Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer, simplemente estoy jugando con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.


CAPÍTULO 13

Bella

—¿Me contaras lo qué hiciste con los chicos? —le pregunté a Edward.

—No, ¿lo harás tú? —contraatacó.

—Alice me lo prohibió —contesté con inocencia.

Se negó a decirme pero sabía que lo que hubiera hecho no debería preocuparme. Tomé mi libro y empecé a estudiar, concentrándome en mi lección.

—Tengo que contarte algo — Edward me llamó.

—¿No eres virgen o algo así?

—No te juntes mucho con Emmett —me alcé de hombros—. Creo que nunca te he hablado de Tanya…

—No —confirmé—. ¿Quién es?

—Ella es la nieta de Aro Vulturi, la familia Vulturi…

—Creo que puedo concluir quienes son —murmuré de manera ausente.

—Ella me llamó, llegó hoy en Los Ángeles y quiere que hablemos —me quedé callada por un momento, esperando que hablara pero no lo hizo.

—¿Me estás pidiendo permiso? —el negó.

—Quiere vernos a los dos —me explicó, con cautela.

Oh. Suspiré fuertemente.

—Vaya...eso es, creo que será incomodo, ella es la mujer con quien te deberías de casar; podría odiarme.

—También pensabas que Emmett te odiaría pero no lo hizo —puntualizó, con astucia.

Si lo veíamos de ese modo era verdad, odiaba conocer gente porque me daba miedo que me odiaran. Sin embargo, éste odio sería lógico, de no ser por mi ella estaría planeando su boda con Edward.

—Sé que será incomodo, me sentiría igual si Jacob quisiera hablar contigo —él murmuró.

Pude suponer que Edward se empezaba a desesperar así que no lo discutí.

—Te amo, no tienes nada que temer si es lo que te preocupa.

Miré a Edward con cierta confusión y él se veía igual que yo. Un cálido sentimiento se instaló en mi pecho a pesar de la sorpresa que sentía al escuchar el « te amo».

—¿No crees que aún es temprano para sentir algo así?

En lugar de responderme son sonrió torcidamente, bajé la mirada apenada y me preparé mentalmente.

—También creo que… empiezo a amarte —confesé, avergonzada.

—Te creo —sonrió cómo un niño presumido, lo golpeé juguetonamente. Después de la confesión tan profunda me dio un corto beso que sólo me dejo con ganas de más. Tomé la iniciativa y lo besé intensamente, sentí un cosquilleo colocándose en mi vientre mientras nuestro beso se volvía necesitado. El cuerpo de Edward me empujó en el suave sillón y quedó encima de mí sin separarse de mis labios.

La puerta principal se abrió inesperadamente y Kata entró en el interior, atrapándonos en esa posición comprometedora. Con la vergüenza de ser descubierta empujé a Edward rápidamente. Por un instante se sintió apenada pero luego nos dio una sonrisa llena de diversión.

—Ustedes sí que estudian

—Estudiábamos —dije, avergonzada.

—¿Biología o anatomía? —Kata no pudo más y estalló a carcajadas. Miré a Edward y ambos comenzamos a reír avergonzados—. Esperen hasta su boda, chicos —nos sugirió antes de desaparecer por la cocina y volver con su bolsa de mano—. Me voy, estudien correctamente.

¡Cielo santo, que vergüenza!

—¿Y bien? —Edward me miró con diversión.

—Esperaremos hasta nuestra boda —intenté bromear para calmarme de ese beso.

Me senté correctamente y arreglé mi ropa al mismo tiempo que su risa inundaba la sala.

—Sobre Tanya, creo que tienes razón. No puede ser tan malo —respondí, insegura.

—Todo estará bien, cariño.

«•»

—Bella, Bellita, ¿crees que el verde me hace ver pálida? —dudé un poco ante la pregunta de Alice, la miré confundida, yo no sabía nada de moda.

—No lo sé —respondí.

—Correcto —se veía desesperada—. ¿Por qué estás preocupada?

Colocó su vestido en su closet y se sentó a mi lado.

—Quisiera saberlo, son tantas cosas. Me aterra conocer a Tanya y de nuevo tuve esa pesadilla.

—Creo que estás siendo exagerada, Edward no te dejaría por Tanya y la pesadilla, es eso, un juego de tu inconsciente —intentó tranquilizarme, pero necesitaba más que palabras de aliento.

—Tal vez tienes razón y estoy siendo una paranoica; Edward me quiere —nos lo habíamos dicho.

—¡Por supuesto! —enfatizó—, eso es más que obvio.

—Me gusta el vestido verde, y a Jasper también le encantara —comenté con una sonrisa más ligera.

—¡También lo sé! — chilló, me reí con mi amiga.

Jasper la había invitado a cenar y ella lo había traducido como una cita. Siempre había sido una loca de la moda pero la idea de estar en una cita con el chico la hacía traspasar sus propios límites. Le hice compañía mientras esperábamos la hora de su cita.

Antes de que Jasper llegará Por ella, Edward llegó por mí para ir hacia un restaurante vegetariano en el centro de Los Ángeles y encontrarnos con Tanya Denali, nieta de Vulturi. Cuando llegamos Edward notó mi impaciencia, tomó mi cara y me besó.

—Te amo —susurro, le sonreí.

Él se adelantó y me ofreció su mano para ayudarme a salir del auto, no me soltó ni cuando llegamos a nuestra mesa. Cuando llegamos pude notar que Tanya había llegado porque una chica rubia y de ojos azules se levantó de su asiento. En ese transcurso noté que era alta y más hermosa de lo que pensé.

—¡Edward! —la chica saludó a mi novio con un abrazo.

—Tanya, te presento a mi prometida Bella —Edward se soltó y me presentó.

No supe cómo reaccionar en ese momento, estaba ocupada controlando mis inicios de celos.

—¡Hola! Me da mucho gusto conocerte —ella dijó—. He escuchado mucho sobre ti, tu y Edward se ven perfecto juntos.

—Gracias —le sonreí un poco aturdida—. Es un gusto conocerte, Tanya.

Miré a Edward aún desubicada, me sonrió antes de voltearse hacia Tanya.

—¿Querías hablar con nosotros?

Nos sentamos en la mesa y mi nerviosismo disminuyó, incluyendo mis principios de celos. Me di cuenta que Edward no veía a Tanya más que como una amiga.

—Antes, quería felicitarlos por su reciente compromiso. Me sorprendí mucho pero de buena manera —guardó silencio mientras ordenábamos nuestra cena—. El abogado de mi familia me contactó hace una semana para platicarme de su compromiso y recordarme parte del testamento de nuestros abuelos —habló—. Escuché que me han salvado de un matrimonio indeseable, no te ofendas Edward pero eres mi amigo y así te quiero —Edward asintió, en ese momento entendí que ella no deseaba lo peor para nosotros—. ¡Déjame ver ese anillo! —me pidió, le sonreí a la chica—, es más hermoso verlo en persona que en una revista de People —reí con su comentario.

—Lo es —concordé—, y algo pesado.

Edward se disculpó con nosotras cuando su celular empezó a sonar.

—No quise incomodarte al principio —me comentó con tranquilidad.

—No lo hiciste —negué, me vio con obviedad, sabía que no era tonta—. Tal vez en un principio —confesé.

—No hay necesidad de ello o dudad, eres tú quien lleva el anillo y sé que Edward te ama, lo he notado —me sentí satisfecha y sonreí—. Además me interesa alguien, aunque es imposible. Espero nos llevemos mejor de ahora en adelante, a pesar de la historia que nos envuelve.

—También lo espero —comenté.

La velada fue interesante, no terminó mal y eso me agradó bastante.

James

Me sentía como niño girando en aquella silla redonda de oficina mientras la esperaba.

—¿Te diviertes? —me preguntó la chica entrando en la habitación.

—¿Eso parece? —dije, calmadamente.

Se encogió de hombros y se sentó enfrente de mí, me sonrió tenuemente antes de tomar su lugar de jefa.

—Extrañaba verte por aquí —comentó distraídamente, sacando su chequera.

—Estaba ocupado haciendo el trabajo que me pediste —expliqué con serenidad—. ¿Cómo te fue ayer con tu chico y su prometida?

Me miró recelosa por un momento antes de volver a su chequera.

—Mejor de lo que esperaba —respondió, cortantemente.

Eso había imaginado. Quise llamarla por su nombre para que me mirara.

—Tengo que irme —anuncié.

—Tu cheque. Gracias tu trabajo —dijo, alzando su mano y pidiendo por el trabajo, le di el sobre de fotografías obteniendo un cheque a cambio—. Te contactaré cuando tenga algo para ti.

Me encogí de hombros, restándole importancia.

Bella

Revisé mi proyecto buscando errores ortográficos en la sala silenciosa. Estaba absorta en mi trabajo cuando Claire y Kata entraron en casa. Tenía varios días sin ver a Claire, al parecer había atrapado una gripe y había estado recostada por una semana completa. Necesitábamos a alguien inteligente en el grupo, sobre todo ahora que Rosalie había viajado a Texas para cubrir un reportaje como columnista en una revista.

—¡Hola Bella! —me saludó la chica.

—¿Disfrutaste de tus vacaciones?

—¿Vacaciones? —resopló.

Se sentó a mi lado y observó varios de mis libros mientras terminaba con mis deberes. Era un caluroso sábado por la tarde y era ilógico que Alice hubiera estado desaparecida por un día completo, al parecer me había remplazado por Jasper.

Poco después escuché el chillido de llantas clásico de un Porsche, Kata fue la primera en salir a ver de quien se trataba, me sorprendió ver el auto de Alice en la entrada.

—¡Mi bebé llegó desde chicago! —Alice rodeó su auto mientras lo miraba con admiración y orgullo, era entendible después de pasar dos semanas sin conducirlo.

—¡Es genial! —Claire chilló de regreso.

—¡Lo sé! Sube te daré una vuelta para que se conozcan —Alice le propuso, Claire fue la primera en salir y subirse al auto. Negué consecutivamente, sabía cuál sería la consecuencia de ese viaje. Alice me miró.

—Tengo un proyecto que acabar —me excuse, sonriéndole de lado.

Alice aceptó mi respuesta. Pobre Claire regresaría con su estómago revuelto. Aquel auto era como una montaña rusa. Continúe con mi proyecto hasta finalizar, minutos después acabé y fui hacia la cocina por un vaso de agua.

Escuché el auto de Alice, la puerta abrirse de golpe y Claire entró corriendo hasta el baño. Alice entró inocentemente, fuimos en busca de Claire cuando dejó de vomitar le di el vaso de agua que tenía en la mano. Sí, exactamente esa había sido mi reacción cuando me subí a su auto por primera vez.

—Recuérdenme nunca subirme a ese auto de nuevo —murmuro Claire.

Alice reacción contrariada al ser su auto el culpable de esa escena.

—La primera vez siempre es difícil —traté de tranquilizar a la chica.

Alice me miró con una ceja alzada, refiriéndose obviamente a otra cosa que su mente pervertida suponía.

—¡Alice! —le gruñí a mi amiga—. Hablo del auto, de tu auto.

Ella soltó una carcajada y le restó importancia a mi explicación. Estuvimos sentadas por un buen rato en la sala esperando que Claire se calmara y para que Alice parara de molestarme con frases de doble sentido.

—Mi cumpleaños es la próxima semana y me encantaría que fueran —comentó Claire.

Sólo paso tres segundos para que Alice gritara, esa mujer tenía buenas cuerdas vocales. No quería imaginármela en el día de su boda o nacimiento de su primer hijo.

—¡Déjame ayudarte a preparar tu fiesta!

—Claro —Claire aceptó gustosa, no sabía en que se estaba metiendo.

Alice empezó a planear el color del pastel, de las luces de fondo, del lugar y sus adornos. Sonaba a tortura para mí porque sabía que terminaría arrastrada con ella para realizar las compras.

Alice se fue entrando la noche, Kata y Claire se fueron después de asegurarse que todo estuviera en orden. Regresarían al otro día para seguir planeando con Alice su próximo cumpleaños. A veces me daba miedo quedarme sola pero con el paso del tiempo me acostumbré, después de todo Edward rara vez llegaba muy tarde; como esa noche en especial.

Cuando me estaba entrando el sueño sentí a Edward besar mi cabeza.

—Hola preciosa, sigue durmiendo —me susurró con suavidad.

—Quédate conmigo —le pedí soñolienta.

—Duerme, en seguida regreso —escuché su pasos salir y luego regresar, el colchón se hundió con su peso y supe que él estaba conmigo. Me acomodé en su pecho y me quedé dormida en sus brazos.

«•»

Al otro día intenté levantarme temprano y prepararle algo a Edward para desayunar pero él lo hizo primero. Cuando bajé estaba en la cocina haciendo rol de Chef. A mi mente llegaron varias buenas ideas para un programa de cocina; uno sólo para mí.

—Buenos días —me acerqué y le di un corto beso en los labios.

—Quería hacer algo lindo por ti —reproché.

—Ya lo hiciste, cuando aceptaste ser mi novia —sonreí.

Con su mano libre acarició mi mejilla, lo miré algo sonrojada. En ese momento sonó el teléfono de la casa y nos tuvimos que separar. ¿Ahora quién nos había interrumpido?

Fui a responder. Alice había llamado para recordarme que pasaría por mí poco después, eso quería decir que sólo pasaría media hora con Edward antes que ella llegara.

—¿Quién era? —preguntó.

—Alice —respondí—. Vendrá por mí dentro de media hora.

Él hizo una mueca y yo lo seguí.

—Entonces… ¿Alice nos robara ésta maravillosa oportunidad de estar juntos para ir...?

—De compras —completé la frase, haciendo una mueca.

—Uh, ella sabe lo que dice y hace. Hazle caso y sólo así saldrás viva —me aconsejó.

Edward no era bueno en la cocina, lo prefería como actor y que me dejara la cocina a mí pero no se lo dije.

—Un día de estos debemos escaparnos, sólo tú y yo —propuso. Su plan me encantó, no podía recordar la última vez que habíamos estado a solas, sin interrupciones.

—Tu plan me agrada —acepté con un tono juguetón.

Justo cuando íbamos a besarnos Alice apareció, no me servía enojarme sabía que no lo hacía adrede. Me despedí de mi novio, prometiéndole que me escaparía de Alice cuando pudiera.

—Jasper quedó en hablarte, diviértanse —le informó mi amiga a Edward—, pero nada de chicas.

Reí, pero no me pareció un mal consejo.

—Hazle caso, ella sabe lo que dice y hace —le aconsejé con burla.

El centro comercial intenté ignorar los fotógrafos que estaban cerca, incluso les sonreí para no parecer fría y seguir con mi plan de compras.

Claire nos alcanzó en la zapatería, porque el plan de únicamente comprar cosas para la fiesta cambió de último minuto. Típico de ella. Me probé muchos zapatos y me encantaron, Edward y su tarjeta de crédito sufrirían un poco. Habiendo muchas cosas por comprar y pocos brazos tomamos un descanso para llevar las bolsas en el auto de Alice.

Alice me golpeó el hombro de un momento a otro, la miré confundida y ella me señaló hacia atrás.

—Bella.

Reconocí la voz y me volteé hacia el dueño: Jacob Black.


¿Qué opinan del nuevo capítulo? Déjenme un Review y háganme feliz, no cuesta nada.