CONFESIÓN

Eran las 5 de la tarde, habían llegado a casa después de todo el tiempo que pasaron en la ciudad, haber comprado cosas y comido, al llegar había dos autos de lujo, uno de ellos de color rojo completamente limpio sin techo, y el segundo un auto negro más formal, pero con un gran moño en la parte de enfrente; sorprendidas Tokaku se acercó precavida a la casa.

— Tokaku, hola te estaba esperando. — Dijo un hombre un poco alto, vestido con un traje de color blanco, con una voz y sonrisa molesta.

— Kaiba… ¿qué estás haciendo aquí? — Preguntó Tokaku a la defensiva.

— Oh, tú debes ser Haru-chan, un gusto, soy Kaiba el maestro de Tokaku. — Dijo acercándose a Haru, quien rápidamente fue protegida por Tokaku.

— Un gusto en conocerlo… — Contestó Haru inclinándose.

— Te lo preguntaré de nuevo, ¿qué haces aquí? — Interrogó de nuevo Tokaku empezando a molestarse.

— Esta niña… después de todo lo que hice por ti, te atreves a hablarme así, sí que eres desagradable. — Comentó Kaiba en voz alta y su sonrisa arrogante. — Como vez, vine a traerte un pequeño obsequio. — Dijo señalando el auto de color negro.

— ¿Auto? ¿Cuál es el motivo? — Preguntó Tokaku muy desconfiada, sabía que había algo mal.

— Ninguno. — Contestó dándole una pequeña tarjeta. — Es tú permiso de conducir.

— ¿Por qué haces todo esto?... — Interrogó Tokaku tomando la tarjeta, mientras Haru curiosa lo miraba.

— Nada, nada. — Dijo, llevándose una mano a la cabeza sin quitar su sonrisa. — Úsalo con confianza, después de todo es un regalo de tu sensei… — Tokaku no dijo nada, solo lo miró seria con rostro entre sorprendida y molesta, definitivamente no le caía del todo bien.

— ¡Muchas gracias! — Exclamó Haru, inclinándose, agradeciendo por parte de ella y Tokaku.

— Oh, Haru-chan cuida de Tokaku… es una cabeza hueca. — La volteó a ver con otra sonrisa y de manera arrogante, causando un enfado más en Tokaku, mientras tranquilamente el caminaba a su auto. — Por cierto Tokaku… Se amable con Haru-chan, y no seas tan salvaje con ella cuando estén en la recamara. — Dijo desde su auto con una sonrisa arrogante aún más grande que la anterior y de forma burlona, pero sus palabras solo hicieron que Haru se sonrojara de sobremanera y Tokaku abriera un poco la boca con un sonrojo, apunto de dirigirse a destruirlo, por lo que Kaiba arrancó rápidamente el auto saliéndose con la suya.

— Ese…tipo… — Decía Tokaku muy molesta con una mirada aterradora pero sonrojada mientras veía el auto perderse a gran velocidad, apuesto que Kaiba iba riéndose.

— Tra-tranquila Tokaku-san… — La tomó del brazo Haru mucho más apenada que ella. — Vamos a acomodar lo que compramos.

Así entraron aun algo nerviosas, especialmente Haru que no podía olvidar las palabras del maestro de Tokaku, y así acomodaron todo en un ropero que había en el cuarto en el que se quedaban y fueron a preparar la cena, cuando se dieron cuenta ya eran las 10 de la noche y ninguna había dicho una sola palabra de lo ocurrido, solo decían pequeñas cosas entre ellas, por lo que estaban sumamente nerviosas sentadas sobre sus rodillas en sus camas de frente, sin decir nada.

— Esto… To-Tokaku-san, es muy amable tu maestro… — Mencionó Haru rompiendo el silencio. — Hizo mejoras a tu casa, te dio dinero, dejo comida y ahora te ha regalado un auto.

— Si… — Dijo seria. — Pero no creo que lo haya hecho gratis, estoy segura que me pedirá algo pronto. — Argumentó cerrando los ojos pensando en lo que estaría planeando su maestro.

— Pero… aun así, creo que se preocupa por ti, Tokaku-san. — Comentó Haru, ya más tranquila, atreviéndose a mirarla a los ojos, y Tokaku de la misma manera. — Oye, Tokaku-san.

— ¿Qué?

— Te amo… — Dijo Haru repentinamente sorprendiendo a Tokaku.

— ¿A qué viene eso ahora? — Preguntó Tokaku sorprendida.

— ¿Tú no me amas Tokaku-san? — Esa pregunta fue más sorpresiva aún y Tokaku comenzó a ponerse un poco nerviosa, si bien ella sabía la respuesta, amaba a Haru y los últimos sentimientos que había experimentado, especialmente al besarla se lo confirmaban. — Tokaku-san… tú me gustas mucho, te he llegado a conocer poco a poco desde la clase negra y puedo saber que mis sentimientos son reales, pero quiero saber ¿qué es lo que Tokaku-san siente?

Era difícil para ella, muy difícil, no estaba muy segura de cómo responder, Haru se había confesado "formalmente", pero para ella era algo muy difícil de decir, pero sabía que Haru necesitaba una respuesta.

— Yo… tú también… me gustas Haru. — Habló Tokaku seriamente mirándola a los ojos, fue difícil decirlo, su orgullo por decirlo así era lo único que le dejaba confesar, después de todo no era buena con las palabras, sin embargo eso no importó Haru la conocía, pero al menos ahora sabía los sentimientos de Tokaku, y que su amor era correspondido.

— Gracias Tokaku-san… — Contestó Haru con una sonrisa sincera y radiante, logrando que Tokaku dejará a un lado la tensión que sentía. — Entonces no creo que tengas problema…

— ¿problema para qué? — Interrogó Tokaku al confundirse en esa parte, a lo que Haru se le acerco más estando sentadas frente a frente pero sumamente cerca la una de la otra.

— Desde ahora somos novias… Tokaku-san. — Dijo tan tranquila que conmocionó demasiado a Tokaku, causando otro pequeño sonrojo en ella, pero no dijo nada y por esta vez "no", no fue su primera respuesta, al contrario le dedico una sonrisa ligera, de las que solo había visto Haru y nada más.

Se miraron unos segundos más, acercaron aún más sus cuerpos , sus rostros y se besaron, poco a poco los besos entre ellas se estaban volviendo algo normal, Tokaku quien estaba sentada en sus rodillas de manera recta solo agacho un poco su rostro, mientras Haru se había estirado más desde su lugar para alcanzar sus labios.

Su beso fue muy tierno lleno de sentimientos, pero poco a poco comenzaron a subir la intensidad, aunque nunca antes lo habían hecho, solo se estaban dejando llevar… Llego un momento que sin darse cuenta y sin detenerse en ningún momento, ambas habían abierto más su boca y sus lenguas habían comenzado una lucha entre ellas, Tokaku disfrutando plenamente de la situación en algún momento había sujetado a Haru de la cintura habiendo pegado más sus cuerpos, mientras Haru había rodeado el cuello de Tokaku con sus manos acercando sus rostros queriendo invadirse de esa sensación y por supuesto, habiéndose sonrojado demasiado a un nuevo nivel. Se podían escuchar leves gemidos saliendo de la boca de Haru y eso solo lograba que Tokaku aumentara los movimientos de su lengua, haciendo que Haru empezará a perder el ritmo y se separara por fin, para tomar aire.

— To-tokaku… — Decía con una respiración muy agitada intentando recuperar el aliento, con pequeñas gotas de sudor resbalando de su frente y mejillas, con un gran sonrojo, mientras Tokaku con la respiración de la misma manera y solo gotas de sudor en su rostro al ver a Haru en ese estado volvió a besarla sin poder resistirse en un movimiento más delicado y suave, pero empujándola en la cama para recostarla.

— Haru… — Dijo Tokaku separándose de ella despacio, Haru quien estaba recostada en la colchoneta y Tokaku arriba de ella apoyada de sus rodillas y manos a sus costados para no dejar caer en Haru su peso completo, ambas se miraban a los ojos, pero la mirada de Haru estaba de algún modo perdida respirando pesadamente, mientras la de Tokaku era más sería y controlada. Entonces se besaron de nuevo.

"Por cierto Tokaku… Se amable con Haru-chan, y no seas tan salvaje con ella cuando estén en la recamara"

Al mismo tiempo a ambas se les vino esas palabras a la cabeza, entonces abrieron rápidamente los ojos rompiendo todo el ambiente, Tokaku-san al darse cuenta de la posición en la que estaban se separó de ella rápidamente, mientras Haru al mismo ritmo se sentaba nuevamente sobre sus rodillas, sumamente apenada.

— Lo… siento. — Hablo Tokaku, sonrojada mirando a otro lado de la habitación.

— N-no fue nada, To-to-tokaku-san. — Contestó Haru mucho más nerviosa mirando al suelo.

— Será mejor que apague la luz y nos acostemos. — Comentó Tokaku levantándose para apagar la luz.

— S-si…

Las luces se apagaron y ambas se acostaron sin decir más en sus propias colchonetas dando se la espalda una a la otra, realmente estaban muy tensas y avergonzadas por lo sucedido que no se atrevían a verse a la cara de nuevo en ese momento.