Capítulo IX

En las escaleras de salida del Hospital; Shikamaru le entregó una pastilla al pelirrojo, pues el conversar con los sannin le había provocado jaqueca.

–Creo que estos dos no dejaran de pelear pronto, ¿te importaría sí regresamos? Quisiera conversar contigo.

El Nara asintió esperanzado a que lo que le fuera a decir el pelirrojo, fuese bueno. El ex-consejero del Hokage y el Kazekage se dirigieron a los bosques, que resguardaba el clan Nara.

Llegaron a este y en un claro muy tranquilo, se sentaron.

–Shikamaru, ¿recuerdas nuestro primer beso?

–Cómo olvidarlo, fue meses después de que la guerra terminara.

–Claro. Después de todo no lo creí, pues que yo fuese el Kazekage y aparte un varón no era ni remotamente posible que tú te me insinuaras; lo amable de tu parte no lo justifique a un interés amoroso.

Shikamaru se encogió de hombros:

–Hombre o mujer, no tuvo nada que ver, me gustaste por ser... tú, simplemente.

Gaara estuvo de acuerdo, ambos sabían que la atracción que sintieron, nació sin importar su género.

El Kazekage se recostó en el tronco, observando las nubes del cielo.

–Aunque debo de aceptar, que te hice batallar para conquistarme, se me hacía extraño creer que a ti –le sonrió al Nara– te pudiera gustar.

Shikamaru imitó a Gaara, sentándose a su lado tomando los dedos de este, entre los suyos.

–Sí, cuando te lo dije, estuviste a punto de matarme con tu arena.

–Se me hacía imposible creer que algún varón pudiera interesarse en mí.

–Aún lo hago Gaara, aún me encantas.

Vamos que el Nara era lento, más sólo para ciertas cosas y esas no incluían a Gaara. Y el beso que siguió a esa confesión y aceptación, fue más que una muestra de ello.

Al concluir ese gesto, los dos se separaron sin soltar al otro

–¿Puedo tomar eso como un acepto? –preguntó el pelinegro.

–Puedes tomarlo como, un aún no te perdono, pero no me negaré al contacto.

Aseguró Gaara con la sinceridad que le caracterizaba.

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El grupo de amiguitos de Shikadai, lo vieron entrar y se rieron divertidos, exclamando:

–¡Eso si fue un récord de tardanza!

Shikadai agitó la mano quitándole importancia al hecho y claro, agregando:

–Vine a despedirme.

Los murmullos sorprendidos se escucharon entre los infantes y el morenito agarró de la mano a Kankurō...

–Me mudaré a Suna con mi padre y con mi... verdadero papá... Soy como Mitsuki, ¡tengo dos papás!

El asombro se pintó en el rostro de los oyentes.

Kankurō suspiró resignado, pues si los adultos deseaban que ese secreto se descubriera poco a poco, que no contaran con la discreción de Shikadai.

Los amigos de Shikadai tan sólo le sonrieron, pues siendo niños su mente no ponía trabas, imposibles o prejuicios, después de todo comprendían que este se veía de lo más feliz y eso era lo importante.

–Bien, pues te extrañáramos flojo. –dijo Chōchō.

–Espero que nos visites seguido. –aseguró Inojin.

Shikadai asintió y abrazó a sus amigos. Entre ellos Mitsuki que al escuchar la historia, deseó que su familia fuese más grande, pero suspiró abatido, pues su padre ya no estaba, para poder pedir más hermanos... Aunque no por nada Orochimaru era un sennin genial, algo podría hacer.

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En el bosque Nara. Gaara le dio una sonrisa al mayor, sin soltar los dedos de este, recargó la cabeza en el hombro de Shikamaru.

–¿Sabes? Aún con todo lo que hicimos mal, no me arrepiento de haberte escogido, me regalaste un hijo que fue mi consuelo en tu ausencia y es el fruto de nuestro amor.

Era una verdad irrefutable, Shikadai era el más grande logro de ambos, y ese lazo los unía y no podían romperlo.

Gaara dio el primer paso y besó de nuevo al moreno, quien respondió atrayéndolo hacia su cuerpo y correspondiendo el gesto colocando más empeño en este. Cuando terminaron, Shikamaru se separó a regañadientes del pelirrojo...

–Ahora si estoy entre nubes, sin embargo, el bosque de Konoha no es lugar para... Vamos a mi casa.

El Kazekage aun con las mejillas arreboladas, aceptó.

Los dos desaparecieron en una nube de humo y arribaron a la casa Nara.

Ahí siguieron los besos necesitados y con sabor a recuerdos. Pronto entre caricias terminaron desnudos y acoplándose como lo que eran... una pareja.

Los movimientos de pelvis eran suaves como las olas cubriendo la playa y es que esos dos amantes deseaban rememorar lo que siempre tendrían… ese lazo irrompible.

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Shikadai terminó con su despedida y Kankurō al ver que su hermano y el flojo del Nara no llegaban, optó por llevar a su sobrino a dar un paseo y a comer. El tiempo que le debía a este, sin mentiras, lo compensaría poco a poco y con esos momentos conviviendo.

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Los dos chicos que entraron al Ichiraku como extraños, salieron de este como amigos, sabiendo que la sangre no puede olvidarse no obviarse.

Ya teniéndose más confianza, Boruto, preguntó:

–¿No tienes el Sharingan?

–¿Por qué lo crees? –dijo misterioso Menma.

–Es que tienes los ojos azules como papá. Y Sarada dijo que los Uchiha siempre tenían ojos negros por lo de la herencia del Sharingan.

Menma negó con una sonrisa.

–En el mundo ninja no todo lo que se cree es la verdad absoluta, si así lo fuese, no habría posibilidad de que los ninjas evolucionáramos y todos sabríamos los puntos débiles de cada Kekkei Genkai.

–... No lo había pensado de ese modo.

–Siempre hay que pensar en alguna sorpresa. Y pues…

Boruto miró al mayor y es que este buscaba un lugar para mostrar algo al rubito.

–Ven.

El de cabello oscuro lo guio a un callejón.

–Si tengo el Sharingan, bueno… no exactamente.

–No entiendo.

Menma sonrió y dijo algo que Boruto no olvidaría jamás.

–Confió en ti.

–…

–No importa que mis ojos se vean azules. De hecho creo que ya puedo andar sin el sello...

–¿Sello?

El Uchiha asintió e hizo unos movimientos con las manos... Unos bigotitos aparecieron en sus mejillas y sus ojos… se volvieron algo violetas y con el Rinnegan en ambos.

–…

Boruto se quedó sin palabras, pues había escuchado de su padre, que Sasuke Uchiha poseía el Rinnegan en uno de sus ojos, pero ahí estaba Menma, con este en los dos.

–Es… es ¡Genial! –exclamó Boruto.

–De esto a nadie ¿Lo sabes, verdad?

–Si.

El rubio vio como el mayor se colocaba de nuevo el sello.

–Sin el sello nos parecemos mucho. –comentó Boruto.

–Si.

–Aunque… tú tienes tres marcas.

Menma suspiró y es que tal vez toda esa información que le estaba diciendo al menor, era demasiada. Sin embargo la mirada esperanzada y asombrada de este, lo convenció.

–Eso es porque yo soy un jinchūriki.

–¡¿Lo eres?!

–Si. Tengo la mitad Yin del Kyūbi no Yōko o la parte que se quedó en mí después de haber estado dentro de… papá.

–Oh…

Boruto sopesó la información y si antes consideraba que Menma era fuerte; al conocerlo de cerca, supo que en verdad este era un shinobi muy impresionante.

–Sarada se va a enojar... ella no sabe mucho de esto.

–Entonces, será nuestro secreto –dijo orgulloso Boruto.

Los dos rieron divertidos. Poco después llegaron a la casa del rubio. Hinata salió a recibirlos. La kunoichi se inclinó respetuosamente:

–Gracias por traerlo, Menma-kun.

El moreno respondió del mismo modo respetuoso.

–No hay de que, Hinata-san.

De eso Menma se retiró y la Hyūga notó como los ojos de su hijo seguían al mayor con… admiración.

Y supo que en la reunión de esa tarde de Naruto con su clan, este debía tener a sus hijos de su lado.

–¿Boruto?

–Sí, mamá.

–¿Te agradó estar con Menma-kun?

El rubio se mordió el labio con nerviosismo, sin embargo la mayor aseguró:

–No me molesta, ni me entristece, dime…

–Si… él es… él es ¡Genial!

Hinata sonrió con melancolía, sabedora que su hijo era muy sincero y que nadie ni su padre podría negar que Menma era hijo de esos dos fuertes shinobis.

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Las horas pasaron en aquel lugar donde Shikamaru y Gaara se rencontraron como pareja. El pelirrojo suspiró gimiendo el nombre del moreno tantas veces que lo había grabado en su piel. Ahora el atardecer los encontraba abrazados, desnudos dándose caricias tiernas.

–¿Ya me has perdonado Gaara?

–No, pero vas en buen camino –respondió, besando las mejillas del mayor– Aun así, quisiera que el día de mañana que partamos a Suna, tú vayas con nosotros como el padre de Shikadai.

–Nada me daría más gusto que irme de aquí con ustedes… como una familia.

–Somos una familia, vago, ahora ya estamos completos y ¿quién sabe? Tal vez la familia crezca un poco más

El Nara besó de nuevo al pelirrojo y luego le susurro:

–Me encanta estar contigo, pero Shikadai y Kankurō ya deben estar buscándonos.

–¡Es cierto!

Los dos hombres se vistieron y salieron en busca de su hijo y Kankurō; antes de que el titiritero sospechara algo.

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En la casa Uchiha; Menma le contaba a Sarada que había salido con Boruto y que este era muy simpático. Al escuchar eso, la niña frunció el ceño:

Aniki… ¿lo vas a querer más...?

El moreno negó de inmediato:

–No. Los quiero igual.

–¡¿De verdad?!

El mayor sonrió zorrunamente.

–¡Por supuesto!

Con esa respuesta la niña de cabello ébano quedó satisfecha. Pues si bien sabía que debía compartir a su amado aniki, no por eso dejaba de estar celosa.

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El rubio se acomodó la capa y esperó a que su guardaespaldas y concejero estuviese listo; pues este había enviado un halcón con un mensaje.

–¿Por qué? –preguntó Naruto.

–Menma debe ir con nosotros. Ya no estoy desprevenido dobe, esta vez no me tomaran con la guardia baja; me importa un demonio los recuerdo en genjutsu o tristezas de cualquiera. No te dejare ir y creo que mi hijo menos.

–Nuestro hijo.

–Si. Es la costumbre de llamarlo así.

–Lo sé.

Naruto suspiró y antes de salir a ese temido encuentro, debía asegurar las cosas con el Uchiha.

–Fue mi blando corazón y la presión. Éramos jóvenes y yo un huérfano deseando tener lo que no tuve…

–Lo tenías ya, con nosotros.

–No me justifico.

–No lo hagas. Son años en que sufrimos los tres, no esperes clemencia contra los que lo provocaron.

–¿La odias? –preguntó el rubio con algo de temor, pues conocía muy bien al Vengador.

–No la tolero. No la he matado, por sus hijos… tus hijos.*

–¡Sasuke! –exclamó alarmado el Nanadaime.

El Uchiha se giró y en ese movimiento dejó ver el Rinnegan.

–Menma ya viene, siento su chakra.

Naruto suspiró de nuevo; los Uchiha… Uchiha eran. Por el cristal de la ventana –con los pies pegados en este por chakra–, Menma saludaba con una sonrisa, una… muy retorcida.

Naruto se encaminó a la salida y masculló…

–Afortunadamente los Kages ya se fueron…

La Luna y el Sol, salieron de la torre y Menma ya los esperaba en el camino.

En cuanto el Nanadaime comenzó su andar fue flanqueado por los dos Uchiha, y pesar de si, este se sintió protegido.

*En serio, ustedes creen que Sasuke siendo quien es, estando en esta situación hubiese sido amable… y diría: Si Hinata, pobrecita siempre amaste de lejos a Naruto, te mereces quedártelo… Jajajaja si como no.

Muchísimas gracias a todo por sus comentarios de parte de Pitiizz y su servidora.

Alba marina, kane-noona, Moon-9215, sakura1402 y jennitanime.