Shaka había pedido audiencia con el Gran Maestro para el medio día, no deseando perturbarle antes ya que en realidad no era importante lo que quería consultarle.
Apenas eran las 9 de la mañana y sintió una gran concentración de personas en el coliseo. No era día de entrenamiento de los dorados, por lo que la curiosidad pudo más y fue a ver. No llevo su armadura para poder mezclarse mejor entre la gente. Lo que vio no le sorprendió. La mayoría de los que estaban viendo el entrenamiento eran guardias y aspirantes a caballeros sentados en las gradas y los más osados, ahí mismo en la arena, rodeando dos figuras femeninas que peleaban.
Decidió acercarse lo más que pudiera sin ser notado.
- Te comportas cobardemente – dijo Shaina en posición de ataque a su contrincante después de atacarla con todo. La pelirroja que peleaba con ella solo esquivaba los golpes
- Shaina, esto es solo un entrenamiento – Contestó Marín de Águila en la misma posición que su compañera
- No me hagas reír! Únicamente me interesan las peleas de verdad – señaló Shaina en un tono nada amistoso – Nada de estúpidos entrenamientos! Ya te he perdonado la vida lo suficiente. Adiós!
Shaka vio como Shaina lanzó su técnica del ataque de la cobra hacia la pelirroja con gran rencor, ira e incluso hasta odio. Marín de Águila no tuvo la suerte de ser tan rápida o posiblemente no quiso defenderse, pues después de volar por los aires, cayo boca abajo a los pies de los guardias que veían satisfecha su sed de sangre.
Escuchó como algunos de los guardias más antiguos, que estaban de lado de la pelirroja, criticaban la forma en la que el gran maestro había dado libertad para elegir a sus guardias dándole la oportunidad a ladrones y asesinos refiriéndose a aquellos que estaban de parte de Shaina. Estaba a punto de lanzar una de sus técnicas contra quien se atrevió a decirlo, cuando vio que la valiente portadora de la armadura del Águila se levantaba sangrando para volver a pelear. Desgraciadamente la furia que traía Shaina, hacía que su velocidad y fuerza se incrementara y Marín no pudiera hacer nada más que levantarse cada vez más lastimada. Incluso los guardias ayudaban a levantarla para animarla a seguir y que Shaina siguiera golpeándola. Esa era una masacre a los ojos de Shaka.
No sabía si debía intervenir o no, cuando una voz muy familiar para el hizo que todo el coliseo guardara silencio al decir:
- Ya está bien! – dijo Aioria de Leo parando la pelea
- Ahora te da por defender a los cobardes? – le gritó Shaina aventándole a una maltrecha Marín que ni siquiera podía hablar.
- Cállate! – Contesto Aioria enojado – Sabes bien que Marín es tan valiente y fuerte como tú! Lo que te molesta de ella es la humillación que sufriste porque su alumno Seiya le ganó la armadura de Pegaso a tu protegido Cassius.
- Tienes la lengua muy afilada – espetó Shaina impotente. Sabía que no podía medirse con un caballero dorado así que se dirigió a sus guardias – Vámonos! Aquí ya no me dejaran divertirme.
Todos los guardias vestidos de Morado, que Shaka reconoció como pertenecientes a la Guardia Imperial la siguieron, burlándose en el camino de una Marín Herida. La multitud de otros guardias y aspirantes, sin nada más que hacer, también fueron regresando a sus labores poco a poco.
- Estas bien Marín? – Dijo Aioria preocupado
- Sabes que te meterás en problemas con el Gran Maestro por esto – dijo Marín – Él tiene especial preferencia por Shaina.
- Que el diablo se lleve al Gran Maestro y a todos sus secuaces! – Maldijo Aioria en voz alta – Ven, Vamos a curarte. – dijo ayudándola a caminar.
No le pasó inadvertida la presencia de otro caballero dorado cerca de él, pero en ese momento lo único que le interesaba es que su amiga estuviera bien.
Shaka vio el reloj solar y se dio cuenta que aun tenía tiempo antes de ver al Patriarca. Decidió hacer algo que casi nunca hacia: Caminar por todo el santuario analizando lo que había visto y escuchado. No únicamente el asunto de Shaina, sino el poco respeto que parecía tener Aioria por el Gran Maestro. Debería informarlo? O simplemente dejarlo pasar? Después de todo, al caballero dorado de Leo se le conocía por noble y valiente con un carácter sereno. Si había dicho esas cosas debió ser por la preocupación al ver a su amiga mal herida y no con mala intención.
Sin querer, fue a dar a un lugar no tan conocido para él. Aparentemente en alguna colina alejada al Sur del Santuario donde solo había dos tres cabañas. Estarían abandonadas?
Un presentimiento lo hizo acercarse por la parte trasera para poder fisgonear dentro. Tal como lo supuso, la primera cabaña estaba vacía. Había polvo por todos lados y no se veía nada dentro. La siguiente cabaña parecía estar habitado por una persona sencilla de sexo masculino. Podía ver algunos pantalones secándose entre esa y la tercera cabaña. La tercera Cabaña era relativamente más grande que las otras dos pero igual de sencilla. Lo único diferente era que sobre la mesa de madera, pudo ver un jarrón de barro con flores. No se veían frescas ni lozanas, pero tampoco como si tuvieran mucho tiempo.
Se escuchó un ruido cerca de él y corrió a esconderse.
- Vamos! Necesito curarte esa mano! – se escuchó
- No seas ridículo Cassius… Solo me rompí una uña! – dijo Shaina tratando de librarse de su ex alumno, quien la traía de la muñeca jalándola hacia su cabaña – Estúpida Marín y su cabeza dura….
- Esta sangrando y no queremos que se te infecte – dijo Cassius como si le hablara a una niña pequeña
- No necesito hacer nada. Puedo hacerla crecer cuando yo quiera! – dijo Shaina sin muchas ganas
- Tú me ensenaste que cualquier herida, por pequeña que sea se puede infectar. Si te dejas curar te doy un premio. – dijo Cassius guinandole un ojo.
Shaina no dijo nada pero entró junto con Cassius, quien le puso desinfectante, le puso una bendita y le dio un beso a la herida.
- Mejor? – preguntó
- Sí. Ahora dame mi premio. – dijo Shaina un poco incomoda. La devoción de Cassius por ella siempre la ponía así.
Shaka miraba todo desde el parapeto de la ventana a espaldas de Shaina, quien volteo más de dos veces al sentir que alguien estaba ahí, pero no podía saber quién era.
Se levantó más de dos veces a verificar que estuviera sola pero afortunadamente no vio a Shaka. Tampoco pudo identificar su cosmo, pues lo había bajado lo suficiente como para no ser identificado.
- Aquí está tu premio. – dijo Cassius sonriendo entregándole una pequeña caja que ella, cuando vio el remitente abrazó con cariño.
Cassius sabía que Shaina no quería ser vista de otro modo que como una mujer agresiva así que se volteó hacia la pequeña cocina de leña y comenzó a sacar varias ollas.
- Por qué no vas a abrirla en tu cabaña mientras preparo el almuerzo. Así llegaras a supervisar el cambio de guardia de la parte norte.
- Sí. Avísame cuando esté lista. Y esta vez no le pongas tanto jitomate. – gruñó antes de Salir
Cassius solo sonrió al verla salir. Siempre criticaba su comida pero sabía que le gustaba y solo lo hacía porque no sabía cómo decirlo.
Shaka se movió con sigilo hasta lo que descubrió era la cabaña de Shaina. Nunca lo hubiera imaginado. Era tan… tan… simple!.
Shaina se quitó la mascada de su cintura y la puso en la puerta, señal que le decía a Cassius que no entrara pues se estaría cambiando y no tendría su máscara puesta.
Dejó la caja en la mesa y entro al tocador a refrescarse. Shaka la escucho tararear una canción y salir cepillándose la melena. Se sentó en su mesa dándole la espalda y para su sorpresa, vio que se quitó la máscara y la dejó a un lado. Con una de sus uñas desgarró con cuidado la caja y la abrió. Dentro había un pequeño conejo de peluche blanco que ella abrazó con ternura y una carta.
Se levantó con él en brazos para leer la carta mientras caminaba por su cabaña. Shaka pudo ver apenas un poco de su perfil, pues su melena caía tapándola. En determinado momento sus manos comenzaron a temblar un poco y dos lagrimas cayeron sobre el papel. Esto era algo que Shaka no esperaba.
Aun leyendo la carta, Shaina fue a sentarse sobre su cama y cuando termino de leerla se recostó abrazando su conejito. Mantenía cerrados sus ojos pero Shaka pudo ver de lleno su cara. No era en absoluto el monstruo que había formado en su mente. Sus facciones eran finas, sus labios eran carnosos y tentadores, su piel era blanca y sus ojos tan grandes como los de él, siendo enmarcados por unas enormes pestanas. Podría decir, que en su poca o mucha experiencia con mujeres, que podía categorizarla como hermosa.
- Carambas! Creo que no debería estar viendo esto – dijo Shaka con voluntad más con ganas de seguir viendo.
De no ser porque Shaina de nuevo sintió a alguien afuera y corrió a ver, Shaka se hubiera quedado más tiempo. Pero en ese momento abrió un portal y regreso a la sexta casa dorada. No entendía nada. Quien era Shaina y por qué se portaba tan diferente en ese lugar? Quien le había mandado el conejo de peluche y por qué estaba llorando? Tendría que ver con su problema de ira? Decidido a averiguar al menos la mayoría de las preguntas se dirigió corriendo hacia la cámara del Patriarca antes de que llegara tarde a la cita que el mismo había pedido.
