Capítulo veinticuatro
-¿Cuándo terminarán de afinar ustedes dos?
Christian finalmente despotricó contra los dos músicos que había encontrado a unas calles de la casa de Roxana, en lugar de Cyrano y Canelle. Haciendo uso de toda su paciencia había soportado como afinaban sus instrumentos cada minuto que se retrasaban quienes ya deberían haber llegado.
-¿Y quien dice que nuestros instrumentos aún no están afinados?- respondió desdeñosamente uno de los artistas -Solo estamos improvisando, ignorante.
-Ignorante te dejaré a golpes.- amenazó el muchacho cerrando el puño.
Ambos músicos se pusieron frente a él en una pequeña barrera intercambiando miradas fieras con aquel insolente inculto.
Christian dio un paso hacia delante.
-Me pareció que tenían prohibido dejar de tocar.
Los artistas parecieron encogerse al escuchar la imperativa voz de Cyrano de Bergerac a sus espaldas, voltearon asustados solo para encontrarse con una atemorizante mirada de reprobación del hombre, no notaron siquiera que había junto a él una chica que los miraba totalmente confusa con unos ojos bastante enrojecidos.
Pero Christian sí la notó, acostumbrado ya a las fanfarronerías de su compañero buscó con la mirada a la tramoyista que debía haber llegado con él, listo a reclamarle porque seguramente el retraso era por culpa de ella. Bajó toda guardia al ver en su rostro todos los claros signos de un intenso llanto.
Los músicos comenzaron a tocar sus instrumentos con premura y alarma cuando Cyrano avanzó su pie derecho hacia ellos, Canelle sonrió inevitablemente mientras Cyrano se paraba con complacencia junto al muchacho rubio que lo interrogaba con la mirada.
-Los gané en una apuesta, serán míos por un día, comenzando en la hora de nuestra cita.- explicó Cyrano con orgullo.
-A la cual llegaron retrasados.- dijo Christian tras fruncir los labios.
-Perdona, es mi culpa.- se adelantó Canelle con la cabeza baja -Pero no hay que perder más tiempo.
Sin levantar la mirada comenzó a caminar, sumida en sus pensamientos. A los demás no les quedó más remedio que seguirla sin comentarios ni preguntas.
Con un fuerte golpe al aire Cyrano le indicó a los músicos que callaran, se acercaban a su destino y en voz baja explicó rápidamente el plan a seguir.
-Christian.- el muchacho estaba cada vez más nervioso -Cálmate, en realidad no haremos nada demasiado diferente a lo que hacemos siempre. Llamarás a la ventana de Roxana y yo te iré dictando en voz baja lo que debes decir.
-¿Ese es su graaan plan?- se quejó el rubio con sarcasmo. -¿Y ellos qué?- señaló desdeñosamente a los músicos.
-Ustedes… ustedes…- Cyrano los miró inquisitivamente, pero finalmente interrogó con la mirada a Canelle.
-¿Podrían tocar algo para distinguir si se acerca un hombre o una mujer?- preguntó Canelle, completamente dueña de la situación.
-Un aire alegre si es una mujer, y uno triste si es un hombre.- completó Cyrano, los músicos asintieron sumisamente.
Tras recoger unas piedrecillas y entregárselas a Christian, Cyrano se escondió bajo el balcón y Canelle se subió a un árbol, completamente resguardados por la oscuridad que terminaba de rodearlos.
Los músicos se acomodaron en ambas esquinas de la calle.
El muchacho rubio miró a su alrededor, y la ventana del balcón que daba al cuarto de Roxana se iluminó.
Christian dudó unos momentos antes de arrojar con cuidado las piedrecitas hacia la ventana de Roxana. La hermosa cabeza rubia se asomó instantes después, con una ilusión inmensa reflejada en sus ojos.
-¿Quién es?- preguntó en un murmullo ansioso -¿Quién me llama?
-Christian.- respondió el joven muerto de miedo, Roxana brillaba bajo la Luna llena, más hermosa que nunca.
Para desencanto de todos, la muchacha cambió rápidamente la sonrisa angelical que se le escapó al escuchar tal nombre por el ceño fruncido.
-Así que habéis vuelto. ¿Y vuestro amor ha vuelto también? ¿Ha traído vuestro ingenio consigo?- preguntó petulante, mientras Canelle reprimía un gruñido: con que la nena se pondrá difícil.
-Hemos vuelto los tres, solo para serviros.- repitió Christian lo que Cyrano comenzó a dictarle en susurros, bajo la gran nariz se dibujó una sonrisa: "los tres solo para serviros" era la pura verdad.
-La última vez que nos vimos, no pudiste hilar ni una sola frase bella, eso solo significa que ya no me amáis.
-¡Cielo divino!- exclamó Christian con un poco más de seguridad -¡Culparme de no amarla, cuando al mirarla no acerté siquiera a pronunciar palabra!
La rubia sonrió un poco, complacida -¡Vaya! Comienza a escucharse un poco mejor.
-Pero este amor que ha crecido dentro de mi alma como un niño en una cuna, ha crecido lo suficiente para sofocar las dos serpientes de mi alma: el orgullo y la duda.
Roxana casi da saltitos de gusto al encontrar recuperada las bellas palabras que tanto se encapricha en escuchar. Lo único que encontraba extraño era que fueran pronunciadas tan lentamente. Bueno, tal vez era falta de práctica, el tiempo lejos de Christian le habían parecido años.
Christian por su parte, luchaba por entender los susurros apenas audibles de Cyrano, antes de poder repetirlo con su mayor pericia (que como todos sabemos, no era mucha).
Los delicados brazos de la doncella se recargaron sobre el barandal del balcón. -¿Porqué replica tan despacio tu voz a la mía?- preguntó con ensoñación.
La expresión de terror que se mostró en el rostro del muchacho alarmó a Cyrano, y antes de que Christian tuviera tiempo de echar todo a perder, aprovechó que Roxana miró un momento al cielo enfadada con los densos nubarrones que acababan la Luna, para meterlo debajo del balcón y ocupar su lugar.
Canelle tragó saliva, el asunto se estaba complicando mucho.
El pobre Christian se quedó bajo el balcón pensando todo tipo de insultos hacia su "amigo".
Envuelto en la capa y cubierto por el sombrero, el cambio apenas se hubiera distinguido para el más agudo observador.
-Decidme, ¿porqué titubeais?- preguntó Roxana tras despedirse de la Luna con un suspiro.
-No es que titubee.- dijo Cyrano, adueñándose de la situación -Lo que ocurre es que en una noche tan oscura mis palabras van a tientas buscando vuestro oído.
-¿Y cómo es que las mías no hallan esa dificultad?
-Es muy sencillo: sus palabras llegan directo a mi corazón, y mi corazón es tan grande, mientras vuestro oído es tan pequeñito. Además, vuestras palabras descienden, las mías suben y es normal que lleven algún retraso.
-Pues parece que ahora llegan más deprisa.- comentó Roxana, encantada.
-Ya se han acostumbrado a la subida.- sonrió Cyrano.
-En realidad nos encontramos lejos, ¿cierto?- dijo Roxana suavemente, deseando acortar la distancia lo más pronto posible.
-Tan lejos que si dejarais caer una palabra dura, rompería mi corazón en mil pedazos.
-¡Entonces bajaré!- exclamó la joven emocionada incorporándose del barandal.
-¡No!- exclamó Cyrano, casi secundado por los otros dos adultos.
-¡Entonces sube tú!
-¡No!- repitió, alarmado.
Extrañada, Roxana preguntó la razón de semejantes negativas.
Cyrano respondía cada vez más emocionado.
-¿Acaso no os parece deliciosa esta situación? No nos vemos, pero en la oscuridad nos adivinamos y nos amamos. Vos no veis sino la negrura de mi capa y yo la blancura de vuestra túnica.- Se le iba el corazón en cada palabra, en cada letra, aquello era lo que había anhelado siempre -Vos, dulce señora, no podéis imaginar lo que son para mi estos instantes. Si alguna vez fui elocuente…
-¡Lo fuiste!- interrumpió Roxana enternecida.
-¡Ah, señora! Jamás hasta ahora pudieron salir de mis labios tan amorosas palabras.- lo decía, por fin lo decía y se lo decía a ella -Esto me parece tan nuevo.
-En verdad que no parece ni siquiera que tu voz sea la misma.- dijo Roxana con toda inocencia, aunque no sospechaba nada, le hizo recordar a Cyrano que solo interpretaba un papel más.
-¡Tenéis razón, señora!- exclamó tratando de ocultar su decepción -Escudado por la noche, me atrevo al fin a ser yo mismo, a ser…- una terrible pausa le hizo recuperar la realidad por completo, sin quererlo había estado guiando sus palabras a descubrirse ante la única dueña de su amor, y así terminar con la felicidad de ambos… de los tres.
-¿Dudáis de nuevo?- preguntó Roxana sintiéndose un poco decepcionada.
-Dudo y temo.- respondió Cyrano, cerrando los ojos con furia, rebobinando el hilo del engaño -Temo de ser sincero, es por ello que he derrochado poesía e ingenio por agradaros, Roxana mía. Y ahora os ruego que me eximáis de usar tal ingenio, pues cuando se ama de verdad no hay pretexto que justifique esa esgrima verbal. En amor, dulce Roxana, tiene más mérito la sinceridad que la bella palabra.
Las manos de Canelle hicieron temblar un poco las ramas no tan gruesas de las que se sostenían, no podía creer lo que escuchaba: Cyrano despreciando la poesía y mostrando que lo verdaderamente importante para él era el amor sincero, sin adornos ni rebusques. Era Cyrano mostrándose tal cual, sin las ataduras del orgullo ni la presunción, solo su más pura verdad, como ella lo miraba siempre, como deseaba que todos lo miraran y conocieran lo verdaderamente admirable en él.
-¿Y si os eximo de usar vuestro ingenio y preferís hablarme con esa llana y aburrida franqueza, ¿qué me diréis?- preguntó la rubia un poco recelosa, estaba regresando a la razón por la cual se había enfadado con Christian días atrás, ¿cómo podía pedirle ahora que renunciara a las palabras bonitas?
Cyrano decidió ignorar la mala señal de que la joven había dejado de tutearlo y decidió que ese era su momento, que solo debía tener cuidado de no delatar el engaño, y podría seguir desahogando su alma de toda la pasión que la ahogaba.
-¡Os diré que os amo! ¡Os adoro!- exclamó con toda su alma -Y os juro que no es un amor egoísta. Por vuestra felicidad soy capaz de dar la mía, aunque supiera que vos no lo supierais nunca, si gracias a mi sacrificio toda la felicidad que me correspondiera en la vida llegara a ser vuestra. ¡Es excesiva mi suerte! Hablaros y que me escucháis. ¿O acaso lo estaré soñando? ¡Mis palabras han logrado el milagro de conmoveros! ¡Habéis temblado al escucharme, y yo he percibido vuestro temblor, que ha descendido a lo largo de las ramas de jazmín!
Una lágrima se escapó del ojo de Canelle, mientras miraba a Cyrano tomar entre sus dedos una rama de jazmín y besarla con pasión y total entrega.
"¡Basta!" pensó desesperada "¡Estás diciendo demasiado! ¡Te estás involucrando demasiado!"
-¡Tiemblo conmovida, porque yo también os amo!- vino a rematar Roxana.
-¡Puedo morir tranquilo ahora, puesto que he logrado oír de vuestros labios esa frase!- dijo embriagado -Ahora solo puedo pedir…
-¡Un beso!
La escena pareció congelarse, la voz de Christian quien se había quedadu oculto y callado, fascinado sabiéndose legítimo dueño de todos los sentimientos de Roxana, acababa de pedir un…
Roxana desvió la mirada, apabullada y un poco ofendida. ¿Así que todo esto era para robarle el primer beso?
-Perdonad mi atrevimiento.- se disculpó Cyrano titubeante, la chica ahora no lo miraba, y el chico sí, rogándole por el susodicho beso.
Afortunadamente, en ese momento comenzó a sonar desde la esquina una tonada alegre… ¿o una triste? ¿Porqué cada laúd tocaba algo distinto?
Roxana, al mirar al hombre bajo al balcón pasear su vista buscando quién podría acercarse, aprovechó para desaparecer dentro de su habitación y apagar la luz, con lo que Christian y Canelle salieron de sus escondites de un salto y miraron acercarse por la calle a un fraile capuchino, llamando a todas las puertas con la mano libre de sostener una linterna.
-Tonto, tan bien que iba.- susurró Canelle desdeñosamente mientras se acercaban los tres al capuchino para averiguar que lo traía por esos rumbos. Christian respondió con una mirada asesina.
-Estoy buscando la casa de Magdalena Robin, buenas personas.- explicó el fraile, titubeando ligeramente al mirar a una joven vestida con ropas de hombre y encima acompañada por otros dos caballeros.
Christian puso cara de no comprender nada y Canelle puso cara de susto al sentir que se les venía el tiempo encima. Mientras con toda naturalidad Cyrano le dio indicaciones equivocadas al religioso haciéndolo partir.
-Por favor, por favor, por favor, consígueme ese beso!- suplicó Christian humillantemente mientras regresaba cada uno a su puesto.
Cyrano suspiró: el mentado beso llegaría tarde o temprano, pero preferiría no estar presente para presenciarlo. En esos momentos, toda la dicha de declararle su amor a Roxana se desvanecía irremediablemente al comprender que al final, quien probaría los vírgenes labios de la dama sería Christian, y por el único mérito de ser bello.
Canelle por su parte, dejó de refunfuñar por la imprudencia de Christian cuando la ventana de la manzana de la discordia volvió a iluminarse y se abrió la puertecilla al balcón, ligera y resuelta volvió a salir.
-¿Sigues ahí?-preguntó en voz baja.
-Sigo aquí.- respondió Cyrano sin vacilar.
-Y me estabas hablando de un…- titubeó ella -… de un…
-De un beso.- concluyó Cyrano imprimiéndole seguridad al asunto, o se volvería interminable -¡Qué dulce sonaría de vuestra boca ese vocablo que no osáis pronunciar! ¡Sed generosa y venced vuestro temor! ¡Yo os amo!
"Bang" pensó Canelle al darse cuenta de que Cyrano había recuperado la sangre fría mientras sus ilusiones agonizaban en el suelo a su alrededor.
-Porque al fin y al cabo, ¿qué es un beso?- continuó Cyrano encantadoramente seductor -Un juramento hecho más cerca, una declaración que se confirma, un instante que tiene algo de eterno y te permite respirar por un momento el alma del otro.
Roxana suspiró profundamente desde su balcón cediendo finalmente, delicadamente invitó a su amado a subir junto a ella.
Canelle reaccionó imitando el maullido de un gato en celo como mejor pudo, haciendo a Roxana desviar la mirada para que Cyrano y Christian volvieran a cambiar de lugar, y le soltara un golpe seco en la cabeza al verlo medio paralizado.
Ahora el muchacho no estaba seguro de querer conseguir tal beso.
-¡Venid a tomar este juramento! A confirmar esta declaración.- urgía Roxana con voz dulcísima.
Christian miró aterrado a Cyrano, quien mostrándole el puño amenazantemente por fin lo convenció de subir, trepando por el tronco del árbol que alcanzaba las ramas de los jazmines hasta llegar a sentarse en el barandal del balcón.
Solo se escuchó un breve "Te amo", silenciado por aquel instante con tintes de eternidad.
Por fin hemos llegado a la mitad. En el capítulo anterior llegamos al final del primer acto de El Fantasma y en este capítulo hemos llegado a donde generalment se pone el intermedio en las producciones de Cyrano.
¿Qué tal ha quedado?
Le Bret: (el único que encuentro al voltear) ……
Lexell: o.o ¿Y los demás?
Le Bret: No están nada contentos contigo.
Lexell: T_T Pero es que TENÍA que hacerlo, a mi tampoco me hace muy feliz
Le Bret: Pues habrá que convencerlos
Ehmmm… bueno, voy a consolar a los musos… hasta el próximo capítulo.
