Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer, simplemente estoy jugando con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.
CAPÍTULO 11
Edward
Había pasado cerca de una semana desde que Bella y yo estábamos formalmente en una relación. Mi rutina había dejado de girar únicamente alrededor de mi carrera, ahora también lo hacía alrededor de ella.
Aquella tarde estábamos en la sala haciendo nuestras labores escolares después de haber dedicado unas cuantas horas a actividades domésticas. Fue cansado así que haberle dado vacaciones a Kata fue lo correcto, se lo merecía.
Bella estuvo concentrada en uno de sus libros por un buen tiempo hasta que lo dejó caer, supuse que estaba cansada. Alejé mi vista de mi libro y la observé, se veía divertida.
—¿Qué es tan divertido? —le cuestioné intrigado.
—Es que creo que estoy realmente loca —sus ojos brillaban con humor.
—¿Por qué?
—Porque me gustas —explicó, sonriéndome.
Le sonreí abiertamente y me acerqué más a ella para besarla suavemente.
—Entonces somos dos.
Estuvimos besándonos y riendo por un buen tiempo hasta que el timbre sonó. Gruñí alejándome de Bella para ir a abrir la puerta, preguntándome quien se atrevería a interrumpir el momento con mi novia. Lo supe al apenas abrir la puerta y recibir un abrazo inesperado, y asfixiante.
—¡Mi hermanito!
Estaba recibiendo la visita inesperada de mi hermano mayor.
—¡Emmett! —reconocí el regaño de mi cuñada Rosalie—, ¡suéltalo y saluda apropiadamente!
Cuando Emmett me soltó y sentir mis pulmones volver a la normalidad, ella le dio un golpe y me lanzó una sonrisa apenada.
—Hola, Edward —ella me saludó con un beso en la mejilla.
—Rosie, eso dolió —mi hermano se quejó, tuvo una batalla de miradas con su esposa y luego me volvió a mirar—. ¡Hermanito! —esta vez me dio un golpe amistoso en mi espalda.
Ése era Emmett, mi infantil, insoportable y divertido hermano mayor. Le devolví el golpe intentando vengarme añadiendo fuerza extra, el cual no funcionó.
—Pasen —les invité a pasar en la casa.
Era una verdadera sorpresa verlos después de mucho tiempo sin coincidir.
—Sigue igual de linda —señaló Rose, refiriéndose a la casa que ella me había sugerido comprar años atrás. Sí, había sido idea suya y de mi madre comprarla.
—¿En dónde está? —preguntó Emmett, mirando por todas partes.
—¿Qué? —pregunté confundido.
—Mi nueva hermanita —Rose le sonrió a su esposo y me miró, preguntándome lo mismo con una mirada.
—Ah, iré por ella. No rompas nada —le advertí, recordando su última visita.
Caminé hasta la habitación de Bella, la encontré sentada en el borde de su cama hablando por teléfono. Permanecí parado en la puerta mirándola, cuando colgó me miró con entusiasmo.
—Era Alice —explicó con alegría—, estará aquí dentro de un par de días.
—Esa es una buena noticia —me gustaba verla feliz—Mi hermano y su esposa, están aquí.
—¿Tu hermano? —preguntó con inquietud—. ¡¿Por qué no me dijiste que vendrían?!
—No lo sabía —me excusé—. Pero ya está aquí con su esposa y te quieren conocer, y Bella…—recordé un pequeño detalle—, él no sabe que nuestro compromiso está planeado.
—Creí que en las familias no habían secretos —declaró, aturdida.
—Así es como debería de ser. Pero Emmett sería incapaz de guardar algo así —suspiré al tratar de explicárselo—. Mi madre y yo llegamos a la conclusión de que sería mejor no decirle nada, al menos por ahora.
Ella asintió con lentitud.
—Está bien, después de todo no tenemos por qué fingir tener una relación —indicó tímidamente.
—Estás en lo correcto, eres mi novia —resalté con regocijo.
Acorté la poca distancia que quedaba entre nosotros para besarla suavemente. Sus labios se movían acorde con los mío, como si estuvieran sincronizados, cuando nos separamos nos sonreímos. Nunca pensé vivir mi propia película romántica, definitivamente esto era mejor que una.
—¿Lista para conocer a mi hermano y cuñada? —inquirí.
—Si pero y ¿si no les agradó? —preguntó con temor.
Le sonreí con humor, si tan siquiera conociera a Emmett.
—Amor, te va amar en segundos —le prometí.
—¿Pero y si no les gusto como tu pareja?
—A mí me encantas —le hice ver.
—Edward…—se quejó cuando le mostré mi sonrisa torcida.
—Vamos, Bella, no pongas pretextos.
Sonrió, tomándome de la mano.
Bella
Estaba algo nerviosa y ese algo era bastante, en cambio Edward estaba tranquilo. Claro, él no era yo.
Antes de llegar en la planta de abajo escuchamos un ruido profundo y nos dimos prisa por bajar.
—¡Emmett! —la voz femenina lo regañó.
Un segundo después entramos en la sala, Edward miró directamente al suelo y observó los pedazos de cerámica en el suelo y después miró a su hermano.
—Lo siento, compraré otro.
—Me estaba preguntando porque te estabas tardando tanto para romper algo —Edward le dijo con sarcasmo—. Rosalie, Emmett les presento a la futura señora Cullen —la voz de Edward sonó con satisfacción. Futura señora Cullen, se sentía bien escucharlo aunque era temprano para pensar en matrimonio.
—¡Tú serás mi futura hermanita! —el hermano de Edward me rodeó en un fuerte abrazo.
—¡Emmett! —Edward lo regañó y me alejó de su hermano.
—¿Estás bien? —me preguntó él preocupado.
—Sí, no me rompió nada —lo tranquilicé.
Miré a Emmett, tenía un rostro angelical, era alto y musculoso, físicamente no se parecía a Edward.
—Lamento lo del infantil de mi marido. Soy Rosalie pero dime Rose, es un gusto conocerte y déjame decir que ya era hora que Edward sentara cabeza —Edward rio ante el comentario, cuando la observé mi autoestima quedó mil metros bajo tierra. Era realmente guapa, la versión perfecta de una Barbie.
—Es un gusto conocerlos, Edward me ha contado de mucho ustedes —comenté.
—Sentimos venir sin avisar —Emmett se disculpó.
—No te preocupes, Emmett —respondí cuando vi a Edward intentar abrir la boca.
—¿Seguros? Porque podemos irnos si quieren; no nos importaría.
—¿Por qué te disculpas? —Edward le preguntó con interés.
—El hecho de que Bella estuviera arriba y tardaran en bajar, indica que estaban muy ocupados…
—¡Emmett! —Edward le advirtió con seriedad.
Me sonrojé y bajé la mirada.
—Cierra la boca, Emmett —le ordenó su mujer—. ¿Quieren ir a comer con nosotros? Ustedes dos tienen mucho que contarnos —Rosalie parecía emocionada, la más emocionada de los cuatro.
—Me parece buena idea —comenté.
En el auto Rosalie me comentó que habían visitado varios países buscando alternativas para poder tener hijos, a ella le brillaban los ojos de tan solo contármelo. Se escuchaba difícil pero parecían no perder la esperanza.
Rosalie estaba muy interesada en nuestra historia y no se tranquilizó hasta que le contamos sobre cómo nos conocimos, nuestra primera cita y cuando obtuve el anillo que yacía en mi dedo. Estaba tan emocionada que me ofreció ayuda para lo que se me ofreciera para la boda.
Después de despedirnos quedamos en vernos otro día, ellos estarían en la ciudad por unos días más.
—¿Te divertiste? —Edward me preguntó.
—Demasiado. Emmett es simpático y Rosalie es amigable —revelé.
—Te dije que te amarían —lo miré mal y borró su sonrisa—. Era broma, amor.
—Lo sé, amor —le sonreí.
Edward
Estaba cansado de tanto trabajo, firmas de autógrafos, la escuela con las tareas, prácticas, pruebas… ¡necesitaba vacaciones urgentes!
Sabía que Alice llegaría por en la noche y Bella iría a recogerla, ella me había pedido que la acompañara y me había retrasado por estar platicando con Peter, el director. De seguro estaría molesta.
—Llegas tarde —fue lo primero que me dijo cuando llegué en la casa por ella.
—Lo sé, me atrasé por el trabajo pero no volverá a pasar…
—No te estoy reprochando, Edward. Últimamente has estado trabajando demasiado, ni siquiera sé si comes bien —me miró con preocupación.
—Hago lo que puedo con mi agenda pero cuando termine de grabar todo regresara a la normalidad —intenté calmarla, no funcionó hasta que le sonreí torcidamente.
—Eres imposible —hizo un puchero antes de ruborizarse.
—¿Estás emocionada? —le pregunté.
—Demasiado, no puedo esperar para ver a Alice —me respondió más que emocionada.
Nos dirigimos al aeropuerto preguntándome si Jasper sabía que Alice vendría a Los Ángeles. Por supuesto que lo sabía. Me quedé en silencio cuando llegamos en la entrada del aeropuerto.
—¿Debería acompañarte? —le pregunté—, probablemente habrán reporteros…
—Lo sé, pero me sentiría más segura contigo.
Estuve de acuerdo con ella y la ayudé a bajar del auto, le tomé su mano para mantenerla lo más cerca posible y asegurarme de no perderla. Traté de caminar tranquilamente, esperando que no me reconocieran, funcionó por unos minutos hasta que descubrieron que estaba ahí.
Cuando las personas se calmaron y me despedí de ella vimos a Alice a unos metros de nosotros, sonriendo alegremente. Bella se acercó a ella y la abrazó, empezaron a hablar rápidamente con emoción y sin parar, después de casi un mes sin verse parecían estar recuperando su tiempo perdido.
Me acerqué a ellas y saludé a Alice con un abrazo, puso una mirada seria y dio un paso hacia atrás con una sonrisa maligna.
—Ustedes tienen algo que contarme —inquirió con burla—. ¿Cómo se supone que ustedes…son novios? ¿Y…por qué tardaron tanto? —preguntó haciendo un puchero adorable.
—Alice, no es asunto tuyo —le dijo Bella en tono de broma.
—Claro que sí, después de todo ¿quién te hizo aceptar esto?—dijo lo suficientemente bajo para que únicamente nosotros lo escucháramos.
Después de escuchar eso, apostaba a que luchó demasiado con Bella para que aceptará ser mi prometida, tenía que agradecérselo después. Ayudé a Alice con sus maletas y las dejé seguir con su conversación. Alice me dio la dirección de su apartamento y lo localicé fácilmente.
—La casa tiene una bonita vista de la ciudad —Bella comentó.
—Y está ubicada cerca de la universidad y los centros comerciales —añadí, Alice me sonrió abiertamente, segundos después sentí el golpe débil de mi novia en el hombro.
—Que bueno que lo mencionas, Edward. ¡Bella deberíamos ir de compras!
Reí para mis adentros cuando Bella me mató con sus ojos chocolates.
—Hablaremos de eso mañana, Edward está muy cansado —Bella se excusó.
—No estoy cansado —me gustaba ver a Bella enojada, cómo los primeros días en que la conocí—, digo… sólo un poco —decidí apoyarla y sonreírle para que me disculpara.
Alice resopló pero sin perder su alegría.
—Te salvas por ahora, Bells, pero no lo olvidaré fácilmente.
—Mañana hablamos y quedamos en ir a donde sea —le dijo Bella a su amiga.
—Apuesto a que si —susurré.
—Edward… —murmuró Bella, amenazadoramente.
—Te espero en el auto —fue lo mejor que se me ocurrió decir.
Le di un abrazo a Alice y salí del departamento, nadie quiere vivir con una mujer enojada. Tiempo después Bella subió al auto, sin rastros de enojo; por eso la quería. Durante los 25 minutos de trayecto Bella cabeceaba de vez en cuando por el cansancio hasta que el sueño la venció y se quedó dormida.
Cuando llegamos la subí a su habitación, la recosté en su cama y le ayudé a quitarse los zapatos para luego irme a mi habitación. Me dormí con una sonrisa porque mi rutina había cambiado en las últimas semanas. Se sentía perfecto llegar a tu casa y saber que alguien estaba esperándote para cenar.
Bella
Cuando era niña soñaba con encontrar a mi príncipe azul montaba en un corcel blanco, tiempo después me había encontrado con Edward Cullen, en un volvo plateado. Al principio nada resultó como quería pero ahora todo ha mejorado, al menos un poco; no se me olvidaba que estaba con Edward por un contrato.
No sabía explicar cómo me sentía, en mis manos tenía una citación para Edward y para mí con el abogado de su abuelo, sólo para ponerlo al tanto de nuestro compromiso. Eso me ponía nerviosa, ¿qué pasaría si con mi suerte echara a perder todo? No, no me sentía preparada psicológicamente para presentarme ante un abogado como la futura esposa de Edward Cullen.
—¡Santo cielo, Bella! No seas tan pesimista —se burló Alice, estuve a punto de reprocharle pero se veía dispuesta continuar con su discurso—. Si los fotógrafos, admiradoras y amigos se lo han creído, ¿Cómo un abogado se dará cuenta?
—Ellos tienen corazonadas, ¿no?
—Ves mucha televisión, todo saldrá bien, amiga.
Decidí tomar en cuenta sus palabras y dimos por finalizado nuestro tema y pasamos a otro.
—Estoy tan feliz de estar contigo, no soportaba a Jessica se está convirtiendo en una novia psicópata y además extrañaba a mi Barbie Bella —su cara se iluminó con una gran sonrisa, le sonreí aunque lo último no me había agradado.
—A mí también me da gusto que estés aquí y mañana te presentare a Claire, te va a agradar —le comenté.
Claire había estado fuera de mi radar por una semana, al parecer estaba aprovechando su tiempo en compañía de Kata y su hermana. Eso era bueno, necesitaban pasar tiempo en familia.
—¿Crees que le agrade? —Alice preguntó, puse los ojos en blanco, era imposible que alguien la detestara.
—Le agradaras —aseguré.
Tocaron el timbre y Alice fue a abrir, me levanté de mi asiento al ver que era Edward. Saludó a mi amiga y luego se acercó a saludarme con darme un beso en los labios.
—Adelante, coman enfrente de los pobres —comentó con dramatismo.
—¿No hay algún papel dramático para ella en tu película? —le susurré a Edward.
Se encogió de hombros y negó.
—No pero podría conseguirle algo —me siguió el juego—. Vine a invitarlas a comer, ¿eso está bien?
—Por supuesto, ¿Alie? —mi amiga negó.
—No quiero ser la manzana de la discordia —dijo, restándole importancia.
Edward le sonrió de lado.
—¿En serio? Porque mientras venía invité a Jasper…
—¡Voy por mi bolso!
Alice corrió a su habitación dejando a Edward con la palabra en la boca, me reí de la acción de mi amiga. Edward me dio un beso corto en los labios mientras esperábamos a mi amiga.
—Ow, ustedes se ven tan perfectos —chilló Alice al regresar en la sala.
Alice suspiró como enamorada y nos guiñó un ojo divertida.
«•»
—¡Jasper!
—¡Alice, que alegría verte! —Jasper le comentó a una muy emocionada Alice.
Alcé una ceja en su dirección, ¿Desde cuándo se habían vuelto tan cercanos? Sabía que en Chicago habían tenido unas cuantas salidas pero eso no era suficiente para convertirse en los mejores amigos. Edward y yo los vimos relacionarse, se veía confundido y yo sentía que me había perdido de algo muy importante.
El encargado del restaurante nos llevó hasta nuestra mesa y espero por nuestras ordenes, cuando se fue mi curioso novio hizo su pregunta, sabía que no duraría mucho en la ignorancia.
—¿Cómo es que ustedes se llevan tan bien?
Alice le sonrió a Edward y lo miró con una disculpa.
—Nos vimos algunas veces en Chicago, antes de que volvieran y hemos conversado por teléfono. Él me ha mantenido al tanto de su relación y nos hemos conocido más. Ahora somos buenos amigos —reconoció.
Sabía que me había perdido de mucho, miré con reproche a Alice.
—Sentimos no decirlo antes, no creíamos que fuera necesario o algo malo —Jasper se disculpó tranquilamente y miró algo preocupado a su amigo, obviamente Edward estaba sorprendido.
—No está mal que quieran ser amigos, es… perfecto que todos nos llevemos bien —alentó mi novio.
Le sonreí a Alice y ella me regresó una sonrisa más grande. Conocía el plan de Alice y esperaba que funcionara. La plática fue muy divertida con Alice y Jasper en la misma mesa. Fue bueno volver a ver a Jasper y que nos platicara sobre sus nuevos proyectos. Ambos felicitaban mi relación con Edward y nos desearon lo mejor, realmente esperaba que las cosas continuaran como hasta ese momento: perfectas.
¡GRACIAS POR LEER ESTO!
