Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer, simplemente estoy jugando con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.
CAPÍTULO 10
Edward
A veces, cuando te dejas guiar por tus sentimientos las cosas no pueden resultar tan mal. Al menos en algunas ocasiones.
—Edward, tenemos que hablar —Bella me susurró, desviando su mirada de la mía.
—¿En éste momento? —intenté retrasar lo que quisiera decirme—, ¿no podemos simplemente disfrutar del momento?
Apreté su delgado cuerpo en un abrazo y puse mi mejor sonrisa.
—Edward —se quejó, pude notar que empezaba a impacientarse así que, contrariado, la solté.
—¿De qué quieres hablar?, creo que las cosas están más que claras —expresé.
—Entiendo lo que dices pero…el beso —temí lo que vendría después—, fue un error.
Bajo su mirada. Un error. Vaya, me quedé en silencio hasta que me recompuse de su justificación.
—¿Un error? —repetí, con ímpetu—. Tú me correspondiste.
—No hablo del beso en sí —se corrigió y me miró con desesperación—, sino de habernos besado en éste momento, hace menos de un mes que terminó mi relación con Jacob, el mismo tiempo desde que te conozco y estoy comprometida contigo —explicó, empezando a alterarse—, ¡los reporteros nos siguen, las chicas me odian y mi mejor amiga mete camisones en mi maleta para que use como pijamas! —terminó su discurso y me miró con una disculpa en su rostro.
Sus palabras tenían sentido para mí, ella había actuado automáticamente sin saber el porqué. Yo sabía por qué la había besado pero ella ni siquiera me veía como un amigo. Aunque ella me gustaba y atraía más que sólo por ser mi prometida tenía que darle tiempo para que me mirara de otra forma y aclarara sus pensamientos.
—Tienes razón, lamento si te incomodé —me disculpé—, pero en verdad me gustas y me gustaría intentar tener algo contigo —expliqué con calma.
—Tú… eres muy directo —expresó empezando a sonrojarse por lo que terminé sonriendo—, no sé si me gustas de la misma forma; necesito tiempo. Tal vez me encantaría intentarlo pero no ahora —debí sentir sus palabras como una derrota pero en cambio sentí que no todo estaba perdido.
—Y cuando estés lista, estaré más que listo para ti —acaricié sus mejillas y le sonreí.
Traté de acercarme más a sus labios pero ella volteó su cara.
—Edward, eso no ayuda en nada —se quejó con una sonrisa avergonzada.
—Supongo que también tengo que esperar para besarte —murmuré para mí mismo.
No había esperado que después de mi declaración ella no aceptara tener una relación conmigo pero darle tiempo parecía lo correcto. Ambos nos beneficiaríamos al conocernos mejor.
—Entonces, ¿hacia dónde vamos ahora? —pregunté mientras nos dirigíamos a mi auto.
—No lo sé —me respondió—, ¿podremos ir al cine sin ser perseguidos? —solté una carcajada, ella realmente odiaba la atención—. ¿Cuál es el chiste? —se veía enfadada.
—¿Hasta cuándo te acostumbras a ser perseguida?
—Creo que nunca, ellos siempre estarán ahí para buscar nuestra mejor y peor fotografía.
—Cuando salga algo más importante o se acostumbren nos dejaran en paz.
Se encogió de hombros y subió al auto. Manejé hasta el cine menos concurrido de la ciudad esperando que respetaran nuestra privacidad. Mientras ella miraba la cartelera yo terminé observándola.
—Deja de mirarme —me pidió, le sonreí con satisfacción.
—Ya vuelvo —le informé y me alejé de ella para comprar palomitas y refrescos.
Haberle confesado mis sentimientos me hizo sentir más confiado de mirarla. Sus sonrojos me parecían tiernos y cuando dudaba o fruncía su ceño se veía adorable.
— ¿Qué te parece si vemos Stupid Crazy Love? —sugirió.
—No tengo objeción. ¿Sabías que Muse es parte del soundtrack?
—¿Tenías que haberla visto ya? —cruzó sus manos sobre su pecho y me miró con molestia.
—No, sólo he visto el tráiler —rectifiqué.
—Bien. Vayamos por las entradas —ordenó antes de sonreírme abiertamente.
Fuimos por las entradas y entramos en la sala correcta, la mayor parte de la película la pasé disfrutando de su presencia. Cuando la película finalizó fuimos por algo para cenar y entre broma y broma nuestro día terminó. Al llegar a la casa ella se había dormido por lo que no quise despertarla, era ligera así que la cargué y la llevé hasta su habitación.
Al día siguiente que desperté fui a correr y al regresar me encontré con Kata haciendo el desayuno. La saludé y ella hizo lo mismo pero esta vez se veía cansada y verla así me preocupó.
—¿Te sientes bien, Kata?
—Sí —su respuesta cortante fue lo que me dio pie a que algo estaba mal.
—No te creo —le dije—, sabes que puedes contar conmigo.
—Son problemas familiares, Edward —me dio una débil sonrisa.
—Pensé que era parte de tu familia —dije con seriedad.
—No actúes conmigo, te lo diré —dejó de picar fruta para sentarse frente a mí—. Victoria está siendo demasiado grosera conmigo y con su hermana, se ha convertido en una copia de su madre. Sé que no fui buena madre y he tratado de ser buena abuela pero…no parece estar funcionando —sus palabras se volvieron entrecortadas y sus ojos se llenaron de lágrimas. Era la primera vez que la veía dolida.
—Kata, no digas eso, tú eres la mejor abuela del mundo, has sido como una segunda madre para mi desde que llegué aquí —la abracé—. Estoy seguro de que Claire piensa lo mismo.
—Aunque sea difícil de creer, te quiero como a un hijo más —me correspondió el abrazo brevemente, se limpió sus lágrimas y me sonrió—, creo que me has ayudado mucho Edward, ahora tengo que prepararle el desayuno a tu prometida —me guiñó el ojo con una sonrisa más alegre.
La acompañé mientras seguían en sus labores matutinas hasta que tuve una idea.
—Kata —llamé su atención—, estaba pensando… ¿qué opinas de tomarte dos semanas libres? Sería de gran ayuda para convivir con Claire y Victoria —propuse.
—¿Estás seguro? —preguntó con ilusión—, no estás deshaciéndote de mí ¿cierto?
—Por supuesto que no —respondí con diversión—, te pagaré tus vacaciones y tu convivirás con tus nietas.
—Pero…
—Bella y yo nos lo arreglaremos —intenté convencerla.
Un tiempo libre para ella le haría bien y era una excusa para que Bella y yo no tuviéramos que fingir.
—Bien —aceptó más rápido de lo que pensé—. Empezando desde mañana.
—Tú pones las condiciones —acepté, le di un beso en la mejilla y le guiñé un ojo.
Subí para ducharme después del ejercicio matutino, mientras me daba una ducha sonreí de la manera en que lo venía haciendo desde el día anterior cada que la imagen de Bella aparecía en mi mente. Mi plan era conquistarla como debí hacerlo desde que descubrí que lo que sentía por ella no era común.
Cuando bajé en la cocina me encontré con Bella concentrada en su desayuno.
—Buenos días —la saludé alegremente.
—Hola —me contestó sonriendo ligeramente—, ¿quieres fruta?
Asentí, la vi levantarse por un plato limpió y empezar a servirme un poco de fruta y yogurt.
—Gracias por cargarme anoche hasta mi cuarto, aunque hubiera preferido que me despertarás —expresó apenada.
—No quería despertarte —me expliqué y acepté el plato que me ofrecía.
Se sentó a mi lado y me miró dulcemente, como nunca antes había hecho, además me sonrió.
—Fue muy lindo lo que le dijiste a Kata —comentó.
—¿Lo escuchaste? —pregunté asombrado.
—Fue sin querer —se justificó—, y fue muy lindo —recalcó.
—La quiero mucho —mencioné, refiriéndome a Kata.
—Y se ve que ella también te quiere.
Le sonreí abiertamente.
—¿Tienes lugar para mí en tu agenda de hoy? —cuestioné.
—Después de clases llamaré a Alice y a mi madre —respondió—, y quedé de salir con Claire. ¿Por qué? ¿Tienes algo en mente, Cullen?
—Estaba pensando que tal vez podrías conocer a algunos de mis amigos —expliqué.
—Puede ser…divertido —respondió con inseguridad.
—¡Vamos, Bella! —le pedí con desesperación, como un niño.
—Bien —aceptó después de pocos segundos—. ¿Cómo debo ir vestida? —cuestionó con preocupación.
—No importa, sólo tienes que estar cómoda —le sonreí.
Terminamos de desayunar y nos dirigimos a la universidad. Ella se despidió tímidamente con un beso en la mejilla y me susurró un adiós.
Bella
Observé el reloj y me pregunté por qué estaba tan nerviosa. Claro, tenía que darme prisa con mis planes para empezar a prepararme para mi salida con Edward.
Llamé a mi madre y jugueteé con la orilla de mi blusa mientras esperaba que me respondiera.
—¡Hija! —canturreó alegremente—. Cariño estaba a punto de llamarte, ¿cómo has estado?
—Bueno… estoy tratando de relajarme y acostumbrarme al cambio —confesé.
—No seas pesimista, cariño. ¿Cómo va el plan?
Guardé silencio pensando en qué decirle, ella no era la persona más indicada para decirle que el plan se estaba yendo por otro camino y que probablemente me hubiera enamorado de Edward Cullen.
—Estoy tratando y creo que hasta ahora va bien.
—La gente está hablando aquí y allá sobre ustedes. Hacen una linda pareja —comentó con alegría.
—No te dejes engañar madre —traté de sonar tranquila—. ¿Papá esta por ahí?
—No cariño, trabajara hasta tarde pero le diré que llamaste.
—Mándale mis saludos —le pedí—. Tengo que colgar, te llamaré después.
—Sabes que soy olvidadiza pero lo tendré en cuenta, te quiero hija.
—Yo también mamá. Adiós.
Y así era nuestra plática madre e hija. Le marqué a Alice y me respondió alegremente, sin embargo me pidió que esperara unos segundos. La escuché discutir con alguien por lo que había sucedido algo malo.
—Lo siento, eso era importante —guardó silencio y después de una puerta cerrada con enfado habló de nuevo— La secretaria olvidó hacer los trámites para intercambio por lo que ahora tendré que esperar por otra semana…
—Espera, espera —la detuve—, ¿Hablas de tu intercambio a Los Angeles?
—Duh. Obviamente —reconoció—. He conseguido un departamento en el centro y hablé con mis padres. Todo está saliendo bien…, exceptuando por el trámite de la Universidad, pero en menos de dos semanas estaré dándote dolor de cabeza.
—¡Esas son grandiosas noticias, Ali! —escuché su risa.
—Lo sé, ahora dime lo interesante. ¡Besaste a Edward Cullen! —chilló—, ¿qué tal besa?
—Alice, no te diré y tampoco preguntaré cómo lo supiste.
—Como quieras —se quejó—, debes investigar en tu navegador; son la pareja más buscada del momento —explicó con entusiasmo—. En fin, ¡dime que ocurrió!
—Después de una salida y algún tiempo descubrí que… tenemos cierto interés por el otro; me gusta y le gusto —terminé de explicarle y alejé el teléfono por su fuerte grito.
—¿Es en serio? ¿Ya son novios?
—No somos nada, Alie —aclaré con vacilación—. Es demasiado pronto, quiero ir lento y estar segura. No quiero que suceda lo mismo que con Jacob.
Me encontré haciendo una mueca y descubriendo que el nombre que salió de mis labios no me provocó dolor o enojo. ¿En qué momento lo había superado? ¿Había sido acaso por Edward?
—Eso son tonterías, ¡Tienes que seguir!
—Sólo necesito organizar mis sentimientos si en verdad quiero que funcione. Él no es como creía.
—¡Mi Bellita ha crecido! —Alice lloriqueó—. Me encantaría seguir intentando convencerte pero tengo que colgar.
—No te preocupes —respondí.
—Llámame cuando le digas que sí a Edward —colgó animadamente.
Alice era realmente un caso, ¿alguien más la quería tanto como yo?
Me bañé y me vestí, justo a tiempo cuando Claire llegó por mí, le había prometido una breve salida al centro comercial.
—Te vez más feliz de lo normal —señaló con sospecha.
—No, son ideas tuyas —me reí y le resté importancia—. ¿Dónde iremos?
— ¿En el centro comercial, no? —preguntó con diversión.
—Lo siento, tienes razón estoy en otro mundo —acepté tímidamente.
—Es divertido verte así. De seguro es por ese beso que salió en las revistas aunque lo dudo ¿O ustedes nunca se habían besado? —me preguntó con una ceja alzada mientras nos dirigíamos a su viejo automóvil.
Si ella supiera que estaba en lo correcto se desmayaría.
—Claro que nos habíamos besado, aunque siempre se siente como si fuera el primero —respondí, ¿podía ser más patética?
Subimos a su auto y empezó a manejar, conducía mejor que Edward.
—Nunca vayas a engañar a Edward, Bella —pidió con seriedad—, nos ha ayudado mucho y mi abuela lo aprecia. Es un buen hombre, habrá alguien que quiera separarlos pero tendrás que confiar en él.
—Nunca lo engañaría —le prometí—. ¿Esto tiene que ver con Victoria?
—Es mi hermana pero sé que podría ser capaz de hacer algo para que dudes de él.
—¿Realmente? —pregunté con asombro—. Gracias por ponerme bajo aviso, pero dudo que lo logré.
Me sonrió con satisfacción y asintió. Durante el camino hablamos sobre nuestras películas favoritas y sus guapos protagonistas. Fue un gran momento y agradecí por conocerla entre toda esas personas desconocidas.
Al llegar al centro comercial me sentí observada pero trate de ignorarlo, tenía que acostumbrarme a ello como Edward. Encontré un vestido hermoso para la noche, beige en la parte de arriba y café en la parte de abajo.
Nos retiramos del lugar al entrar la tarde y cuando llegué a casa me encontré con Edward durmiendo cómodamente en el sofá, sonreí y le tomé una foto con mi teléfono. Me senté a su lado y sonreí esperando que se levantara pronto y lo hizo.
—No es tan malo despertarse con tal hermoso paisaje —rodeé los ojos por su piropo.
—Eres tan común, pero gracias —le dije y fingió estar ofendido—, ¿demasiado trabajo?
—No, sólo estaba estudiando para mi próximo examen —explicó señalando sus libros—. ¿Qué tal las compras?
—Sabes lo que pienso de las compras pero Claire es más considerada que Alice —le comenté.
—¿Nunca has pensado en la posibilidad de que Alice sea un Robot? —me comencé a reír.
—No, sólo es hiperactiva —la defendí—. Pero podrías tener razón.
Comenzó a reír y se levantó del sofá.
—Me iré a vestir, te espero para irnos —me deslumbró con su sonrisa.
—Bien, haré lo mismo.
¿Por qué hacía eso? ¿Acaso sabía lo que podría ocasionar esa sonrisa? Oh, claro que lo sabía y era bastante necio al usarlo en mi contra, obviamente esperar no era lo suyo. Realmente me confundía, sí de algo estaba segura era que estaba funcionando.
Cada que me sonreía sentía una gran necesidad para romper mis reglas y besarlo. ¿Quién lo diría? Estaba dispuesta a saltar mis límites sólo por él.
Me coloqué el vestido que había comprado y unos tacones bajos que combinaban con todo, Alice tenía razón cuando me ordeno comprarlos, agregué algunos accesorios y solté mi cabello para que cayera sobre mis hombros.
Con nerviosismo bajé de las escaleras con cuidado y logré llegar hasta la sala. Cuando Edward colgó el teléfono que tenía en sus manos me sonrió abiertamente.
—Te vez preciosa —me alabó y acomodó un mechón de mi cabello.
Le sonreí con satisfacción, era una chica después de todo y sus palabras me hicieron sentir confiada.
—Gracias, tú te vez muy apuesto.
Me ofreció su brazo y caminamos hasta el auto, como el caballero que era me ayudó a subir en el auto. Suspiré y me puse el cinturón. Manejó por media hora hasta que por fin logré identificar el olor del mar. Aparcó el auto en el estacionamiento del lugar y me ayudó a salir, caminamos entre la arena hasta llegar a lo que parecía una cabaña, dentro en el centro había una mesa con velas y dos sillas, sonreí al darme cuenta de su plan.
—No vendrá nadie más, ¿verdad? —le cuestioné, dándome la vuelta y pidiendo una explicación.
—No, pero no te enojes —se justificó, pareciendo nervioso—, solo quería darte una sorpresa.
Me tomó de las manos y me sonrió con cautela.
—Te perdono solo porque es el detalle más lindo que alguien ha hecho por mí —le agradecí, conmovida.
—Bella… —estaba segura que empezaría de nuevo con su discurso—. Ayer no lo hice correctamente o especial y sé que dije que esperaría, sin embargo, tenía que intentarlo.
Sonreí por lo que me dijo y empecé a sentir que me desmayaría en cualquier momento.
—Es mejor que la primera vez —lo acepté.
—Hay algo más —me dijo.
¿Más?, por supuesto que sí. Había un piano negro y él amaba tocar el piano. Lo miré con intensidad, sintiendo una ganas intensas de llorar.
—Compuse algo para ti —me senté a su lado.
Sus dedos se colocaron sobre las teclas y poco a poco fue moviéndolas para crear una hermosa melodía, mis ojos se llenaron en un instante de lágrimas sin poder evitarlo. Dejé de verlo tocar sólo para enfocarme en él, era realmente increíble.
Cuando la melodía concluyó estaba muy sensible, mis pensamientos y sentimientos estaban claros: me había enamorado, de un modo rápido, pero igual de espontaneo y real, como si lo conociera desde siempre.
—Dime algo —probablemente había malentendido mi silencio.
Negué con la cabeza, limpiando algunas lágrimas y recuperándome de mi recién descubrimiento.
—Es realmente hermosa, Edward —murmuré—. ¿En qué te inspiraste?
—En ti, en lo que siento; es tuya, Bella —explicó con preocupación—. ¿Por qué lloras?
—Es tan hermosa. Tú…eres increíble y me sorprendes constantemente —me detuve para tomar sus manos—. Edward…, tengo otra perspectiva de esto. Quiero que lo intentemos.
Solté sus manos y lo abracé, colocando mi cabeza en su hombro izquierdo
—¿En serio? —preguntó para asegurarse, me separé para afirmárselo con la cabeza—. No sabes lo feliz que me haces.
—Intentaré imaginármelo —susurré con tranquilidad mientras lo miraba.
—¿Puedo besarte ahora? —preguntó inocentemente, haciéndome soltar una carcajada.
—¿Edward Cullen, realmente estas pidiéndome permiso?
—No, estaba tratando de ser educado —murmuró sobre mis labios.
Y yo sonreí sobre ellos.
Gracias por los favoritos y reviews que me dejan con cariño :D son de lo mejor, prometo que estaré intentando actualizar seguido.
