Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer. Yo sólo juego con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento.


CAPÍTULO 5

—Estas arruinando todo —siseé enojada.

En cualquier momento ya no podría aguantar. Él se estaba comparando con Jacob, para mí Jacob era un completo patán. Si Edward se estaba comparando con él llegaría a la conclusión de que era más patán.

—Bien. Dejémoslo hasta aquí, firma el contrato.

—No —me crucé de brazos.

No era por lo que acababa de decir. Si firmaba, me sentiría una aprovechada con medio millón de dólares.

—Vamos, perdóname no sabía lo que decía —se disculpó.

—Baja la cantidad de dinero, y tal vez, acepté.

Su cara era un poema, tal vez si estaba loca. ¿Quién en su sano juicio rechazaría semejante cantidad?

—Olvida el dinero, ¿Qué quieres?

Y ahí íbamos de nuevo, sin embargo, su tono pacifico me gustó.

—Que me dejes de tratar como alguien que busca algo a cambio.

Asintió tal vez no completamente confiado pero me alegraba que al menos se diera por vencido.

—Haré que cambien esa cláusula y te llamo.

Me fijé en la hora, ocho de la noche, hora de irme.

—Me parece bien —me levanté con su ayuda y me acompañó hasta el estacionamiento en silencio.

—Nos vemos Bella.

—Adiós.

Arranqué el auto de Alice, odiaba manejar de noche, las calles estaban muy concurridas. Cuando llegué al departamento Alice seguía despierta.

—¿Cómo te fue?

—Bien.

—¿Solo bien? —preguntó, juntando sus cejas.

—Sí, solo bien —se estaba enojando porque no le decía lo que quería escuchar.

—¿Segura?

—Si —confirmé.

—¡BELLA! —me gustaba molestarla.

Le conté todo con lujo de detalles. No pudo evitar suspirar cuando le comenté que era caballeroso, tampoco pudo dejar de reírse cuando le conté que pensó que me quería acostar con él. Me golpeó por no aceptar el medio millón de dólares y luego dijo algo qué no alcance a escuchar.

«•»

La semana pasó lentamente como de costumbre. Alice me llevó de compras por dos días seguidos debido a las ofertas. El viernes, todos fuimos al centro comercial a comer en uno de los establecimientos y después vimos una película de acción, los chicos obviamente por las peleas, armas y todo eso del peligro; y nosotras en parte por los hombres sin camisa.

—Que sexy —expresó Jessica mirando el abdomen del protagonista, por el rabillo del ojo vi a Mike mirar mal a la gran pantalla.

—Es cierto —la apoyé únicamente para molestar a los chicos.

Ben acercó más a Ángela a su lado y le tapaba los ojos cada que el protagonista aparecía sin camisa o mostraba algo no agradable para él, fue bastante divertido de observar.

Después fuimos al apartamento y con la ayuda de todos hicimos la cena. La cocina terminó siendo un desastre, pero hicimos un gran banquete. Cuando terminamos de cenar entre todos limpiamos la cocina. Fue divertido ver a Ben lavando los platos y a Mike secándolos, mientras Ángela limpiaba la mesa, Jessica quien sabe de dónde sacaba más platos sucios para que los chicos los lavaran, Alice guardaba la comida y yo sacaba la basura.

Al bajar me encontré con el Sr. Jenkins, el portero del apartamento, un hombre cerca de los 50 años, usaba siempre un overol café y lentes oscuros.

—Buenas noches, Sr. Jenkins

—Buenas noches Srta. Bella, que bueno que la veo tengo algo para usted.

Me acerqué a la pequeña recepción y me dio una carpeta. La abrí mientras el señor buscaba algo, era el contrato del apartamento, Edward realmente no era muy prudente dejando ese tipo de documento en la recepción pero lo dejé pasar. Luego lo revisaría. Él Sr. se había ido a la bodega y cuando regresó venía con un florero lleno de rosas rojas. Tan cliché.

—Me tomó la molestia de ponerles agua.

—Gracias Sr. Jenkins, que pase buenas noches —le agradecí.

—Igualmente.

Subí por el elevador con cuidado recordando que con mi torpeza podría acabar en el suelo, por suerte eso no ocurrió.

—Vas a tiras la basura y vuelves con unas flores —bromeó Ben.

—¿Quién te las dio? —preguntó Jessica, admirándolas.

—Aun no lo sé, me lo dio el portero.

Las dejé en medio de la sala y Ángela empezó a buscar algo dentro de ellas

—Lo bueno es que tiene una tarjeta —me la dio y la tomé.

Todos tenían curiosidad, la desdoblé y lo demás no me gusto.

"Sé que con un ramo de rosas no me perdonaras. He sido un estúpido pero quiero que sepas qué todo lo que hice fue un error, te quiero."

Jacob

—Fue Jacob.

No hizo falta decir algo mas todos comprendieron que las rosas no deberían estar ahí.

—Son hermosas, ¿Las tiraras? —preguntó Ángela.

Las verdad es que si eran hermosas.

—No, combina con la sala —rieron con mi comentario y olvidaron el asunto.

Cerca de la medianoche todos se fueron y me quedé con Alice acomodando todo.

— ¿Segura que las quieres conservar? —estaba mirando las rosas y tenía sus brazos en su cadera como una jarra.

—Si, además son sólo veinte rosas rojas.

Nos fuimos a dormir aunque no pude conciliar el sueño hasta eso la una de la madrugada, estuve pensando en las rosas, aunque no pareciera, el tenerlas ahí me recordaba mucho a él. Me sentí culpable por aun quererlo aunque sea un poco.

«•»

Cuando menos quieres que llegue cierto día siempre llega más rápido. Al tiempo le gusta jugar contigo. Era catorce de febrero, no estaba muy feliz que digamos, durante los últimos tres días había estado recibiendo rosas de Jacob pidiendo perdón y además estaba el hecho de que hoy hubiéramos estado festejando nuestro quinto aniversario de novios, sinceramente odiaba pensar en eso pero era tan masoquista.

— ¿Qué harás hoy? —Alice daba pequeños saltos, emocionada.

—No tengo ganas de nada.

— ¿Qué tal si pasamos un día juntas? —inquirió alegremente—. También es día de la amistad y tú eres mi mejor amiga, deberíamos... —el timbre rompió su burbuja de emoción.

Fui a abrir la puerta y vaya sorpresa, en la puerta estaba un enorme oso de peluche, era tan grande incluso más que Alice.

—¿Isabella Swan? —asentí. Firmé por haber recibido el encargo y le di propina al chico.

—¡Es enorme! —chilló Alice.

Vi la tarjeta y puse los ojos en blanco. ¿Cuál era el propósito de Jacob?

—Ya no quiero nada de él.

—Tranquila, ya se cansará —quería creerle a mi amiga, pero Jacob era a veces tan molestoso que no sabía cuánto tardaría en cansarse.

—¿Qué habías planeado? —sonreí débilmente.

Alice me empezó a contar lo que podríamos hacer. Lo que me dio miedo fue cuando dijo que deberíamos ir a un bar, por suerte, el teléfono interrumpió esa peligrosa idea en su mente.

—¿Y ahora qué? —se quejó.

Era la segunda vez que interrumpían su lluvia de ideas, aún con un risita descolgué el teléfono.

—¿Hola?

Me da gusto escucharte feliz. ¿Estarás ocupada en eso de las 6 de la tarde?

¿Sonaría loco si dijera que escuchar esa voz me relajo?

¿Sorprendida?

—Algo —Acepté.

Tenía una semana sin pensar en el trato que tenía con Edward. Ya había revisado el contrato y mandado de vuelto para que su abogado lo legalizará y todo aquello que debía hacerle antes de qué lo firmará.

¿Entonces aceptas cenar conmigo?

Alice estaba atenta a la plática y comenzó a mover la cabeza afirmativamente.

—De hecho, hoy estoy ocupada. Iba a pasar el día con mi amiga.

Alice hizo un puchero, probablemente porque ya había planeado que me iba a obligar a usar.

¿Porque no la llevas y yo llevo a Jasper?

Iba a negar, pero esa era una buena idea para mantener a Alice ocupada toda la noche y para que al fin conociera a su actor favorito, Jasper.

Sí, me agrada tu idea.

Me dio la dirección del restaurante, esta vez era uno exclusivo y habría que reservar antes. Supongo que él no tenía problemas para hacerlo.

— ¡Alice, iremos a cenar con Edward Cullen! —fingí entusiasmo.

— ¡¿De verdad?! —asentí, ganándome un abrazo algo asfixiante.

Lo que menos quería era estar probándome vestidos pero Alice me obligó. Luego el maquillaje, fue un caos porque casi no me maquillaba. Al menos me gustó el vestido qué Alice escogió para mí. Ella, al contrario de mí, se veía muy bien. Me preguntaba sobre la impresión que le daría a Jasper. No le comente nada de Jasper, no quería que entrará en crisis.

Manejó hasta el restaurante y estacionó elegantemente su auto.

—¡Estoy tan emocionada! —repitió por décima vez antes de que entraramos.

—Buenas tardes, tengo reservación a nombre de Edward Cullen —la recepcionista nos miró recelosa, aun así fue educada y nos acompañó hasta la mesa reservada.

Mi amiga se tensó cuando observó al rubio.

—Alice, relájate no quiero que te desmayes —supliqué.

—Es... es... Jasper Hale.

—lo sé, siento no habértelo dicho es que...

—¡Gracias es el mejor regalo que me pudieras haber dado! —me abrazo fugazmente.

Le sonreí con aceptación. Edward fue el primero en notar nuestra llegada y se levantó con su amigo para recibirnos.

—Hola Bella —la sonrisa que tenía, no me gustaba ¿Porque sonreía así?, Maldito engreído.

—Hola. Edward, Jasper, les presentó a Alice Brandon, mi mejor amiga.

—Claro, te conocí el otro día, un gusto.

—Siento tanto lo del desmayo, no estaba planeado pero también es un gusto conocerte —intentó bromear pero pareció más una disculpa, era obvio que estaba avergonzada.

Edward le restó importancia y señalo a Jasper.

—Él es Jasper Hale. Mi amigo, Jasper ya conoces a Bella, y ella es su amiga Alice —el aludido, nos saludó educadamente.

—Hola —Alice lo saludo, como si no estuviera hablando con un actor. Su actor favorito.

¿Porque mi amiga sonreía inocentemente?

Algo me decía que sería una tarde muy larga.


¡Sorpresa!

Les traigo un regalo :)

Sé qué hace dos días que actualice pero es que les quería agradecer por sus Reviews que me han dejado. ¡Este capítulo es para lo que han comentado y no les había agradecido antes!, Sé que es corto pero ya el próximo si estará largo. ¡Deja un Review !