Capítulo 12
Shaka bajo de la cámara del Patriarca a su casa totalmente desconcertado. Necesitaba llegar a su casa para meditar y quitarse esos sentimientos que no sabía cómo definir. El confiaba en el patriarca ciegamente, le era leal al santuario, entonces… Porque sentía que lo estaban usando como carne de cañón?
Cuando finalmente llegó a la octava casa dorada, sintió la presencia de Cassius en la puerta trasera de nuevo. Fastidiado y con el peor humor fue a abrir la puerta.
- La encontraste? – preguntó ansioso el grandulón
- No deberías estar aquí y lo sabes – dijo Shaka en un tono cero amistoso.
- No podía irme hasta saber que ella está bien. – contesto Cassius
Shaka se dio la media vuelta dejando la puerta abierta, invitando a Cassius a pasar.
Este solo dio dos pasos y cerró la puerta tras él y se quedó ahí parado. Sabía que Shaka no quería que lo relacionaran con el de ningún modo y entendía por qué.
Shaka se quitó su armadura y se puso su túnica sin decirle nada a Cassius. Este comprendió que algo debió haber pasado para que Shaka le permitiera la entrada a su casa. El discípulo de Shaina vio como Shaka se puso a meditar ahí mismo en medio de la sala y pacientemente esperó a que terminara.
- Dime todo lo que sepas acerca de los traidores que el Gran Maestro quiere eliminar – dijo Shaka
- Te refieres a Seiya y compañía? – preguntó Cassius
- Hay otros? – dijo Shaka aun en posición de meditación.
- Que tiene que ver esto con el paradero de Shaina – volvió a preguntar Cassius
- Dímelo. Como tu superior te lo ordeno – dijo Shaka altivamente
Cassius consideró todas las opciones y se dio cuenta que no las tenía.
- Son 4, no, 5… o 4… no… 5! – dijo Cassius
- Decídete.
- Uno de ellos no siempre está con ellos – dijo Cassius – más obviamente la muchacha que ellos creen que es Athena.
- Ok. Quienes son los 5 caballeros que le han dado tantos problemas al Patriarca? – preguntó Shaka – Sé que el tal Seiya es uno de ellos.
- Sí. – dijo Cassius suspirando – "Ese" es la principal piedra en el zapato.
- Por qué? Quienes son ellos? Que los hace tan especiales? – preguntó Shaka – Dime todo lo que sepas de esos cinco.
Cassius no contestó y Shaka le hizo la invitación de que se sentara en el suelo frente a él. Cassius asintió con la cabeza y lo hizo. Sabía que Shaka debía estar haciendo una especial deferencia con él, debido a las circunstancias.
- Seiya tiene la armadura de bronce de Pegaso. Tiene 13 y es japonés. Fue entrenado aquí en el santuario y su maestra fue Marín de Águila…
- Quien recientemente fue tachada de traidora, verdad?
- Si y archienemiga de Shaina. No puedo decirte que Seiya es el más poderoso de los cinco porque no lo es, pero si el más terco – continuó Cassius – Después esta Shiryu con la armadura de bronce del Dragón. También tiene 13 años y viene de china. Fue entrenado en los cinco picos por el viejo maestro.
Shaka asintió. Sabía bien a quien se refería. El viejo maestro era una leyenda entre los dorados aunque él no lo conocía personalmente.
- De ahí sigue Hyoga de la armadura de bronce del Cisne. También tiene 13 y es de Rusia. Fue entrenado en Siberia por el caballero Crystal, que en paz descanse y Camus de Acuario.
Shaka volteó a ver a Cassius. Podía considerar a ese caballero muerto entonces porque Camus no perdonaría su traición.
- Y el ultimo?
- En realidad faltan los dos hermanos. Shun de la armadura de Andrómeda e Ikki del Fénix. De 13 y 15 años respectivamente. – dijo Cassius – Uno entrenó en la Isla de Andrómeda y el otro en la Isla de la Reina Muerte.
Shaka estuvo haciendo memoria. El tenía entendido que no había precedente de que alguien hubiera usado la armadura de Fénix antes debido al entrenamiento tan riguroso. El seria el más difícil de vencer entonces.
Cassius se quedó callado esperando que Shaka siguiera preguntando o quisiera alguna información más específica, pero eso no sucedió.
Shaka estaba haciendo sus propios planes. Tenía un conflicto personal. Obedecer fielmente al Patriarca al cual había jurado lealtad y acabar con los caballeros de bronce y la impostora de Athena, o mantenerse al margen y nunca poder recuperar a Shaina?
- Shaka… - dijo Cassius interrumpiendo sus pensamientos
- Dime
- No me has contestado. – preguntó – Donde esta Shaina.
Shaka guardó silencio unos segundos.
- No lo sé.
- Pero tu subiste a preguntarle al patriarca! Él lo sabe verdad?
- Es el único que lo sabe de hecho – dijo Shaka – De camino acá le pregunté a Phaeton y dice no haberla visto desde que le negó la misión que ella quería y a la cual tu y yo sabemos
- Entonces?
- No quiso decírmelo hasta no acabar con los de bronce- reconoció Shaka
- Pero tú puedes acabar con ellos tan solo con un dedo, no?
- Desde luego
- Entonces? Hazlo! Tenemos que traer a Shaina de vuelta! – insistió Cassius
Shaka percibió la desesperación en su voz y le dio lastima. Cassius parecía poder dar su vida por un amor no correspondido pero él también estaba preocupado. Arles había confesado que había utilizado su Satán imperial en Shaina y él lo había visto en acción con Aioria de Leo. Su cabeza era un caos. Necesitaba hablar con buda a solas.
- Cassius… trata de averiguar lo que puedas con los guardias. Si Shaina salió por su propio pie, si alguien sabe algo, lo mínimo, podrá ayudarnos bastante. – dijo Shaka – Yo no puedo ni debo hablar con ellos.
Cassius se levantó de un salto y asintió.
- Te contactare en cuanto sepa algo – dijo Cassius mientras corría hacia la salida cerrando la puerta estrepitosamente tras de sí.
Shaka suspiró y comenzó a meditar. Tenía que sacar todos esos malos pensamientos de su cabeza.
La madre superiora del Colegio del Convento de Santa Catherine se encontraba en su oficina firmando unos papeles para poder admitir nuevas alumnas, cuando tocaron a su puerta.
- Adelante.
Una de las monjas, la hermana María Constantine encargada de la dirección del colegio y de las novicias del convento, entró con actitud humilde.
- Madre, necesito hablar con usted.
- Pase y siéntese hermana. – dijo – Que puedo hacer por usted?
- Es la alumna nueva – dijo – Hoy he estado a punto de darle una buena azotaina.
- Hermana! De cual alumna me está hablando?
- La recomendada de Monseñor Salvetti, Shaina – dijo la monja retorciéndose los dedos nerviosa – Interrumpe la clase, se pone a hacer dibujos paganos en lugar de poner atención, se sube a los arboles con su uniforme a tirarle fruta a los que pasan del otro lado de la cerca, se ha saltado todas las clases de modales y etiqueta y se rehúsa a hablar en italiano.
La madre superiora no esperaba menos sabiendo su historia y de donde venía. El mismo Cardenal Salvetti junto a su amigo el Señor Arles le habían explicado la situación y su necesidad de que ella conociera otra ámbito que no fuera el de la agresividad y ella había accedido a tenerla aquí hasta que, alguien enviado por el Señor Arles con la contraseña que le había entregado en un sobre cerrado, fuera a recogerla.
- En donde esta Shaina ahora? – pregunto la madre superiora.
- Es la hora del recreo. Debe estar trepada en el nogal – dijo la monja en tono reprobatorio – No quiero que esa niña contamine a las demás. Tiene que hacer algo.
La madre superiora se levantó de su asiento.
- Es lógico que este confundida, rebelde y demás. Es casi dos años más grande que la mayor de las niñas – dijo – No sabemos cuánto tiempo vaya a estar aquí, así que debemos ser pacientes e intentar comprenderla.
- Pero…
- Hermana, hágame el favor de traerme tanto sus trabajos, como los dibujos etc. – ordenó – Yo hablaré con ella.
- Si Madre. – dijo la monja haciendo una pequeña reverencia saliendo de la habitación.
No habían pasado ni quince minutos cuando regresó la monja con Shaina detrás. Cuando entraron, la madre superiora tuvo que hacer un gran esfuerzo para no reírse: El cabello de Shaina alborotado y lleno de hojas, sus mallas blancas rasgadas como si se le hubieran atorado en los arbustos, su uniforme lleno de lodo y descosido y una sonrisa en su cara.
- Ve lo que le digo madre? – dijo la monja extendiendo una carpeta – No sabe comportarse!
Shaina iba a contestar algo para defenderse pero una severa mirada de parte de la madre superiora la hizo detenerse y callar.
- Déjennos solas hermana. Gracias.
La monja salió y se quedaron las dos solas.
- Siéntate Shaina – le dijo la madre superiora
- No, gracias.
- No te estoy invitando. Te lo estoy ordenando.
Un poco intimidada por el tono de voz, Shaina camino con la cabeza en alto, se alisó la falda del uniforme y se sentó frente a la madre superiora quien en silencio vio los papeles que estaban dentro del folder que le habían entregado. Lo que vio no le sorprendió. Dibujos de pegasos muertos, corazones rotos, mandalas, máscaras con diferentes diseños, varios diseños de dibujos para sus uñas, y todos ellos tenían dibujada sangre en algún punto.
Los trabajos que le habían puesto a hacer, los exámenes de aptitud, de memoria, de conocimientos, todos tenían notas perfectas… y dibujitos.
- Shaina…
- Si?
- Por qué no dejas de pelear contra ti misma?
- No puedo.
- 10 años en este convento, cientos de niñas pasando por mis manos… Eres una joven brillante. Puedo verlo aquí – dijo extendiendo las pruebas calificadas – Y en estos otros – dijo mostrándole los dibujos – la raíz de todos tus problemas.
Shaina miró los dibujos y dijo con insolencia cruzándose de brazos.
- Yo no veo nada. Solo unos garabatos.
La madre superiora le sonrió. No esperaba que fuera menos terca con ella que con las demás compañeras y maestras.
- Créeme Shaina que entiendo muy bien lo que estas sintiendo.
- No creo.
- Crees que la persona a la que más admirabas te traicionó, te sientes sola porque no has compartido con nadie tus dudas, tus preguntas, no tienes una mujer que te escuche y te aconseje…
- No – dijo Shaina apretando la mandíbula
- Sientes que tu mundo tan perfectamente planeado y estructurado se te vino encima por culpa de la regla de honor más sin sentido en la historia de la humanidad.
- Que... qué?
- Peor aún… tu problema creció tanto que ya no sabías como manejarlo y se te fue de las manos. Intentaste matarlo y no pudiste. Comenzabas a obligarte a amarlo cuando alguien más entró en tu vida.
- No es cierto! – Dijo Shaina asustada
La madre superiora volvió a sonreír pero esta vez había comprensión en su mirada.
- Y ese alguien comenzó a reemplazar tanto tus pensamientos sobre el primero, que cuando te vio el rostro ya no supiste que hacer con tu vida- dijo la madre superiora – Si Shaina. Lo sé. Te entiendo. Yo misma lo viví.
- Me estoy volviendo loca o qué? Quien carambas es usted?
- Yo también cometí el error hace once años de dejarme ver mi rostro. Pero yo estaba tan comprometida con mi deber de matrona, que lo asesine a sangre fría. Y sabes que sucedió?
Shaina movió negativamente la cabeza
- Mi mundo se derrumbó a mi alrededor. Fui entrenada para asesinar a los enemigos del santuario, no a un compañero que cometió un error.
- Pero…
- Pero yo creí que no tenía opción más que cumplir lo que creí que era mi deber por la regla de la máscara y resultó contraproducente. Mi conciencia no me dejó vivir con la muerte de ese pobre hombre y decidí entregar mi armadura. No merecía servir al Santuario. Vine aquí con el expreso propósito de ayudar a la humanidad y olvidarme de los hombres como castigo a mi error. Debí saber que tenía más opciones si seguía mis instintos.
Shaina solo parpadeaba incrédula sin poder articular palabra.
- No espero que me recuerdes Shaina, eras aún muy pequeña. Que tenías? 5 años cuando llegaste al santuario?
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- Y recuerdas quien fue la que te dio la bienvenida al recinto? La que te mostró donde dormirían, la que te presentó a tus compañeras de entrenamiento, la que te ayudo a adaptarte y precisamente la que te explicó la regla de la máscara?
Shaina hizo memoria. Después de que el gran maestro se las llevara al santuario a Geist y a ella, había una maestra que vestía toda de negro, tenía su cabello negro y su máscara tenia pintado los labios de rojo. Había sido extremadamente paciente con ellas, pero un día ya no volvió a verla. Las demás habían dicho que había muerto.
- Así es. – dijo la madre superiora viendo que Shaina la había reconocido – Allá fui conocida como Regina. Santo Femenino de la Viuda Negra.
