REGRESANDO A LOS ASESINATOS
Tokaku se había limitado en besar los labios de Haru, se sentía muy dichosa de tenerla a su lado, nada podía cambiar la felicidad que ambas sentían al estar juntas; sin embargo de teléfono de Tokaku vibro por segunda vez en ese día.
"Azuma Tokaku, al menos dígnate a responder mi mensaje. Es urgente."
— ¿Es él? — Preguntó Haru separándose levemente de Tokaku.
— Sí. — Respondió Tokaku irritada respondiendo al mensaje. — Tengo que irme Haru…
— Lo entiendo, Tokaku-san, cuídate mucho. — Mencionó Haru triste cerrando los ojos levemente. Tokaku se levantó de inmediato respondiendo al molesto mensaje de Kaiba con un seco "Ok".
Tokaku se dirigió a la habitación para ponerse una ropa más cómoda por lo que simplemente tomo uno vaqueros oscuros y una sudadera negra con gorra; era lo único que tenía por el momento que podría darle un poco de estilo "asesina", aunque viniendo de Kaiba seguramente le tenía preparadas nuevas cosas.
— No sé a qué hora pueda regresar Haru, así que será mejor que no me esperes. — Comentó Tokaku mientras salía de la casa en dirección al nuevo auto que Kaiba les había regalado.
— Intenta avisarme Tokaku-san. — Pidió Haru sin poder esconder la frustración y preocupación que sentía.
— Sí. — Fue lo único que dijo Tokaku y antes de darse la vuelta, Haru la tomo por el cuello robándole un fugaz beso en los labios, sorprendiendo a la asesina quien sólo sonrió levemente para continuar su camino al auto.
Después de una hora de manejo Tokaku llegó a la academia privada 17, la academia en donde perfecciono sus habilidades como asesina desde que era pequeña y en donde conoció a Kaiba como su mentor. Al entrar por el estacionamiento de la academia un miembro de la seguridad la dejo pasar de inmediato una vez vio su rostro, lo cual no le pareció ninguna sorpresa a Tokaku quien después de todo fue la mejor estudiante de la academia y además la última miembro del clan Azuma.
— ¡Azuma-san! — Escuchó un gritó una vez dio un paso en el interior de la academia, eran sus viejas compañeras de las clases físicas de asesinos. Tokaku sólo se limitó a mirar de donde provenían los gritos. — Hace tanto tiempo que no te veíamos Azuma-san… — Expresó la misma chica que le había llamado, mientras poco a poco más chicos y chicas se reunían alrededor de ella como si fuese una especie de celebridad.
— Escuchamos que la misión en el grupo negro de la academia Myojo había terminado y que fuiste de las últimas sobrevivientes, pero que increíblemente habías fallado… — Mencionó un chico de al menos un año mayor que Tokaku con una sonrisa cínica en su rostro. — Todos estaban tan sorprendidos, pero yo siempre supe que no eras la gran cosa. — Añadió sarcástico causando la molestia de las chicas alrededor de Tokaku.
— ¿Dónde está Kaiba? — Preguntó Tokaku mirando a una de las chicas, ignorando completamente al chico; causando un enfado en este.
— En su oficina, donde siempre… te ha estado esperando Azuma-san. — Respondió la chica con una sonrisa a lo que Tokaku sólo siguió su camino dándoles a entender que no tenía nada más que hablar con todos ellos.
Tokaku se encontraba muy irritada, aun eran sus vacaciones y ya estaba extrañando a Haru, aunque al mismo tiempo le daba un poco de comodidad caminar por la academia, ya que había estado entrenando muchos años y pronto regresaría mientras aun tuviera 16 años.
— ¿Cuál es tu emergencia? — Interrogó Tokaku abriendo la puerta sin molestarse en tocarla; Kaiba no se molestó al parecer ya estaba consciente que Tokaku había llegado a la academia.
— Tardaste demasiado Tokaku, tengo una misión muy importante para ti. — Comenzó a hablar Kaiba cruzando las piernas con su siempre molesta sonrisa sarcástica y controladora.
— ¿De qué se trata?...
— Verás ha llegado a la ciudad un nuevo grupo de mercenarios y están juntando gente, algunos asesinos profesionales están dejando sus agencias para irse con ellos, inclusive están convenciendo a jóvenes asesinos en entrenamiento para unirse a ellos… — Comenzó a explicar cruzando los dedos de su mano sin quitar su sonrisa, mientras Tokaku lo escuchaba sin decir nada. — Para nosotros ya es un problema tener a las otras agencias de asesinos compitiendo con nosotros, como para ahora tener a unos mercenarios revolucionarios merodeando por la ciudad.
— Entonces, lo que quiere es que elimine a esos mercenarios. — Interrumpió Tokaku comprendiendo la situación.
— En efecto. ¿Qué otra cosa podría encargarle a una asesina que no fuese eliminar a alguien? — Expresó irónico Kaiba extendiendo los brazos al cielo. — Sin embargo, esta vez la agencia no quiere ningún error, como sucedió en la clase negra, es por eso que te hemos asignado un compañero de equipo.
— No necesito ningún compañero de equipo. — Reclamó Tokaku sintiéndose un poco indignada de las palabras de Kaiba.
— Lo siento Tokaku, pero esta vez no estamos para complacer tus caprichos. — Contraatacó Kaiba sin preocuparse del enojo que se acrecentaba en la asesina que tenía enfrente. — ¡Pasa! — Exclamó Kaiba dando un grito leve.
Justo en ese momento la puerta atrás de Tokaku se abrió despacio y al mismo tiempo entró un niño pequeño, aproximadamente de la edad de Kirigaya; en su rostro se figuraba una sonrisa de medio lado enseñando ligeramente lo blanco de sus dientes.
— Tokaku te presento a tu compañero, su nombre es Kenta y es un profesional. — Comentó Kaiba mientras el niño cerraba nuevamente la puerta. Tokaku por otro lado sólo miro al niño sin mostrar ninguna expresión en especial; después de conocer a Kirigaya no le sorprendía que un niño pequeño fuese un asesino en todo sentido.
— Es un placer conocerla, Azuma Tokaku-san… — Se inclinó levemente el niño frente a Tokaku.
— Tokaku te dije que es un profesional, un profesional en lo psicológico. Es un niño capaz de manipular a casi cualquier tipo de persona y lo suficientemente calculador como para adelantarse a cualquier situación. — Dijo Kaiba tranquilamente. — Su primera misión es eliminar al este sujeto… — Colocó una foto en el escritorio, era un adulto de aproximadamente treinta años de edad. Kenta tomó la fotografía mirándola por unos segundos y luego dándosela a Tokaku.
— Será mejor que empecemos. — Dijo Kenta dando media vuelta para luego caminar fuera de la habitación de Kaiba. Tokaku siguió al niño, no había nada más que decir.
Kaiba no le había mencionado nada más a Tokaku, respecto al sujeto que debían eliminar, pero suponía que el niño ya estuviese más informado sobre la misión, después de todo Kaiba lo consideraba otro tipo de genio. Caminaron unos minutos por la academia hasta salir al estacionamiento.
— ¿Dónde está tu auto? — Preguntó Kenta mirando a Tokaku. Tokaku por otro lado no se molestó en responder y sólo siguió caminando a donde estaba seguida por el niño.
— ¿Por dónde comenzamos? — Interrogó Tokaku una vez que ambos estaban dentro del automóvil.
— Al sujeto se la ha visto todos los días en el parque central de la ciudad, todos los días a las tres de la mañana, justo después de media hora llegan otros mercenarios. Lo que debemos hacer es matarlo antes de que lleguen sus compañeros y dejarles una nota de advertencia… — Explicaba Kenta, fue entonces cuando Tokaku pudo mirarlo más detenidamente, el chico tenía el cabello de color blanco, corto y peinado hacia atrás; sus ojos eran de un color negro muy profunda y lo que más le llamaba la atención era esa sonrisa, una sonrisa sarcástica igualita a la de Kaiba y lo que más le molestaba era ese olor que desprendía; un olor de misterio igual al que desprendía Kaiba.
— Tú… — Expresó Tokaku seria mirándolo detenidamente, llamando la atención del joven que la miró a los ojos. — ¿Tienes alguna relación con Kaiba? — Preguntó. El niño sólo cerró los ojos poniendo esa sonrisa molesta.
— Por fin te das cuenta. — Fue lo primero que respondió. — Kaiba es mi padre. —Soltó tranquilamente, sorprendiendo ligeramente a Tokaku. — Sin embargo no soy el primero… — Añadió en forma de susurro mirándola seriamente.
— ¿Qué quieres decir? — Interrogó Tokaku al sentir su mirada algo pesada, pero el niño no le respondió y mejor continúo con la explicación.
— Debemos hacer esto rápidamente, ya que ellos saben de la existencia de Ichinose Haru… — Esas palabras alarmaron de inmediato a Tokaku. — No necesito explicarte porque su vida corre peligro. — Añadió.
A Tokaku se le revolvió el estómago. Debía esperar que su amada Haru no pudiera tener una vida tranquila después de tanto tiempo de ser perseguida, pero que ahora un grupo de mercenarios estuvieran tras ella le molestaba demasiado y al mismo tiempo le preocupaba.
— No dejaré que nadie toque a Haru. — Comentó Tokaku mirando el espejo retrovisor muy enojada. Definitivamente no permitiría que la vida de paz y armonía que actualmente estaba viviendo Haru fuese arruinada por un grupo de aficionados.
— A excepción de ti ¿verdad? — Preguntó Kenta con una risita, causando que la tensión del ambiente disminuyera.
Perdonen la tardanza (de nuevo), esta vez ya no prometeré nada. Aun así estoy agradecida con todos los lectores que me siguen desde el primer capitulo y a aquellos que son nuevos leyendo mi historia, pero me han dejado comentarios, muchas gracias de verdad y aun con lo que me tardo en subir el siguiente capitulo; les prometo que no abandonaré la historia.
