MISIÓN II

Durante el tiempo que esperaban obtener alguna señal de actividad del grupo de revolucionarios, Tokaku tuvo el tiempo libre. Mientras esperaba fue a los cuartos de tiros a practicar su punteria. No lo necesitaba, pero le servía para pasar el rato. Por supuesto podría arreglársela usando otro tipo de arma, como cuchillos, pero en esta situación ser silenciosa no era requerido. Al menos no del todo. Estiró su brazo derecho y apuntó, al cabo de unos segundos de visualizar el objetivo apretó el gatillo. Las seis balas que el arma traía impactaron directamente en el blanco, específicamente en la frente del muñeco.

— ¡Vaya! — Entró Kenta al cuarto. — Siempre me sorprendes.

— ¿Ya es hora? — Cuestionó Tokaku quitándose los protectores de sus oídos.

— No. — Negó e hizo un ligero movimiento de cabeza. — Aun nada, pero no creo que tarden mucho en dar la orden.

Tokaku parpadeó un poco. Estaba algo impaciente, pero lograba mantener el control. Volvió a recargar el arma.

— El clan Azuma es realmente sorprendente. — Volvió a decir Kenta acercándose un poco más a la asesina. — Yo no sería capaz de tener tan buen tino en poco tiempo, aun si practicara todos los días.

— ¿No sabes disparar? — Preguntó Tokaku y el chico contesto con un movimiento de cabeza. — Práctica. — Ordenó.

— No es necesario. — Replicó Kenta estirando un poco su mano hacia Tokaku.

— Si serás mi compañero, mínimo debo estar segura de que si llega a ocurrir algo, serás capaz de usar un arma decentemente. — Dijo y le dio el arma obligándolo a tomarla. Kenta hizo una mueca y la miro con las cejas arqueadas.

— ¿Confiarás en mí?

— No tengo de otra.

Kenta sonrió.

— Entonces… ¿puedo llamarte Tokaku-san? — El chico se aventuró a preguntar. La asesina no respondió y solo le dedicó una mirada furtiva. Eso respondía su pregunta.

Kenta estiró sus brazos tensándose un poco, cerró un ojo e intentaba apuntar. Con sus apenas trece años tenía la estatura de Tokaku y aun así sentía que no lograba estar a la altura del blanco, por lo que elevaba sus brazos más de lo necesario. Disparó un par de veces y la fuerza del arma provocó que retrocediera un poco. Las balas ni siquiera tocaron el círculo del objetivo.

— Es inútil. — Suspiró. — Definitivamente no es lo mío.

— No estires demasiado tus brazos, flexiónalos un poco. — Mencionó Tokaku seriamente. — Eres zurdo. Usa tu mano derecha como apoyo y sostén de la otra. No debes elevar los brazos, únicamente tu muñeca. — Indicó. — Tampoco cierres un ojo, necesitas ambos para visualizar todo el campo, además del objetivo.

— No creo que eso…

Tokaku lo interrumpió.

— Hazlo de nuevo. — Ordenó fríamente. Al chico no le quedo de otra más que acatar sus órdenes. Disparó dos veces más y esta vez las balas al menos tocaron el objetivo.

— Funcionó… — Murmuró el chico sorprendido. Para su mala suerte la lección no se quedaría ahí.

Por al menos cuatro horas Tokaku obligo al chico a practicar su tiro. Aunque Kenta intentara negarse era inútil cualquier argumento frente a Tokaku. Su avance era lento y no parecía mejorar demasiado, inclusive la asesina lo obligo a quitarse los protectores de los oídos.

— Azuma Tokaku-san. — Un señor uniformado entro al cuarto interrumpiendo la práctica. Ella se limitó a mirarlo. — El señor Kaiba la está buscando.

Por fin habían detectado actividad del grupo de revolucionarios. Tokaku y Kenta no tardaron en llegar a la oficina de Kaiba. En la entrada, Kenta se disponía a tocar, pero Tokaku se evitó el problema y entró abriendo la puerta de par en par. Kaiba estaba girado hacia la ventana detrás de él.

— ¿Qué tenemos que hacer?

— Bien. — Giró su silla hacia ellos. — Mozo Akija. Es líder de una pequeña división del grupo de revolucionarios, según la información que obtuvimos, se ha movido y se dirige a la casa de la familia Ohazaka.

Kenta llevó una mano a su barbilla. — Ohazaka… — Murmuró lo suficientemente alto como para que Tokaku lo escuchara. — Acaso… ¿no es la familia de genios en bioinformática médica? — Preguntó.

— Así es. — Afirmó Kaiba con una gran sonrisa. — Desde hace tres generaciones son líderes a nivel mundial en tecnología médica.

— Por lo que leí, la familia tiene dos niños pequeños. — Volvió a comentar Kenta, aquello explicaba el porqué de su interés en ellos. — Mataran a la familia y se quedaran con los chicos.

— En efecto. — Kaiba volvió a ponerse serio. — Es una familia que nunca ha recibido amenazas ni ataques, son respetados por sus grandes investigaciones y tienen una protección mundial tácita. Lo que significa que ningún otro gobierno tiene interés en ellos debido a que sus inventos benefician a todos.

— Los revolucionarios no respetan las reglas universales. — Kenta suspiró y sacó su celular revisando unas notas. — A pesar de su importancia, la familia no es tan esencial y no se encuentra en la lista de familias protegidas por Yuri-san.

— Tienen cuidado de no meterse en asuntos relevantes, de hecho puede que incluso todo esto sea plan de Yuri… — Comentó Tokaku.

— Yuri-san se encarga de todos los eventos del mundo, lo que haga o deje de hacer influye. Por ende el hecho de no interferir en contra de estos revolucionarios puede estar involucrado en alguno de sus planes. — Argumentó Kenta. Tenía mucha razón, con el grado de poder de Yuri el hecho de no detenerlos la hacía cómplice en cierta forma.

— Como sea, pensar en el plan de Yuri-san es una pérdida de tiempo, solo debemos centrarnos en nosotros. — Kaiba tomó sus dados y los apretó con fuerza cerrando su puño. — Tokaku… tu misión será detener a Mozo Akija y su grupo, antes de que estos tomen a los niños, incluso si los padres mueren no habrá gran problema.

— ¿A dónde tenemos que ir?

— Actualmente la familia Ohazaka vive en los suburbios de Tokyo.

El lugar tomó por sorpresa a Tokaku. Tokyo estaba algo lejos, tomando en cuenta que ellos se encontraban en la ciudad de Fukuoka en el extremo norte de la isla Kyushu y Tokyo en la isla de Honshu. Llegar ahí les tomaría en avión al menos tres horas y quizá tres o cuatro horas más en llegar a los suburbios. Sin tomar en cuenta el resto de la misión, donde podría ser que el grupo de Mozo apareciera al día siguiente o en una semana.

— ¿Cuándo partiremos? — Cuestionó Tokaku entrecerrando los ojos.

— Esta noche. — Declaró Kaiba y sonrió. — ¿Estás ocupada Tokaku?

Preguntó al notar que la asesina daba un ligero respingo. No era para menos, ya no tenía tiempo de ir a ver a Haru.

— No. — Contestó fríamente. — Estoy lista.

Kaiba apretó con fuerza el puño donde sostenía los dados, su sonrisa se expandía cada vez más.

— Perfecto. — Dijo. — Aquí estan sus pasaportes, el avión sale en una hora. Cuando lleguen a Tokyo los estarán esperando con las órdenes específicas.

En su escritorio, del lado izquierdo sacó de un cajón dos sobres donde estaban contenidos sus pasaportes. Kenta los tomó y verificó el contenido, todo estaba en orden, se inclinó a Kaiba y ambos salieron de la oficina, justo cuando Tokaku dio un paso fuera Kaiba la llamó.

— Tokaku… recuerda que ya no eres una niña. — Dijo y lanzó sus dados al escritorio. Ver su resultado lo hizo sonreír aún más, pero solo de medio lado.

La asesina no se molestó en contestar, no había ninguna necesidad y menos en ese momento, su maestro de por si siempre había estado loco. Llegaron al estacionamiento y Tokaku se llevó su auto al aeropuerto, desde luego su agencia se encargaría de que este se mantuviera seguro hasta su regreso o de lo contrario solo le darían otro.

— Azuma-san… — Llamó Kenta, esta solo lo miró. — ¿No llamaras a Ichinose-san?

— Aun no… hasta que sepa de qué va la misión con exactitud.

No quería que Haru se preocupara, así que desde luego ocultaría la mayor parte de la información, aunque seguramente su novia se quedaría esperándola toda la noche, aun a pesar de la discusión que tuvieron en la mañana. Ambos tomaron el vuelo y se dirigieron a la ciudad de Tokyo, estando más cerca de su primer gran encuentro con los revolucionarios, no podía esperar más por tenerlos de frente.

Gracias por sus comentarios (como siempre *-*) Espero que el capítulo haya sido de su agrado, aunque no contuviera romance :3….