Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer, simplemente estoy jugando con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.
CAPÍTULO 15
Bella
Mordisqueé la uña de mi dedo índice con ansiedad, coloqué mi maleta sobre la cama y eso activó mi ansiedad. Mi plan original no era quedarme por mucho tiempo en Forks así que sólo tomé lo necesario. Al terminar bajé a la cocina y me encontré con Edward y Kata, me sentía nerviosa por mí acción secreta que dudé en entrar pensando que mi conducta haría que me descubrieran.
—Buenos días, Bella —me saludo Kata.
—Buenos días —saludé en un murmullo.
Me serví un poco de jugo de naranja mientras Kata me daba un plato con frutas, Edward se veía tranquilo a mi lado. No lo entendí, es decir, en los últimos días se había mantenido lo más alejado posible de mí pero ese día parecía estar bien con mi presencia.
Una hora después estábamos por ir con el abogado Miller, retoqué mi maquillaje y me miré en el espejo, Alice tenía razón sobre mi viéndome horrible y destrozada por la situación. Miré la hora y descubrí que tenía unos minutos así que me senté en mi cama y comencé a escribir las palabras que retumbaban en mi mente.
Cuando terminé metí la carta en su sobre y lo escondí dentro de mi cajón. Baje para encontrarme con Edward, antes de salir de la casa él se paró enfrente de mí; se veía tranquilo y no me miraba con enojo.
—Necesitamos hablar —incapaz de responderle asentí y me subí al auto con su ayuda.
Entramos en el edificio, uno del lado del otro, caminamos con lentitud hasta la oficina, mientras esperábamos a la asistente del Abogado Miller.
—Por cierto, dentro de dos horas es la conferencia de prensa —me anunció.
La asistente del abogado nos acompañó hasta la oficina de éste, al entrar el abogado se levantó de su asiento y nos dio la bienvenida con prudencia, parecía un poco estresado y malhumorado.
—Me da gusto que estén aquí —murmuro, buscando algo entre sus cosas.
Tomamos asiento en los mismos lugares que la primera vez.
—Nos sorprendió que quisiera vernos de un día para otro —Edward le comentó.
—Créame eso no los sorprenderá tanto como con lo que les diré —inquirió hojeando unos papeles, me sentí intrigada y nerviosa por sus palabra—. Hubo cambios en el testamento de su abuelo.
—¿Qué cambios? —dije, presintiendo problemas.
—Pagina 7, punto 12.3 —señaló después de encontrar el documento que sacó entre las filas de archivos —, y cito: "En caso de infidelidad por una parte de la pareja, después de reconocerse su compromiso las cláusulas se modificaran." Ir a la página 17, punto 14… —el hombre rápidamente cambió las hojas—. "En caso de infidelidad, la boda tendrá que llevarse a cabo en menos de seis meses, en caso contrario la herencia no se le dará y la persona tendrá que respetar las clausulas originales".
¿Era una broma, cierto? ¡Tenía que serlo!; ese hombre era una mala persona y un controlador familiar.
—Bella no me fue infiel —Edward le dijo, por un momento pensé que él lo dijo porque lo creía pero después comprendí que era su táctica para impedir la boda.
—Sólo me fio de las pruebas, joven Cullen —añadió el abogado, alzando una ceja con suficiencia.
Me tapé la cara con las manos de manera automática. Primero su prometida falsa y ahora su esposa por conveniencia. No dije ni una sola palabra, ni siquiera me despedí del abogado. Quería llegar a casa y gritar.
Salimos de la oficina en silencio, el abogado pidió estar presente en nuestra boda, el parecía tranquilo pero para nosotros era todo lo contrario. Nuestro compromiso era una mentira, esa era la única verdad, irónicamente.
Regresamos en la casa para cambiarnos, la conferencia era en un hotel en una zona exclusiva, sólo estarían ahí los periodistas más importantes de los canales de televisión, estaciones de radio y las más conocidas revistas, sólo ellos. Al parecer Kate, la publicista, estaba muy entusiasmada con esto pues Edward nunca había dado una conferencia personal tan grande. Estaba tan nerviosa y ésta vez, Edward no estaba conmigo.
—Sonríe, eres mi prometida, ¿recuerdas? —mencionó con seriedad.
Por desgracia no podía olvidarlo. La prensa estuvo lanzando preguntas similares pero todas eran al mismo tiempo que no sabía ni para dónde mirar, a veces Edward me susurraba las respuestas en mi oído, otras veces me apretaba la mano. Tal vez estaba actuando pero aun así me gustaba sentirlo cómo antes de que todo éste lio empezará.
«•»
Era el momento. Edward se había ido a sus prácticas y Kata se había ido de compras, Claire y Alice estaban conmigo, algo que les agradecía mucho. Tomé mi maleta y coloqué el sobre en la cama de Edward. Antes de irme le di una última mirada a la casa, no era una despedida pero había tantos recuerdos.
—Tranquila, todo mejorara —Claire me tranquilizó.
Miré agradecida a las chicas y les di un abrazo.
—Tendré el celular apagado pero tienes el teléfono de mi abuela —le dije a Alice—. Por lo que más quieran no le digan a Edward donde estoy, es lo mejor por el momento.
—Llama cuando llegues —pidió Alice con desánimo.
—Claro que si —sentí mis mejillas húmedas y supe que estaba llorando. Tomé mi equipaje y me fui rumbo al aeropuerto. Quería pensar que no estaba huyendo que en su lugar estaba dándonos el espacio que necesitábamos.
«•»
Lo primero que sentí al abrir mis ojos fue un horrible frio colándose por mi cuerpo, los demás pasajeros comenzaron a despertarse, unos cuchicheaban, otros aun dormían. Saqué un libro y comencé a leer intentando concentrarme en la lectura, desafortunadamente no tenía esa suerte.
Nos pidieron colocarnos los cinturones mientras el avión comenzaba a aterrizar, después tenía que tomar un autobús para ir a Port Ángeles y de ahí un taxi para ir a Forks. Estaba anocheciendo cuando tomé un taxi, le mandé un mensaje a Alice diciéndole que había llegado bien y apagué mi celular. Si había hecho bien ¿porque sentía como una fugitiva?
El chofer intentó hacer una conversación conmigo, le contesté amablemente a sus preguntas pero el parecía confundido de que una chica de ciudad estuviera yendo a un pueblo poco conocido, si el supiera. Después de cuarenta y cinco minutos de ver arboles la civilización empezó a mostrarse: las casas rusticas, los pequeños comercios del lugar, los bares y hasta los restaurantes fundados por los mismos habitantes no habían cambiado
—Llegamos señorita —el taxista me informó con amabilidad.
El señor amablemente me ayudó con las maletas en el suelo, mi abuela salió de su casa a mi búsqueda, se veía maravillada y sorprendida de verme. Habíamos tenido conversaciones por teléfono, pero eran contadas, así que era la primera vez en años que la veía. Se veía tan joven y tan viva, tenía una sonrisa brillante plasmada en su rostro, su cabello estaban adornado de algunas canas pero la mayoría de sus cabellos eran color caoba. Esa era mi abuela, definitivamente.
—¡Bellita! Mírate estás hermosa, igual que tu abuela —dijo con una sonrisa, me sonrojé un poco y me acerqué a abrazarla, sentir su calor y cariño me hizo sentir muy bien.
Le pagué al chofer y le agradecí sus servicios antes de verlo desaparecer.
—Realmente estás más joven de lo que imaginé —le dije, nunca le gustó que la trataran de señora.
—Oh cariño, es de familia —se encogió de hombros.
La casa era demasiado preciosa por dentro, las paredes eran de azul cielo y la mayoría de los muebles eran de variados tonos café, la casa olía a chocolate recién hecho y a vainilla, era curioso que me sintiera cómoda después de casi ocho años sin visitarla porque a mamá no le gustaba Forks.
—¿Cómo está Renee y tu padre? —preguntó sin borrar su sonrisa.
Me encogí de hombros y le sonreí débilmente.
—Papá sigue trabajando muy duro y mi madre ha estado tomando todo tipo de clases y talleres, en realidad ambos están muy ocupados en sus propios asuntos —le respondí mientras seguía admirando la casa y las fotografías que adornaban la sala principal.
—¿Y tú como estás cariño? Escuché que Edward Cullen y tú están juntos.
La miré con sorpresa, mi abuela Marie no tenía la culpa pero sin querer me estaba atormentando con lo que menos quería hablar.
—Estoy bien —respondí a la pregunta—. ¿Cómo sabes que… estoy saliendo con él?
—El hecho de que viva en un pueblo no quiere decir que viva en la ignorancia —bromeó con suavidad—. Habría que darle las gracias al cable.
—¿Y cómo estás tú? —cambié el tema—. ¿A cuántos les has robado su corazón?
—Ni me preguntes eso corazón, mi amor le sigue correspondiendo a tu abuelo —murmuró con orgullo.
El abuelo Swan había muerto de un paro cardíaco hace veinte años, fue algo muy triste para toda la familia que aunque era pequeña era muy unida. La abuela siguió adelante pero su corazón nunca le ha pertenecido a nadie más que a su familia.
La abuela comenzó a hablarme de los planes que tenía para recuperar nuestro tiempo perdido, quería que conociera a sus amigas en un juego de canasta, ni siquiera tenía idea de cómo se jugaba pero acepté. La abuela tenía una tienda de artesanías en la plaza principal de Forks por lo que después la acompañaría un rato.
—Te ayudare a subir tus cosas para que descanses —dijo después de un momento—. ¿Recuerdas tu habitación?, espero que no te molestes pero lo he remodelado con el paso de los años.
Casi me voy de cabeza al entrar en la habitación, aún estaban algunos garabatos que hice de niña pegadas en la pared, la cama había sido sustituida por una más amplia y el color de las paredes no era rosa ahora era azul cielo como el resto de la casa, no podía estar más agradecida con mi abuela.
—No debiste, es perfecta. Gracias —le dije un poco avergonzada.
—Claro que sí, sabía que alguna vez vendrías a visitarme —comentó alegremente—. Descansa por ahora, luego me contaras porque pareces triste —susurró con cautela, parecía que no estaba ocultando mis sentimientos como creía—. No has dejado de ser un libro abierto
Me dio un beso y me dejo descansar pero no descansé esa noche, estaba inquieta, a esa hora Edward debería haber regresado en casa. ¿Qué estaría pensando Edward al darse cuenta de mi escape? ¿Y si había leído la carta… que estaría pensando?
Edward
Las prácticas en emergencias me habían retrasado un poco de volver a casa, cuando entré había un extraño silencio, en la sala Kata estaba limpiando y cuando me vio se volteó rápidamente.
—¿Todo bien? —le cuestioné, acercándome a su lado.
Claire entró en la sala pero al verme se dio la media vuelta de regreso a la cocina, como si estuviera huyendo de mí.
—Kata, ¿Qué ocurre? —volví a preguntar, Kata se veía insegura.
—Bella se fue —soltó con cautela—, se fue de la casa.
Su respuesta fue lo suficiente para que me mente llegara a una conclusión: Bella me había abandonado. No, tenía que ser una broma. Corrí escaleras arriba, al llegar noté que sus cosas seguían ahí pero ella no estaba.
—Te dejo esto —Kata me ofreció tomar un sobre que miré con cierto recelo.
Tenía miedo de su contenido. Saber que Bella no estaba en la casa y no saber en dónde se encontraba me estaba matando. ¿Había regresado a Chicago? La única manera de saberlo era leyendo la carta que me dejó. Fui a mi habitación y seré la puerta. Mis manos se movieron rápidamente desgarrando el sobre sin piedad y mis ojos se dirigieron hacia las letras escritas.
"Esto no está siendo fácil para mí así que simplemente lo escribiré: sé lo que estarás pensando; no te estoy abandonando, recuerdo nuestro contrato y no pienso romperlo, lo prometí. Tú no eres el único responsable de la decisión que estoy tomando, decidí irme por unos días para que ambos reflexionar sobre lo que pasó y lo pasará. Han sido días difíciles para mí, nunca fue fácil, incluso en un principio, sin embargo te tenía a mi lado. Siento mucho irme así porque eres lo más importante para mí en este momento, espero que cuando regrese podamos hablar. Te quiero, no lo olvides pero esto es lo mejor" —Bella.
Demonios, lo sabía. Sí, lo sabía. También la quería, había sido demasiado estúpido como para creer en los rumores cuando la conocía. ¡Mierda! Lo había echado a perder más rápido de lo que hubiera querido. ¿Dónde estaría? En mi mente obtuve pistas: Alice y Claire, ellas obviamente sabían algo, no podía esperar a que Bella regresaba, la necesitaba a mi lado.
Bajé buscando a Claire, para mi mala suerte la chica se había ido, tomé las llaves del auto y me dirigí al departamento de Alice. Alice sabía esconder las cosas, no sería fácil convencerla. Ella se alarmó al verme en su puerta pero en segundos se relajó y me miró con cierto reproche.
—¿Puedo pasar? —dije.
—Ya estás aquí —se encogió de hombros, se hizo a un lado y pasé dentro del lugar—. ¿Quieres algo de beber? —negué.
—¿Dónde está Bella?
—Vaya, tu sí que eres directo —comentó con un tono cansado.
—Alice...
—¡No, Edward! —me interrumpió con dureza—, primero ignoras a Bella, la lastimas y no la dejas explicarte lo que ocurrió. ¿No puedes simplemente darle un respiro? —me regañó moviendo sus manos con desesperación, en cualquier momento podría abalanzarse hacia mí.
—Es que, tú no lo entiendes, necesito hablar con ella —mi suplica no le hizo ni cosquillas a la pelinegra.
—Eres tú quien no lo entiende —suspiró—. Bella y tu necesitan un poco de espacio para aclarar su mente, ella te hizo un favor al irse. Ahora tendrás que sufrir por no darte cuenta de tu error a tiempo –negué tercamente, no necesitábamos espacio necesitábamos hablar—. ¿Sabes?, te creía más inteligente —logró llamar mi atención.
—Alice, amo a Bella —expresé con ansiedad—. Dime donde está, por favor.
—Y ella a ti —comentó, sus ojos brillaron con diversión—. Eres un gran actor pero como novio... eres un desastre —la chica suspiró—. Me gustaría decirte donde está mi amiga, pero le prometí que no lo haría.
—Por favor —supliqué.
—Piérdete, Cullen —indicó, sacándome con empujones de la casa—.Ve a casa y refresca tu mente. Confió que cuando Bella y tú se rencuentren las cosas se arreglaran —dijo con una sonrisa amistosa—, y si necesitas que le diga algo, avísame y lo haré encantada.
La miré con una súplica pintada en mi rostro pero mi fan número uno negó antes de cerrarme la puerta en la cara, podía sentir su satisfacción detrás de la puerta, después de todo era lo menos que me merecía.
«•»
Tenía un abogado personal: el Abogado Collins, por medio de él inicié una demanda por invención de privacidad en contra del paparazzi que tomó aquellas fotos que dejaron en una mala imagen a Bella y también a varias revistas y periódicos que modificaron información. Después de eso los medios pararon de hablar de la infidelidad, esperaba que cuando Bella lo supiera se alegrara.
Había sido un fin de semana muy ajetreado por todo ello, además se habían percatado de que Bella no estaba en mi casa, lo que les dio la alerta de que ella y yo habíamos terminado. Garrett había juntado a varios reporteros y congregado una entrevista en la tarde, no podía permitir que se enteraran de lo mal que estaba mi relación, sobre todo por el abogado Miller que estaba al tanto.
Mis padres habían llamado varias veces, sobre todo mi madre quien habló conmigo y demostró que confiaba en Bella. Jasper estaba a mi lado como amigo y se lo agradecía, era por él que aún me mantenía cuerdo y presentable, por supuesto, había intentado que Jasper le sacará información a Alice pero por algún motivo siempre cambiaba de tema.
Un par de días después me confesó que Alice era su novia y no quería problemas con ella porque apenas estaba empezando su relación; y lo comprendí. Había ido varias veces al departamento de Alice, poco a poco entendí que no lograría nada con ella así que me empecé a dar por vencido. Al final le pedí a Alice que le dijera a Bella que necesitaba hablar con ella, aunque no había obtenido una respuesta de su parte.
Salí de mis pensamientos cuando escuché un par de tacones resonando en el piso; una mujer... ¿Bella? Kata entró en la pequeña biblioteca y la miré con esperanza.
—Es Tanya —me anunció.
Me sentí un poco decaído pero intenté dejarlo pasar.
—Dile que pase —cerré el libro que ni siquiera había intentado prestarle atención. Tanya entre unos segundos después con una sonrisa suave—. Tanya, que sorpresa, ¿Todo bien?
Se acercó a darme un beso en la mejilla como saludo.
—No había tenido la oportunidad de venir a verte y hoy no había mucho trabajo; quería saber cómo estabas —comentó tomando asiento.
—Estoy bien —le aseguré, su rostro se veía indeciso—. ¿Quieres algo de beber?
—No, estoy bien —respondió—. Supe lo de Bella.
Estaba seguro que todo el mundo lo sabía.
—Estamos bien —mentí, encogiéndome de hombros—. ¿Tu estas bien?
—Sí —dijo distraídamente—. Es solo que... olvídalo. Me llamó el abogado Miller, me dijo que es necesario que te cases lo más pronto posible o tendrás que casarte conmigo —se veía incomoda pero continuo—. ¿Dónde está Bella?
—Han sido unos días difíciles para ambos, quiso tomarse unos días alejada de la prensa —murmure.
De repente ella se levantó y corrió hacía mí, de un momento a otro tenía sus labios en los míos e instintivamente la alejé de mí, hubiera querido que no fuera tan rudo pero me había sorprendido. La miré y se veía paralizada.
—Lo siento, Edward —se disculpó, se veía apenada pero lo ignoré.
—No debiste de hacerlo —dije con molestia—. ¿Por qué lo hiciste? Tú y yo somos amigos, buenos amigos; creí que te lo había dejado claro —ignoré su disculpa, estaba un tanto molesto no quería que ella confundiera las cosas.
—Yo... no, yo no debí —balbuceó avergonzada—. Lo siento es sólo que mi padre... — guardó silencio y bajó la mirada—. Debo irme, lo siento.
Comprendí. Su padre: Stephan Denali no era la persona más dulce y considerada que había conocido, él siempre presionó con que yo y su hija deberíamos de estar juntos. Debí haber imaginado que no se quedaría de manos cruzadas con mi compromiso con Bella.
—Tanya —la llamé antes de que se fuera—. Ya no eres una niña, has crecido, ya no tienes por qué hacer lo que tu padre te ordena.
No me respondí, sólo me miró con disculpa y se fue.
Solté un suspiro, sintiéndome mal por Tanya. Sabía que su padre la estaba utilizando para obtener lo que quería: una buena posición y dinero. Ambos estábamos en una encrucijada por nuestros abuelos y podía entenderla.
Si Stephan había mandado a su hija para persuadirme y mi abuelo había planeado parte de mi vida… ¿quién más estaría confabulando para que Bella y yo no estuviéramos juntos?
James
Tu vida depende de las decisiones que tomas, por lo que éstas no se pueden o deben tomarse a la ligera. A veces detrás de las decisiones más difíciles existe una historia, al menos la mía la tenía; tal vez no tenía lógica para los demás pero lo tenía para mí.
Crecí a mediados de Septiembre en uno condado de California, mi familia nunca fue adinerada y como humano siempre ambicioné a tener más de la cuenta. No pude pagarme una carrera, no había el dinero así que terminé tomando unos cursos de fotografía en una escuela pública y varios talleres. Después de que mi padre muriera me tocó volverme el responsable de mi familia, conseguí un trabajo y aunque no era el mejor la paga era buena pero para eso mi madre, mi hermano menor y yo nos mudamos a Los Ángeles.
Mi madre no estaba contenta pero mi hermano, dos años menor que yo, estaba emocionado de vivir en un lugar de tan alta calidad, al parecer él se desenvolvió mejor que cualquier adolescente porque en menos de una semana era el chico popular de su nueva escuela y meses después se enamoró de una chica que lo cambió, y no de una buena manera.
Él empezó a consumir alcohol en exceso, llegaba tarde, empezó a faltar a clases y su comportamiento siguió empeorando hasta ignorar los límites de nuestra madre. Lo más triste era que mi madre murió sabiendo que su hijo menor iba colina abajo. La pérdida de nuestra madre lo terminó afectando más y terminó volviéndose un adicto a las drogas, sabía que eso era demasiado pero nunca aceptó ayuda, me dijo que era su vida y yo no podía decidir por él.
Eso sólo fue parte del inicio, él huyó una noche de casa para comprar droga, cansado y enfadado lo seguí y le reclamé, se enojó aún más que salió de la casa para no volver. Fueron tres días de ansiedad y preocupación hasta que me llamaron del hospital diciéndome que él había sufrido una sobredosis. Su novia lo había llevado ahí y dejado en manos del destino; al parecer ella no era tan distinto a él.
Mi hermano murió porque cayó en ese agujero en el que había entrado por la presión de su novia y amigos. Juré justicia, quería encontrarla y meterla en prisión si era posible pero nunca imaginé que iba a ser tan difícil conseguirlo cuando mi justicia se convirtió en venganza.
Mi plan: la encontré, me metí en su vida y me volví su aliado en una batalla que no era mía pero que me ayudaría en ganar su confianza. Me presenté como James en memoria de mi hermano y desde entonces Riley quedó en el pasado.
Todo iba bien hasta hoy, cuando ella apareció. Porque ella había puesto mi mundo de cabeza y por primera vez quise volver a ser Riley pero antes tenía que terminar lo que empecé.
Me da gusto estar aquí. Éste capítulo me tuvo muy indecisa pero aquí esta. Espero les guste y buen inicio de semana.
¿Merezco comentarios? ¡Saludos!
