Sam, recostado sobre la cama de una plaza y disfrutando la solitud del cuarto de motel, dio vuelta la última página a la novela que estaba leyendo. Hace meses había comprado el libro. Hace meses, también, trataba de terminarlo. Pero siempre que estaba a punto de continuar con el siguiente párrafo, algo ocurría. Bobby llamaba con la información que habían pedido hace algunas horas o Dean lo sacudía balbuceando algo sobre una caza o Cas se materializaba como si nada, o (¡incluso!) recibía un mensaje de texto de Becky diciéndole cuan perfecto era. Pero nada de ello tenía importancia ahora porque finalmente Sam posaba sus ojos en la última de las páginas. Estaba tan emocionado que hubiese podido llorar.

Sin embargo, no fueron precisamente lágrimas de felicidad las que desfilaron por el rostro del menor de los Winchester. Muy al contrario, otro líquido, mucho menos deseable, apareció como rocío mañanero en su frente, cuando sin aviso previo, una mano lo agarró del cuello, expulsándolo de la cama y poniéndolo en pie. La novela salió volando de sus enormes manos para caer bajo la otra cama.

"¡Wiiiinchesteeeer! ¡Firme!" gritó Gabriel, sujetando al gatito bajo un brazo, con el otro, hizo el saludo militar, que completaba su uniforme, su espalda más recta de lo habitual. Era una pose hecha para impresionar pero debido a la diferencia de porte entre él y Sam, el efecto se veía amortiguado. Aunque, por supuesto, el elemento sorpresa hizo que Sammy viese estrellas y unas gotas de sudor nacidas del puro pánico rodaran mejilla abajo. Gabriel disfrutó eso.

Una vez recobrado el equilibrio, Sam se quitó de encima la mano de Gabriel con urgencia, el asombró en su rostro reemplazado por el terror y después, la determinación. Sam estiró la mano por debajo de la almohada y tomando con firmeza la navaja de Ruby, la blandió en dirección al intruso, dibujando un arco que por poco roza el estomago de Gabriel, quien en un parpadeó se materializó a unos metros más allá, lejos del afilado metal.

"Woa— ¿con que desobedeciendo a tu superior, Winchester?" bufó aireado Gabriel, con una mano en el pecho, en dolido ademán aunque un sonrisa picara se dibujó en su rostro. El gatito había huido de la trifulca, dando un salto para esconderse bajo la mesa de café. Una mesita de café cuya superficie era de vidrio. No era una muy buena guarida, la verdad sea dicha.

"¡Qué eres!" demandó Sam, dando un paso al frente, sin dejar de apuntar con la cuchilla al supuesto arcángel.

"Ay, ay, ay. Me ofendes, Sammy. Soy yo, el único e inigualable, Gabriel"

"No. Gabriel esta—"

"Muerto. Si, ya. No sabes cuantas veces he oído eso, Sam-ey" dijo Gabriel, sus ojos dorados brillantes y alegres, completamente desinhibido a pesar de la parada tipo 'no te muevas o te mato' de Sam. Gabe se puso en cuclillas, alargando los brazos para coger al engrifado gato café oscuro de debajo de la mesa. Solo entonces el menor de los Winchester notó al animalito de enormes ojos azules...una idea de formó en su brillante genio…no, no podía ser.

Y entonces, Gabriel dijo en tono dulzón: "Shhh, shhh, está bien Cassie. No dejaré que este mono enorme te haga daño".

Sam bajó el brazo y abandonó su postura de ataque, la cuchilla cayó al suelo, el sonido metálico chocando contra la madera se mezcló con el gruñido áspero de Cas, quien intentaba por todos los medios liberarse de Gabriel.

"¿C—cas?" susurró apenas Sam. Un humano gigantesco hablándole por lo bajo a un gatito. Gabriel rió para sus adentros; no dejaba de tener gracia.

"Hola, Sam. Sí, soy yo. Mi hermano ha…modificado mi recipiente" maulló Cas, al tiempo en que sus pensamientos iban desde su mente a la de Sam, formando las palabras.

Sam Winchester había visto y vivido muchas cosas. Pero nunca jamás tuvo –hasta ese día- una conversación medio telepática con un gato. Bueno, para todo hay una primera vez.

Sam se aclaró la garganta y le lanzó una mirada de horror y desconcierto al arcángel.

"Ey! No me mires así. Yo no fui el que intentó apuñalar a un adorable angelito con un minino en brazos. Verás, Sammy—"

"Es Sam. Para ti es Sam" le cortó el cazador aun en shock, recogiendo la navaja y tomando asiento.

"Verás, Samuel" prosiguió Gabriel, acercándose a él y depositando a Cas sobre las faldas del menor de los Winchester, quien dio respingó por la proximidad del arcángel y la realización de tener a Cas (¡a Castiel, otro ángel!) literalmente encima de él. Ew…Incómodo. "Antes de poder revelarte mi fantástico plan, necesito saber si estás conmigo o no"

Sam frunció el ceño. No entendía de qué rayos le estaba hablando Gabriel. Y nadie lo había llamado Samuel desde…desde nunca.

"¡Me refiero, mi estimado Samuel, a si acaso eres consciente de lo que se ha fraguado bajo tus narices!" exclamó Gabriel, apretándole la respingada nariz a Sam, quien por supuesto lo apartó de un solo manotazo. Gabriel lo esquivó en un parpadeó, apareció sentado en un taburete de la cocina, vistiendo ahora shorts, sandalias y una horrenda camisa tipo Miami Beach, con una lata de cerveza en la mano y una sonrisa vibrante en el rostro. El gato –Cas- protestó con un gruñido. Sam ya se estaba hartando de todo ello.

"Explícate de una vez, ¿quieres?" exigió el menor de los Winchester, apretando los puños.

Gabriel se puso serio de pronto. Hubo un cambio en el aire que Sam notó de inmediato. Era como si pudiese sentir la gracia del arcángel irradiando un poder que hasta entonces mantuvo velado.

"Me refiero a lo que ha estado ocurriendo entre Cassie y Deano" dijo al fin el otro. Sam se quedó mirándolo sin más. El gato se hizo una bolita, ocultando su rostro en las patitas delanteras y enroscando su peluda y desorganizada cola alrededor de su cuerpo. Por un segundo pensó en preguntar quién demonios eran Cassie y Deano, pero entonces su mente dio un enorme saltó a los informes mentales que había hecho de la particular relación de su hermano y el ángel de la gabardina, a las notas sobre sus miradas silenciosas que parecían sin embargo contarse los secretos mejor guardados, repasó los apuntes sobre manos descansando en hombros por más tiempo del necesario, para finalmente arribar a las conclusiones que había estado sacando de un tiempo a esa parte, las que ahora, con las palabras de Gabriel y el comportamiento del felino, se veían confirmadas.

Una sonrisa resplandeciente se dibujo en el agraciado rostro de Sam. Parecía la suya la cara de un chiquillo correteando por los pasillos de una juguetería. De repente la escena en el Road House cobraba sentido. Su hermano y Cas tenían algo, después de todo. Él estaba en lo cierto. Oh, Dean se había apurado a negarlo todas las veces en que lo había insinuado. Pero él estaba en lo cierto. Y Sammy adoraba tener la razón.

"Lo sé" respondió simplemente, asintiendo. Podía ver que Gabriel tenía mucho más que contarle.

Gabriel estudió el rostro de Sam. Vaya…ahora esto sí que era una sorpresa. ¿Quién hubiese creído que Sam Winchester se tomaría tan bien la noticia de que su hermano mayor sentía una no tan sana pero vigorosa atracción por un ángel? Desde luego que a Gabriel ni se le había pasado por la mente. A menos que no fuese noticia para Sam. Solo así se explicaba la serenidad en su semblante y la gigantesca sonrisa que llevaba puesta.

"Bueno— a lo mejor decir 'lo que ha estado ocurriendo' sea una exageración. Créeme, Sammy boy. El día en que el bruto de tu hermano le ponga un dedo encima a mi Cassie, seré el primero en saberlo" dijo Gabriel, guiñándole un ojo pero de alguna forma aun parecía amenazador. Y Sam se estremeció. Primero recordando todas las veces que vio morir a Dean y segundo, imaginando a Dean poniéndole sus dedos encima a Cas y….ugh. No, mejor se detenía ahí. Claramente era su hermano quien debía estar preocupado.

"Así que las cosas están del siguiente modo: a mí no me molesta el retorcido interés amoroso de mi Cassie por tu Deano (aunque, ¿Dean Winchester? ¿En serio, hermanito?), y lo mismo, presumo por tu reacción, se aplica a ti. El problema es que el par de idiotas están muy ocupados encubriendo, por una parte y negando por otra, sus verdaderos sentimientos como para dejar florecer su épico amor gay" resumió Gabriel, sorbiendo solemnemente su cerveza.

Aunque le tenía rencor a Gabriel por los terribles meses que lo obligó a vivir enfrentado a una realidad en la que Dean estaba muerto, Sam soltó una carcajada que no pudo ser interrumpida ni siquiera por el agudo y prologado maullido de Castiel. Aun seguía en posición fetal, acurrucado tras su colita y bajo sus puntiagudas orejas sobre las piernas de Sam, oculto del mundo (y de la embarazosa conversación entre su hermano mayor y el hermano menor de Dean). Sammy lo miró con afecto. Pobre Cas, no tiene idea de cómo manejar esto, pensó.

"Nunca pensé que diría esto, pero Gabriel tiene razón. Cas, debes que aceptar que Dean no tiene un doctorado en expresión de sentimientos, precisamente. Lo conozco. En este terreno, él no va actuar sobre especulaciones. Puede que durante la caza se lance a la aventura guiado por las más dudosa de las pistas, pero no va a poner su, uh, corazón en la línea basado en lo que él piensa son meras fantasías" dijo Sam, con un cierto deje de tristeza en la voz que a él mismo le sorprendió. Woa. De saber lo que le esperaba, no le hubiera avivado la cueca al arcángel.

"Y tú, hermanito, has arrastrado las cosas hasta este punto. ¡Eres un ángel, Castiel! Un criatura poderosa y milenaria, pero pareciera que a la sola mención del bruto cazador ese, tu resolución flaquea" agregó Gabriel con los brazos en jarras, pero sonriente.

"Por favor, Sam. Debes detener esto. Confió en tu buen juicio" le maulló por lo bajo Cas. Era extraño eso de oír la traducción felino-humano en su cerebro, pensó Sam. Con todo, Gabe lo oyó.

"No—nada de maullidos. Desde ahora, Sammy se hará cargo" lo cortó Gabe.

"¡Espera!... ¿qué?" balbuceó Sam. Intentó ponerse en pie para detenerlo, pero la fuerza del arcángel lo mantuvo atado al sillón.

"Cuida a Cassie, pero no mucho" rió Gabriel, sus ojos dorados bailando en su alegre rostro. Maldito Gabriel. "Dile al príncipe Dean que solo él puede devolverlo a la normalidad"

"P-pero...como…" dijo un confuso Sam.

"Que piense en Disney. Cuento contigo, Sam-ey. Nos vemos. Todo sea por la felicidad de nuestros hermanos. ¡Sayonara!" y dicho esto, el arcángel Gabriel desapareció.

Al instante siguiente Sam salió disparado hacia delante, la fuerza que estuvo haciendo para levantarse, por fin liberada. Casi chocó con la mesita de café. Castiel saltó de su regazo, haciendo una parábola en el aire para aterrizar grácilmente sobre la alfombra.

Con las rodillas y las palmas adoloridas por el impacto, Sam movió la cabeza, sacudiendo los mechones pelo que le caían sobre la frente para poder mirar a Cas. Le dedicó una sonrisa de disculpas, diciendo "Bueno, Cas…yo ya tenía mis sospechas acerca de lo que pasaba entre tú y mi hermano. No tienes que avergonzarte. Esta muy bien, sabes. Y ah…Gabriel nos puso a ambos en esta situación un tanto…peculiar, pero ¿intentemos resolverlo lo mejor que podamos?"

...y así aprovecho de hacerle un poco la vida imposible a Dean, agregó en su cabeza.

Cas lo observó, enfurruñado. No podía creer que Samuel Winchester hubiese decidido jugar el juego de su alborotador hermano. El gatito saltó una vez más para aterrizar esta en la amplia espalda del cazador, amasando y enterrando sus garras con más fuerza de la necesaria.

"No es tan divertido una vez que eres tu quien está en cuatro patas, ¿verdad, Sam?" siseó.

Castiel solo ansiaba que Dean llegase pronto y resolviera el asunto. Aunque primero tendrían que averiguar cómo hacerlo, exactamente.