Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer, simplemente estoy jugando con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.
CAPÍTULO 7
Pensé que después de evadir a los reporteros todo regresaría a la normalidad, estaba muy equivocada. Fue uno de los peores días de mi vida, justo después de mi cumpleaños dieciocho, cuando Alice me llevó a un club; a uno solo para mujeres.
Pasé el día escapando de jovencitas que me preguntaban si estaba saliendo con su Edward. Optaba por sonreírles tímidamente e ignorar las preguntas pero no sabía cuándo tiempo más soportaría sus gritos y suspiros cada vez que nombraban a Edward Cullen.
También había soportado los reclamos de Jessica y Ángela por no haberles pedido a los chicos un autógrafo para ellas. Le eché parte de la culpa a Alice y ella alegremente les prometió que se los pediría la próxima vez que los viera.
Al final del día, cuando las clases terminaron, me subí al auto resoplando del cansancio.
—¿Día difícil? —me preguntó mi amiga, resoplé de nuevo, afirmándolo.
Alice seguía entusiasmada por haber dado su primer autógrafo, en cambio yo me sentía curiosa y preocupada por saber qué estaban diciendo los medios de comunicación en ese momento de mí. Prender la radio fue una pésima y buena idea, pésima porque era hora del reggaetón y buena porque me relajaba que no estuvieran hablando de mí. Eso no sonaba muy modesto, lo sabía.
Mi celular vibró brevemente y observé el mensaje que había llegado.
"Siento mucho lo de los reporteros, ya se fueron de tu departamento"—Edward.
Respiré con alivio, prometiéndome que después se lo agradecería a Edward. Sin embargo, luego recordé que él me había metido en ese embrollo en primer lugar. Si tenía que agradecerle algo sería por haber alejado a los reporteros de mi departamento.
«•»
El jueves por la mañana Alice se levantó demasiado temprano, fue a la tintorería, fue de compras y lo magnifico había sido que no me había obligado a acompañarla, eso no le impidió regresar con tres pantalones y once blusas para mí. Se duchó y dijo que iría a visitar a un amigo. No mencionó nada más, simplemente se fue.
El viernes caminé hacia la librería del centro comercial. Alice había desaparecido por la mañana dejándome los platos sucios. En el centro comercial me había topado casualmente con unos cuantos reporteros. Por fortuna pude escapar fácilmente.
El sábado no tuve que levantarme temprano, la espalda me dolía y desde hace una semana tenía unas ojeras no muy bonitas en mi cara por lo que fue muy gratificante. Sin embargo tenía que levantarme y cambiarme.
Edward había propuesto vernos y firmar el contrato formalmente. Me dirán cobarde pero pensaba no hacerlo. Haber tenido a la prensa detrás de mí durante una semana me incomodó demasiado y saber que si aceptaba sería peor me daba escalofríos.
En fin, pasaría por mí después del mediodía, me había prometido un lugar sin reporteros, eso esperaba.
Normalmente la vida siempre te sorprende y las cosas no siempre resultan cómo planeas. Las decisiones cambian continuamente, como en ese preciso momento en el que estaba leyendo el contrato, sentir la mirada esmeralda de Edward tampoco me era de gran ayuda.
Sentía esa necesidad de ayudarlo y sentir que estaba haciendo algo bueno por alguien. Aunque ese alguien fuera él.
—Cómo puedes ver, ya no cobraras medio millón de pesos —hizo hincapié en el punto, con seriedad.
—¿Dónde firmo? —pregunté con dificultad.
Su sonrisa torcida se extendió por su rostro, firmé en dónde debía y si todo salía bien después de seis meses Edward Cullen ya no sería parte de mi vida.
«•»
—Bella tengo que contarte algo —miré a Alice infundiéndole valor para que continuara. Su falta de energía me indicaba que estaba decaída y me llenaba de curiosidad—, el jueves fui a cenar con Jasper.
Realmente eso no me lo esperaba y me sorprendió bastante, tanto que casi escupo el jugo de naranja que tomaba, sin embargo eso no justificaba la tristeza en el reflejo de su mirada.
—¿Qué ocurrió? —le tomé su mano y ella me la apretó.
—Bella lo que siento por él me asusta, no es simplemente un amor platónico como creí. Creo que me enamoré de Jasper Hale, no del famoso sino del Jasper que pocos conocen.
Intenté comprender sus sentimientos y ponerme en su lugar.
—Alice, lo que menos quiero es verte sufrir —señalé—, aun no lo conoces lo suficiente.
—Jasper sí sabe cómo tratar a una mujer.
—A lo que voy es… no puedes asegurar que te has enamorado de él, no lo conoces realmente.
—Lo sé, sé que no y créeme que no quería. Únicamente salí a comer con él porqué era parte de mi sueño, quería su autógrafo, platicar de sus hobbies, canciones y autores favoritos. Que me llamara por mi nombre, simplemente… conocerlo —me explicó.
—Intentabas conquistarlo —la acusé, con media sonrisa.
—La verdad sí, pero no pensé que él lo hiciera primero. Es tan sensible, dulce…
—Todo lo contario a su amigo —la interrumpí, haciéndola bajar de su nube.
—Edward es bastante divertido y guapo —señaló con obviedad.
La ignoré y seguimos hablando de sus sentimientos, ella lo necesitaba.
El día siguiente pasaría parte de la tarde con Edward para conocerlo más, y digo más porque Alice me había platicado la mayor parte de su biografía, incluso prometió ayudarnos a parecer una pareja real. Como si fuera posible.
«•»
Al ver enfrente de la entrada del apartamento un BMW negro supe que era hora de encontrarme con Edward. Me preparé mentalmente y entré al auto sin decir nada. Llegamos a una pequeña cafetería cerca de la Universidad.
—¿Qué debo conocer sobre mi prometida? —me preguntó, permaneciendo serio como días atrás.
Pensé brevemente en la parte importante de mi vida, una pregunta así puede ser difícil de responder.
—Bien. Tengo veinte años, estudio Literatura, soy bastante torpe, odio lo frio y húmedo, no me gusta ser el centro de atención, me gusta leer, la música clásica y odio la superficialidad —resumí con media sonrisa—. Tú turno.
—Estoy cerca de cumplir veintiún años, estudio Medicina —empezó a responder—, mi hobbie es actuar y componer, sé tocar el piano por lo que también me gusta la música clásica, aunque Emmett dice que provoca sueño.
—Emmett es tu hermano, ¿No?
—Exacto, vive en Nueva York, él y su esposa están en tratamiento para ser padres. ¿Tú no tienes hermanos, cierto?
Negué con la cabeza.
—Lo más cercano que tengo como a una hermana es Alice —respondí sin dudar.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Jasper no deja de hablar de ella, creo que tu amiga lo ha conquistado.
Una sonrisa se formó en mi rostro también, esto le encantaría a Alice.
—Cambiando de tema, gracias por quitar a los paparazis de mi departamento —sonrió satisfecho.
—Era lo menos que podía hacer. Además, tu mamá me dijo que me matarías si no los sacaba de ahí.
Puse los ojos en blanco y le mande una mirada llena de irritabilidad.
—Cuando quieras saber algo de mí más te vale preguntármelo y no a mi madre, no sé si te has dado cuenta pero está un poco desubicada, por cierto —murmuré.
—Créeme, me he dado cuenta de eso, me alegra que no te parezcas tanto a ella en ese aspecto.
—Gracias —tomé ese comentario como un cumplido.
Si me pareciera a mi madre sería terrible, la adoraba pero me metía en situaciones extremas.
—Bella, hay algo importante que tengo que decirte —murmuro con cautela.
—¿Qué ocurre? —inquirí con lentitud.
—Tu sabes que actualmente estoy residiendo en Los Ángeles, y tengo que regresar esta semana para terminar de filmar y bueno… Jasper cree que sería buena idea que me acompañaras.
Me paralicé de la sorpresa.
—¿Por cuánto tiempo?
—Tentativamente por un mes.
—¿Un mes? —cuestioné—. Edward te recuerdo que estoy estudiando, no me puedo ir por un mes. Además, ¿dónde viviría? —le respondí.
—Tu universidad y la de California tienen hecho un convenio, lo investigué, puedes estudiar ahí por un mes y obviamente vivirías en mi casa —explicó su estructurado plan.
Pero… ¡vivir con él era una locura!
—¿Me dejarías pensarlo? —pregunté tranquilamente.
Para ser sincera estaba aferrada a este lugar, no se me haría fácil irme y dejar a mi familia y amigos. Lo más importante era que no quería vivir con él por un mes.
—Por supuesto pero sólo hasta mañana, tienes mi teléfono cuando te decidas —asentí—. Cambiando de tema tengo algo para ti.
—¿Para mí? —cuestioné—, ¿ahora qué?
—¿Fingirías felicidad? —preguntó con curiosidad.
—¿Hay reporteros?, me dijiste que no habría aquí —me quejé, asintió y me miró con disculpa, en mi mente maldije un poco—. Está bien.
—Bella, no sé cómo empezar. Este anillo es bueno el anillo… —comprendí por donde iba el tema y me sentí igual de incomoda que él.
—¿En serio? —pregunté con sarcasmo.
Por lo visto era muy malo pidiendo compromiso.
—No me interrumpas. ¿Quieres casarte conmigo? —se tocó el pelo nerviosamente, de seguro para hacer más creíble todo el teatrito.
Abrí mi boca y fingí sorpresa aunque en realidad me estaba retorciendo de la risa, me sentía nerviosa por algún motivo, además sabía que los reporteros estaban pendientes de lo que él estaba haciendo.
—Acepto —le sonreí, me quiño un ojo y tomó mi mano para colocar el anillo en mi dedo, me quedé muda—. Es hermoso —reconocí.
—Me alegra que te guste, tardé buscándolo.
—Edward, podrías haber comprado cualquier anillo —lo regañé al ver que era de oro puro y tenía una piedra turquesa al medio en forma de corazón.
—No iba a comprarte un anillo de caramelo y pude darme ese lujo con el medio millón que no aceptaste.
Nos mantuvimos en silencio, en un silencio cómodo, estar con él empezaba a ser fácil y las peleas eran por simple juego. El resto de la velada Edward fue divertido y para nada egocéntrico por lo que luego del postre empecé a sonreír abiertamente de sus malos chistes.
Pensando en su pedida de mano recordé que solía pensar en el compromiso como algo hermoso, soñaba con llevar un vestido blanco diseñado por Alice, la iglesia adornada de claveles y que en el altar estuviera Jacob. Eso quedó en una fantasía.
—Te llevaré a tu departamento sé que mañana tienes que ir en la Universidad —ofreció.
Incluso en el auto me dejó escoger la estación de radio para escuchar lo que prefiriera pero al notar que algunos hablaban sobre nosotros mejor lo apagué. En el semáforo de la esquina nos detuvimos para esperar el cambio de señal, cerca del auto pasó una joven pareja tomada de la mano, ellos se besaron por lo que tuve que desviar mi mirada.
Abrí los ojos con desesperación. ¿Edward y yo me tendríamos que hacer eso...?
—¿Estás bien? —inquirió mirándome con una ceja alzada.
—Estoy bien —titubeé como respuesta.
Era algo bueno que no leyera mentes porque así no sabría que estaba mintiendo. ¡No quería besarlo y probablemente él tampoco! ¿En qué me había metido?
Estacionó su auto en la entrada de mi departamento.
—Esperaré tu llamada —murmuró, después de ayudarme a salir del auto.
—Sí —solté un suspiro—, te llamaré.
—Bella. Si esto te esta incomodando tienes que decírmelo —me avisó con seriedad.
—No estoy incomoda pero todo es tan nuevo. ¿Tú no te sientes incomodo? —le cuestioné.
—No —respondió relajado—, es fácil estar contigo y además esto es parte de mi trabajo. Quiero agradecerte que me estés ayudando.
—No es por ti —aclaré con la frente fruncida.
—Claro, claro, igual lo agradezco. Juro que te lo pagaré.
—¿Seguirás con lo mismo? —inquirí con diversión.
—No con medio millón de dólares pero te lo pagaré y no podrás hacer nada a cambio.
—¿Apuestas contra mí? —contraataqué juguetonamente.
Se acercó a mi rostro y la incomodidad se hizo presente en mí cuando su respiración golpeó mi rostro aunque sólo fuera para darme un beso en la mejilla.
«•»
—¡Quiero ver es anillo! —fue lo primero que Alice chilló cuando entré en el departamento.
—Bien, ¡pero no lo toques! —bromeé.
Miró el anillo por un momento y sonrió complacida.
—Es tan hermoso. ¡Amiga hay que celebrar tu compromiso! —gritó con entusiasmo.
—Alice sabes que no es real.
Escuché su risa desde la cocina, le sonreí cuando regresó con dos copas de vino.
—Hay que hacerlo creíble —se justificó—. Y pensar que hace dos semanas odiabas a Edward Cullen, a tu madre y no me habías dicho nada. ¡Quiero ser la madrina de tu primer hijo! —expresó con diversión, estaba segura de que había consumido algo.
—Alice detén tu parodia —me quejé.
Bebimos lo que estaba en las copas y luego nos sonreímos.
—Trato de alegrarte antes de mostrarte algo —confesó con una mueca.
—¿Qué? —pregunté serenándome.
Volteé atrás de mí y me quedé sorprendida. Ahí, había un Peagle, apenas era un cachorrito. Lo primero que pensé fue en Jacob. Era muy tierno pero por desgracia no estaba permitido en el edificio.
—Creí que se había cansado de mandarme regalos —susurré.
—Parece que no, de hecho regresó recargado. Si yo fuera tú pondría una orden de alejamiento —sabía que estaba hablando enserio.
—Estoy pensando en hacerlo —dije con fastidio.
—¿Qué haremos con Jake? —Alice le había nombrado "Jake" porque ese nombre le venía como mi anillo de compromiso a mi dedo: perfecto.
Nos quedamos pensando en la mejor opción. Decidí llevárselo a mis padres, estaba segura de que no sería un problema para ellos, aparte, Jake era demasiado tierno y juguetón.
—Edward me propuso irme con él a Los Ángeles —le revelé—, por un mes.
—¿Y tus estudios?, ¿Y yo? —reí ante lo último—. ¿Me llevas?
—Él me dijo que puedo estudiar ahí en ese tiempo y no creo que Edward quiera a dos mujeres en su casa.
Hizo un puchero, me acompañó hasta mi habitación.
—¡¿Vivirás con Edward Cullen por un mes?! —preguntó sorprendida.
Asentí, esperando que su mente no empezará a imaginarse cosas.
—En una entrevista mencionó que no viviría con una chica a la cual no amara —parecía ilusionada.
A eso me referia.
—Bueno... soy su prometida —dije de forma irónica.
—¿Aceptaste?
—No, le dije que lo pensaría —expliqué.
—¡¿Qué?! ¡Tienes que aceptar Isabella! —me sentía como una niña regañada por su mamá por manchar su vestido nuevo.
—¿Me quieres lejos por un mes? —pregunté.
—No, pero... ¡Es Edward Cullen! ¡Y Los ángeles! —me explicó ofendida.
—No quiero ir, si voy los reporteros...
—¡Que se mueran los reporteros! —chilló tan dramáticamente que estuvo fuera de lugar—. No quieres ir porque sabes que te podrías enamorar de él.
—¡No es verdad! No me podría enamorar de un hombre como él, es inmaduro y egocéntrico; no siempre pero la mayoría del tiempo. ¡Nos terminaremos matando! —grité elevando las manos al cielo.
«•»
Cuando llegué con mis padres mi mamá estaba practicando yoga, a las 8 de la noche y como no debía romper su burbuja de armonía fui a la cocina con María e hicimos galletas de chocolate. Después fui con mi papá quien estaba "trabajando" en su despacho, en realidad tenía un libro en su cara y los ojos cerrados. Lo moví suavemente causando que despertará.
—¡Bella, que alegría verte! —me abrazó fuertemente.
—Lamento interrumpir tu descanso pero quería pedir un favor —me senté enfrente de su escritorio, mi papá no era amante de los animales pero intentaría convencerlo.
—El qué quieras, hija.
Pues si es así...
—¿Puedes cuidar de Jake?
—¿Como? Estoy confundido, creí que no lo querías ver después de cómo te engañó —me había olvidado de decirle a cual Jake quería que cuidara.
—¿Eh? No, papá. Jake es un perro, un animal, uno que ladra y come croquetas —empecé a enumerar, suspiró de alivio y asintió.
—Tal vez pueda hacer algo por él. ¿Te compraste un perro y por despecho le pusiste Jake? —preguntó burlonamente.
—En realidad fue Alice.
—La pequeña Alice, ¿Cómo está ella?
—Hiperactiva —eso la describía por completo.
Mi padre me sonrió.
—Creo que tu madre no tendrá ningún inconveniente —aceptó.
Conversamos sobre su trabajo y más tarde nos reunimos con mi madre. Les conté sobre el viaje a Los Ángeles, mi madre pensaba que necesitaba salir del ambiente de Chicago ¿No tenía miedo de que viviera con un desconocido?
Mi padre en cambio, como yo, no estaba seguro de que fuera una buena idea. ¿Podría tomar el viaje a los Ángeles como vacaciones?
Cuando llegué a mi departamento hice lo que menos pensé.
—Edward, acepto ir contigo a Los Ángeles —fue lo único que dije cuando descolgó la llamada.
—Nos vamos el sábado —su voz se escuchaba muy asombrada.
—Bien —colgué y me acosté sobre la cama.
Me iba a Los Ángeles, estaba hecho.
¿Merezco tomatazos, lechugas o un hermoso Review?
