Disclaimer: Todos los personajes son de Suzanne Collins excepto uno, que es propiedad de Ale Santamaría. La trama es un conjunto de ideas locas que andaban en mi cabeza y yo solo espero que sea de su agrado.
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Una razón
XIV
Mi padre me sonríe a la distancia sosteniendo la única fotografía que tenía de mamá.
Corro hacia él. Corro con todas mis fuerzas y cuando creo que voy a alcanzarlo alguien pronuncia mi nombre de tal manera como solo una persona lo hace.
Me giro e inmediatamente retengo la respiración. "Axel" me permito decir en un susurro y él me sonríe como toda respuesta.
Mis sentidos se despiertan. No puedo creer que este aquí.
Mi cuerpo reacciona a su encuentro y sin ser consiente de mí, doy un paso hacia él; en ese momento, un grito desgarrador provoca que voltee en la dirección contraria encontrándome con una escena que he intentado olvidar: mi hogar está en llamas y mi padre también.
Intento gritar pero no soy capaz de emitir ningún sonido. Siento que voy a desfallecer. Lucho contra mi propio cuerpo y me obligo a moverme para intentar salvarlo; no obstante, cuando apenas he avanzado unos cuantos pasos, a mi espalda, Axel grita pidiendo que se detengan y al volverme, la imagen de su cuerpo siendo torturado termina conmigo.
Me arrodillo en el suelo impotente. Sus gritos taladran mis oídos y su agonía desgarra mi corazón.
No puedo hacer nada para ayudarlos porque sin importar hacia dónde gire, mis intenciones, o la distancia, quien se encuentre al lado contrario sufre a causa mía.
– ¿Le gusta el espectáculo, Srta. Mason? –Pregunta su fría voz elevándose entre la agonía. No es necesario que responda, sé lo que va a decir ahora y mi cuerpo tiembla al recordar el inevitable final.
–Tengo esperanzas en que sea así porque le he reservado un asiento para el momento estelar…
Al despertar mi cuerpo se siente pesado y está empapado en sudor.
La oscuridad del lugar no opaca mis sentidos, aún puedo escuchar sus gritos y sentir su dolor. Las imágenes pasan frente a mis ojos, torturándome. Nada podrá hacerme olvidar todo lo que he provocado. Sus muertes pesan sobre mis hombros... no podría ser de otra manera.
En silencio la verdad cae sobre mí.
Siempre supe que este instante llegaría y estoy lista. De un momento a otro ellos vendrán por mí, a terminar con lo que una vez iniciaron.
En mi corazón ya no hay lugar para el temor.
No tengo nada que perder.
Ya me lo han arrebatado todo.
Una luz irrumpe en la habitación, cegándome, pero no es hasta después de acostumbrarme a ella que reconozco la monstruosa vestimenta y lo entiendo todo. No me encuentro dentro de la celda en la que pensé que moriría aquel día, no, estoy en un lugar que es mucho peor: de vuelta en el hospital.
Me giro en la cama con dificultad. No pienso perder mi tiempo respondiendo a sus preguntas estúpidas.
Me sé de memoria la rutina: el cerebrito solo se va a quedar un momento para comprobar que sigo respirando y luego se irá, al igual que todos los demás. Sus triviales preocupaciones lo mantienen lejos de mí y eso es algo que agradezco.
Cierro mis ojos y sin poder evitarlo el rostro de Axel se materializa en mi mente. Recuerdos de nuestros momentos juntos compartidos entre los árboles arriban, destrozándome...
– Srta. Mason, ¿necesita medicación? –pregunta el cerebrito interrumpiéndome.
No le respondo.
"¿Todavía sigue aquí?" es lo único en lo que puedo pensar.
– Mi intención no es molestarla –falla terriblemente –, pero si necesita medicación, solo tiene que decírmelo. Me quedaré a cargo de esta área ahora que los demás se han ido.
– ¿Ido? – preguntó al comprender la magnitud de sus palabras aunque me niego a mirarlo. No le voy a dar el gusto.
– Parece que si está despierta. –susurra más para sí mismo que para mí. Es un idiota. –Como le comenté, hoy parten al Capitolio las tropas y con ellos, un buen número de médicos les acompañan...
No lo sabe, pero sus palabras duelen y un sentimiento de decepción me invade.
Mi mente viaja a un lugar distante. Un lugar dónde la descerebrada y el guapo minero mal encarado que la sigue a todas partes viajan en un aerodeslizador sin saber el punto exacto dónde van a descender. Veo a Finnick inmerso en sus propios pensamientos, unos pensamientos en los que además de Annie ahora figura una personita más a la que seguro piensa malcriar. Casi puedo sentir el temor a la muerte de los demás soldados que seguramente conforman su equipo porque ese mismo temor es el que sentimos todos desde que tenemos edad para ser elegible en la cosecha...
La imagen del aerodeslizador se desvanece tan rápido como llegó. Miro a mi alrededor y no puedo creer que me encuentre en este lugar: soy una vencedora, mi lugar es en la batalla y no en este maldito hospital.
La ira se apodera de mí.
Le grito al cerebrito, rompo, tiro y destruyo todo lo que se encuentra a mi alcance.
Guardias llegan y me sujetan intentando calmarme.
El caos se esparce por doquier.
Lágrimas de impotencia intentan salir, pero no se lo permito.
Snow me ha arrebatado absolutamente todo, incluso, mi venganza.
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Agradezco a Ale Santamaria por prestarme a su chico para esta pequeña trama.
A todo aquel que se tope con mi pequeña historia, espero que sea de su agrado.
Un beso, Lauz.
