[Hace algunos días. Road's House]
Las más grandes desgracias personales surgen de las ideas más inocentes. Sin ir muy lejos, Cesar Augusto pretendía ser el mejor emperador que Roma jamás hubo visto y terminó siendo apuñalado 23 veces. Esta es una lección que Sam Winchester aprendió por las malas (filo de daga incluido. Aunque sin derramamientos de sangre…más o menos)
"¿Y si jugamos verdad o penitencia?" clamó un horrorosamente achispado Sam. Casi todos, en iguales o peores condiciones, rieron por su ocurrencia. Bobby, Ellen, Ash y Jo levantaron sus vasos en aprobación formando un círculo sobre la mesa. Excepto Dean que se había apartado un tanto, arrellanándose en el asiento.
Estaba de mal humor. No sabía por qué, tan solo no sentía ánimos de beber o andar de parranda. Molesto consigo mismo y con el mundo en general, decidió atribuirle la culpa a la asquerosa bruja de la que hace no más de unas horas se había deshecho, con la ayuda de Sam y Bobby. Fue una caza como de los viejos tiempos, los tres juntos. Se suponía debía sentirse feliz o alegre, por último. Pero no. Sabía que no era la bruja la causante de esa…oh, nunca lo diría…esa opresión en su pecho que aun seguía allí. Y si se atrevía a ser honesto, la opresión (Dean destetaba la palabra pero era lo que más adecuadamente describía su sentir) apareció la noche misma en que Cas salió volando (literalmente) después de que Dean (en un arranqué de frustración por lo obstinado que el ángel estaba siendo, el calor de la conversación y los estúpidamente rosados labios de Cas) lo agarrara por las solapas de la gabardina y le plantase un brusco beso que duró la nada misma, porque de pronto se quedó parado solo como un idiota en medio del taller de Bobby, iluminado a penas por la luz de la luna.
"Dean, te toca, te toca" le dijo Jo, sonriente, inclinándose descaradamente sobre la mesa de madera, dejando al descubierto una generosa vista de sus pechos. Entonados como estaban, a nadie pareció importarle, ni siquiera a su madre que estaba más que bien soltando risitas al lado de un sonrojado Bobby.
"¿Qué...?" respondió Dean, mirándola a los ojos.
"Verdad o penitencia" dijeron al unísono Ash y Sammy, mirándose de reojo, como dos ratoncillos conspiradores…o algo así. Dean tampoco quería pensar mucho en animales y metáforas. Se fijó entonces en la navaja de Ruby sobre la mesa, aun temblando un poco por los giros, apuntándolo.
"Verdad" dijo Dean con seriedad, con su humor de perros, no tenía intención alguna de andar por ahí superando absurdos desafíos elucubrados por un trió de borrachos (descontando a Bobby y Ellen. Ellos estaban en lo suyo. Sea lo que fuera)
Jo se unió al intercambio de miradas entre su hermanito y Ash. Dean hubiese jurado que estaban sosteniendo un debate telepático acerca de qué pregunta hacerle. Dean oyó a Jo murmurar "Ya, ya. Si es perf-perfecto" seguido de una ola de carcajadas que repletó el Road House. Solo estaban ellos, sentados en una mesa casi al fondo del local, despreocupados –y con razón- del ruido que hacían.
"De acuerdo, Deaaaan" cantó Jo, jugueteando con la cuchilla de Ruby. "¿Quién te gusta?"
Los tres chiflados rieron de nuevo. Dean no podía creer lo infantiles que eran. No sabía si reír o llorar. Como sea, Dean dijo su verdad (que no LA verdad, eh).
"Nadie. No me gusta nadie" soltó.
"Ohhh vamos, Dean. Dijiste verdad, ahora di la verdad" le reprochó Sam.
"No me gusta nadie" repitió Dean. Un coro de "uuuuys" lo acompañó. Dios, eran uno mocosos.
"Es Cas, ¿cierto?" dijo su hermano.
Se hizo el silencio por unos segundos que a Dean le parecieron siglos en el infierno.
Todos tenían los ojos puestos en él, expectantes. Dean tragó saliva, rogando que fuese ponzoña y lo fulminase en el acto. Sabía que tenía que decir algo, cualquier cosa. Pero no podía. El corazón le latía tan fuerte que sentía que su pecho no podía darle cabida.
Me gusta Cas, pensó.
No, es más que eso.
Lo extraño, lo quiero, se rectificó.
Entonces, Jo soltó una risita aguda y Ash casi se ahoga con la cerveza que estaba sorbiendo, sacando a Dean de sus cavilaciones. El cazador le lanzó una mirada asesina a su hermano menor y creyó ver por unos segundos lucidez en sus ojos, una claridad serena y escrutadora, al tiempo el que el calor crecía en la base de su estomago. Sam lo sabe, se dijo. Sería posible que su hermano hubiese presenciado la escena en el estacionamiento de Bobby….
"¡No seas idiota!" se apuró a contradecirlo Dean. Sentía las mejillas arder.
"Así que es Cas" gritó Sam, lleno de júbilo y exento de toda duda "Ohh lo sabía, lo sabíaaa".
"¿Te importaría dejar de actuar como una colegiala, Samanta?" gruñó el mayor de los Winchester. Con sus años como cazador y todo, no estaba preparado para lo que siguió.
"Dean y Cas, sentados en un-"empezó Ash. "EN EL IMPALA" exclamó Jo, riendo. "be-saaan-dooo-se" corearon luego, Sam incluido.
Su estúpido hermano y sus estúpidas ideas. Verdad o penitencia, solo a él podía ocurrírsele. Dean se paró de la mesa, aireado, oyendo las risotadas y el nombre de Cas incluso después de cerrar la puerta a sus espaldas. El era un hombre adulto, no iba a aguantar niñerías. Mucho menos cuando hacían mofa de sus sentimientos por el ángel…de sus rechazados sentimientos, claro está. Porque, ¿Qué otra cosa sino mas que rechazo podía significar la espectacularmente veloz huida de Castiel? Dean debió habérselo esperado. Un humano (sucio, pecador y quebrado humano) yendo tras un ángel del señor. Ja. Nunca resultaría, por mucho que quisiera a Cas. Dean estaba herido, sí, pero su enojo superaba el dolor en esos momentos. Iba a descargarse con alguien y ese alguien sería su hermano.
"Ya verás" masculló, pisando el acelerador del impala en dirección al motel.
La desgracia que las propias palabras de Sam Winchester desataron esa mismísima noche, cuando regreso (borracho) del Road House en la camioneta de Bobby, se concretó en la forma de un enorme y aterrador payaso que le sonreía desde el otro lado del cuarto del motel. Sus diminutos dientecillos resplandecían de forma siniestra bajo la luz amarillenta del cuarto, el par de ojos rojos como la sangre –igual que esos repulsivos labios- lo miraban de arriba abajo y de abajo a arriba, evaluándolo sin dar tregua. Su embotado cerebro le rogaba retroceder, dar media vuelta y salir corriendo, pero la cerveza lo había envalentonado. Sam pegó un grito agudo y capaz de perforar oídos, digno de la más chillona niñita (algo que negaría de manera categórica a la mañana siguiente), sacó la daga de Ruby del bolsillo trasero y cargó en pos del terrible payaso. Que resultó ser una almohada sujeta con un palo, coronada con una absurda y muy falsa máscara de plástico. La estructura no soporto al gigantesco Sam, que pasó de largo y cayó de bruces sobre el piso de madera. Se le clavó una astilla en la palma de la mano y la herida sangró la nada misma, pero eso no evito que Sammy llorase como un bebito. O que Dean, sintiéndose algo culpable, lo consolara la mitad de la noche, antes de caer ambos dormidos sobre la misma cama, igual que hace muchos años atrás, cuando apenas si sabían lo que era un fantasma.
El episodio quedó grabado en la cámara de seguridad que Dean re-instalo para su conveniencia en una de las esquinas de la habitación y que luego conectó al laptop de Sammy (ayudándose de un video en youtube). Al día siguiente Dean le mostró la grabación a su hermano, quien se sujetaba una palpitante cabeza. El mayor de los Winchester le contó al menor que estuvo tentado de enviar el video a todos sus contactos –que ya no eran muchos-, pero que luego se arrepintió, recordando los ojitos de cordero degollado de su hermanito.
Dean era cruel cuando quería, pero no tanto. Y nada de lo que le hiciera a su hermano para purgar la vergüenza de anoche, le devolvería a Cas o la amistosa relación que tenían antes de que él lo arruinara con ese efímero beso.
Solo quería ver a Cas, explicarle lo que había pasado, arreglar las cosas.
