectamente azules.
-Sasuke no me interesa, no me duele que quiera a Hinata- Volvió a responder cruzándose de brazos y empezando a caminar hacia el interior del castillo, estaba cansada de esperar a que aparecía. –Si lo ves objetivamente era algo obvio, parecen ser el tipo de personas que se atraerían mutuamente- Murmuro sabiendo que el rubio se había puesto de pie y la había alcanzado en un silencioso movimiento.
-Ella es una bruja… Quien sabe de que puede ser capaz- Rebatió arrugando su ceño y poniéndose frente a la rubia cortándole el paso, la vio hacer un ligero puchero y exasperada dejo caer sus brazos a cada lado de su cuerpo.
-Yo podría pensar en él la ha matado no crees?- Se digno a soltar en voz alta uno de sus miedos, reto silenciosamente al rubio poniendo sus manos en sus caderas. –Porque yo si he visto a Sasuke por los pasillos del castillo pero a ella no… Como no…-
-El no le haría nada… Primero creo que se suicidaría- La corto negándose a la posibilidad de que él hubiese asesinado a la menuda mujer que voluntariamente se había sometido a ese encierro del pelinegro. –El suele ser así de… Impaciente- La última palabra la dijo no muy convencido haciendo reír a la rubia ante él.
-Gracias a Kami entonces no se llevo a cabo nuestro compromiso- Agradeció sinceramente y todavía entre risas la rubia, poso una de sus manos en el pecho del rubio intentando hacerle entender que no estaba ni un poco incomoda por todo lo que había pasado. –No podría soportar a alguien tan posesivo… Porque eso es lo que realmente es Sasuke Uchiha… Un hombre posesivo y controlador-
-Realmente lo es- Se digno a admitir el rubio al detallar por primera vez a la mujer ante él, ya antes había apreciado su belleza pero solo en ese momento se dio cuenta de que su personalidad era totalmente diferente a como ella se había presentado ante ellos los primeros meses de convivencia.
-Ino…- Una suave y melodiosa voz lleno toda la sala haciendo que ambos rubios se giraran, la ojiblanca apareció enfundada con un precioso vestido rojo haciendo que los otros dos abrieran ligeramente la boca al verla tan diferente. –Que… Sucede?- Se atrevió a preguntar al ver que los otros dos se quedaron congelados.
-Po Kami Hinata te ves preciosa!- Grito la rubia separándose definitivamente del rubio y corriendo hacia la pequeña mujer la abrazo por los hombros sintiéndose tranquila de verla a salvo. –Los colores claros no te favorecen de ninguna manera- Agrego separándose para volver a admirar a la ojiblanca de arriba abajo.
Naruto solo se limito a sonreír discretamente al ver como ambas mujeres se veían de una manera cómplice, como si pudieran sentirse totalmente centradas con la otra cerca, se sorprendió de no sentir una punzada de decepción al encontrarse nuevamente con la ojiblanca así como el nulo deseo de estar cerca de ella.
-Dobe…- La ronca y tenebrosa voz del pelinegro corto definitivamente la conversación de las mujeres las cuales se giraron hacia el rubio, Naruto solo suspiro resignado y avanzo dos grandes zancadas hasta la posición entre las sombras de su amigo de toda la vida.
-Sin resentimientos teme… Tu aislamiento me hizo ver las cosas más claramente- Dijo en su tono alegre de voz viendo como las facciones del Uchiha se relajaban haciendo que un peso desaparecía de su pecho, el también había estado preocupado por su deteriorada relación.
Bufo cerrando los ojos sintiendo que todo volvía a estar en el lugar correcto en su vida, todavía habían detalles que debían solucionar antes de la llegada de los señores de la montaña y reconoció que solo llegarían a un acuerdo si la decisión la tomaban ellos cuatro.
-Ino… Que querías hablar con Sasuke?- Interrogo la ojiblanca captando la atención de todos los demás, su rostro se calentó avergonzada por haber hablado tan alto y con un tono un poco desconfiado.
-Realmente es sobre ti…- Confeso sonriendo abiertamente al entender el entrelineas de esa pregunta. –Tu novio no me interesa en lo más mínimo- Susurro tan bajo que la ojiblanca casi pensó que lo había imaginado, se giro para encontrar el rostro burlesco de la rubia a unos pocos centímetros del suyo y retrocedió avergonzada.
-Porque no me habías dicho nada?!- Reclamo el rubio llevándose nuevamente toda la atención. –He estado dos días muerto de aburrimiento y tú te has guardado las cosas que has encontrado sobre el poder de Hinata- Recrimino avanzando hacia la rubia y señalándola acusadoramente.
-Aprendí de mi hermano que primero debemos hablar con los interesados- Dijo en tono solemne y con superioridad cruzándose de brazos y desviando su rostro para restarle importancia a los reclamos del rubio.
-Y en ese caso el interesado era solo Sasuke?- Soltó sin pensar el rubio haciendo que ambos pelinegros se congelaran en sus lugares, la rubia sonrió satisfecha mirando fugazmente la expresión avergonzada de la ojiblanca y el rostro serio y distante del pelinegro pero que estaba totalmente tenso en su lugar.
-Bueno… El fue el que recibió el ataque no?- Agrego inocentemente volviendo a girarse para encarar al rubio que retrocedió avergonzado por la cercanía de la mujer con él. –En fin… Ella desciende de una familia extinta del norte- Empezó a hablar mientras marchaba hasta la biblioteca de su castillo.
-Del norte?- Murmuro la ojiblanca sintiendo como en su interior las sensaciones parecían tan ansiosas como ella. –Pero yo… Nací en una fortaleza cerca del cielo… Creo… Creo que estábamos muy lejos del norte- Se atrevió a comentar intentando avanzar tan rápido como podía para alcanzar las largas zancadas de la rubia.
-Realmente la fortaleza del cielo está al sur- Corrigió la rubia abriendo las puertas y haciéndose a un lado para que todos pudieran entrar a la luminosa habitación, cerró la puerta con precisión y camino hacia una de las mesas donde un gran libro negro estaba abierto muy cerca del comienzo.
-Como diablos termino alguien del norte en el sur?- Pregunto el rubio apoyándose en la mesa y empezando a leer la sección que la rubia tenia señalada en el gran libro ante ella.
-Lo que dice aquí es que hubo una persona que nació de la mezcla de los primeros hombres con los espíritus de los bosques nevados…- Murmuro bajando su mirada pasando sus dedos por las letras que casi se sabía de memoria.
-Esa es una leyenda…- La corto el pelinegro cruzándose de brazos y apoyándose totalmente en la puerta alejado de donde los otros tres se habían reunido. –Naruto debes recordarla- Dijo pidiendo un apoyo silencioso en su amigo que como él había crecido bajo los cuentos de los primeros habitantes del norte.
-Si… Era el de la diosa de las nevadas no?- Pregunto un poco confundido centrándose en el pelinegro. –Por ella es que el norte está todo el año en un estado casi congelado, las estaciones son tan leves que no se diferencian la una de la otra-
-Bueno… Según este libro no es ninguna leyenda- Se quejo la rubia apretando sus labios en una fina línea y centrando su mirada en la ojiblanca la cual había inclinado para leer un poco del libro.
-Según lo documentado nació una mujer de cabellos negros y ojos tan claros como la luna llena que, cuando llego a su madurez podía controlar perfectamente la nieve pero, ese poder estaba atado a un magnetismo que causaba en los hombres, sobre todo en los hombres nacidos en fechas cercanas al invierno, pues ella era su regente, su centro- Empezó a relatar sin apartar su mirada de la ojiblanca.
-Como… Como si mi ascendencia es del norte yo… Yo termine siendo hija… De mi padre y… de mi… Madre- Murmuro nerviosa por la respuesta que podría obtener de la rubia la cual tenía sus intensos ojos azules completamente centrados en ella.
-Un hombre secuestro a la nieta de la primera mujer de hielo- Revelo tornando su rostro en una mueca triste, haciendo que en todos los presentes vibrara la situación que había vivido Hinata con el hermano mayor de la rubia presente. –El se obsesiono con ella, con su belleza y se la llevo tan lejos como pudo…- Completo bajando su tono de voz.
-Al sur…- Respondieron ambos hombres entendiendo como había terminado esa sangre norteña en las montañas del sur, donde las estaciones eran tan marcadas que tenían la obligación de dar la información al resto de las fortalezas para avisar el cambio de las estaciones.
-Y así se mantuvo por siglos, hay textos que hablan de mujeres tan bellas nacidas en el sur que han causado guerras por su mano, por eso la fortaleza del cielo se construyo tan alta, para mantener alejados a todos los extranjeros de ellas…- Dijo sintiendo que no era totalmente la información que ellos querían saber. –Lo único que aparece en los textos del sur es la descripción de estas doncellas y que una de ellas fue la que dio nacimiento a la familia Hyuuga desapareciendo totalmente de los registros luego de que ellos como familia cerraron sus historias al resto del mundo- Concluyo poniendo su mano en medio de las amarillentas páginas del libro negro.
-Las mujeres…- Fue la voz de la ojiblanca la que hizo que la rubia bajara su mirada hacia ella. –Ellas… Eran… Eran como yo?- Soltó apretando sus manos sobre su estomago intentando controlar el nerviosismo de lo que eso podría significar.
-Si- Dijo lentamente, subió una de sus manos para posarlas en las frías manos de la ojiblanca. –Las descripciones son exactamente iguales a ti pero… Lo que no logro comprender es como han logrado reproducirse si… Con el contacto físico tu… Ósea ellas… Congelan todo- Divago nerviosamente no queriendo mirar al pelinegro al otro lado de la habitación, pero la mano de la ojiblanca se giro entre la suya y se devolvió el apretón dándose calma mutuamente.
-Bueno… Creo que eso solo lo pueden responder los Hyuuga no?- Agrego el rubio descuidadamente sin notar como ambas mujeres se tensaron en su posición, pero sus ojos se centraron en el pelinegro esperando alguna cosa de él.
-Ino quédate con Hinata- Ordeno la ronca voz del pelinegro que se separo de la puerta y la abrió empezando su marcha al exterior. –Dobe ven conmigo… Debemos hablar- Concluyo sin mirar atrás y perdiéndose definitivamente en los pasillos del castillo.
-En serio que hay que quitarle lo mandón!- Se quejo el rubio en voz alta y casi empezó a correr para alcanzar al pelinegro dejando a ambas mujeres solas en la habitación, los rostros de la rubia y la pelinegra estaban centrados en la puerta abierta escuchando el tenue golpeteo de los pasos del rubio perderse rápidamente en el ambiente.
-Ino…- Llamo la ojiblanca haciendo que la aludida bajara su mirada para encontrar sus ojos con los de la Hyuuga. –Creo… Creo que se como… Hemos nacido a través de los siglos- Confeso sintiendo su rostro arder al ver como los ojos frente a ella se abrían ante la sorpresa y sus mejillas se tornaban rosadas al entender en qué sentido iba a ir esa conversación.
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Su mente se lleno de posibilidades, con cada palabra que había escuchado de la rubia regente se dio cuenta de que realmente no era una maldición, tal vez era todo lo contrario, las opciones que ese descubrimiento le facilitaban lo hicieron ladear su boca en una sonrisa prepotente.
-Teme!- Grito la agitada voz del rubio a sus espaldas haciendo que se detuviera totalmente, su cuerpo había avanzado tan rápido que no se había dado cuenta en qué momento había empezado a correr y ahora estaba parado justamente en el jardín más pequeño y aislado de toda la fortaleza de sal.
La brisa salada bailo a través de su cuerpo relajándolo, se permitió disfrutar la calidez del sol sobre su cuerpo sintiendo como la chaqueta se calentaba rápidamente pero la permanente humedad de los jardines lograba que no fuera un calor asfixiante sino algo cómodo, algo que te permitía disfrutar el instante que estabas viviendo.
Sus ojos negros se giraron ligeramente al sentir como los pesados pasos del rubio llegaban hasta su posición, viendo la agitación mover irregularmente el pecho de su compañero, se sorprendió de ver que la curiosidad pudiera hacer que perdiera toda resistencia a la actividad física.
-Que es lo que pasa ahora?- Se quejo abiertamente separando sus manos de sus rodillas irguiéndose toda su altura, sus ojos azules se centraron en la expresión seria del pelinegro haciéndolo sentir ansioso de golpe.
-Creo que deberías ser tu- Soltó simplemente viendo como las facciones del rubio se turbaban momentáneamente dejando ver el desconcierto que sus palabras le causaban, soltó el aire que estaba conteniendo y dio un paso hacia su amigo. –Deberías ser tu el que tome posesión de esta fortaleza- Aclaro sin separar su mirada del ahora rígido Naruto.
-Que?- Grito horrorizado retrocediendo un paso para determinar si aquello era una broma, una broma de muy mal gusto pero una broma al fin, trago grueso al sentir los segundos pasar a su alrededor y ver que el semblante de superioridad que siempre portaba el Uchiha no desaparecía. –Debes estar bromeando- Dijo rindiéndose a su permanente juego de quien se rendía primero en sus discusiones.
-No lo hago- Ataco fríamente dejando ver la mueca de burla entre sus labios, sabía que había ganado. –Lo termine de comprobar ayer por la noche, tu cuidas sinceramente de que el lugar siga teniendo la vida que hasta el momento había conocido y… Aunque no te guste puedes mantener conversaciones y convivir sin problemas con Ino… Deberías ser tu quien reine con ella- Explico pausadamente entendiendo que lo que acababa de decir era demasiada información para su amigo y que con esto probablemente le estaba dando una excusa para salir en el primer barco que fuera al norte huyendo de lo que él le estaba proponiendo.
-Porque… Porque no tu?- Murmuro dándole internamente la razón a las observaciones de su amigo, sintiéndose derrotado de que su preocupación no hubiese estado lo suficientemente disimulada para los siempre detallistas ojos del Uchiha. –Eres el verdadero conquistador y además… No necesitas tomar a Ino como esposa… La casarías con alguien de tu conveniencia y te…-
-Hinata debe volver al norte- Decreto con un tono que no admitía discusión haciendo que el rubio cerrara la boca ligeramente frustrado. –Yo quiero volver al norte con ella y tomar mi lugar en las fortalezas de hielo- Admitió sin mostrar el estremecimiento que le producía saber que si el rubio aceptaba aquello probablemente no volverían a verse jamás.
-Pero… Mi lugar está en el norte también… Mis hermanos… Todos somos…- Pero su argumento fue perdiendo fuerza al ver que no hacía que las expresiones del pelinegro cambiaran. –Porque me cedes esto Sasuke?- Pregunto aceptando indirectamente la proposición del Uchiha.
-Porque eres el segundo hijo de tu familia, no tienes derecho a reinar en el norte, no como yo y acéptalo… Te gusta estar aquí… Te acostumbraste a la luz del sol- Murmuro un poco más bajo sin apartar su mirada del rubio ante él, vio como su gran cuerpo se estremeció y bajo la vista centrándose en sus pies sobre la grama de un verde brillante.
-Acaso crees que ella accederá de buena gana a esto?- Soltó junto con un suspiro cansado de imaginarse la reacción de la rubia ante esta nueva proposición. –Ella sabe que invadimos este lugar, que no es nuestro derecho estar aquí… No como en el norte, podre ser el segundo hijo pero mi vida sería mucho más tranquila allá-
-Te aburrirías rápidamente, una vez que te consiguieran una esposa con la que no discutieras te limitarías a ver pasar los días desde algún lugar de tu fortaleza- Adivino viendo como el rubio encogió sus hombros dándole indirectamente la razón. –El trato le favorece, ella no tendrá que moverse de este lugar y tendrá una posición incluso más alta de la que había tenido hasta el momento… Repitiendo que se lleva bien contigo- Dijo empezando a desesperarse por las dudas expuestas de su amigo de toda la vida.
-Y tú? Acaso crees que Fugaku estará feliz de verte llegar con una bruja extranjera? Que permitirá que reines el norte con una bruja susurrándote al oído?- Sus palabras fueron duras pero sin ningún rastro de malicia haciendo que el pelinegro frunciera el ceño ante la lógica de lo que su amigo le planteaba.
-Ella es la representación de los Uchiha- Dio como simple respuesta al recordar la perfecta armonía de la mujer llevando el vestido carmesí, en el tono perfecto que utilizaba la regente de su familia hasta el día de su muerte. –Y su magia… No será evidente en un lugar que siempre está congelado como lo es el norte- Defendió su decisión de regresarse al norte en compañía de la menuda mujer.
-Que dirán los señores de la montaña?- Soltó como último recurso haciendo que nuevamente la tensión apareciera en el cuerpo del pelinegro. –Ellos la reconocerán y pedirán que vuelva a las tierras donde pertenece-
-Yo la tome para mí… Cuando esta fortaleza cayo a mis pies ella fue mi propiedad y ellos no podrán quitármela bajo ningún concepto- Las palabras salieron entre sus dientes apretados como un silbido amenazante, sabía que lo más difícil seria esa reunión que él había precipitado.
-La harás tu esposa Sasuke?- Murmuro el rubio totalmente derrotado, sabía que no habría nada lógico que hiciera que el pelinegro cambiara su opinión, al igual que el día que le pidió parte de sus fuerzas militares para el asedio a la fortaleza de sal, esa misma determinación brillaba en su blanco rostro seguro de que el conseguiría llevarse de forma honorable o no a la ojiblanca.
-Hinata es más que eso para mí- Confeso dejando que sus brazos cayeran a cada lado de su cuerpo, cerró los ojos recordando la sensación de tranquilidad que le había proporcionado el tenerla tan cerca de si, de saberla accesible a él y a lo que deseara, dominándolo todo con su frágil carácter y su fiera determinación. –Ella es el centro de mi existencia y lo será hasta que yo deje de respirar- Agrego sintiendo como su corazón se agitaba contra su pecho haciendo que su piel hormigueara al saberse vulnerable por primera y única vez en su vida.
Sus ojos azules se abrieron dejando ver la sorpresa que las palabras del Uchiha le causaron, nunca antes lo había escuchado hablar con tanta determinación con respecto a algo que involucrara a otra persona, vio como arrugaba el ceño incomodo y solo pudo sonreír complacido de ver que en las más increíbles circunstancias había encontrado a alguien con quien compartir su vida.
-Así será- Se limito a responder colocando su ancha mano en el hombro del pelinegro, lo sintió estremecerse haciendo que una sonrisa tranquila se posara en sus delgados labios. –Solo falta recibir a los señores de la montaña para que puedas marchar al norte- Agrego separándose totalmente del pelinegro y volviendo a caminar hacia el pasillo del castillo que daba al pequeño jardín.
El pelinegro se limito a asentir viendo como el rubio le devolvía el gesto y empezaba a caminar hacia el interior del castillo, la brisa marina golpeo suavemente su cuerpo llenándolo con una sensación de nostalgia repentina, se giro admirando cada pequeño arbusto cubierto de flores de colores y el muro gigante que rodeaba el castillo no dejando apreciar la orilla de las playas por donde había entrado durante la invasión.
"No sabría que nombre ponerle" Se dijo cruzándose de brazos y volviendo su mirada al pasillo que permitía admirar los siempre ostentosos muebles que adornaban cada sector del castillo, reconoció internamente que se había acostumbrado al lugar pero, debía admitirse que se había acostumbrado completamente a admirar desde lejos a la ojiblanca, conocerla de tal forma que casi podía adivinar cada uno de sus pensamientos y reacciones.
-Sasuke?- La suave y melodiosa voz de la mujer que ocupaba sus pensamientos llego desde uno de los costados del pasillo, se giro admirando como nuevamente parecía brillar con luz propia, envuelta como se encontraba con su perfecto vestido carmesí.
-Paso algo?- Interrogo al darse cuenta que se encontraba sola, la vio negar con nerviosismo y con dos pasos largos estuvo en segundos junto a la Hyuuga, la sintió temblar por su cercanía haciendo que su pecho se inflara lleno de satisfacción de saber que todavía conservaba ese lado totalmente incorruptible que la hacía tan tentadora para él.
-Yo… Debo decirte algo- Murmuro avergonzada haciendo que su cuerpo volviera a temblar, sintió la mirada confusa e intensa del pelinegro sobre ella haciendo que su sangre hormigueara por toda su piel. –Lo único… Que conozco conscientemente es esta fortaleza y… Tengo miedo de… De ser mucho más… peligrosa- Tartamudeo apretando sus manos sobre su estomago esperando que sus palabras hubieran sido lo suficientemente altas para no tener que repetirlas.
-No eres peligrosa- Dijo con tono cansón, una de sus manos tomo la delicada barbilla de la ojiblanca obligándola a subir su rostro y encontrando su mirada perlada totalmente aterrada, bufo decidiendo que esa transición sería más difícil de lo que pensaba. –El castillo de hielo es eso… Un castillo en medio de un bosque helado… Tu poder no se notara- Dijo acercándose un poco más al pequeño cuerpo de la ojiblanca, sus apretados senos se presionaron ligeramente contra su estomago haciendo que un sonido gutural escapara de su garganta.
-Pero… Si te vuelvo a lastimar… Yo… No sé si podre con eso, aquí el hielo se derrite igual que en la fortaleza donde nací… El sitio que… Me describes no permitirá que… Esto que hago desaparezca- Discutió intentando hacer a un lado la ola de calor que voló por todo su sistema nervioso al sentir el cuerpo del pelinegro muy cerca del suyo.
-Puedo manejarlo…- Murmuro bajando lentamente su rostro, la mano que la había atrapado por la barbilla se deslizo hasta su nuca mientras la otra rodeo su cintura aplastando ese pequeño cuerpo contra el suyo. –Solo… Deja de pensar- Ordeno roncamente haciendo que su aliento golpeara los rosados y carnosos labios de la ojiblanca, sonrió con prepotencia al verla asentir justo cuando un suspiro escapaba tentadora por su boca entreabierta, abrió la suya y con una lentitud tortuosa probo una vez esa deliciosa boca.
-Sasuke- Gimió apoyándose en la punta de sus pies para envolver sus delgados brazos en el cuello del pelinegro, se apretó mas contra el sintiendo por primera vez que estaba en el lugar correcto, luego de tener la sensación por años de estar perdida, allí, justo en ese instante, sintiendo el cuerpo caliente del pelinegro contra el suyo lo supo, supo que el era la única respuesta a sus oraciones, era él quien iba a descongelar definitivamente las capas de hielo que cubrían su corazón porque él era eso, era un volcán en erupción, arrasando con todo lo que ella era y quemando todo lo pasado, porque ella podía ser cualquier cosa pero siempre seria Hinata para él, el Uchiha era después de todo el comienzo y el final de la libertad que tanto había deseado.
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Aquí tienen, el final final de la historia, espero sus review con sus opiniones al respecto, la verdad no había hecho mucho esfuerzo por conectarme por el hecho de que el capitulo anterior quedo como en el aire, creo que no estuvo muy bueno por lo que me sentí algo mal pero igual, todas mis historias siempre van a tener su final no importa cuánto me tarde en publicarlas. Nos leeremos pronto en alguna otra actualización. Cuídense! Matta ne!
