Capítulo VIII

Aun después de años sin estar bajo su techo y órdenes; a Hinata le costaba trabajo ir contra las ordenes de su padre. Por eso esa mañana en cuanto Naruto salió a sus labores, Boruto a la academia. Ella agarró a Himawari y se encamino al barrio Hyūga a poner al tanto de ese trato había llegado a su fin y que Naruto se separaría de ella.

Todos los intereses que el clan o Hizashi tenía con ese arregló, concluirá y no sólo eso sino que conociendo a los Uchiha –o al último de ellos– no estaría tranquilo si por alguna razón sentía amenaza a su familia y por supuesto eso incluía a Naruto.

La de cabello azul, arribó a su antiguo hogar y entró en este, esperando que su padre la recibiera después de atender algunos asuntos.

Hinata se sentó y esperó por su padre. Himawari aprovechó y salió a jugar en el pequeño estanque.

Hiashi llegó al salón y para fortuna de la mujer, lo hizo solo.

Después de los respectivos saludos. La pregunta de rigor no se hizo esperar:

–Es bueno que me visites.

–Padre… no es una visita social...

–¿Y bien?

La mujer se armó de valor y comenzó su relato y el motivo de su estancia ahí…

Hiashi no interrumpió a su hija en ningún momento, sabedor que a esta le costó trabajo relatar todo sin que su timidez se interpusiera. Era hora de responder…

–No es ni remotamente aceptable que de buenas a primeras él tome esa decisión. Ya no es solo lo que desea o quiere.

–Pero nosotros…

–No hija. No niego que esa unión nos benefició por la fama de Naruto como héroe de la cuarta guerra ninja…

–No solo fue él.

–No soy ajeno a ello; sin embargo el otro… hasta antes de esa batalla se consideraba un traidor.

–…

Convenientemente al líder del clan Hyūga se le olvidó que sin ayuda de Sasuke Uchiha, probablemente esa victoria contra Madara y Kaguya no hubiese sido posible.*

–Naruto tiene obligaciones contigo y sus hijos…

–Y las tiene aún más con Menma.

–¡Oh por Kami! ¡Eso en sí, incluso suena como una aberración!

–Como sea padre, es la verdad.

Hiashi agitó la mano en signo de negación.

–No permitiré que mis nietos o tú, pierdan lo que por derecho les corresponde. No sostuve aquella farsa, basándome en ese golpe de suerte, que tu hija mía, aprovechaste bien.

El rubor cubrió la faz de la Hyūga.

–¿Ya te avergüenza? –preguntó el mayor.

–Con los años no solo se madura padre, también se reconoce nuestro hierros y las consecuencias de nuestro egoísmo.

–Ciertamente, pero ahora esta separación no solo te afecta a ti. El honor de nuestro clan quedara en entredicho.

–No puedo negarme.

–Puedes, por el bien de mis nietos. Yo no te retirare el apoyo.

Hinata cedió; creyendo que esa montaña de mentiras se merecía que la enfrentara y que no saliera fácilmente. Sin embargo deseaba que sus hijos no sufrieran… más por ello.

–Le mandare un mensaje para que venga – aseguró Hiashi– es mejor hablar de esto de inmediato.

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En la casa que el kazekage y familia ocupaban; Kankurō estaba almorzando y vio salir a su sobrino, aun tallándose los ojos.

El marionetista pensó que contra la genética no había nada que hacer y es que Shikadai no notó que ya no era hora para aún ir espabilándose.

–¡Tío!

–Hola dormilón.

El niño se rió avergonzado, pero no fue por mucho tiempo, pues...

–¡Conocí a la abuela!

–¿En serio pequeño? –preguntó interesado y muy curioso Kankurō, revolviendo los cabellos ébano del niño– ¿Cómo es eso? si ella…

–Oh… lo sé, mas ella estaba con Shukaku dentro… Me dijo que debo ayudar a mis papás, y aprender a convivir con Shukaku y manejar su fuerza.

–Sí, bueno ese bijū es un querendón aunque no lo acepte, sólo no dejes que te enseñe sus vicios. –El niño asintió sin comprender mucho– Tus padres no deben de tardar, después nos iremos a Suna, pequeño.

Shikadai se puso un dedo en la boca en gesto de pensar y comentó:

–Estoy emocionado por ir a Suna, pero... voy a extrañar a mis amigos, además no les he contado las nuevas noticias –Shikadai vio a Kankurō– ¿Tú si sabes que soy jinchūriki, verdad?

El shinobi se rió con ganas.

–Afortunadamente lo sé, sino hubieses metido la pata al contarme todo esto.

–¡Tío!

Kankurō jaló a su sobrino para abrazarlo.

–Tenemos un poco de tiempo, te llevo a la academia, antes de que vengan... mejor aún dejémosles un mensaje; después de todo deben avisar que te mudaras.

El infante estuvo de acuerdo. Almorzó veloz y se alistó para salir.

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El rubio Hokage, debía ir al barrio Hyūga a ver, como me había ido a Hinata al confesarse con su padre. Y es que el mensaje antes recibido de su aun suegro, no le daba buena espina.

Los dos Uchiha y el Uzumaki salieron de la torre; Sasuke acompañaría al rubio y como favor especial, Menma iría por Boruto quedándose con él, en lo que sus padres se desocupaban.

Menma suspiró resignado, en verdad su papá era algo obvio al desear que sus hermanos y él, se acercaran.

Su padre siempre le decía que había heredado el carácter del rubio, sin embargo su mente era la analítica de los Uchiha y se dijo que como buen aniki debía ser el que diera el ejemplo.

Menma se despidió de sus padres y corrió por las calles hasta el colegio. Ahí se subió a un árbol y esperó.

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Boruto veía hacia el exterior; aún estaba nervioso, porque que, el genio Uchiha fuera su hermano. Ahora ¿qué le diría? Se había portado horrible. Y es que a pesar de que le habían explicado y comprendía… aún se sentía celoso de Menma; este sin lugar a dudas fue nacido por el verdadero amor de sus padres y solo su existencia ya se consideraba algo asombroso; pues nació por la inquebrantable fuerza de voluntad de Naruto… su padre.

El joven rubio dejó de lado esos pensamientos profundos y suspiró observando, el lugar vacío de Shikadai, seguro ese vago se había quedado dormido de nuevo.

Las horas pasaron y para la salida de la academia. Boruto se sintió más que shokeado. Pues al salir del salón, observó a cierto Jōnin parado en el tronco de un árbol en la entrada de la Academia.

El rubito caminó lentamente para no acelerar ese encuentro, y poner en orden la oleada de pensamientos que lo inundaron al ver a Menma.

Una idea esperanzadora lo calmó instantáneamente… También cabía la posibilidad de que no lo esperara a él, pues Sarada... Oh esperen ella no había ido tampoco ese día. pensó el niño.

Al llegar por fin cerca del árbol...

–¡Hey! –llamó el adolecente pelinegro, al niño rubio.

Boruto no pudo engañarse más, Menma iba por él.

–Hola –respondió en voz baja creyendo que el mayor iría a reclamarle su actitud.

Menma que no era un genio en balde; se rió divertido al verlo de ese modo y calmó al menor.

–Boruto vine por ti.

–…

Menma consideró la posibilidad de que no solo en lo físico ese niño se pareciera a… su papá.

–Ven. Vamos a comer ramen, te invitó.

El brillo en los ojos de Boruto le dijo que no erró.

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El Kazekage visitó el hospital de Konoha; para ver los adelantos de ciertos sannin que aun viéndose feo entre ellos, lograron colaborar para hacer grandes descubrimientos en el ramo de los trasplantes.

Shikamaru acompañaba a Gaara, más optó por dejar que este hiciera las preguntas, ¿el motivo...?

–¡Cállate vieja, eso no va de ese modo! –exclamó Orochimaru.

–¡¿A quién le dices vieja?!... ¡Mami! –se burló Tsunade.

Gaara rodó los ojos al escuchar esos insultos; esos sennin eran incorregibles.

El Nara notó la pequeña marioneta de un can, que atravesó el pasillo en su dirección, esta entregó un mensaje y desapareció.

Kankurō llevaría a Shikadai con sus amigos. Ya irían ellos en cuanto salieran de ahí.

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Por las calles cerca de la Academia. Kankurō llevaba de la mano a Shikadai y este informó:

–Ya llegamos.

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Boruto al recibir esa invitación del mayor, asintió sin poder articular palabra. Menma sonrió de lado y saltó para caer junto al rubio.

Ambos se encaminaron rumbo a la calle de restaurantes...

–¡Boruto!

Shikadai a lado de su tío, llegaba y llamó agitando la mano.

El rubio negó pensando, ese flojo sí que no cambiaba, mira que llegar a la academia a la salida.

Shikadai sonrió al ver al Jōnin de cabellos negros junto a Boruto. Menma le había ayudado a que su familia estuviera libre de lazos de mentiras y deseó lo mismo para él.

–Eso de llegar tan tarde es herencia de los Nara –comentó el adolecente, haciendo que Shikadai se sonrojara.

–Sí, bueno es que me dormí muy tarde, –aseguró el niño de coleta y se alzó de hombros–, pero voy a llegar hablar con mis amigos. Ya que vas con Boruto… ¿podrías…?

El joven Uchiha comprendió:

–Si yo le contare.

–Gracias.

El niño se despidió de los dos, entrando al aula. Kankurō imitó a su sobrino y le siguió.

Boruto y Menma retomaron su camino hacia el puesto de Ramen, el menor seguía un tanto nervioso.

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Shikadai y Kankurō entraron al pasillo de la entrada y el menor llamó a sus amigos.

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Boruto y Menma llegaron al –aún de pie– Ichiraku; ahí la misma Ayame fue a atenderlos. El Uchiha recargó la cabeza en su brazo y se giró hacia Boruto.

–¿Que sucede? No creí que fueses tímido, por lo menos de lejos no te vi de ese modo.

El rubio negó y suspiró mordiéndose los labios.

El Uchiha se removió inquieto y preguntó:

–¿Ya sabes la verdad...?

Boruto movió la cabeza como asentimiento.

–¿Te molesta? ¿O… me odias? –cuestionó el moreno.

–¡No!

Se apresuró a responder el de ojos azules, muy temeroso de que el mayor pensara eso de él.

Menma lo tranquilizó.

–Eso me parece muy bien. Y bien, entonces ¿por qué lo serio?

Boruto se armó de valor.

–Es que... ¿no te desagrado?

–...No.

–Pero si siempre fui un idiota contigo.

Menma se rió divertido, al contestar. Que mejor romper el hielo entre ellos, con una historia de dos hermanos, más que conocida...

–Supongo que te sientes como mi padre con su aniki.

–¿Como?

–Te contaré su historia...

Menma relató como Sasuke admiraba, pero a la vez deseaba sobrepasar a Itachi...

De ese modo Boruto supo que Menma era su aniki, el que conviviría con él, entrenaría y sería su mejor amigo o su meta a vencer.

Muy cerca, mirando como esos dos conversaban ya sin impedimentos. Naruto sonreía feliz.

–Si no fueses el Nanadaime ya te hubiesen arrestado por acosador.

–¡Teme!... ¡No soy un acosador! –El poseedor del Sharingan arqueó una ceja– Sólo estoy viendo a mis niños.

Se justificó el rubio. Y Sasuke se dejó de burlar, mirando lo mismo que su pareja... Si, sus hijos estaban conviviendo y era una sensación maravillosa. Y él protegería eso sobre quien fuese.

–Ya los vimos. Debo ir al barrio Hyūga… –dijo Naruto.

–Oh si, vamos.

–¿Vas…? Claro.

Terminó el Hokage. Ambos caminaron lentamente por las calles.

*Ya saben, me confieso culpable de mi admiración por el clan Uchiha, pero sobre todo por Sasukito.

Muchas gracias de parte de Pitiizz y de parte mía.

sakura1402, kane-noona, Ying Fa Malfoy de Potter, jennitanime, Moon-9215 e Isu –Muchas gracias.