Disclaimer: Todos los personajes son de Suzanne Collins. Esta historia es para el Intercambio Navideño del foro "Hasta el final de la Pradera" a petición de Nochedeinvierno13-Friki. Espero les guste y que te guste.
.
Una razón
XIII
.
Miro a la nada luchando por no caer en ese abismo repleto de agonía y de terror.
No tengo idea si han pasado horas, o apenas unos minutos. En cuanto mi cuerpo entró en contacto con el medicamento para el dolor, la necesidad se apoderó de mí. No pude resistir y lo único que me importaba era dejar se sentir
–Johanna… –dice alguien en apenas un susurro, pero no me interesa saber de quién se trata.
Los cerebritos han intentado por todos los medios que duerma, pero no puedo. Las pesadillas me esperan si cedo a sus deseos y ellos no tienen ni la más mínima idea de los horrores a los que me enfrento.
– Johanna… –repite de nuevo y aunque esta vez lo reconozco, ignoro su llamado.
No quiero hablar con nadie y menos con él. No necesito su lástima ni la de ninguna otra persona. Estar de nueva cuenta en el hospital ha tirado por la borda todas las posibilidades de llevar a cabo mi venganza y eso es suficiente castigo.
– Joha… Por favor, mírame. –pide y por alguna extraña razón se lo concedo.
Nuestros ojos se encuentran y una sensación cálida se extiende en el ambiente. Una calidez que solo sentía cuando estaba con mi familia.
– Lamento lo que pasó… –susurra antes de que la voz le falle.
–No podías saber lo que ocurriría en El Bloque, Finnick –intento convencerlo, pero sé tan bien como él que a eso no se refiere.
– Sabes lo que intento decir…–replica. –Lamento haberte arrastrado a todo esto. Nunca quise que te hicieran daño, Johanna. Nunca… –susurra ocultando su rostro y sé que está intentado contener las lágrimas que luchan por salir.
Permanecemos en silencio unos minutos. Ninguno de los dos se atreve a decir nada. Solo estamos haciéndonos compañía y mi mente viaja a aquellos días en los que él era mi único respiro en esa agonía disfrazada de vida de Vencedor.
– No lo lamentes. –expongo y él levanta su mirada. –Fue mi decisión. No te creas tan especial.
– Lo sé. Nunca fui lo suficientemente guapo para conquistarte –suelta, pero la picardía de su comentario no se refleja.
– No. Pero si muy listo para conquistar a Annie. –Su sola mención hace que su rostro cambie.
– En eso te equivocas. No fui listo, sino afortunado. Ella pudo tener a cualquier hombre y eligió al más roto.
Él siempre quiso lo mejor para Annie. Desde que lo conozco, siempre fue así. Nunca pretendió que ella lo amara, ni mucho menos quiso amarla de vuelta, pero así sucedió. Lo que nunca ha entendido es que el amor es así. Se presenta de la manera más extraña y en el momento que menos esperamos para que, cuando nos demos cuenta, no exista vuelta atrás.
– Tienes razón. Pudo conseguir algo mejor que un cobrizo creído.
Finnick no sigue mi comentario burlón. Me mira y a la vez no. Esta perdido en sus pensamientos por lo que parece una eternidad, hasta que por fin, después de unos minutos, continua.
– Quiero decirte una cosa, Joha.
– Eres un cobrizo creído. No harás que cambie de opinión.
– No es eso. Quiero que seas la primera en saberlo… –respira profundamente antes de continuar –Annie está embarazada, Joha. Vamos a tener un bebé… En unos días me voy al Capitolio y acabo de enterarme que voy a ser padre. –expone con un tono de ironía que pretende encubrir el miedo que no está dispuesto a aceptar.
Se pone de pie, sin darme oportunidad a procesar lo que ha dicho, pero antes de que salga de la habitación susurro. – Te veo pronto, Finn.
La sombra de una sonrisa se dibuja en su rostro.
– Sé que quizás no te guste la idea, pero cuando mi hijo o hija crezca un día te llamará tía. Cuídate, Johanna. Siempre fuiste más que una amiga. Eres parte de mi familia. – suelta antes de perderse de vista.
.
.
.
A todo aquel que se tope con esto, espero que sea de su agrado.
Un beso, Lauz.
