Cada minuto del vuelo para Anna fue una tortura, imágenes, recuerdos y sentimientos del pasado que pensaba dormidos y enterrados en lo más profundo de su ser volvía a gran velocidad, se estaba poniendo bastante nerviosa a decir verdad y no sabía porque, ella iría a Osore, ayudaría a Kino y volvería a su nueva vida. Temía encontrarse con Yoh, ¿pero que posibilidades había de eso?, Yoh nunca pasó realmente tiempo en Osore sino la vez que se conocieron y unas pocas veces que fue a visitarla allá después de eso.

-Diablos debí hablar con Kino del tema de Yoh - Señorita- Llamó Anna a la azafata - otra copa de vino-.

- - - OSORE - - -

-Abuela no piensas contarme más sobre el templo Tsu y tu relación con él?-. Preguntaba con curiosidad Yoh

-Tuviste toda tu vida para preguntarme por mi pasado y hasta ahora te interesa-. Contestó la anciana con humor aparente.

-Abuela sabes que me interesa, es solo que nunca había salido a colación el tema o se había dado la oportunidad jiji-

-Bueno, se los contaré todo una vez llegue la persona que nos va a ayudar-

-es decir Tamao-

-...No falta mucho, no te impacientes-

Anna se bajó del avión, llevaba casi un día viajando, se sentía cansada y con muchas ganas de tomar un baño caliente, pero aun le faltaba un viaje de casi 5 horas en carro para poder llegar al templo, miró su celular era casi medio día en Japón de seguro serian horas de la madrugada en Nueva York. Rápidamente escribió un pequeño mensaje y guardó su celular, no pasó ni medio minuto cuando el aparato empezó a sonar, era Mike.

-¡Anna! me alegra saber que llegaste bien, ¿que tal el viaje?-.

-Nada fuera de lo usual, nubes, malas películas y un poco de vino-

-jeje ...¿me alegro?-

-Si… ¿como va todo por allá?-

-Pues bien, la empresa no ha quebrado en el día que llevas fuera jeje-

-Es bueno saberlo, bien espero que todo siga bien, tengo que dejarte-

-Si… aunque...espera… acerca de lo que dije...-

-Este no es el momento para hablar de eso, pero no creas que se me olvido… es solo que...-

-Tienes razón no es el momento ni la forma, cuídate Anny, ya te extraño-.

-Y yo a ti-

Anna colgó el teléfono, salió del aeropuerto y se dirigió al auto donde un hombre sostenía un letrero con su nombre.

-Buenas tardes señorita, ¿a Osore-san?-. La saludo el chofer mientras tomaba sus maletas y las metía en el carro.

-Si, por favor-

-umm ...Es extraño que alguien vaya por allá-. Dijo casi que para si mismo el hombre.

Anna apenas y miro como el anciano la miraba desde el espejo retrovisor pero no respondió nada. Durante todo el camino el silencio en el auto fue sepulcral, entre más se acercaba a Osore más duro podía escuchar latir su corazón, además de otras emociones que la invadían. La rubia no había practicado el arte del shamanismo en años, pero la gran concentración de energía de la montaña era difícil de ignorar hasta para ella.

El coche recorrió las calles que ella una vez conoció, no muy bien ya que ella no era muy dada a salir ya que en esa época cada vez que salía terminaba en tragedia, pero aun así reconoció algunos sitios que en su mente se veían tan como lo hacían en la actualidad. Pronto el coche se detuvo frente a una gran entrada de madera.

-Lo siento señorita pero hasta aquí llego yo, el camino en adelante esta hecho solo para ser recorrido a pie-. La chica lo sabía, lo recordaba bastante bien, se bajó del carro con su maleta que no era muy grande en todo caso. -Esta segura que desea quedarse aquí sola? No vendrá alguien a recogerla?-

-No se preocupe, no es la primera vez que vengo-

El chofer no quiso insistir más y se marchó. Anna empezó a subir a pie las grandes escaleras, intentaba sentir la presencia de Kino, pero definitivamente sus habilidades estaban muy empolvadas, dio un gran suspiro; de seguro eso significaría que tendría que empezar de 0, no sería fácil.

- - - DENTRO DEL TEMPLO OSORE- - -

Kino entró el comedor, y percibiendo la presencia de los muchachos exclamó -Ustedes inútiles, que hacen aquí?-

-A quien le dice inútiles!?- Respondió un ofendido Horo, sin poder dejar de sentir que ya vivido varias veces una situación muy similar.

-Pues esperando a que llegue Tamao, abuela- Contesto con su típica amabilidad Yoh

-Pensé que entrenarían mientras tanto-. Espeto la anciana mientras los tres chicos la miraron con un poco de pereza.- Que esperan! VAYAN!- Exclamó Kino señalando la puerta.

El primero en reaccionar y levantarse fue Len. -Esta bien, ya estoy cansado de perder el tiempo de todas maneras-.

Los tres chicos tomaron sus armas y fueron a entrenar en la parte posterior de la casa mientras una joven sacerdotisa llegaba a donde Kino.

-¿Ya está listo todo?-

-Así es Sensei, el cuarto de la señorita está totalmente limpio y arreglado-.

-Bien, ella no tardará en llegar-. Dijo la anciana pasándola de largo yendo hacia la puerta principal.

Anna subió con mucha calma, sabía que debía llegar rápido pero aun así no quería apresurarse, cada paso le costaba más que el anterior y más cuando pudo divisar a lo lejos el templo. Y no solo esto, alguien parecía esperar en la puerta de entrada. Cuando estuvo cerca pudo ver de quien se trataba.

- Sensei, ha pasado mucho tiempo-. Saludo la rubia ofreciendo una pequeña reverencia a la matriarca de los Asakura.

-Anna-. Contesto la mujer estirando la mano hacia la cara de la chica- ¿puedo?-

La joven rubia se quedó quieta con los ojos cerrados mientras Kino palpaba cada detalle de su cara con cuidado.

-Parece que los años te han favorecido aun más. Debes estar muy cansada después de tan largo viaje, por favor sigue-.

Anna siguió lentamente a Kino mientras miraba a su alrededor, ese sitio no había cambiado nada en absoluto, pero no le pensaba de forma positiva, la casa estaba oscura, fría y muy descuidada; pero bueno siempre había sido así a Kino le gustaba vivir con de modo austero, solo con lo necesario.

-Te quedaras en tu antigua habitación, no te preocupes esta mañana una de las chicas la limpio así que debe estar en el mismo estado en que la dejaste. Si quieres tomar un baño el agua ya está caliente; podemos hablar mejor durante la cena, que será servida dentro de dos horas-. Anna no dijo nada solo siguió a la vieja sacerdotisa hasta su antigua habitación y cuando ella siguió derecho empezó a abrir la puerta.- en verdad aprecio que hayas venido-.

-Es lo menos que puedo hacer por usted, sensei-.

La rubia entró a la habitación, cerró la puerta tras de ella y dando un gran suspiro abrió los ojos y empezó a mirar todo a su alrededor.-Tal como la recordaba-.Pensó la chica mientras recogía una muy desgastada muñeca de trapo- .Oscura-.

La rubia abrió la ventana, necesitaba algo de luz y en esa casa no había electricidad la única luz era la natural, que no era nada abundante, o la de las velas en las noches; recordaba un periodo de su niñez en la que se acostumbro a vivir en total oscuridad al vivir con solo mujeres ciegas.

Tal como Kino había dicho la habitación estaba limpia y como la dejó, por lo cual solo empezó a mover unas cosas viejas para poner algunas que había traído. Apenas abrió su maleta de viaje se sorprendió un poco y dejo una pequeña sonrisa escapar de sus labios, había algo allí que ella no recordaba haber empacado, pero que se alegraba de ver, el atrapa sueños, lo sacó con cuidado y lo colgó sobre el marco de la ventana, su presencia era reconfortante, un poco como la de Michael.

Anna miro su celular, ¿sería bueno decirle que ya había llegado?... No, tomaría un baño primero; además notó que la señal allí no era muy buena, pero bueno era de esperarse; lo mejor era apagar el celular mientras tanto, además no tendría como cargarlo una vez la batería se acabara.

Por su parte Yoh y los muchachos entrenaron hasta que Kino salió a decirles que era hora de cenar, los muchachos se sorprendieron un poco, en todos esos días allí Kino no los había llamado a cenar sino la primera noche para contarles que ocurría, de resto de noches cenaban solo los tres. Rápidamente se cambiaron y fueron al comedor, extrañamente la cena parecía sustancialmente mejor que los otros días que habían comido allí, además de esto, Kino los esperaba.

-Abuela ya estamos aquí!-. Anunció Yoh entrando al comedor.

-Lo se-. Respondió la mujer con algo de escepticismo, es decir, ella era ciega no sorda ni estúpida para no percatarse de escandalosos pasos y balbuceos de su nieto y sus amigos.

-Entonces a comer!- Exclamó un emocionado Horo sentándose a la mesa.

-Aun esperamos a alguien-. Contesto simplemente la mujer haciendo que los chicos se detuvieran y se miraran con algo de escepticismo.

Los tres muchachos notaron que había un plato más puesto y que este estaba justo a la derecha de Kino, a quien sea que esperaban no era cualquier persona, ya que a Yoh aun siendo su nieto no se le permitía sentarse allí, sino por mucho a la izquierda de Kino que estaba en la cabecera de la mesa.

Por su parte, Anna terminó de tomar su baño, se sentía refrescada pero aun así un tanto agotada por el cambio de horario, prendió su celular y vio la hora, faltaban 10 minutos para la hora de la cena, conociendo a Kino debía ser muy puntual; además notó varios mensajes y llamadas perdidas de Mike, las respondería luego, se arregló rápidamente, dejo su celular y fue al comedor. Cuando llegó allí encontró la puerta cerrada, esto le dio la oportunidad de dar un gran respiro y recomponer su semblante antes de entrar, esperaba que las cosas con Kino fueran sencillas para poder irse rápido de Osore; sin mucho pensarlo abrió de un tirón la puerta, pero cuando vio quien se encontraba allí deseó nunca haberlo hecho.

La reacción al otro lado de la puerta no fue muy distinta, los chicos esperaban en silencio cuando sintieron a alguien acercarse, no tuvieron ni tiempo de reconocer la esencia cuando la puerta se abrió rápidamente.

-Tan puntual como siempre- Dijo con una pequeña sonrisa Kino. - Sigue hija-. Señalando el lugar a su derecha- Te reserve tu lugar-.

La cara de los tres chicos no podía ocultar la sorpresa, la de Anna tan solo un poco mejor. La recién llegada miraba los tres pares de ojos que la examinaban con cuidado, como no creyendo realmente que estuviera allí; ella por su parte decidió enfocar su mirada en Kino, no quería que sus ojos se encontraran con los de alguien en especial.

Recomponiéndose rápidamente Anna respondió -Gracias sensei - mientras de sentaba en el sitio señalado.

-Bien ahora que ha llegado la persona que puede ayudarnos les contaré una pequeña historia-. Anunció la anciana.

Sin embargo, Horo Horo no pudo contenerse de preguntar casi con incredulidad. -Espere, ¿que no estábamos esperando a Tamao?-

La respuesta de Kino fue bastante sencilla -Yo nunca dije eso-.

-Pero fue lo que dio a entender, ese día, dijo que solo alguien podía ayudarnos y luego llamó a Tamao-. Espetó Len mirándola acusadoramente.

-Porque necesitaba que encontrara a Anna por mí-.

Yoh no podía salir de su asombro, no había visto ni sabido nada de Anna en años, así que se encontraba totalmente ajeno a la conversación que llevaban sus amigos con su abuela, no podía dejar de mirar a la chica y lo que era peor no podía disimularlo. Anna sentía la mirada de Yoh clavada en ella, pero aun así se resistía a mirar, trataba de concentrarse en lo que decían Horo y Len.

-Bueno suficiente-. Dijo Kino dando un golpe en la mesa que llamo la atención de todos. -Todos saben por qué están aquí, tenemos un grave problema que solucionar, el que no esté dispuesto a ayudar ahí está la puerta, nadie lo detiene-. Los 4 permanecieron en silencio, mientras la matriarca retomaba lo que quería decir. -Bien hace casi dos semanas, las sacerdotisas y aprendices de este templo empezaron a desaparecer misteriosamente, no teníamos la menos idea de que pasaba ni quién podía ser hasta hace unos pocos días-.

En ese momento Kino puso sobre la mesa el medallón. Anna lo observó con cuidado, el símbolo le parecía un tanto familiar.

-Este medallón fue rescatado de uno de los ataques en el cual una aprendiz fue tomada, y es la única pista. ¿Anna sabes que es esto?-. La cuestionó Kino.

-Un medallón, del templo Tsu-.

- Asi es, veo que algo recuerdas entonces. En todo caso para poder entender mejor la situación debo contarles un poco de mi pasado. Todo comenzó cuando…-

Todos parecían confundidos, ¿como se relacionaba el pasado de Kino con ese templo y aun más con los ataques?

- - - HACE 55 AÑOS - - -

Kino era una sacerdotisa en el templo Tsu cuando tenía tan solo 15 años de edad, ella era ciega de nacimiento y para esa entonces las mujeres ciegas no tenían otro destino sino la de servir en templos ya que de otra forma eran una carga para la sociedad al no tenerles otra función.

Kino se destacaba entre otras sacerdotisas por su disciplina, fuerza, astucia y carácter, pero no era la única; había otra sacerdotisa joven en el templo llamada Mei. A diferencia de Kino, Mei no era ciega y no había sido abandonada por sus padres allí, ella había sido cuidada desde muy pequeña por su abuela, otra sacerdotisa que servía antes en el templo Tsu, quien falleció cuando Mei tenía tan solo 10 años de edad, tiempo en el que llego al Templo.

Ambas fueron criadas por las sacerdotisas, crecieron juntas y fueron entrenadas juntas, el templo Tsu era su hogar y la gran sacerdotisa del templo, su maestra, era más que eso, era como su madre.

Un día la gran sacerdotisa recibió una premonición, sus días estaban contados y necesitaba escoger, adiestrar y dejar una sucesora encargada, tras meditarlo y consultarlo con los espíritus las postuladas fueron Mei y Kino, por lo cual ambas afrontarían una prueba en la cual se decidiría la ganadora. La prueba: llamar el espíritu más poderoso que pudieran, el más poderoso debía ganar en batalla y eso demostraría quien era capaz de controlar mayor cantidad de poder.

Para Mei ser gran maestra del templo no era solo su sueño, sino el de su abuela; sentía que si lo lograba ella estaría mucho más que orgullosa, pero aun así sabia que Kino era muy poderosa lo cual la hacía dudar de sus propias habilidades, debía ganar como fuera.

Cuando llegó el día de la prueba, todas las sacerdotisas y aprendices estaban reunidas, era un momento emocionante, además quien quiera que ganara decidiría el futuro del templo y por lo tanto el suyo. Kino se veía tranquila como siempre, ella confiaba plenamente en sus poderes y aun así sabia que Mei también merecía el puesto así que fue solo con su mejor disposición.

-Bien chicas, comiencen-. Anunció la sacerdotisa mayor del Tsu.

Las dos chicas sacaron sus rosarios, estado frente a frente a tan solo unos cuantos metros de distancia. La primera en llamar a su espíritu fue Kino, el espirito invocado era una gran dragón que parecía ser hecho de Agua, el poder que despedía el dragón era impresionante y eso todas lo notaron.

-Muy bien, espíritu de los ríos, nada mal- Pensó para si la sacerdotisa mayor al ver la invocación de Kino.

Mei sabia que debía hacer algo intrépido para ganar, ese espíritu era una esencia casi divina asi que cerro sus ojos y empezó a invocar su espíritu para la batalla, pero entre más rápido rezaba Mei el cielo mas oscurecía y el viento soplaba más duro. Todas se preguntaban que era lo que sucedía hasta que apareció el espíritu invocado por Mei, este era casi tan grande como el espíritu de los ríos que había invocado Kino, pero su poder era algo más, no porque fuera más fuerte sino porque era algo oscuro y muy maligno, este espíritu no tenia forma, parecía simplemente una gran sombra.

Kino se perturbo un poco por la esencia de ese espíritu, no entendía por que Mei había invocado algo asi, era simplemente algo negativo y muy peligroso.

-Que sucede Kino, tienes miedo?- La llamó a modo de provocación Mei.

-El espíritu de las sombras- Dijo con voz ahogada la sacerdotisa mayor al observar la invocación de su otra aprendiz y con claro horror en su rostro.

En seguida el oscuro espíritu ataco al gran dragón, pero este no se lo iba a dejar tan fácil. Los espíritus forcejearon por corto tiempo, el espíritu de las sombra lanzaba ataques a diestra y siniestra mientras el espíritu de los ríos interceptaba varios en un intento de mitigar los daños. Sin embargo, no podía seguir asi, el gran dragón comenzaba a verse afectado; la gran sacerdotisa observando el dragón perdería decidió intervenir, se situó entre ambos espíritus deteniendo la pelea y con mucho esfuerzo logro desaparecerlos a ambos.

Cuando los espíritus desaparecieron la gran sacerdotisa miró alrededor, habían algunas chicas heridas, el templo había sufrido unos cuantos daños, pero fijo su mirada con mucho enojo en Mei.

Mei miraba alrededor buscando a su espíritu hasta que vio como la gran sacerdotisa se acercaba a ella con una mirada muy enojada, en un abrir y cerrar de ojos Mei sintió como una gran cachetada atravesaba su cara y llamaba la atención de todas las demás en el sitio.

-¿Pero por que? Mi espíritu estaba apunto de ganar-. Dijo empezando a sollozar Mei.

-¿PERO A QUE COSTO!?- La reprendió la mujer mayor.

Mei no lo entendía, asi que la gran sacerdotisa le señaló varios de los daños.

-Yo, lo siento...¡pero el espíritu de Kino es tan culpable como el mío por todo esto!-

-¿El espíritu de los ríos? ...El no heriría nunca a nadie! Es más de no ser por el no se que hubiera pasado… ¿Por que Mei? Por que invocaste un espíritu como ese? No ves que nos pusiste a todas en riesgo- Le preguntó con clara decepción la sacerdotisa mayor a su pupila.

Casi que con molestia la chiquilla se defendió.- No fue más que unos cuantos daños-

-¿Eso es lo que crees? Si no hubiera intervenido y tu espíritu hubiera vencido al de Kino de seguro lo habría devorado, sabes las consecuencias que hubiera traído eso!-

-No hubiera llegado a tanto… lo tenía bajo control-

-¿entonces tu le ordenaste que atacara al templo y a tus hermanas?-.

Mei se quedo en silencio, era cierto; tal vez no lo tenía tan bajo control como creía.

-Mei para ganar una batalla acudiste a un espíritu que puede alterar el equilibrio natural y no te importó, ganar es importante pero no puede ser a cualquier costo… me duele decirlo pero no solo estas descalificada de la competencia sino que serás degradada al primer nivel de aprendiz nuevamente, es necesario que aprendas lo básico ya que al parecer no lo has hecho después de todos estos años-.

La cara de la chica era de total enojo, ella no había roto ninguna regla, es más no habían puesto reglas en la competencia, pero aun así sabia que no había mucho que pudiera hacer y más al ver el daño causado, por lo cual se resigno a recibir su castigo. Por el otro lado Kino fue declarada la ganadora y sucesora de la Gran Sacerdotisa o Sacerdotisa Mayor de forma que empezó a recibir clases particulares con ella, y pasar mucho más tiempo juntas.

El odio y los celos de Mei solo crecían cada vez más, en especial al ver como los poderes de Kino se fortalecían rápidamente y era mucho más unida a su maestra.

Un día como cualquier otro llegaron al templo Tsu un hombre y su hijo, estos eran de una familia bastante bien conocida en el mundo sobrenatural, la familia Asakura; pidieron a la gran sacerdotisa hospedaje por unos cuantos días ya que al parecer debían resolver un problema con unos demonios en un sitio cercano. La gran sacerdotisa aceptó y viendo que era la oportunidad para probar las nuevas habilidades de Kino ofreció su ayuda para el trabajo.

La misión se llevó a cabo sin inconveniente alguno, había salido mejor que perfecta y todo gracias a la perfecta sincronía que había entre de Kino y el joven muchacho, Yomei Asakura, al momento de luchar. Los grandes poderes de Kino no pasaron de manera desapercibida para el padre de Yomei; quien a los pocos días de haberse marchado volvió con su esposa e hijo nuevamente.

-Es un placer verlo de nuevo por aquí señor Asakura, y más en tan grata compañía-. Los saludó la sacerdotisa mayor haciendo una pequeña reverencia ante los Asakura.

-Le agradezco que nos reciba con tanta cordialidad como la ultima vez Gran Sacerdotisa; pero me gustaría plantearle una situación que es muy importante para nosotros-.

La gran sacerdotisa lo miro con duda, ¿que podía ella hacer por una familia tan importante y fuerte como lo eran los Asakura? -Solo dígame en que puedo ayudarle y lo haré con el mayor de los gustos-.

El señor Asakura, cabeza de la familia para esa entonces, le comentó a la gran sacerdotisa que según varias lecturas y premoniciones las siguientes cabezas de familia de los Asakura serían responsables directos del resultado del torneo de shamanes que se llevaría a cabo en sus tiempos.

La gran sacerdotisa solo escuchaba, aun no entendía su papel en todo eso; hasta que vio la cara nerviosa del joven Yomei. El padre de Yomei le contó que al ser esa una carga muy grande para su hijo habían estado buscando desde su nacimiento una persona poderosa que compartiera la responsabilidad con él, pero que hasta ahora no habían encontrado nadie que les diera la confianza que necesitaban, nadie hasta que conocieron a Kino, su aprendiz.

-Su aprendiz es una chica con carácter, fuerte y poderosa; además se que es del completo agrado de mi hijo Yomei, por eso le pido que considere que ella se convierta en la prometida de los Asakura-. Dijo el aquel entonces patriarca de los Asakura haciendo una reverencia ante la gran sacerdotisa de Tsu.

La gran sacerdotisa estaba sin palabras, no solo por la situación sino por que ver un hombre tan poderoso pidiéndole algo se esa forma, era por que en verdad era importante.

-Entiendo su posición señor Asakura, pero aun asi Kino es quien he elegido como mi sucesora, la verdad es que no me queda mucho tiempo en este mundo y la he estado preparando para asumir ese papel; si ella se va con ustedes las demás sacerdotisas y el templo…-

-Por eso no se preocupe, yo mismo le aseguro que su papel como cabeza de la familia no interrumpirá su papel como gran sacerdotisa, es más estamos dispuestos a ofrecerle a usted y las demás bajo su cuidado total protección. Por favor tenga en cuenta que este no solo es un favor para la familia Asakura sino una forma de asegurarnos que el siguiente Shaman King sea adecuado, ¿o cree que hay alguien más apto para ser responsable de un futuro rey shaman que su aprendiz?-.

La gran sacerdotisa lo considero, era cierto confiaba plenamente en Kino, y parecía ser que el señor Asakura podía ayudarla a proteger el legado del templo a la joven chica cuando ella ya no estuviera.

-Esta bien, hablare con Kino. Ya le informaremos la decisión definitiva-.

La gran sacerdotisa le contó toda la situación a Kino, la chica no podía negar que estaba sorprendida, el matrimonio no hacia parte de sus planes, pero ahora que había la posibilidad no lo descartaba tampoco, la verdad le agradaba Yomei aunque era poco el tiempo que había compartido. Kino tuvo sus reservas en cuanto a sus obligaciones con el templo y las sacerdotisas, pero cuando la gran sacerdotisa le explicó las garantías que se le ofrecían para que pudiera seguir igualmente a cargo no tuvo más dudas y aceptó.

Kino y la gran sacerdotisa se reunieron con los Asakura durante hora negociando los términos del acuerdo, las demás chicas del templo sabían que algo sucedía desde que habían regresado los Asakura, pero no tenían la menor idea de que.

En los términos del acuerdo quedó pactado que los Asakura proveerían nuevas instalaciones para las sacerdotisas y aprendices ya que el templo Tsu estaba en bastante mal estado, los Asakura ofrecieron un gran propiedad que tenían en el Monte Osore, Kino y la gran sacerdotisa estaban en un principio reacias a un cambio de sitio, pero ellas conocían Osore, era un sitio bastante famoso entre las sacerdotisas y monjes por la gran concentración de almas que allí había, decidieron que si sería un mejor sitio para enseñar y entrenar además que allí serian de más ayuda.

Los Asakura prometieron que Kino quedaría a cargo de Osore pero aun asi que necesitaban que asistiera a Yomei en otras obligaciones y compromisos hasta el momento que se efectuara la ceremonia de matrimonio, asi que Kino pasaría la mayoría del tiempo en Osore haciendo sus cosas excepto cuando fuera necesaria su presencia para cumplir con los deberes de la familia. No habiendo más que discutir se cerró el acuerdo y asi Yomei y Kino quedaron comprometidos.

La gran sacerdotisa valoraba el esfuerzo y en cierta parte el sacrificio de Kino, sabia que su aprendiz solo quería lo mejor para el templo y las demás por eso la apoyo desde ahí en todo lo que pudo. Luego de que se marcharan ese día los Asakura se les informó a las demás chicas lo que había sucedido y los cambios que las decisiones recién tomadas implicarían para ellas; la gran mayoría estuvo de acuerdo en un cambio de sitio, el templo estaba en verdad en un estado deplorable y no podían esperar para llegar a Osore y tener un mejor sitio para entrenar; otras tantas se mostraban nostálgicas y en desacuerdo, pero aun así sabían que las decisiones de la gran sacerdotisa eran absolutas e irrevocables.

Rápidamente llegó el día en que acordaron que se trasladarían a Osore, era una caminata de casi tres días, las chicas prepararon todas sus cosas y partieron; excepto una.

Kino esperaba y se cercioraba que todas fueran, pero aun faltaba alguien.

-Vamos Mei, no tenemos todo el día-. La apresuro Kino.

Mei salió del templo lentamente, se veía bastante enojada y lo estaba, le hacía hervir la sangre el hecho de que Kino le ganó el puesto de sucesora de la gran sacerdotisa del templo Tsu solo para a su parecer dejarlo en segundo plano, ahora que tendría responsabilidades con los Asakura.

-¿Que pasara con el templo Kino?-. Reclamó Mei.

-El templo esta donde estén las sacerdotisas y sus enseñanzas-.

-¿Entonces por que no tomamos el nombre Tsu con nosotras!?-.

-Porque ahora viviremos en Osore Mei, ese es el nombre del sitio y por lo tanto del templo-.

Mei apenas y rió con cinismo. -Sabes, por un momento pensé que la maestra tenía razón y que tu merecías más el puesto que yo, pero no puedo creer lo que equivocada que está, que están todas-.

-Si, ¿por que?-

-A ti no te importa el templo en absoluto, a la primera oportunidad que tuviste decidiste cambiarlo por una vida llena de comodidades y un buen nombre-.

-Es lo mejor para todos, el nuevo templo está en un sitio mucho más adecuado para realizar nuestras tareas como sacerdotisas, además que la familia Asakura podrá velar por su sobrevivencia de una forma que nosotras no podemos-.

-Si pensar eso te deja dormir en paz jaaa…-.

-Suficiente Mei, ya es hora de irnos, quieras o no esta es la decisión que tomamos la maestra y yo!-.

-¡Yo no sigo ordenes de desertoras! Yo soy una sacerdotisa del templo Tsu y este es mi lugar!-

-Mei nosotras somos tu familia, aquí no queda nada para ti, ni para nadie-. Dijo Kino viendo el templo ya vació-

-Pues prefiero quedarme con nada que irme con ustedes! Destruiste el templo Kino! Mi hogar! mis sueños! Y lo vas a pagar Kino las cosas no se van a quedar asi!-.

Luego de esto Mei huyó, Kino intentó encontrarla pero no había la menor señal de la chica.

-Grandes espíritus, por favor protéjanla y ayúdenla a encontrar su camino-. Rezó Kino quitándose el medallón que la distinguía como sucesora y que había ganado en la batalla y dejándolo en la entrada del templo.