Desesperación
Kaiba le había informado que aquel grupo de revolucionarios habían declarado oficialmente su interés por Haru. Según palabras de Kaiba ellos lograron comunicarse con la directora Yuri, preguntándole sobre el paradero de la chica. Ese hecho resultaba extraño, ya que Yuri era o tal vez era la persona más importante del mundo y aun así ellos la habían localizado.
— ¡Prometió que Haru no volvería a tener ningún intento de asesinato! — Gritó Tokaku, sumamente molesta por la noticia.
Kaiba estaba serio, algo que casi no se veía.
— Cálmate. — Ordenó. — El líder de estos revolucionarios es alguien peligroso, aunque Yuri-san mantiene el control de la Tierra, este control siempre es imperfecto.
— Que estupidez. — Replicó.
— Espera Azuma-san. — Interrumpió Kenta. — Yuri no le dijo que Ichinose-san estaba contigo.
— Discutieron. El problema es que Yuri no se meterá a menos que ellos se metan en sus asuntos, tal parece que su objetivo es unificar a los asesinos. — Informó Kaiba cruzando los dedos de ambas manos sobre el escritorio.
— ¿Unificar?
— Sí. — Contestó. — Tomaron el control de cada organización de asesinos.
Tokaku se relajó un poco.
— Entonces ¿Por qué necesitan a Haru?
— ¿Lo olvidaste? — Replicó Kaiba como si fuese algo obvio.
— Aunque Ichinose-san lo haya rechazado, ella sigue teniendo las habilidades de la "abeja reina" — Mencionó Kenta. — Es capaz de persuadir a la personas de manera inconsciente para que hagan lo que ella desea.
Tokaku hizo una mueca. Lo sabía, ella había caído en esa habilidad de Haru cuando se vieron por primera vez.
— Debes asegurarte de que no la encuentren. — Advirtió Kaiba apoyándose en el respaldo de su silla. — Aunque no lo sepas, el hecho de que Haru este contigo es un secreto.
— Haru no debe salir de la región de los Azuma, así no habrá forma de que la encuentren. — Comentó Kenta llevando una mano a su barbilla.
— No lo aceptará. Toma clases en la universidad sobre pluericultura.
— ¿Eso es más importante que su vida? — Cuestionó Kaiba arqueando sus cejas, empezando a figurar una sonrisa. — Puedes llamar a Yuri-san para que les dé una mano, quizá pueda arreglar todo para que Ichinose tome clases en línea.
Tokaku respiro profundamente en un intento de enfriar su mente, pensando en todo ello, estaba segura de que Haru no se tomaría la noticia de buena manera. Aun así haría lo que fuese necesario para eliminar hasta el mínimo peligro, no permitiría que esos tipos se salieran con la suya.
— ¿Qué tengo que hacer? — Cuestionó con determinación. Kaiba recuperó su maniaca sonrisa.
— Volverás a trabajar con Kenta. — Dijo. Del bolsillo de su camisa, ubicada a la altura de su pecho sacó sus dados y los lanzó a la mesa. El primero en caer sacó el número seis y el segundo el número uno. — Fuera de eso no han hecho nada, seguiremos investigando y te informaremos. Mientras tanto asegúrate de mantener a Ichinose a salvo. — Tomó los dados y jugueteo con ellos moviéndolos entre su mano.
— Será mejor que no pierdas el tiempo. — Sentenció. Kaiba sonrió aún más.
No había nada más que comentar, cuando llegara el momento acabaría con todos.
Salió del edificio, pero fue detenida a mitad del camino por Kenta quien la llamo cuando estaba por salir al estacionamiento. Se acercó a ella y le entregó un folder negro que se encontraba dentro de una bolsa roja.
— Kaiba no te dijo todo. — Declaró el chico.
— ¿A qué te refieres?
— Solo lee el documento, Ichinose-san esta en más riesgo de lo que crees.
— Bien. — Dijo y se dirigió a su auto. Kenta inclinó un poco su cabeza en forma de despedida.
Tokaku dejó en el asiento de a lado la bolsa, lo analizaría después con más calma, por ahora debía comunicarse con Haru. Tomó su teléfono y este aún tenía el bonito llavero que Haru le había dado cuando se conocieron: tecleó un poco y le marcó, el teléfono sonó, pero no hubo respuesta.
— Tch… — Chistó guardando el teléfono. Mantuvo la calma, quizá Haru estaba tomando un baño y no había escuchado el teléfono.
Encendió el auto y tomo rumbo hacia su hogar. Para su suerte el tráfico fue casi nulo, llegando en apenas cuarenta minutos. Al llegar entró con tranquilidad, el ambiente estaba tranquilo, pero no sentía ningún peligro.
— ¡Ichinose! — La llamó, pero no obtuvo respuesta.
Buscó por cada habitación, pero no parecía haber rastro de Haru. Todo estaba limpio y ordenado. Salió al jardín y buscó por los alrededores, pero no estaba; ni siquiera podía detectar su aroma, al menos no un aroma fresco.
Palideció. Su corazón se agitó imaginando el peor escenario. Miró a todas partes, no sabía siquiera a donde dirigirse y entonces sonó su teléfono. Era Haru.
— ¿¡Donde estás!? — Le pregunto alterada. Sin comprender del todo Haru le respondió que se encontraba en el supermercado comprando unas cuantas cosas para la cena. — ¡No te muevas, voy para allá!
Arrancó su auto. No tenía una razón evidente, pero estaba sumamente alterada logrando llegar en diez minutos. Se estacionó apresuradamente, al acercarse a la entrada del supermercado visualizó en la entrada a Haru, con varias bolsas a su lado. Corrió hacia ella.
— ¡Tokaku-san! — Saludó con una sonrisa y estirando una de sus manos. Tokaku la abrazó con fuerza.
— ¡Ichinose! — Dijo su nombre como un grito contenido. Haru también la llamo, pero casi como un susurro. — ¡Te dije que te quedaras en casa! — La reprendió, sin liberarla del abrazo.
— Te fuiste molesta y ya que no saldríamos quería hacer una rica cena. — Se justificó bajando la mirada, estaba angustiada. — Haru solo quería redimirse porque ayer no fueron a cenar.
— Ichinose… — Suspiró, relajándose por fin. — No estoy molesta por eso y tampoco lo estoy contigo, son cosas del trabajo. — Le dedicó una pequeña sonrisa. Tomó las bolsas de Haru con facilidad sin dejar que ella cargara alguna, ella podía con todo. — Vámonos.
En el auto Haru tomó las llaves y abrió la cajuela para que Tokaku pudiera meter las bolsas, así Haru entró primero sentándose en el lugar del copiloto. Mientras Tokaku guardaba las cosas, Haru encontró la bolsa roja y no pudo evitar curiosear en ella, sacando así el folder negro.
— Otra vez compraste cosas innecesarias. — Se quejó Tokaku entrando al auto. Haru miraba el folder y lucia afectada por su contenido. No supo que decir, ni siquiera podía regañarla por abrirlo.
— ¿Qué significa esto? — Cuestionó sin quitar la vista del documento. Tokaku suspiro y se lo quito.
— Te lo explicaré en casa.
— ¿Otra vez? — Chilló. Lagrimas comenzaron a formarse en sus ojos. No podía creer que la historia estuviese repitiéndose nuevamente.
Tokaku arrojó aquel documento hacia los asientos traseros. Tomo con sus manos el rostro de Haru y con su palma limpió sus lágrimas, lo hizo de una manera tan delicada y dulce que la hizo reaccionar. Odiaba verla llorar, así que pego su frente con la de ella.
— No estás sola. — Susurró cerrando sus ojos. — No permitiré que te pase algo, así que por favor, sonríe. — Haru sonrió dejando de llorar. Posó sus manos encima de las de Tokaku.
— Gracias.
Tokaku sabía que a diferencia de la clase negra que tenía reglas, ahora no las había. Todo sería aún más duro y por ahora, solo podía ocultarla. Apretó la mandíbula, pero se relajó al sentir los labios de Haru, besándola.
Nuevo capítulo (aún más pronto que tardarme tres meses en actualizar) aunque a cambio un poco cortito. Quizá no lo hayan notado, pero he cambiado un poco la narración, si no les gusta la nueva forma en que describo y narro, háganmelo saber :3 aunque me parece que así es un poco más fresca la lectura. Gracias por los comentarios. 3
