Disclaimer:Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer. Yo sólo juego con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento.
CAPÍTULO 2
El domingo por la mañana me levanté de un mal humor. Esperaba qué al tomar un baño se me pasará.
—Mala noche, ¿eh? —bufé al escuchar el comentario de Alice.
Entré al baño sin tomarle importancia a su mirada.
Estuve pensando en lo que mi madre me había metido, definitivamente un error por su parte. Me había sentido mal por haberla hablado cómo lo había hecho y la próxima vez que la viera le pediría disculpas.
No le había contado nada a Alice, tampoco parecía sospechar y si lo hacía respetaba mi silencio y la privacidad de mis asuntos, aunque sabía qué no lo podría guardar por mucho tiempo, era tan astuta qué se terminaría enterando de alguna manera.
Definitivamente el día anterior no había sido bueno. Desde la mañana no dejaba de pensar en Edward Cullen, no del modo en qué lo hacen sus admiradoras, en mi mente pasaban miles de preguntas entre la que se encontraba: ¿Yo comprometida con un famoso? A pesar de que no había pensado en aceptar.
No era una buena actriz, no podría sostener la mentira del compromiso falso ni por una hora. Además, odiaba las cámaras y reporteros. En conclusión, odiaba qué me prestaran demasiada atención, lo mío era pasar desapercibida. Algo qué siempre había logrado con éxito.
—¡Bella, Bella! —Alice empezó a golpear la puerta del baño consecutivamente.
Esa era mi señal para salir del baño. Cuando lo hice, me dirigí a la cocina para desayunar algo.
—¿Qué? —cuestioné mientras secaba mi cabello.
Me miró con una ceja alzada.
—Estás más gruñona de lo normal —se burló de mí, sin tomarse a pecho mis palabras porqué me conocía.
—Déjame en paz, ¿Qué quieres? —tomé la cafetera para servirme una taza de café. Olía muy bien.
—Mira —dejó el periódico enfrente de mí, en primera plana había una foto de Jasper Hale y Edward Cullen.
No conocía muchos de sus proyectos pero definitivamente no vivía en la ignorancia social.
—Muy interesante Alice, ahora si me permites —se hizo un lado dejándome pasar.
Fui a la sala para prender la televisión, sin embargo, Alice logró ganarme el control remoto con su típica velocidad de reflejos. Resoplé frustrada.
—¡Bella! Por favor —se quejó.
Mi amiga no tenía remedio, con indiferencia tomé el periódico de nuevo para leerlo descubrir lo qué la ponía tan emocionada.
Chicago/08/02/11
En el Aeropuerto Internacional de Chicago los actores juveniles del momento: Edward Cullen y Jasper Hale, han aterrizado la noche anterior cerca de las 11:45 pm.
Fuentes informan qué estarán por aproximadamente una semana.
Vea página 15.
No estaba interesada en seguir leyendo, yo si sabía a qué habían venido a conocerme. Más abajo había una fotografía de ellos con su equipaje, traían lentes oscuros y chamarras para pasar desapercibidos y ni así lo habían logrado.
—Tal vez deberías investigar dónde están y pedirles un autógrafo —sonreí burlonamente.
Sus ojitos brillaban cómo dos luceros, gemí frustrada al darme cuenta qué estaba tomando enserio cada una de mis palabras y probablemente me arrastraría con ella.
—¿Qué tal si están en el centro comercial? ¿O si están en el hotel de mi tío? —guardó silencio y después grito emocionada.
Aunque lo más lógico era qué estarían con su familia.
—¡Vayamos al centro comercial!
No tuve tiempo de reaccionar. ¿De dónde saco fuerzas la enana? En un parpadeo me encontraba a quince minutos para llegar al centro comercial y con una amiga hiperactiva y más enérgica de lo normal.
Cuando llegamos al centro comercial más concurrido de Chicago se bajó corriendo, traté de seguirle el paso. Lo que fue imposible. Cuando me di cuenta la había perdido de vista, observé por todos los lados pero no había rastros de ella.
Volteé a mi derecha y reconocí la tienda que tenía enfrente. "S&L" era un restaurante perfecto para las parejas. Solía ir con Jacob por lo menos dos veces a la semana para platicar y pasar el tiempo. Sentí como si fuera metal y el restaurante un imán. Entré al negocio, pedí un frappuccino y tomé asiento en la barra.
Mi mente empezó a divagar por los momentos que pasaba con Jacob. Cuándo hacíamos citas dobles con sus amigos y mis amigas, en ése lugar me había pedido que fuera su novia y en ése lugar me encontraba, en aquél momento, sola.
Una pareja captó mi atención. Entraron al lugar sonriendo, se sentaron en una mesa para dos y ahí fue cuando pude reconocerlo al hombre. Jacob Black estaba con una chica y no con la que se había acostado. Lo que hizo después me dejó helada en mi lugar: empezó a besarla.
Cuando reaccioné, decidí irme de ahí, casi me caigo en varias ocasiones antes de llegar con éxito a la salida.
—¡Aquí estas Bella! —me regañó Alice, cuando al fin la encontré.
—S-sí —dije.
Estaba frente a ella físicamente pero mi mente estaba en otro lado.
—Estas pálida —nunca había palidecido, mucho menos sentido mal— ¿Acaso viste un fantasma?
Si lo tomaba cómo un fantasma, sí.
—No, Alice. ¿Podemos irnos ya?
Empezamos a caminar hasta el estacionamiento, de repente ella se detuvo, alcé mi vista para ver la causa, segundos después me arrepentí.
—Bella —respiré con dificultad cuando murmuró mi nombre.
—Jacob.
Sonrió abiertamente y estuve a punto de devolvérsela si no hubiera sido porqué llego su acompañante y se colgó de su brazo. Me tensé.
—Jacob, amor ¿Quiénes son?
¿Amor? ¿Había escuchado bien?
—Adiós Jacob —me despedí de él.
Alice lo fulminó con la mirada antes de empezar a seguirme.
—Espérame... ¿Estás bien? —preguntó cuándo me logró alcanzar.
—Sí —mentira.
—¿Segura? —insistió.
—Sí..., arranca de una vez —le pedí cuando subimos al auto.
Estaba muy confundida. Dos semanas atrás Jacob me había ido a pedir perdón y después lo veía con una chica que le decía: amor. Él si qué era muy rápido. ¡Ya tenía a otra! ¿Porque yo no podía olvidarlo en dos jodidas semanas también?
—Se llama Irina y es una modelo internacional —comentó Alice —. Lo siento, no debería decírtelo.
Me desanimé—No pasa nada.
Recordé a la chica. Era alta, esbelta, de cabello rubio platinado y ojos color café claro, a su lado yo era una chica simple. Me había cambiado por una modelo internacional. Me sentí herida.
Mi corazón se encogió. Si mientras andábamos se acostó con Leah y ahora salía con Irina, ¿Con cuantas me había sido infiel?
Tenía que hacer algo pronto. No importaba lo qué fuera, pero tenía que olvidarlo como de a lugar.
—Como te decía Harry, el aeropuerto estaba fuera de control todas las jóvenes de Chicago esperaban ansiosas a Jasper Hale y Edward…
"Cullen" terminé en mi mente.
Estaba a punto de hacer una locura que sin duda a la mañana siguiente me estaría recriminando.
—Alice, hoy hay fiesta en casa de mis padres —le mencioné.
—¿Fiesta? ¿No el cumpleaños de tu padre fue en Noviembre?
Mis padres tenían fama por hacer sus fiestas de cumpleaños a lo grande. Mi madre es era un poco extravagante.
—Es para reunirse con unos viejos amigos. ¿Me quieres acompañar?
—Por supuesto, ¡Pero yo te prepararé!
No destruí sus ilusiones estaba demasiada cansada para discutir sabiendo que perdería contra ella.
«•»
—¿Qué escondes Isabella Swan? —Alice me estaba intimidando.
—Nada, Alice —respondí mirándome las uñas con entretenimiento.
—¡Entonces baja del auto! —gritó con impaciencia.
En ese momento, si estaba metida en un problema. Mi lado vengativo se había fastidiado y me había abandonado cuando llegue en la casa de mis padres. Me sentía nerviosa, insegura y con ganas de que la tierra me tragará.
Bajé del auto y alisé mi vestido para ocultar mis nervios.
—Bella, no creí que vinieras.
Ni podía regresar el tiempo. Estaba acorralada entre huir o hacerle un favor a la amiga de mi madre.
—Yo tampoco —murmuré por lo bajo.
—¡Renne! —Alice la abrazó con alegría.
—Alice. Querida —mi madre saludó a mi amiga.
Entré a mi antigua casa, estaba llena de invitados conversando entre sí. Pasé mi mirada alrededor de la gente, insegura de lo que podría encontrar.
Seriamente, estaba pensando en huir pero mi conciencia me gritaba que era una cobarde, ¡No era una cobarde! Luego veía el lado lógico: no quería fingir nada y regresaba a la idea de escapar. Eso había hecho durante la última media hora.
—Bella, ¿No crees qué has bebido más de lo normal?
Ver a Alice tan preocupada me hizo sentir mal. Pero definitivamente los últimos 6 tragos me habían hecho bien, además de que me preparaban mentalmente para lo que vendría.
—Estoy bien, Alice —traté de tranquilizarla.
—Alice, ¿Me permites a Bella por un momento? —mi amiga aceptó y desapareció.
—Mamá, ¿Existe una salida de emergencia?
—Creí que estabas decidida a hacerlo y por eso habías venido —murmuro confundida.
Nos dirigimos al despacho de mi padre, en la planta alta de la casa.
—Tuve un impulso.
Me molesté conmigo misma por ser tan impulsiva. Si tan siquiera hubiera pensado más claramente no estaría a punto de conocer a Edward Cullen y a su familia.
—Prométeme que te comportaras bien.
Gruñí internamente. No es como si que fuera una chica problemática.
—Prometo portarme tal como un angelito —dije irónicamente.
Y de nuevo, por un impulso abrí la puerta del despacho. Segundos después, cinco pares de ojos me observaban hasta un punto que me incómodo.
Mi madre me empujó sutilmente hasta que logre entrar por completo, por educación les sonreí nerviosamente. Caminé hasta quedar al lado de mi padre, agradecí que me pasará su brazo por mis hombros a modo de apoyo.
—Les presento a mi hija, Isabella —murmuró mi madre.
Mi padre me acercó más a él. Se me hizo raro que estuviera apoyando la locura de mi madre y más aún que me estuviera tratando de una manera cariñosa, no es que no fuera un padre maravilloso ¡Era excelente!, pero no solíamos tener ese tipo de contacto.
—Es un placer conocerlos. Mi mamá me ha hablado de ustedes.
La señora castaña y con cara en forma de corazón, se levantó de su asiento y me brindó una sonrisa abierta.
—El gusto es nuestro. Soy Esme Cullen, él es mi esposo Carlisle, mi hijo Edward y mi ahijado, Jasper Hale —hizo las presentaciones, señalando a cada miembro mientras me decía sus nombres.
Su esposo parecía un verdadero actor de Hollywood, me sorprendía que fuera Doctor. Su cabello era rubio y mientras sonreía se le formaban unos pequeños hoyuelos en sus mejillas, tenía los ojos azules.
Y Edward Cullen. Era extraño que en estos días hubiera dicho su nombre tantas veces en mi mente y ahora lo tenía enfrente de mí. Su cabello era de color cobrizo, sus ojos eran de color verde esmeralda cómo los de su madre. Era alto y si hubiera olvidado el hecho de que era Edward Cullen, podría haber dicho que era guapo.
Luego estaba Jasper Hale. Alice me mataría cuando le contará que conocí a su amor platónico. Él era el chico delgado, rubio, de ojos azules y estatura alta que había logrado enamorar a mi amiga cuando filmó su primera película.
No podía describir el ambiente en el despacho.
No sabía que pasaría a partir de ése momento.
Lo qué sí sabía es que era una verdadera locura.
EDITADO 03/03/16
¿Review? Es mejor que dinero.
»Lore Stewart.
