LA HISTORIA NI LOS PERSONAJES ME PERTENCEN LA HISTORIA ES DE KASEY MICHAELS

Y LOS PERSONAJES DE LA GRANDIOSA SM...


Instalaron la última ventana diez minuto antes de las cinco. Edward tenía un juego de llaves para las puertas de entrada en e bolsillo, preparadas para entregárselas a Bella.

Aquel día había metido mucha prisa a sus hombres. Tenía ganas de poder cerrar con llave después de que la sierra eléctrica hubiera desaparecido. No era por que odiara perder herramientas, lo que también era verdad, sino porque Bella vivía sola en el apartamento que estaba encima de la tienda.

Ni siquiera tenia alarma. La cuestión era como podía convencer a Bella y a Rosalie de que el sistema de alarma que acaba de encargar para toda la casa merecía el dinero que se añadiría a la factura final. La gente que no tiene sistemas de alarma suele creer que no los necesitan o que estos no son de fiar, o tal vez no quieren molestarse con códigos para armar y desarmar el sistema.

Mala suerte. Bella iba a pasar sólo dos días sin sistema de alarma. Tendría que acostumbrarse a utilizarla. Era una mujer inteligente y podía hacerlo. Edward necesitaba que ella estuviera segura.

Parpadeó al calibrar aquel último pensamiento. Se estaba implicando demasiado, ¿no? Aquél sólo era un trabajo más. Bella era solo… No sabía lo que era. Se le sacaría de la cabeza si pudiera. El problema era que tenía que aún tenía que encontrar el modo de hacerlo.

-¿Qué ocurre, Edward? Parece que este trabajo es nuestro enemigo. Vamos adelantados gracias al buen tiempo. Incluso si llueve ahora no nos retrasamos.

-Sí, Carlisle. Lo sé. No me ocurre nada. Eso es probamente lo que me preocupa. Siempre hay al menos u problema, pero aún no lo hemos encontrado aquí. Hasta mañana -dijo, al ver su capataz echaba a andar acompañado de los demás-. Gracias por un día estupendo, chicos.

Cuando Edward se quedó a solas, abrió las puertas para mirar una vez más el interior de lo que iba a ser un almacén de cincuenta y seis metros cuadrados. Aproximadamente del tamaño de un garaje de dos coches. Encima, estaba la oficina, donde trabajarían Rosalie y Bella con los encargos que le hacían sus clientas.

Miró el techo. Miró la puerta que comunicaba con el almacén ya existente o como se llamara el lugar en el se acumulaban montones y montones de vestidos de novia, junto con bolsas y cajas que contenían los diferentes accesorios.

-Desde la puerta trasera, a través de esta habitación, a través del almacén, por el pasillo, escaleras arriba, a través del apartamento para llegar por fin a través de la nueva oficina. Luego, de nuevo a través del apartamento, escaleras abajo, por el pasillo, a través de almacén, y en esta habitación. Todo esto, subiendo y bajando con cajas y bolsas. ¡Es una locura!

El cliente dice lo que quiere y uno le da lo que quiera. Maldita sea. Si no se había dado cuenta de eso, él debería haberlo hecho. Tal vez había sido por todos esos velos y vestidos por todas partes. Fuera como fuera, se le había pasado por alo aquel detalle.

Volvió a mirar el techo. Repasó mentalmente la planta superior y recordó el pequeño pasillo que había considerado hacer para proporcionar más espacio para las estanterías. ¿Había espacio para la escaleras? Conseguiría que así fuera.

Él correría con los gastos de aquello porque él se tendría que haber dado cuenta. Debería haber visto por todos los vestidos a los que tenía que enfrentarse cada vez que entraba en aquella casa. Más exactamente, no eran los vestidos, sino lo que representaban. Era el matrimonio lo que lo ponía nervioso. Incluso olía a boda dentro de la casa. Todo floreado, frágil, femenino. Cada vez que entraba dentro, se sentía como un elefante en una cacharrería. O como un perdedor que no tenía ninguna prisa por cometer un segundo error.

Tal vez debería mantenerse alejado. Hacer su trabajo y seguir con su vida. Dejar de mirar a Bella como si fuera una especie de desafío, una prueba que tenía que superar o algo para demostrar que el sexo era sexo y que no había que considerar nada más que no fuera el placer mutuo de dos personas.

Ella lo excitaba. Él la excitaba a ella. Así solía ocurrir entre mujeres y hombres. Una conexión sexual instantánea. No había razón alguna para lo que ocurría. Simplemente así era.

El truco era no hablar con ella demasiado. No conocerla más. Lo de la noche anterior había sido un error. Un error muy grande. Debería haberse marchado en el momento en el que terminó de meter la herramientas en el sótano y, en vez de eso, había terminado compartiendo leche con galletas con ella hasta casi las dos de la mañana. Y todo eso, sin mirar al reloj ni una sola vez. Cuando ella lo acompañó a la puerta, le dio un beso de buenas noches y le entregó las llaves… no había pasado nada más. Por fin, el agotamiento lo había ayudado a olvidarse de todo cuando llegó a su propia casa.

Bella Swan besaba como una mujer que sabía lo que quería. Sin embargo, esos ojos chocolates contaban una historia diferente.

Era una mujer muy vulnerable. Sí. Eso esa. Vulnerable. Edward no sabía por qué, pero estaba seguro de que tenía razón. La pregunta era qué iba hacer él al respecto.

Marcharse era una opción, pero no le atraía demasiado. Aprovecharse de esa vulnerabilidad empeoraría aún más su imagen de perdedor eso solo lo dejaba otra opción. Podía ser su amigo.

Maldita sea, ¿no podía haber una cuarta opción en alguna parte?

-Hola, ¿sigues ahí? Vaya, mira esto. Puertas, ventanas y todo lo demás.

Edward sacudió la cabeza ligeramente tratando de librar a su cerebro tratando de librar a su cerebro

De pensamientos que no lo convertían precisamente en un héroe.

-Hola, Bella. Estaba comprobando unas cosas antes de llevarte las llaves –dijo, extendiéndoselas-. Aquí tienes.

Ella las tomó y se las metió en el bolsillo de la falda, que terminaba justo por encima de las rodillas y que dejaba al descubierto el resto de aquellas increíbles y largas piernas hasta llegar incluso a las uñas pintadas.

-No deberías estar descalza aquí -le dijo, mirándola al rostro -. podrías pisar algo afilado.

-Lo sé -replicó ella levantando los zapatos de tacón que llevaba en la mano-, pero no quería arriesgar mis tacones entrando aquí con ellos. ¿Va a haber un escalón desde las puertas hacia el patio?

-No. No hará falta. No creo que te apetezca tener que preocuparte de escalones cuando estés cargada con lo que sea. Hablando de esto, deberías poner una aquí. Te haría la vida más fácil.

Bella frunció el ceño y miró el techo.

-¿Sabes? Tienes razón. ¿es demasiado tarde?

-Piénsatelo.

-Creo que será lo mejor -afirmó ella apoyándose contra él mientras se ponía los zapatos-. Gracias.

Los dos se dirigieron hacia las puertas abiertas.

-Deja que te ayude –dijo él. Entonces, la tomó en brazos y la transportó a un lugar seguro para que ella no tuviera que preocuparse de los desniveles que había en el terreno.

Bella le rodeó el cuello con los se resistió. Entonces, se echó a reír.

-Esto sólo podía pasarme a mí. Que me saquen en brazos de mi casa en vez de meterme en ella. Gracias de nuevo, amable señor.

Edward la transportó hasta el sendero de cemento que conducía hasta la puerta del salón. Entonces, de mala gana, de muy mala gana, le dejó en el suelo, pero no le apartó las manos de la cintura. Ni ella se las quitó de los hombros. La postura no era incómoda, pero sí tensa. E intensa.

-probablemente debería decirte que no estoy buscando una relación estable –dijo él. La sinceridad parecía ser la cuarta opción.

-Yo ni siquiera estoy buscando tener una relación -replicó Bella con una expresión tan franca que él tuvo que creerla-. No sé qué ocurrió, o que estuvo apunto de ocurrir ayer, en mi dormitorio. En realidad o sé. Ni tampoco quiero analizarlo.

-Lo de anoche fue más fácil –dijo él acariciándole suavemente la esbelta espalda y luego volviendo a dejarle las manos sobre la cintura. Si bajaba un poco más las manos...

-Fue muy agradable -afirmó Bella-. Hablar.

-Y comer galletas. Por cierto, estaban buenísimas.

-se lo diré a Sue y te hará algunas para ti, pero todavía tengo media lata arriba.

-Y yo sigo teniendo hambre, Bells, pero no de galletas.

Con esa afirmación, comenzó el camino hacia lo evítale.

-Sí, lo sé. No es que hayamos planeado...

-No, no. No se lo que querido decir. Ayer estaba medio bromeando. Comportándome como un estúpido. Jamás pensé que robar un beso pudiera llevar a...

-Estuviera apunto de llevar a –le corrigió ella-. No hemos hecho nada todavía. Esta bien. Lo comprendo. No tenemos que hacer nada más al respecto si tú no quieres.

-¿Estás tratando de dejarme si hacerme daño o de salvarte el pellejo?

Bella quedo bocabierta.

-No estaba intentando hacer nada, Edward. Tu empezaste esto. Ayer y otra vez ahora. De los dos días, tengo que decir que me gustó mucho más ayer. ¿Responde eso a tu pregunta?

Edward tuvo que tragar saliva antes de poder contestar. Sin importarle que alguien pudiera estar observándolos se acercó a ella.

-¿Quieres esto? ¿Quieres que ocurra? ¿Sin ataduras, sin nada? ¿simplemente que ocurra? Solo esta noche. Una alocada y estúpida noche, para que los dos no podamos quitar las ganas y seguir con nuestra vida.

Bella lo miró sin decir palara. Sin moverse. Sin apartarse de él. Sin embargo, su respiración se hizo de repente más superficial, más laboriosa.

-Yo quiero que ocurra -añadió el-. No se lo que es ni sé por qué no puedo dejar de pensar en ti, pero no puedo. Necesito verte desnuda. Tocarte por todas parte. No es deseo, Bella. Es necesidad. Solo puedo pensar en nosotros dos juntos. Sé que estaría bien. Nos iría bien.

Por fin, ella cerró los ojos, pero los abrió una vez más, como si fueran dos tazas de chocolate para calentar su alma. ¿Qué vio Edward allí? ¿Qué vería allí cuando estuviera dentro de ella, transportándolos a ambos a la consecución de lo que los dos deseaban?

Vio como el pecho se le cubrió de un delicado rubor, un arrebato de deseo que acicateó aún más el de él.

-Ya casi te siento dentro de mí -susurró ella-. Se trata de sexo, Edward. He oído que a veces ocurre así, pero a mí no me había ocurrido nunca. Quiero que así sea. Quiero comportarme de un modo salvaje, libre y tal vez incluso peligroso. Como tú has dicho. Una noche. Yo no pediría nada más. No quiero nada más. Sólo quiero... dejarme llevar. dejarme llevar para sentir todo lo que tengo en mi interior, para borrar todas mis inhibiciones, mis temores. Jamás había pensado que pudiera ni que quisiera hacerlo, pero ahora necesito hacerlo. Una noche.

-Solo una noche -afirmó Edward, aunque el pensamiento no le satisfacía del todo. Lo apartó. Bella tenía razón. Era sexo. Sólo sexo. O había nada más-. ¿Cuándo ? No me digas mañana, Bells. No quiero darte tiempo para que cambies de opinión.

-ni yo a ti. Cerramos a las siete. Podrías pasarte a las nueve.

-Ni yo a ti . Cerramos podrías pasarte a las nueves.

-¿Para cenar? -preguntó él, observando como Bella esbozaba un una sonrisa que debía que debí estará prohibida por lo provocadora , sólo mirándola a esos ojos , viendo esa sonrisa, sentía una excitación tan profunda que casi le resultaba dolorosa.

Por fin, Bella se apartó de él y se dirigió de nuevo hacia la tienda.

-Prepárate tú la cena, Edward. Yo pensaba que estábamos hablando sólo del postre. Dejaré la puerta lateral abierta, así que solo tienes que subir...


HOLA CHICAS DISCULPEN LA TARDANZA PROBLEMAS MUY PERSONALES...

QUIERO DECIR ESTO FELIZ ANIVERSARIO FFDAD SON 5 AÑITOS QUE FELICIDAD

ENTRANDO EN TEMA APARTIR DE ESTE PUNTO NOS PONEMOS CALIENTE... SI SEÑORAS YA LLEGO EL MOMENTO...

OTRA COSA QUE QUIERO ACLARAR ME DEJARON UN COMENTARIO DICIENDO QUE ME ESTABA APROVECHANDO DE LO QUE HAGO. DESDE UN PRINCIPIO DIJE QUE ERA UNA ADAPTACION AQUELLAS CHICAS QUE NO LES GUSTA SIMPLEMENTE NO LEAN ASI DE SIMPLE. NO QUIERO QUEDARME CON EL CREDITO DE LA ESCRITORA ME ENCANTA Y QUIERO QUE CONOZCAN SU TRABAJO Y QUE MEJOR MANERA QUE ASI ES TODO..

GRACIAS A TODAS POR LAS QUE ME LEEN Y SE TOMAN SU MOMENTO DE DEJARME UN COMENTRIO DISCULPE LA TARDANZA NUVAMENTE...

ANNY...