Capítulo III
En el bosque; Shukaku sintió la presencia del cachorro alejarse de los bosques.
–Ha salido. –informó, esperando las indicaciones del pelirrojo.
–Ve con él, amigo mío.
El tanuki le sonrió a aquel que fuera su contenedor, y desapareció de la mirada de este. Gaara dirigió sus pasos hacia la casa de los Nara.
Al llegar no pudo evitar, escuchar los gritos que salían de la cocina.
–¡Esto fue error desde el primer instante que lo propusiste Temari, y lo sabes! ¡Vivimos una mentira!
–¡No puedes joderle la vida a mi hijo sólo por que deseas tanto coger con Gaara!
Una risa un tanto amarga, brotó de los labios del manipulador de sombras, al escuchar eso ultimo.-
–¡¿Tu hijo?! Aquel que ves con odio cuando Gaara viene, aquel que dejas sólo cuando estoy de misión, aquel que miras con tristeza porque representa el fruto de un verdadero amor…
Un golpe se escuchó deteniendo las frases. La mejilla de Shikamaru estaba roja por el impactó.
000
El barrio Uchiha, si bien ya no era ese desolado lugar que fue, tampoco estaba muy habitado; por lo que a Shikadai le fue fácil encontrar la casa que habitaban los Uchiha Haruno.
El niño se armó de valor y tocó en la puerta. Momentos después alguien abrió.
–Hola... ¿Tú eres...?
El niño de coleta, casi suspiró de alivio. El destino lo tenía escrito, esos dos debían hablar. Menma esperó la respuesta del menor. Como no la hubo, de inmediato calculó veloz y supo que de esa edad el pequeño seguro buscaba a…
–Si buscas a Sarada, no está, pero no creo que tarde.
Shikadai negó.
–No. Yo vengo a verte.
El adolescente miró con curiosidad al niño y estaba por negarse, más un chakra y figura conocida escondidos vigilando a este, lo impidieron. Menma salió y cerró la puerta.
–Ya veo, él ya quiere que lo sepas.
En el interior de Menma, un zorro de color oscuro, bostezó y se estiró cuán largo era, comentando:
–Ese loco tanuki, ya nos lo había advertido. Dijo que era hora, que el niño ya lo sospechaba –El zorro farfulló– ¡Otro jodido niño genio!
Menma sonrió al oír eso del bijū e invitó a Shikadai…
–Vamos al campo de entrenamiento Uchiha, ahí hablaremos.
Los chicos de Konoha, salieron del barrio y Shukaku les siguió.
Sakura y Sarada iban llegando a su casa y la niña alcanzó a ver a su hermano desaparecer por una de las calles.
–Mamá voy a...
Sakura sonrió y le quitó las bolsas de las manos a su hija.
–Ve.
La dejó, creyendo que está iría a perseguir al rubio hijo del Hokage, como era su costumbre. Si bien en ese tiempo le causaba gracia, en cuanto Sarada tuviera más edad, le hablaría de algunas cosas y del porque no era bueno ni sano, perseguir a quien no te tomaba en cuenta.
000
Gaara entró despacio, hacia la sala donde el matrimonio Nara, estaba discutiendo; observó a su hermana, ella con una mirada seria y con el odio que había estado creciendo desde que se enteró de la relación entre Shikamaru y él.
Gaara caminó sereno y se plantó frente a ellos:
–No será necesario que se lo digas Shikamaru. Mi hijo… –mencionó observando a su hermana– Nuestro hijo está por descubrirlo, después de todo es un niño inteligente –El gesto de su rostro en ningún momento cambió.
–¡Estás loco Gaara! Shikadai no lo entenderá, lo expondrás al odio, tal como te paso a ti, ¿Es eso lo que quieres? Que el sufra lo mismo. – Temari, estaba fuera de sus casillas ante sus ojos se desmoronaba aquel castillo de arena que tanto le había costado construir.
–Tomaré ese riesgo por mi hijo. Lo has tenido suficiente tiempo, buscaste tu anhelada felicidad a costa de la mía y yo fui cobarde por entregártelo sin mirar atrás, pero Shukaku está aquí y es tiempo que Shikadai y él se encuentren, no es bueno para ambos estar separados y tú lo sabías Shikamaru. –La mirada seria del kazekage se posó sobre el moreno– Creí que lo cuidarías bien, pero veo que dejaste que mi hermana lo usará como objeto de odio.
–¡Es mi hijo! –La rubia alzó la voz– ¡Es mío, ante los ojos de todos, lo es!
–¿Y? ¿De qué te sirvió? –Shikamaru se cuadró observándola secamente– Nunca te has ganado su afecto, nunca le has dedicado una palabra afectuosa en privado, él nunca ha sido tuyo.
000
Sarada notó que los chicos se detenían en el claro del bosque y los imitó sin dejarse ver.
Por su parte, Menma se estiró divertido, sonriendo zorrunamente, llamó:
–Vamos Shukaku, sal de detrás de esos arbustos y ven con él.
El Tanuki salió mascullando algo acerca de "posibles reencarnaciones de Hagoromo muy metiches."
Shikadai miró con asombro a la pequeña figura caminar hacia ellos y si bien creyó recordar algo, no supo el que.
Menma sintió el chakra salir de él y presento:
–No temas, voy a presentarte a Kurama, la mitad del bijū que vive dentro de mí.
Shikadai asintió, sin dejar de observar como la forma del mencionado aparecía; y si bien era de gran tamaño, sospechaba que no era la original.
Shukaku se cruzó de brazos, murmurando.
–Presumido.
Kurama chasqueó la lengua y se encogió igualando al Tanuki, pero comentando...
–No es mi culpa que mi jinchūriki nunca se haya separado de mí.
Shikadai escuchó eso y vio al adolescente.
–Eres un jinchūriki –aseguró.
Menma asintió, respondiendo.
–Creo que no eres un niño común y sé que comprenderás, porque nadie lo debe saber.
–Te temerían y...
Menma hizo un movimiento con la mano, quitándole importancia.
–No, no es por eso. En realidad... –El adolescente miró con suspicacia al menor– dime la verdad, ¿porque crees que sea?
El niño observó a Shukaku y este a su vez lo imitó tratando de trasmitirle confianza.
–Lo heredaste. –concluyó Shikadai.
El Uchiha asintió. El Tanuki creyó pertinente intervenir:
–Al igual que tú.
Shikadai negó sin poder asimilarlo, por lo que Kurama ayudó:
–Soñabas, con Suna...
–Con mi arena, la de Karura, con la de tu... Verdadero gestante.
Concluyó el Ichibi. El niño Nara abrió la boca asombrado.
–¡El tío Gaara!
Menma se recargó en Kurama para terminar de decir.
–No sé si yo era el indicado para confirmarte lo que sospechabas, más creo que tu padre no te lo dijo como a mí, el mío.
Shukaku se estiró rascándose una oreja y se acercó al Nara.
–Tal vez me veré mal, pero debo advertirte que ya no podemos estar alejados y ahora que ya lo sabes todo...
Kurama negó moviendo la cabeza.
–Deja que lo piense un poco, al fin y al cabo sólo es un cachorro.
Menma no escuchó lo que los Bijū discutían, pues pensaba en cierta personita que había escuchado todo... Sarada.
Shikadai se quedó en silencio, era demasiada información. Observó a Menma y de nuevo al Shukaku:
–¿Como que debemos estar juntos? –El menor alzó una ceja deteniendo la discusión de los bijū:
–Es complicado cachorro –El tanuki se acercó al descendiente de los Nara, tocando sus mejillas– Eres un jinchūriki porque yo te elegí.
El niño se asombró, mas fue por poco tiempo, porque preguntó:
–¿Eso se puede?
La pregunta del pequeño era muy válida.
Kurama masculló.
–Algunos Bijū crean un lazo tan fuerte con su contenedor que lo adoptan como familia.
Shukaku se defendió de esa acusación por tener sentimientos.
–Era buena opción como jinchūriki.
Los tres oyentes no le creyeron mucho.
Menma se inclinó a la altura de Shikadai y colocó una mano sobre el hombro de este.
–Ellos eligieron cuidarnos como favor a nuestros gestantes. –Las bestias con cola se removieron incómodos, más no contradijeron al Jōnin– Estarían con nosotros, pues ellos no pudieron hacerlo.
Shikadai asintió, más no pudo evitar sentirse herido.
–Es un honor ser su jinchūriki, Shukaku-sama, sin embargo, me hubiese gustado que Gaa... Que mi pa...papá no me hubiese rechazado.
El Tanuki negó de inmediato.
–¡No! No, él no te rechazó, al contrario. –Shukaku exhaló aire y prosiguió– Él no te rechazó Shikadai. Gaara tuvo miedo de que en el futuro fueras separado o juzgado; prefirió alejarte protegiendo tu identidad y pasar a segundo término, ser tan sólo tú tío. –El tanuki miraba al pequeño– Yo siempre he sido una constante en tu vida, pero el pasado de tus padres les corresponde a ellos explicártelo.
Shikadai veía al bijū, mientras comprendía aún más las sonrisas de su padre, cuando veía a papá.
–¿Él me quiere? –cuestionó incrédulo.
–Todo el sacrificio que ha hecho al estar separado de ti ¿no te lo confirma? Te ama más que a sí mismo.
Concluyó ufano el Ichibi. Menma sonrió ante la deslumbrante alegría que el rostro de Shikadai mostraba, al escuchar esa respuesta del Tanuki.
–No juzgues a tus padres, sólo ámalos y ellos te darán todas las respuestas que deseas. –opinó Kurama.
El niño Nara asintió y aun temblando de emoción, mencionó:
–Debo regresar, papá llegó hoy... Gracias –le dijo al Uchiha y luego se giró hacia el Tanuki– Vamos Shukaku-sama.
Los dos nuevos jinchūriki y bijū caminaron fuera del bosque; dejando solos a Menma y a Kurama, el zorro al ver el rostro algo apagado del pelinegro, por fin preguntó:
–¿Estás bien?
El adolecente movió la cabeza y respondió:
–Sí, es bueno saber que no todos los Kages son cobardes.
El Kyūbi aclaró molesto:
–Lo de Naruto no fue cobardía, acabas de decírselo a ese niño, ¿y tú no lo crees?... fue por amor.
–El Kazekage no se quedó conforme y eso que Shikadai no sabía la verdad.
–Nadie a excepción de tu padre y sus cercanos, saben que conoces tus orígenes ni siquiera Naruto lo sabe.
–…
Menma no agregó nada. Para él, trece –casi catorce años– le parecían muchos para no dejar las mentiras y caretas de lado, por mucho amor que dijeran tenerle.
…
Muchísimas gracias por sus comentarios y por leer. Pitiizz y yo estamos felices.
Alba marina, kane-noona, Moon-9215, Ying Fa Malfoy de Potter y karo aoi chan.
