Capítulo XV
El laboratorio se encontraba lleno de máquinas necesarias para mantener a Jiraiya. Tsunade revisaba el buen funcionamiento de estas, pues Orochimaru estaría en ese momento hablando con Mitsuki.
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Era de día y cierto rubio no dado a levantarse temprano, en esa ocasión lo había hecho.
Ese sería un gran día se dijo Naruto, acomodó lo necesario en la cesta, no es que él fuera un gran cocinero, más Menma y Sasuke se comían sus primeros intentos de alimentos, sin embargo en esa ocasión con esa primera salida con todos los chicos, sus hijos y la de Sasuke, se debía lucir y optó por comprar comida.
Si bien sería un picnic, era muy importante que todo saliera excelente.
El Uchiha mayor salió de la habitación ya vestido y vio como el rubio caminaba de un lado a otro juntando las cosas que utilizarían y si bien a él no le importaba el lugar o actividad, con tal de estar con su familia, preguntó…
–¿Quieres ayuda?
–No, ya casi termino. Menma ya salió por Boruto y Himawari.
–Ya. Entonces para no tardarnos, iré por Sarada…
–Te alcanzaran ellos… ¿Quieres que vaya contigo? espérame.
–No está bien, estaremos bien, dobe no te preocupes.
El Uchiha se dirigió a la puerta, más el rubio lo detuvo y le planto y topón en los labios.
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Los hijos del rubio estaban ya listos en el patio de su nueva casa. Hinata terminaba de acomodarle la ropa a Himawari y Boruto estaba nervioso, aunque había visto a su hermano en algunas ocasiones, hoy también estaría junto a la pareja de su padre.
Himawari, estaba muy inquieta al saber que ese día estarían con su padre y con el chico de cabello oscuro.
Hinata intentó alguna vez explicarle a su hija quien era Menma, mas creyó que la niña aun no comprendería como es que su padre podía ser la mamá de Menma.
El rubio menor por su parte, no pensaba mucho en la parte biológica y se centraba en lo mucho que su hermano mayor significaba para él, su confidente, su guía y su maestro si él se lo pedía…
Hiashi –como invitado– desde la entrada de la sala, vio a sus nietos esperando en la puerta junto a Hinata y suspiró resignado, pues sabía que si hablaba mal de Naruto o los Uchiha, ellos se molestarían.
Por si fuera poco, viendo a algunos líderes en la aldea, deseó averiguar que pensaban estos del tiempo de prueba del Nanadaime y comprobó que ninguno de ellos parecía interesado en seguir con eso.
Con los menores; el rubio pidió a su madre.
–Ya mamá, que se no hará tarde.
La Hyūga sonrió condescendiente y asintió.
–Pórtense bien y diviértanse. –mencionó Hinata.
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El sol estaba ya en lo alto y el niño se acomodó en el sillón. Su padre le había pedido hablar ese día y Mitsuki no se preguntó mucho sobre eso, pues sabía que su padre no estaba muy de acuerdo en ocultarle información y muchas veces compartía alguna loca idea con él.
El sennin de las serpientes se sentó y con toda la claridad y términos científicos que deseaba en su orgullo paternal, Mitsuki comprendiera, explicó lo que, Tsunade y él planeaban.
–Unos meses atrás, la búsqueda que inicié hace tiempo, concluyó.
–¿Qué buscabas papá?
–Buscaba a tu padre.
–No entiendo. Él esta…
–Lo está, pero su cuerpo no pudimos rescatarlo en ese momento, pues estaba en un gran lago. Hace meses por fin lo pude rescatar y con ayuda de tu madrina, lo trajimos a este lugar.
–¿Lo enterraran en el cementerio de Konoha?
–Bueno…
–Quisiera verlo antes ¿puedo?
El sennin observó a su hijo sentado en el sillón frente a él.
–Podrás, sin embargo…
–Sé que ya no se verá como era en vida.
–No. En realidad hay otra cosa que debo decirte.
Mitsuki no se movió y esperó. Orochimaru sonrió de lado al asegurar…
–¿Confías en mis habilidades?
–Si.
–Logramos poner su cuerpo como si estuviese vivo y con ayuda de Menma y los sapos del Myōboku… tu padre regresara.
–…
–¿Mitsuki?
–Yo… ¡¿De verdad?!
–Si.
Mitsuki sabía que su papá no era muy dado a las demostraciones de afecto, más en esa ocasión se dijo que este debía soportar que lo abrazara con todas sus fuerzas.
–¡Lo conoceré!
El sennin se acomodó en el sillón recibiendo en sus brazos a su hijo, que de la emoción ya lloraba. El de cabello oscuro acarició el cabello claro:
–No es la gran cosa, pero… es tu otro padre.
Mitsuki se rió divertido, y al calmarse un poco, se separó de su papá y preguntó…
–Tú dijiste que él te dejó parte de si, para que yo pudiese nacer.
–Así es.
–Pero yo nací mucho después de su muerte… ¿me aceptara?
Orochimaru agitó la cabeza y se levantó tomando la mano de su hijo.
–Vamos a donde está.
–¿Papá?
–Tiene que aceptarte, sino lo volveré a matar.
Mitsuki agarró la mano del pelinegro, y optó por no preguntar mas sobre la aceptación de su padre; pues su papá se ponía muy susceptible por ello; en cambio imagino como sería tener a sus dos padres y quien sabe tal vez un hermanito o hermanita.
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La academia de Suna era más pequeña que la de Konoha, mas Shikadai buscaba lo bueno para no extrañar aquella.
En ese su primer día, entrando en el aula y al presentarse con orgullo:
–Soy Shikadai Nara Sabaku no.
Todo quedó de lado, pues notó que lo que era y quien era, ya era de conocimiento de los niños de Suna y lo vieron con admiración y si bien Shikadai no estaba muy interesado en sobresalir, se sintió completo y por fin parte de una verdadera familia.
Un par de espías se retiraron en cuanto el niño se sentó en su lugar. Este par caminó a la salida de la academia.
–No fue mal visto.
Shikamaru negó al responder:
–Es tu hijo, nadie lo ofendería.
–Eso es cierto, sin embargo su tranquilidad e inteligencia lo heredó de ti y eso hará que los otros niños lo vean como uno más y no solo como mi hijo o jinchūriki.
El Nara suspiró y señaló la torre del kage.
–Shikadai al igual que tú, debe dejar de lado las etiquetas y hacer lo que desee con su futuro.
Gaara no respondió, más sonrió un poco.
–Vamos a casa, quiero pasar este poco tiempo que tengo libre, contigo.
Shikamaru por supuesto no se negó y la pareja caminó por las calles hasta su casa.
Llegando a la casa de dos pisos. Gaara entró y se sentó en el sillón, llamando con la mirada al Nara. Que se unió a este en el mueble y le besó de inmediato.
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Hinata los despidió y Boruto tomó la mano de su hermana y caminó para la salida del barrio, mirando a todos lados.
Los minutos pasaron un tanto rápidos, más cuando encontró a cierto Jōnin de ojos azules arriba de un árbol... rió.
–De pensar mucho te vas a quemar el cerebro otouto.
–¡Aniki! –reclamó con una sonrisa el pequeño rubio– ¡Creí que no habías venido!
–Ya, solo fue una pequeña broma, anden démonos prisa que debemos ir por Sarada.
Boruto se agarró de la mano de Menma y es que este la ofreció. Himawari se tomó de la otra y de ese modo se dirigieron a la residencia de los Uchiha, donde la pequeña de lentes les esperaría.
Boruto le dijo en broma a su hermano:
–Demoraste demasiado.
–Sí, pero lo importante es que llegué, así que démonos prisa que seguramente padre nos debe estar esperando.
El rubio sin darse cuenta se mordió los labios a la mención de Sasuke y Menma lo notó.
–No debes preocuparte ni mucho menos, mi padre es serio, pero no muerde –bromeó el mayor.
–Lo sé…
–Además, papá estará ahí y créeme que con él cerca mi padre, este no puede mantener esa fachada de shinobi serio y feroz.
Boruto asintió y pareció relajarse.
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En la casa Uchiha –Sasuke se la dejó a Sakura y a Sarada–, este esperaba en la puerta a que su hija se despidiera de su madre.
El moreno vio a tres chicos caminando por la calle, en su dirección.
–Sarada, ya están aquí.
–Si padre.
Sasuke antes de cerrar la puerta, aclaró:
–La traigo a las seis, Sakura.
–Está bien, Sasuke.
La niña salió y caminó a lado de su padre, para encontrar a los tres recién llegados.
Menma saludó...
–Lo siento padre, tardamos un poco.
Boruto se sonrojó ante el Uchiha mayor, sin embargo este sonrió de lado, esa sonrisa heredada a Menma y el rubio respondió tímidamente.
–Hola.
–Hola. El dobe debe estar esperándonos.
El rubio abrió los ojos de asombro ante la forma de hablar de Sasuke hacia su padre.
Menma al notarlo, lo atrajo colocando un brazo sobre los hombros del menor.
–Ellos son así de cariñosos entre sí.
–Es... es... –balbuceaba el menor.
–¿No te agrada? –cuestionó Sarada.
Boruto negó rascándose la nuca.
–Oh no, al contrario, creo que aún no conozco el... Naruto real y creo... ¡Que será genial hacerlo!
Sasuke llevaba de la mano a la pequeña Himawari, más escuchó todo y estaba de acuerdo con Boruto, el Naruto real era genial.
La niña Hyūga observaba a Sasuke y este devolvió la mirada. El Uchiha estaba seguro que con su ayuda, Naruto guiaría por buen camino a sus hijos, pues estos parecían no tener mucho respeto por ninguno de sus dos progenitores, sin embargo esa era su opinión. Y es que pensándolo detenidamente, Sasuke consideró que siendo sinceros, si él no hubiese tenido a Menma, tampoco hubiese sido muy cercano a su hija y eso no era algo de lo que sentirse orgulloso.
Los Uchiha y Hyūga salieron de la aldea y entraron al bosque. En este, buscaron al rubio que los esperaba en un claro y al verlos saludó agitando las manos.
–¡Aquí, aquí!
Sasuke negó.
–Ese dobe.
Menma rió divertido.
–Papá está feliz de vernos.
Boruto y Sarada corrieron para ver quien llegaba antes con Naruto. Himawari quiso imitarlos, mas Sasuke la detuvo un momento.
–Con cuidado.
La niña asintió y si bien no corrió, si caminó veloz fijándose de no tropezar con las irregularidades del suelo.
Más tarde, en el claro del bosque en el que la familia del Hokage se había instalado para su picnic; se escuchaba el alboroto de los menores, que pérdida la timidez, jugaban todos, siendo observados por Sasuke y Naruto.
Menma llevaba de la mano a Himawari para correr detrás de Boruto y Sarada.
El Nanadaime se recargó en el tronco del árbol –en el cual colocaron su manta– y comentó:
–Todo salió bien.
–Te dije que no te preocuparas.
El shinobi de bigotitos se rió:
–No creo que haya sido el único con reservas, solo que yo si lo acepté.
El Uchiha chasqueó la lengua cómo única respuesta.
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El barrio Hyūga no era el lugar favorito para visitar de Sasuke, más esa noche, después del día de picnic con los niños; los hijos de Naruto debían ser regresados con Hinata, y ella estaría en la casa de su padre, esa noche.
Boruto y Sarada no dejaban ni un momento a Menma, pero este no parecía molestarse por ello.
–¿Entrenaremos toda la semana? –preguntó ilusionado el rubio menor.
–No, Boruto; aniki tiene misiones y cosas que hacer, no va a entrenar con nosotros todo ese tiempo.
–¿Por qué no? –insistió Boruto.
Menma sonrió y detuvo esa discusión.
–Es cierto que tengo misiones, pero les prometo que el tiempo que tenga libre, entrenaremos.
–¡Si! –festejó el rubio menor.
–Pero… –Detuvo Menma.
Los dos menores miraron con suspicacia al mayor.
–Solo si tienen buenas calificaciones en la academia.
Naruto rió quedito por las lamentaciones de Sarada y Boruto que siguieron a esa declaración.
El rubio acomodó a Himawari, que dormía en sus brazos, cansada de jugar todo el día
–¿Quieres que te ayude? –ofreció Sasuke.
El rubio sonrió por lo amable de esa frase, pues siendo shinobis, cargar a una niña no era nada, pero que Sasuke se preocupara por él, le encantaba.
–Gracias. Ya llegamos.
El moreno se detuvo sin avanzar más allá y Menma lo imitó. Naruto los miró y negó:
–No. Ni yo estoy avergonzado, ni dejare a mi familia por las habladurías o molestias de los clanes… ¡Ya no, y nunca más!
Menma sonrió de lado y se unió de nuevo al grupo de pequeños. Sarada se agarró de su mano y Boruto lo hizo también. Ellos eran la fuerza de los mayores y eso los enorgullecía.
De ese modo llegaron a la casa principal y al tocar esperaron. Como había previsto las habladurías llegaron a oídos de Hiashi y este salió junto con su hija, la que no muy contenta iba con él.
Hinata se adelantó y agarró a la niña de brazos del rubio.
–Gracias… ¿Se divirtieron? –dijo la Hyūga.
–¿Que hacen todos aquí? No era necesario que… –Ese fue el jefe del clan.
Naruto rodó los ojos, pues ni la junta o el supuesto tiempo de prueba, aplacaban a su ex suegro y estaba por contestar nada cortés, cuando alguien se le adelantó.
–¿Cómo que abuelo? nos trajeron, y si mamá nos divertimos mucho con nuestros hermanos y padres...
Hiashi perdió más el color –si eso se podía– y exclamó:
–¡Boruto!
–¿Qué? Solo respondí tu pregunta, abuelo.
El niño se plantó con actitud seria y la Hyūga estuvo orgullosa de que sus hijos no fuesen como ella a esa edad, tímidos y dejando que todos decidieran por ellos. Por eso quiso corresponder el gesto de su hijo y dijo fuerte y claro.
–Muchas gracias por todo. Despídete Boruto.
El rubito obedeció y al llegar con Menma le aclaró:
–Prometiste que entrenaríamos mañana.
El Uchiha asintió y Sarada se le unió.
–No queremos tardanzas cuando pasemos por ti.
Boruto agitó la mano negando. Y de ese modo y a plenos ojos de un indignado Hiashi, la familia se despidió, pero solo por ese día.
Sasuke no era de mostrar sus emociones en público, sin embargo si era de fastidiar a quien deseaba y por eso, abrazó de la cintura a Naruto y así se retiraron muy campantes.
Dentro del rubio y Menma, cada una de las partes de Kurama se retorcía de risa.
La sociedad humana era tan divertida, por estar llena de doble moral, que el Kyūbi disfrutaba cada uno de sus desatinos… si supieran que no solo sería Menma la confirmación de la unión de Indra y Ashura…
…
Muchas gracias por la espera y según de mi parte, solo restaría un pequeño epilogo; de parte de Pitiizz… ya se verá jajaja
Gabycha, sakura1402, jennitanime, Moon-9215 y Ying Fa Malfoy de Potter.
