INEXPERTAS

La noche pasó pacífica y rápidamente en la casa de los Azuma, a pesar de que Tokaku se quedó toda la noche despierta inmersa en sus pensamientos y más importante aun cuidando a Haru de un posible ataque de Nio a mitad de la noche, sin embargo no pasó nada de eso. Tokaku si bien estaba acostada en medio de Nio y Haru, se había volteado de manera de poder ver a Ichinose Haru dormir, la cual sorprendentemente estaba durmiendo tan tranquilamente, para Tokaku era sorprendente que su amiga se relajara tan rápido, pero al mismo tiempo era algo que le gustaba de ella.

— Haru… ¿está bien que siga a tu lado? — Preguntó en silencio Tokaku, sabiendo que no obtendría respuesta, solo estaba divagando, entonces recordó lo que había pasado esa noche, cuando Haru cayó encima de ella, recordó que tuvo un fuerte sentimiento de atracción por ella, que le pareció irresistible… ese pensamiento causo que Tokaku sacudiera un poco la cabeza. — No sé, que hubiera hecho de no ser porque Nio nos interrumpió. — Pensó.

Ya daban las 8 de la mañana, y la primera en despertarse fue Nio, la cual al mirar la hora se vistió rápidamente, llevaba prisa, al parecer tenía que llevarle desde el día de ayer cierta información a la directora Yuri.

— Oh, tengo que irme, se me hace tarde… Tokaku-san gracias por dejar que me quedará esta noche. — Dijo Nio, con una buena sonrisa, dirigiéndose a la puerta, a lo que Tokaku solo la miró y asintió. — Oye, puedo regresar cuando quiera ¿verdad?

— No. —Contestó con los ojos cerrados.

— Qué mal… Por cierto, aún no hemos celebrado la graduación de Haru, sería bueno hacer una con todas las chicas de la clase negra. — Comentó Nio, en forma de despedida. — Oh, por cierto, espero disfrutes tu tiempo a solas con Haru y Tokaku-san, por favor, no vayas a abusar tanto de Haru. — Dijo Nio, con una mirada malvada y pícara a Tokaku, provocando que ella se sorprendiera y a la vez se sonrojará levemente, un sonrojo poco notorio del cual ni siquiera Nio pudo notarlo, pero ella misma sí.

Al momento que Nio se fue, Tokaku hecho un vistazo al cuarto para comprobar que Haru seguía profundamente dormida, y al ser este su primer sueño profundo, dejo que durmiera todo lo que deseara, de esta manera fue a comprobar por completo su casa, yendo primeramente a la cocina, la cual la sorprendió un poco, si bien hacía tiempo que no venía a su casa, por estar entrenando en su academia y aun así, la alacena y el refrigerador, estaban llenos y con productos completamente frescos, eso era raro, pero para Tokaku solo había una explicación "Kaiba".

— Ese maldito… — Susurró Tokaku, al parecer su maestro había venido antes o mandado a alguien a su casa y dejar la casa lista para usarse, aunque fuese por parte de las "vacaciones" que él le dio, le parecía demasiado sospechoso, pero decidió que no era momento para preocuparse por eso, al menos por ahora. Así que se puso a hacer el desayuno.

En el otro lado de la casa, Haru estaba despertándose apenas, con un poco de saliva escurriendo del lado derecho de su mejilla, definitivamente había tenido un buen descanso, miro a cada lado de la habitación notando que no estaba Nio, ni tampoco Tokaku, eso la aterrorizó causando que se levantara rápidamente buscando a su preciada amiga.

— ¡Tokaku-san! — Gritó angustiada al encontrarla en la cocina.

— ¿Qué sucede? — Preguntó tranquilamente Tokaku, mirando a Haru.

— Desperté y no estabas a mi lado… me asusté mucho, Tokaku-san. — Contesto Haru algo avergonzada, causando una pequeña sonrisa de compresión en Tokaku.

— No tienes nada de qué preocuparte… aquí estoy. — Esas palabras causaron alivio en Haru, la cual asintió con una sonrisa.

— Por cierto Tokaku-san ¿Dónde está Nio? — Preguntó Haru, entrando a la cocina y acercándose a Tokaku, la cual le explico que Nio se había ido desde hace rato.

— ¡Tokaku-san ¿estás cocinando?! — Preguntó Haru, sumamente sorprendida al ver lo que su amiga hacía. — ¡¿Sabes cocinar?! — Preguntó de igual manera, sin poder creer que su amiga fuese capaz de eso.

— ¿Por qué lo preguntas como algo tan sorprendente?... Mi abuela me crio y me enseño casi de todo, si bien nunca he sido buena, pero puedo hacer cosas sencillas, como unos huevos fritos. — Contestó Tokaku, concentrándose en los huevos fritos.

— Me sorprendes Tokaku-san, hay muchas cosas que un no conozco de ti, déjame ayudarte…

— No, ya termine, siéntate. — Ordenó Tokaku.

El desayuno pasó tranquilamente, sin mucho que decir entre ellas, como siempre a la hora de comer en cualquier hora del día y al parecer los huevos fritos que preparó Tokaku, habían quedado muy sabrosas, según el paladar de Haru, quien no se limitó en elogiar a su amiga, a pesar de no ser la gran cosa.

— Haru… quisiera visitar un lugar cerca de aquí, ¿podrías acompañarme? — Pregunto Tokaku seriamente, causando una pequeña impresión en Haru la cual asintió, sintiendo algo de tensión en su amiga.

Así, salieron de la casa y Haru siguiendo a Tokaku, siguieron por un pequeño sendero en el jardín trasero de su casa, llegando hasta un pequeño santuario; Tokaku y Haru se pararon enfrente, Tokaku seriamente solo se quedó mirando, Haru podía sentir la tensión que tenía su amiga, por lo cual no decía ni preguntaba nada, solo la miraba.

— Aquí esta… mi madre. — Hablo Tokaku . — Ella ha estado cuidando de mí desde aquí, no lo entendía y era por eso que no podía asesinar y lo consideraba una maldición, pero no era así.

Haru la miro un tanto sorprendida y luego tomó la mano de Tokaku entrelazando sus dedos con los de ella. — Desde ahora ya no estarás sola, Tokaku-san… yo estaré contigo para siempre. — Al decir esto, ambas se miraron a los ojos y Haru al ver los profundos ojos azules de su amiga, le dedico una sonrisa, pero no cualquier sonrisa, sino una donde le intentaba trasmitir, todo su cariño, agradecimiento y confianza.

— Haru… — Dijo Tokaku, tomando con la otra de sus manos el hombro de su amiga, profundizando la mirada de ambas, causando nuevamente el sonrojo de Haru que secretamente le gustaba a Tokaku. Pasaron unos cuantos segundos, donde ambas solo se miraban sin decir nada, entonces pasó… como una nueva y pequeña ráfaga de viento, Tokaku se acercó a Haru y ahí, enfrente de ese pequeño santuario; rozó levemente los labios de la única persona más importante para ella, aun siendo ambas inexpertas en ese tema, cerraron los ojos, disfrutando del pequeño roce, que lejos de ser un beso como tal, solo era eso: un pequeño roce, que abría una nueva puerta en su relación.