Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer, simplemente estoy jugando con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.
CAPÍTULO 17
Bella
Temprano por la mañana bajé a tomar un desayuno ligero, mi abuela estaba conversando por teléfono con una de sus tantas amigas. Aunque no lo pareciera la abuela enloquecía por la moda pero menos que Alice, pues estaba criticando los vestidos del evento de la noche anterior.
Acompañé a mi abuela hasta su tienda y cuando llegó la hora me dirigí hacia la cafetería para encontrarme con James. Él ya estaba ahí y me recibió con un gesto relajado que me recordó a Edward, tuve que mover la cabeza para deshacerme de aquel vínculo.
—¿Has estado esperando por mucho tiempo? —cuestioné apenada.
—No, acabo de llegar —respondió, restándole importancia.
Nos sentamos en una de las mesas más cercanas y mientras nuestro pedido llegaba empezamos a conversar de trivialidades.
—Entonces… ¿eres la prometida del famoso Edward Cullen? —preguntó inesperadamente.
Lo miré con desconfianza. —¿Cómo lo sabes?
—Aunque soy de California estoy trabajando en Los Ángeles —asentí con cuidado, por supuesto que sabía sobre mí y Edward.
—Así es —confirmé su pregunta, sin decir mucho y condenarme a una posible nota amarillista.
—¿Qué se siente vivir con un famoso? —su tono fue burlón pero lo ignoré para ponerme a la defensiva.
—Edward no es de otro mundo —respondí, era un hombre completamente espontaneo con los que lo rodeaban, aunque me tomó darme cuenta de aquello—, es un hombre sencillo, sus padres lo han enseñado a ser así.
Aunque al principio creí que era un egocéntrico actor sabía que no lo era.
—Siempre me he preguntado cómo es que puede con su fama —James comentó.
—Francamente, tampoco lo sé —dije, encogiéndome de hombros.
—¿Lo extrañas? —preguntó, tomándome desprevenida. Balbuceé un poco antes de aceptarlo, él lo noto y me sonrió—. Apuesto a que él también lo hace.
Quería imaginarme que lo estaba haciendo, relajé mi postura y cambié el tema.
—Cuéntame, ¿cuál es tu área de trabajo?
Sonrió con orgullo mientras me contaba sobre los eventos importantes en los que había estado pero pareció más espontaneo cuando me habló de los paisajes que había visto en sus cortos años de carrera.
—Espero que no vayas a decirle a la prensa lo que estamos platicando —comenté jugando con él cuando me contó sobre su trabajo temporal en una revista de entretenimiento.
—Para empezar el evento que tenía que cubrir fue el de ayer, y segundo realmente aprecio tu confianza más que unos cuantos dólares —sonrió de lado.
—Si el evento fue el de ayer, ¿por qué sigues en Forks? —indagué, con curiosidad.
—Ese era el plan original pero tengo que cubrir el festival del garbanzo también —reveló.
Arrugué mi frente. —¿Por qué a una revista de entretenimiento le interesa saber sobre las tradiciones de Forks?
James soltó una carcajada. —Eres una mujer realmente desconfiada.
—Prefiero cautelosa y aún no me has respondido —puntualicé.
—Realmente sólo recibo órdenes y las cumplo, si quieren que me meta en el baño de Ricky Martin tengo que hacerlo —inquirió divertido, me relajó un poco con su respuesta. Después de un corto silencio el volvió a hablar—. Me gusta charlar contigo, me recuerdas a mi madre, se parece a ti físicamente y también era cautelosa.
Me sentí extraña y estaba entre sentirme halagada o perturbada. No me quería equivocar al suponer que su madre estaba muerta pero era lo que me dijo con su expresión.
—¿Tu madre...? —dejé la frase inconclusa cuando él asintió.
—Sí, murió —manifestó—. Y desde eso no dejo de hacer estupideces, soy un idiota pero ya te habrás dado cuenta de eso.
El no parecía estar consciente de lo profundo que estaba diciendo, aguardé en silencio por respeto pero sintiéndome conmovida también. Yo tenía a mi madre, aunque constantemente me metía en embrollos pero la tenía, así que no podía imaginar lo difícil que sería perderla.
—¿Lo ves?, me das tanta confianza que termino llorando como un loco —bromeó sin gracia.
—Eso no es malo, eres un ser humano —indiqué.
—Es muy malo en realidad, no deberías agradarme tan rápido, creo que he perdido el juicio porque me gustaría verte de nuevo —confesó—. Como amigos.
—Igual a mí —coincidí con una pequeña sonrisa.
Cuando observó la hora se despidió de mí y me acompaño hasta la tienda de mi abuela, que no estaba lejos de la cafetería y sugirió vernos por la noche para seguir conversando. Él quería ir por unos tragos y prometió no emborracharme así que acepté su invitación.
Me pidió una dirección para pasar por mí y luego nos despedimos. Cuando observé lo mucho que me ayudó conversar con alguien para olvidar mis problemas James comenzó a agradarme mucho más.
«•»
James llegó por mí unos minutos antes de lo acordado, mi abuela se sorprendió de saber que saldría por la noche pero no lo impidió, únicamente pidió que tuviera cuidado.
El bar quedaba en el norte del pueblo, tenía el típico estilo de los bares, construida en madera de roble, con todo el mobiliario de diferentes tipos de maderas y una televisión pasaba un juego deportivo mientras un barman hacia malabares con las botellas.
—¿Qué te gustaría beber? —me preguntó James.
—Creo que una cerveza estará bien —respondí.
James le ordenó al barman nuestras bebidas y espero por ellas, después caminamos hacia la parte final del bar y encontramos una mesa disponible.
—A todo esto, ¿por qué estás en Forks? —cuestionó.
Le di una mirada llena de obviedad. —Creo que tú lo sabes.
—Ah, sí, la infidelidad —comentó.
—Sí bueno, tuve una discusión con Edward por ello. ¿Viste las fotografías? —él asintió bajando la mirada—. Él creyó todo eso sin dejarme explicárselo, creí que lo mejor era darnos un poco de espacio.
—Pero es tu prometido, eres desconfiada pero se ve que eres sincera.
—De cualquier manera, esa es una de las razones por la que estoy aquí, para pensar si nuestra relación tiene futuro —dije, recordando la cláusula que había cambiado y nuestra inminente boda.
—Se ve que lo amas, desde un principio de dejaste claro sobre tu compromiso —reí un poco—. Lo siento, pero es un verdadero idiota.
Suspire. —Pero amo a ese idiota.
—Entonces, espero que se arreglen las cosas entre ustedes.
—Yo también.
Edward
Estaba nervioso, no podía evitarlo. Me encontraba en la cocina sentando en uno de los bancos mientras la señora Marie Swan me miraba por el rabillo del ojo mientras preparaba una taza de chocolate.
—No deberías estar tan nervioso —sugirió—. Tienes que ser valiente.
Eso no ayudó mucho, mi ansiedad ante la aparición de Bella sólo crecía con el paso del tiempo.
—Ella llegara en poco tiempo —indicó, como si leyera mis pensamientos—. Salió a un bar, con un amigo.
Sentí como mis cejas se arqueaban ante la respuesta de la señora. ¿Con un amigo? No me permití seguir pensando porque Marie interrumpió mis pensamientos.
—No estarás pensando sobre infidelidad, ¿cierto? —negué rápidamente, era extraño que esa dulce señora me diera miedo—. Bien, porque no es así, ella le ha dejado claro a ese chico que está comprometida; soy testigo de ello.
Sonreí porque Bella le había dejado claro a ese chico que ella era mi prometida. Todo el mundo tenía razón, no debía de reaccionar como si desconfiara de Bella, ella no se había puesto a reclamarme precipitadamente sobre las chicas que se me acercaban.
—Me contó sobre su discusión —comentó.
—Yo…fui un idiota, lo acepto, le creí a la prensa antes de escucharla.
Sonrió dulcemente pero no baje la guardia. —Bella te quiere mucho, si le explicas que te has dado cuenta de tu error ella podría darte una oportunidad. Además tienes que pensar antes de actuar, habrá más discusiones y no puedes reaccionar impulsivamente —aconsejó.
—He cometido tantos errores que no sé si aceptará escucharme.
—Lo hará, mi niña no guarda rencor en su corazón.
La señora Marie tenía una reunión con unas vecinas por lo que tenía que irse, supliqué porque Bella volviera pronto o tendría que irme y regresar al otro día. Estaba por irme cuando escuchamos un automóvil detenerse frente la casa. Mi pulso empezó a elevarse rápidamente a la espera de saber si era Bella.
Y lo era. Antes de entrar, el hombre que lo acompañaba le dio un rápido abrazo como despedida haciéndome sentir enfermo. Recordé sobre la confianza y me relajé.
—Suerte chico, las mujeres Swan somos más difíciles de lo que crees —murmuro la señora tomando su bolso. —Me debes un autógrafo, por cierto —añadió antes de dirigirse a la salida.
La escuché abrir la puerta pero no cerrarla.
—Cariño, olvidé decirte que iré a cenar con unas vecinas, no lo mates cariño —sugirió.
—¿Qué no mate a quién? —preguntó Bella.
Suspiré cuando la dulce voz de ella llegó a mis oídos. La señora hizo el favor de abrir la puerta, lo suficiente para que Bella se percatara de mí. Su mirada fue de confusión y sorpresa.
—Nos vemos, Edward.
—Hasta luego, Marie —me despedí educadamente.
Bella
Fui consciente de que mi abuela se había marchado. Me mantuve como una piedra por algunos minutos más, asimilando que Edward estaba a unos metros de mí. ¿Cómo me había encontrado? ¿Quién le había dicho?, tenía algunas dudas rondando en mi mente.
—¿Qué haces… aquí? —balbuceé, avanzando hacia la sala y depositando mi bolso en el sillón.
No podía controlar mis pensamientos negativos, tal vez por la pelea que habíamos tenido, pero estaba esperando más reclamos de su parte.
—Si vienes aquí para gritarme, sinceramente no tengo ganas —advertí, sorprendiéndome de la seguridad que tenía en mi voz.
—No vengo a reclamarte —replicó con rapidez—, eso es lo que menos quiero. Sólo quiero hablar contigo. Te fuiste, de alguna manera me abandonaste.
¿Cómo explicarle que no le había abandonado? Sí, estaba a kilómetros de distancia de Los Ángeles pero por nuestro bien.
—Necesitábamos espacio, y eso es lo que te di —expliqué, sin saber cómo definir el hecho de tomar un avión a un lugar poco conocido y sin avisarle a nadie—. Nunca te dejaría de esa manera, además tenemos un contrato.
—Bueno, sólo me dejaste una maldita carta ¿qué se supone que pensará? ¡Estaba tan preocupado! —comentó enérgicamente—. ¿Y por qué sacas el tema del contrato? hace tiempo que perdió validez para mí. A menos que sólo sigas conmigo por ese papel —me miró con desesperación—. Sé que me equivoqué al desconfiar de ti y al tratar de ignorar la situación pero francamente no sabía qué pensar y hacer. Hablé con Black y me hizo ver lo idiota que fui. Lo miré con sorpresa
—¿Preferiste hablar con él antes que conmigo? —le reclamé con sorpresa.
—Sé que fue una mala idea.
Por supuesto que lo había sido. Estaba empezando a enfadarme con él.
—Si eso es todo, debes irte —intenté mantenerme tranquila.
—No es todo. Tenemos que hablar de nosotros.
Cuando mencionó sobre nosotros, perdí momentáneamente mi equilibrio. ¿Acaso aún existía un nosotros?
—Ya te aseguré que no te he dejado y que seguiré fingiendo ser tu prometida —aclaré, nuevamente.
—Perdóname por no creerte y escucharte, sé que soy un egoísta y que mereces a alguien mejor pero no puedo estar sin ti, estos días han sido un completo desastre. No soporto siquiera la idea de perderte.
No estaba preparada para sus palabras por eso sentí cómo la sangre abandonó mi cuerpo. ¿Él realmente me necesitaba? Sus palabras hacían difíciles las cosas, primero me hiere y después habla sobre sus sentimientos. Estaba pidiendo demasiado porque no podía fingir que las cosas serían cómo antes.
—Pides demasiado —puntualicé, mirándolo con tristeza—. Me heriste mucho al dudar de mí. ¡Nunca te he dado motivos para hacerlo! —sentí mi respiración volverse difícil y la frustración crecer—, y ahora estás aquí pidiendo disculpas. Tengo unas ganas terribles de…
Tomé un respiración profunda cuando el enojo apareció, incluso miré lejos de Edward.
—¿Qué? ¿Quieres golpearme? —odiaba cuando él leía tan bien me lenguaje corporal—. Hazlo, ¡golpéame!
No me consideraba una persona violenta pero quería desquitarme, nunca antes había sentido como mis emociones se mezclaban y me confundían. En el fondo sí quería golpearlo por desconfiar de mí, pero no estaba preparada para la motivación de su parte para hacerlo.
—No —solté anonada.
—Hazlo, me lo merezco —negué efusivamente—. Bella, hazlo.
—¿Eres masoquista o qué?
Se acercó rápidamente y tomó mi cara entre sus manos; su acto me sorprendió bastante.
—Cariño, está bien, te sientes enfadada y me lo merezco —me tranquilizó.
No lo quería tan cerca de mí, sentía que lo terminaría perdonando. Oh, ¿por qué actuaba tan lindo y comprensivo?
Quería sacar mi frustración y el enojo por lo que sentí mi cuerpo moverse por sí solo, alcé mi mano en un puño y lo estampé en su cara. ¡Se sintió tan bien! por el ataque de adrenalina y demás, pero cuando me di cuenta de lo que había hecho me sentí totalmente culpable con Edward, aparte de que la adrenalina desapareció haciendo que mi puño doliera horriblemente.
—Edward, lo siento tanto, yo…
—¡No! —Edward chilló, deteniendo mi parloteo—. No te disculpes o tendrás que volver a golpearme y créeme, no soy tan masoquista.
Suspiré con alivio. Después de la escena dramática, me sentí más tranquila. Caminé hacia la cocina y tomé un par de hielos de la nevera, lo coloqué en un trapo y cuando volví a la sala se lo coloqué en su mejilla. Probablemente ni siquiera había sentido mi golpe pero su piel estaba algo enrojecida.
—Fue un buen gancho —Edward sonrió con mucho cuidado.
Quise sonreír también pero sentía que aún faltaba más que explicar.
—Entonces… ¿cómo supiste dónde me encontraba? —inquirí.
—No puedo decirte —mencionó mirando hacia el suelo.
No tenía que decir nada, en realidad estaba segura de quién había sido y lo sabía porque también tenía una mejor amiga que haría lo que fuera para ayudarme. Sin embargo, sentía pena por Jasper.
—Has metido en problemas a Jasper y no exactamente conmigo, Alice lo hará sufrir.
Me miró con desconcierto y trato de negar que había sido Jasper para salvarlo. No es que estuviera enojado con su mejor amigo, era cierto que no le correspondía decirle nada a Edward pero creo que en el fondo se lo agradecía.
—Realmente no fue su culpa, no tuvo de otra, casi lo obligué —explicó Edward, lo miré reprobatoriamente.
—No importa. Regresando a lo que estábamos, no puedo perdonarte de la noche a la mañana.
—Lo entiendo. Al menos ¿podrías darme una oportunidad? —tomó mi mano y suplicó.
Algunas lágrimas estaban listas para salir por lo que parpadeé rápidamente. No estaba segura de si se lo merecía o no pero temía que no supiera aprovechar la segunda oportunidad y realmente me aterraba que termináramos peor.
—Edward…
—Tal vez no merezco otra oportunidad pero si me la das juro que no la desaprovecharé y haré todo lo que pueda para ganarme tu perdón. Será como empezar de cero.
Se escuchaba prometedor, al menos para mí.
—Supongo que…—suspiré y sintiéndome más dispuesta asentí—. Sólo una oportunidad —accedí con una pequeña sonrisa.
¡Hola! Hoy es mi cumpleaños y el regalo es para ustedes, ya lo tenía listo antes de salir de vacaciones pero tuvimos que viajar antes y esto en un pueblito, es lindo pero no hay civilización, estoy subiendo el capítulo en mi celular, si leen ésto es porque funcionó.
Gracias por los favoritos, alertas, pm, los leo pero por celular no los puedo responder, la próxima semana los responderé :D, nos vemos.
