Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer, simplemente estoy jugando con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.
CAPÍTULO 8
Le lancé un último vistazo a mi recamara asegurándome que estaba dejando todo en orden. Me encontré con mi amiga esperándome en la sala, en compañía de Edward.
—Estoy lista —avisé con lentitud.
—Promete que me llamaras y que no buscaras a otra mejor amiga o te torturaré —Alice me advirtió.
—Alice, te llamaré y no te cambiaré por nadie —le prometí a mi amiga con media sonrisa.
Hizo un puchero, le abrí mis brazos para recibirla en un abrazo.
—Te visitaré más pronto de lo que imaginas —me susurró.
Le di una mirada llena de complicidad, no dudaba de ella y sus palabras.
—Pórtate bien, pequeña —bromeé.
—Tú también —aseveró. Se volteó hacia Edward, quien se había mantenido en silencio—. Edward, promete que mi amiga dormirá en otra habitación, no quiero ser tía tan pronto.
Solté un bufido de frustración, ¡Alice necesitaba ayuda urgente!
—Cuidare bien de ella, Alice —Edward le respondió con un poco de incomodidad.
—Correcto —interviné para evitar cualquier otro comentario vergonzoso—. Te extrañaré.
—Yo más pero basta de despedidas, voy a llorar —declaró, limpiándose una lágrima imaginaria.
Las despedidas con Alice eran extrañas porque no solían existir, ella normalmente iba conmigo a cualquier lugar y eso era porque siempre me arrastraba a sus locuras. Sin duda la extrañaría.
Después de despedirse de Edward partimos hacia el aeropuerto. Estuve sorprendida cuando Edward y Jasper me informaron sobre haber comprado boletos en clase normal. Les había preguntado el porqué y ellos lo habían alegado a su manera de mantener sus pies en la tierra.
—Únicamente será por un mes —Edward me recordó.
Tal vez se había dado cuenta de mi silencio desde que salimos de mi departamento. No era fácil asimilar que estaba yendo a un lugar nuevo y como su prometida, algo me decía que no sería fácil acostumbrarme a mi papel.
Sin embargo, le sonreí indicándole que lo sabía.
Nuestro acompañante fue un niño de unos seis años, rubio y de ojos azules. Él se sentó del lado de la ventanilla y nos saludó de manera entusiasta, le sonreí con simpatía y tomé asiento a su lado.
En algún punto del viaje él y Edward terminaron platicando de videojuegos y dibujos animados. A veces me hubiera agradado tener un hermano mayor, aunque no negaba que ser hija única tenía sus ventajas.
Cuando el niño se durmió, puse mis audífonos y minutos después también me quede dormida. Cuando desperté los rayos del sol empezaban a asomarse por el cielo. El niño aún dormía cómodamente y Edward tenía su cabeza apoyada hacia atrás mientras me observaba con curiosidad.
—¿Buenos días? —pregunté, nerviosa de que me hubiera atrapado observándolo.
—Buenos días —me respondió con un tono burlón que dejé pasar.
Era muy temprano para ponerme de malhumor, además, el pequeño a nuestro lado despertó en ese momento.
—Buenos días —saludó, se veía adorable mientras restregaba sus ojos cansados.
—Buenos días. ¿Dormiste bien? —le pregunté con gentileza.
Asintió, aunque se veía adormilado y parecía que en cualquier momento iba a volver a quedarse dormido.
—¿Y ustedes? —indagó, era un niño educado y debería felicitar a su madre por ello.
—También —respondió Edward, mirándome con profundidad.
Sentí mis mejillas empezar a arder, de ahora en adelante tenía que ser más cuidadosa al mirarlo, no quería subir más su ego.
Después de que el vuelo aterrizará, esperamos a que los demás salieran antes de que nosotros los hiciéramos.
—¿Dormiste bien, Jasper? —le pregunté amablemente mientras esperábamos nuestro turno para salir.
Había catalogado a Jasper como a un chico tranquilo que como actor no tenía punto de comparación con un engreído famoso, por eso se me hacía alguien agradable. Sentía que estaba hablando con una persona normal; es decir, uno que no hace películas o series.
—Eso creo —respondió con una sonrisa amable.
—Jasper, has hecho feliz a esa anciana —Edward bromeó con él.
—Alguien tenía que ganar algo —Jasper le siguió el juego.
Cuando nuestro turno de bajar llegó tomamos nuestras pertenencias de mano, antes de bajar Jasper carraspeó para llamar nuestra atención.
—Chicos, deberían de tomarse de la mano antes de salir —él nos sugirió.
Esa acción era incómoda para mí, me había tomado de la mano con mis antiguas parejas pero la idea de hacerlo con Edward era extraña. Unimos nuestras manos antes de bajar del avión, sentí una especie de incomodidad que se fue tan pronto como llegó.
En el transcurso de la pista al interior del aeropuerto vi a muchos reporteros haciendo preguntas y chicas gritando y grabando a mis acompañantes. Podía sentir la mirada que me daban pero no podía saber lo que estaban pensando y eso era inquietante.
—Tranquila Bella, los reporteros no te comerán —Edward me susurró.
Lejos de tranquilizarme eso me puso más inquieta. Caminé al lado de Edward y fingí tranquilidad, algo que no sentía. Después de varios minutos llegamos hasta un auto estacionado en la entrada.
—Bueno chicos, me voy por mi propio camino —Jasper se despidió de nosotros.
Lo vi alejarse y subirse en otro auto que lo llevaría hasta su propio departamento aunque prometió visitarnos en su próximo tiempo libre. Cuando entramos al interior del auto pude respirar cómodamente.
Lo que veía era diferente a Chicago, como por ejemplo: los coches deportivos que abundaban en las calles, los centros comerciales y los edificios enormes. Miré entretenida por la ventana a la gente pasearse con sus perros y otros corriendo.
—Recuerdo tener la misma mirada cuando llegué aquí.
Sonreí por el comentario de Edward y me senté apropiadamente en mi asiento.
—Aun así, sigo prefiriendo Chicago —afirmé con seguridad.
—Ningún lugar puede igualarse a tu hogar —estuvo de acuerdo.
Me pasó una revista y en la portada me encontré con la foto, algo borrosa, del día en que me pidió matrimonio. Era raro verme en una revista y darme cuenta que estaba sucediendo realmente.
—Nos vemos perfectos, ¿no?
—No lo creo, está borrosa —murmuré con audacia.
Le restó importancia a mi comentario.
—No somos una pareja digna de admirar —mencionó, estuve de acuerdo con él.
Si la prensa se enterara de nuestras discusiones frecuentes seriamos noticia de primera plana y no precisamente de manera positiva. Me preguntaba cómo su publicista y manager estaban manejando muestra relación ficticia, o si incluso lo sabían.
La vista exterior de la casa de Edward era elegante y el interior no se quedó atrás, era enorme. Incluso más que la de mis padres en Chicago, lo acepto tal vez no era muy grande pero para sí para él solo. Edward me ayudó a llevar mis maletas hasta mi nueva recamara mientras me presentaba su casa.
—La casa tiene cinco cuartos, una cocina amplia, la sala es muy tranquila, hay una pequeña biblioteca en el segundo piso, una piscina y otros lugares que te mostrare después —me explicó rápidamente.
—Es una casa increíble —comenté—. Edward, gracias por permitirme quedarme aquí.
—Es lo menos que podía hacer, gracias a ti y si necesitas algo más estaré en mi cuarto, es la habitación continua —asentí antes de verlo salir de la habitación.
Permanecí enfrente de la ventana viendo cómo oscurecía y las luces de la ciudad se encendían. Antes de bajar para comer un algo decidí darme una ducha. Edward no mintió, su cocina era realmente amplia y alguien estaba ahí.
—Hola… —saludé, una dulce señora dejó sus labores y me observó con entusiasmo.
—Tú debes ser Isabella, Edward me ha hablado mucho de ti —me sonrojé a pesar de saber que probablemente lo había hecho como parte de su plan.
—Sólo Bella y espero que no haya dicho nada negativo sobre mí —comenté con diversión.
—No, él sería incapaz de hablar mal de su prometida. Me da gusto conocerte al fin, sabía que tarde o temprano él se terminaría casando. Siéntate, por favor —expuso, me senté enfrente de la barra de la cocina, me dio una tasa de sopa—. Deduje que podrías tener hambre después de un largo viaje.
—Sólo un poco —acepté con vergüenza—. ¿Y…Edward?
—Oh, Edward ha salido por la despensa —explicó con tranquilidad.
¿Edward había ido al supermercado? ¿No se supone que los actores tienen alguien que haga eso? Cada que pasaba más tiempo con Edward descubría que era un chico extraño.
—Estuvo delicioso, ¿Cómo le gustaría que la llamará? —pregunté tratando de sonar tranquila.
Edward debió de haberme dicho sobre ella ya que parecía apreciarlo mucho, pero parece que lo olvidó.
—Kata y no me hable de usted, no estoy tan vieja.
—Por supuesto que no —acepté con una sonrisa.
—Cuéntame, ¿cómo conociste a Edward? —mi sonrisa se desvaneció.
Aún no había acordado con Edward que diríamos acerca de nuestra historia, le sonreí para ganar tiempo.
—Mis padres y los de Bella son amigos, nos conocíamos desde niños —la voz de Edward me sobresaltó.
Edward dejó algunas bolsas del supermercado en la encimera de la cocina y me guiñó un ojo con complicidad, prácticamente me había salvado al aparecer sin previo aviso. Le agradecí con la mirada y una ligera sonrisa.
—Y sin embargo, nunca la habías mencionado.
—No creí que te importara, además nos pareció perfecto mantenerlo para nosotros —le respondió Edward.
Admiré la facilidad en que respondía e improvisaba. Demonios, realmente tenía talento.
—De cualquier manera, ¿cómo sucedió? —preguntó ella, sirviéndole a Edward una taza de sopa mientras él tomaba asiento a mi lado.
—¿Cómo sucedió, qué? —pregunté confundida.
—Cómo te pidió matrimonio, vi las fotos pero esas cosas no dicen nada.
De repente me sentí entusiasmada por responder.
—Fue… muy torpe, él estaba nervioso. Realmente me sorprendió —respondí con una gran sonrisa que apareció cuando rememoré la escena en mi mente—, también fue muy especial.
Añadí lo último porque parecía algo la señora quería escuchar, y lo fue, después de lo último soltó un suspiro. Parecía querer preguntar algo más pero Edward intervino.
—Creo que es momento de que Bella descansé, mañana tenemos que ir a la universidad —dijo él.
—Oh, sí es verdad, nos vemos mañana Kata —me despedí de ella.
Cuando estuvimos un poco lejos de la cocina me giré hacia Edward y lo miré con reproche.
—¿Por qué no me hablaste de ella?
—Lo olvidé por completo, estaba preparando todo que lo ignoré.
—Por un momento pensé que se daría cuenta de nuestra mentira —me quejé—. y cómo es eso que mañana iré a la universidad.
—Es lo que he estado arreglando antes, todo está en orden, puedes asistir a partir de mañana y todo lo que necesites te lo compraré —informó.
No me gustaba cómo sonaba eso, me recordó a mi padre y no me gustó.
—Lo que necesite lo compraré con mi propio dinero —discutí en voz baja.
—Muy tarde, Bella —señaló, lo miré esperando su explicación—. He comprado algunas cosas básicas para tu primer día de clases —abrí mi boca para reclamarle—. Es tan tarde, descansa amor.
Dicho eso se metió a su habitación, y bueno, permanecí parada en el pasillo por unos cuantos minutos antes de notar que esa última palabra me había dejado en shock. Tomé un respiro profundo y me dije que no había significado nada.
Justo como Edward había dicho encontré una mochila a un lado de la cama, dentro habían cuadernos, bolígrafos y muchas cosas más. Era frustrante que Edward no entendiera que no quería nada de él. Al menos no me había comprado una mochila color rosa, lo cual era algo bueno pues el rosa no era mi color favorito.
Después de aceptar que no podría reclamarle en ese momento me metí al baño y me duché. Cuando salí estaba dispuesta a ponerme mi piyama pero… ¡no había ninguna piyama!, al menos ninguna que constara de un short y un top, únicamente encontré un conjunto azul que Alice había adquirido para mí.
Nota mental: no dejes que tú amiga te ayudé a hacer tu equipaje.
—Alice —siseé.
Tomé mi celular y marqué su número.
—Hola Bella, supuse que llamarías a ésta hora, ¿Te gustó tu nueva ropa para dormir? —aunque no la podía mirar sentí su sonrisa.
—Demasiado, Alice —respondí con sarcasmo.
—¡Qué bien! porque hay otro en color blanco más abajo —comentó como si nada, soltando una risita.
Palidecí y quise asegurarme de ello. Más abajo de mi maleta realmente había un conjunto blanco y si el azul no me gustaba ese era mil veces peor. Esas cosas parecían más trajes de baño que piyamas.
—Te mataré cuando te vea —le aseguré.
—Eso dices ahora pero luego me lo agradecerás, mujer —quise decirle que estaba equivocada pero no me dejó—. ¿Y cómo es Los Ángeles?
—Es muy urbano, cálido y enorme —respondí con diversión.
—Eso lo sé, descríbemelo —ella estaba muy emocionada, lo podía sentir a kilómetros.
—Correcto, tiene edificios muy altos, demasiados departamentos, casas, cantantes, actores y un gran centro comercial —detallé lo mejor que pude, pero apestaba en eso.
—Tengo que ir ahí —bostezó—. Te llamó mañana, aquí son las 2 de la madrugada.
—Lo siento —recordé nuestra poca diferencia de horario —. Descansa, Alie.
Colgué el teléfono y me puse esa piyama azul antes de quedarme dormida.
Cuando abrí mis ojos de nuevo eran cerca de las siete de la mañana, con pereza me levanté para ducharme y vestirme, al bajar me topé con Kata en la cocina. ¿Acaso vivía ahí? Le di los buenos días y la ayudé a terminar con el desayuno.
Me contó un poco de su vida: tenía 58 años y vivía en el lado Este de Los Ángeles con su nieta Claire y victoria, dijo que tal vez las conocería en la Universidad. También mencionó que a veces Claire o Victoria venían en la casa para ayudarla con la limpieza, a menos que tuvieran muchos proyectos universitarios. Le describí a mi familia y como no tenía mucha historia personal ella siguió contándome sobre su familia hasta que Edward bajó a desayunar.
Debido a sus palabras de la noche anterior sentía que no lo podría mirar a los ojos, pero con un gran esfuerzo y mi propio apoyo moral le di los buenos días y un beso en la mejilla. Kata sonrió de oreja a oreja, satisfecha de nuestra muestra de afecto y de que Edward me hubiera conocido. En otras palabras me subió mi autoestima.
Cuando entramos a su cochera me quedé en shock, ¡él tenía un Volvo plateado! Luego de lucírmelo por varios minutos me abrió la puerta del copiloto y partimos hacia la universidad. Él parecía estar de buen humor porque estuvo sonriendo en casi todo nuestro transcurso.
—Te prepararé psicológicamente, es probable que hayan muchos periodistas esperando por buenas tomas —avisó cuando faltaban un par de minutos para llegar—, mantente tranquila y no te alejes de mí.
Lo miré y pensé que en lugar de tranquilizarme logró lo contrario. Estacionó su auto en un sitio libre y salió del auto. Me abrió la puerta e hizo contacto visual conmigo, sí él lo hizo porque yo intentaba no mirarlo a los ojos.
Tuvo razón sobre los reporteros pero por ser un lugar público parecían respetar la distancia, lo cual no podía decir de las universitarias, a ellas no les importó la distancia personal obligatoria que existía entre humanos. No, ellas corrieron hacia Edward e intentaron separarlo de mí para conseguir un poco de su atención.
La universidad era enorme y por lo que decía el folleto era la mejor en Los Ángeles. Tuve suerte de que Literatura estuviera en sus carreras principales, que su plan de estudios concordará con el de la universidad de Chicago y que por mi promedio no hubiera problema alguno en que entrará comenzando el segundo parcial.
Edward se despidió de sus admiradoras y les pidió espacio, cuando se fueron se volteó hacia mí y me deseó suerte. Sabía que su carrera estaba en otro edificio así que me explicó lo que debería hacer y se despidió prometiéndome que se encontraría conmigo a la salida. Encontré la oficina principal, pedí mi horario y firmé papeleo pendiente para poder empezar mi primer día, tenía que encontrar mi primera clase así que decidí pedir ayuda.
—Tú debes de ser Bella —una chica rubia y de ojos oscuros se detuvo enfrente de mí y me sonrió con amabilidad—. Soy Claire, la nieta de Kata —me explicó con simpatía.
—Sí, soy Bella. Es un gusto conocerte Claire —respondí con cortesía.
—¿Quieres que te acompañe a tu primera clase? —preguntó.
—Oh, no es necesario creo que puedo arreglarmelo sola —aseguré—, pero me sería de gran ayuda que me explicaras el camino.
—Está bien, pudo acompañarte además creo que nos llevaremos bien —le sonreí agradecida.
Me acompañó a mi primera clase y me explicó rápidamente la dirección de las siguientes aulas, me despedí de ella y entre al aula correspondiente. Los chicos me observaron y algunos sonrieron, las chicas sin embargo no parecían querer involucrarse conmigo y hasta cierto punto no me importó.
La profesora de algebra me felicitó porque estaba avanzada en clase, me sonrojé ya que lo dijo en voz alta. Esperaba que por ello mis compañeros nuevos no me odiaran, intenté relajarme pensando que sólo estaba tensa por no conocer a nadie; a nadie aparte de Claire.
—¿Cómo te fue? —ella me preguntó cuándo nos encontramos al final de todas nuestras clases.
—Creo que no tan bien como a ti —me encogí de hombros.
—Ya te acostumbraras —me sonrió con apoyo—. ¿Cuánto tiempo estarás aquí?
—Un mes, tal vez —le contesté.
—Eso es poco tiempo pero creo que la escuela te recordará por mucho tiempo —me aseguró—, incluso en este momento eres realmente famosa entre los pasillos.
¿Famosa? quise reír pero no lo hice. Ser nueva y la prometida de Edward Cullen no me hacía famosa ¿o sí?
Sentí que choqué con alguien y rápidamente me volteé hacia esa persona.
—Lo siento —me disculpé con la chica.
—Oh, claro como eres la prometida de Edward Cullen piensas que puedes andar golpeando a los demás —chilló con molestia.
¿Qué demonios estaba sucediendo? ¿Que le ocurría a la chica?
—No fue mi intención —repetí, la pelirroja me miró con una sonrisa petulante.
—Debes de ser una de esas zorras que se casan con personas importantes por fama o dinero, ¿no? —inquirió mirándome con desprecio.
Bien. Eso me había enojado. ¿Quien se creía para hacer un comentario tan deplorable de mí?
—No soy una zorra y esto se está saliendo de control —comenté, respirando forzosamente.
—Victoria, cierra la boca —Claire intervinó, dirigiéndose a la chica—. Ignórala Bella, ella sólo siente envidia.
Por su nombre pude llegar a la conclusión de que era la otra nieta de Kata y hermana de Claire.
—Cállate Claire y no te metas en asuntos que no te corresponden.
—Vámonos, Bella —Caire ignoró fácilmente a su hermana y me tomó del brazo para alejarnos.
—Claro, ¡huye cobarde! —gritó Victoria, airada.
—Con esto mi día ha sido perfecto —murmuré con sarcasmo—, gracias por alejarme de ella, por cierto.
—No tienes nada que agradecer, y lamento sus palabras cuando evidentemente la única zorra es ella.
La miré confundida, supuse que ella tendría sus motivos para referirse de esa manera a su hermana.
En fin, desde que pisé Los Ángeles conocí a Kata, mi relación con Edward parecía ser más llevadera, conocí a Claire y ahora tenía a algo así como una especie de enemiga.
Oh si, Los Ángeles era totalmente genial.
Muy bien lamento la tardanza pero con eso de que entrare en la prepa tengo que ir de aquí para allá. Y lamento decirles que como me voy de vacaciones no actualizaré lo que queda del mes, tal vez hasta la primera semana de agosto cuando regrese :) No me extrañen =)
¿Ya quieren que empiece el romance entre Ed y Bells?
¿Llegamos a los 100 reviews?
