Dean no era de los que hacen escenitas frente a su hermano menor. Frente a nadie si podía evitarlo, ya que estamos. Así que se dio el lujo de llenar la tina casi hasta el borde. Metió la cabeza lo más al fondo que pudo y gritó como un condenado. El ruido que hizo no fue más que un quejido ahogado, silenciado por la masa de agua tibia.

Pues bien. Gabriel estaba vivito y coleando. Sammy sabia de sus afectos por Cas. Y Cas…

Oh, Cas…

Sin mucho esfuerzo, Dean lograba rememorar la suavidad de los labios de Cas contra los suyos durante eso escasos segundos en el patio de Bobby, podía sentir ese aroma que tiene la ropa cuando se deja secar al sol inundando sus pulmones al aspirar el perfume de Cas y el calor del cuerpo del ángel, apretujándose contra el suyo en la penumbra…y era capaz de recordar con dolorosa precisión la sensación de repentina soledad una vez qué Castiel se hubo marchado sin decir palabra alguna.

Dean sacó la cabeza de debajo del agua, el pelo empapado le caía pesado sobre la frente, enormes gotas de agua escurrían por su rostro. Tenía que hablar con Cas a como diere lugar, incluso si se había convertido en un gatito de enormes ojos azules. Como enfrentar todo esto, Dean no lo sabía. Pero ya cruzaría ese puente cuando llegara ahí… ¿cierto? Sammy le había dicho que solo él podría regresar a la normalidad a Cas. Decidido a hacerlo, Dean se baño a conciencia y con una toalla enrollada la cintura, salió al cuarto en busca de ropas y respuestas. En ese orden.

Dean se vistió, luchando con los calcetines hacia el final. El cazador agradeció la casualidad de haber alquilado en un hotel en el cual las camas quedaban ocultas de la zona del comedor por un horrendo pero útil biombo. Por más gato que fuera, no quería que Cas lo viese caminando por ahí con sus cosas al aire. O quizás sí, reparó. Pero no en esos momentos.

El cazador caminó al comedor y se extrañó al ver a Cas hecho un ovillo sobre el sofá, reemplazando la colosal figura de su hermano. Se detuvo en el acto. Por el vaivén del lomo del gato, parecía que estuviera durmiendo. Sobre la mesa de café había una nota que Dean se apresuró en leer.

"Salí a comprar comida para el gato Cas. Me dijo que las necesidades de su nuevo recipiente eran, cito, 'en extremo demandantes y muy difíciles de suprimir' "

Dean respiró hondo. Tres ideas nacieron en su mente a partir de la breve lectura, cada una más aterradora y reveladora que la anterior.

Primero, Sam se había ido, dejándolo a solas con Cas. Lo cual le hubiese dado la oportunidad que estaba buscando para sentarse a conversar (Aunque una parte de Dean aborrecía la idea, dado el estado confuso de sus relaciones y el hecho de tener claro lo que sentía por Cas, era algo necesario) de no ser porque Cas ahora era un gato. Dean Winchester no tenía idea de cómo tratar a un gato y además era medio alérgico.

Segundo, al parecer un gato le habló a Sam y Sam le entendió. De otro modo, su hermano no hubiese tenido que salir en busca de alimento para Cas, ni mucho menos hubiera podido citarlo. Probablemente Cas hubiese usado su mojo-angélico-gatuno para darse a entender, lo cual era muy útil ahora que Dean estaba a cargo. A lo mejor hasta le dijese cómo regresarlo a la naturalidad.

Tercero, el nuevo envoltorio de ángel tenía necesidades poderosas que Cas, incluso con su mojo angelical, no podía controlar. Lo que quería decir que, todo el tiempo en que Cas poseyó un cuerpo humano, las reacciones, emociones y necesidades naturales del mismo estaban siendo bloqueadas y controladas por su Gracia. Dean inspiró hondo, concentrándose. Por lo tanto…Por lo tanto Cas no era capaz de oprimir aquellas emociones que eran más poderosas que su Gracia. El hambre era una necesidad básica, una emoción cruda, inherente a la esencia misma de todo ser. Al igual que…No, no. Dean no podía permitirse pensar en ello.

Con sumo cuidado Dean tomó asiento junto a Cas, dejando el papel con el mensaje de Sam devuelta sobre la mesa transparente. Era extraño ver a Cas durmiendo. Cuando usaba un cuerpo humano, el dormir le quedaba extraño. Descansar era algo que se suponía los ángeles del señor no hacían. Sin embargo, ahora que Cas estaba encerrado en ese pequeño envoltorio peludo, el subir y bajar rítmico de su espalda se le antojaba a Dean la cosa más natural y obvia del mundo.

"¿Qué voy a hacer contigo, Cas?" suspiró Dean, alargando la mano hacía Cas, como en transe. Era una pregunta simple, pero la respuesta no lo era tanto. Dean se sintió perdido. El pelaje era tan, tan sedoso y radiante. Dean pensó que seguramente la suavidad y el brillo eran características propias de Castiel, independientes del recipiente que estuviese usando. Era una idea absurda. Mas, Dean no pudo evitar cerrar los ojos, sintiendo el calor bajo su palma y la facilidad con que sus dedos se deslizaban el pelo, e imaginar que no era el cuerpecito de un gato lo que acariciaba, sino el cabello siempre desordenado de Castiel.

Castiel abrió los ojos. No supo en que minuto su Gracia había cedido al sueño que su recién adquirido recipiente exigía, pero poco importaba eso ahora. Muy cerca suyo emanaba un perfume que lo mareaba agradablemente, a cuero y hojas secas, mezclados con jabón y algo más que no podía identificar del todo; sobre su cuerpo Cas percibía un calor a la vez reconfortante y excitante; sensaciones que experimentó de tan cerca hacía solo unas lunas atrás, en casa de Robert.

En toda su larga existencia Castiel había visto, oído y vivido un sinfín de cosas, fue testigo de la creación misma, del dominio de la naturaleza allí donde la mano del hombre aun no alcanzaba, del tronar de las tormentas en las estepas, los remolinos de polvo en los desiertos, del cómo nacían imperios y perecían otros, de la sangre que las guerras derramaban sobre el mundo…Castiel había observado, tal como un científico tras un microscopio imbuyéndose del conocimiento que la capsula de petri llamada Tierra le aportaba. Le hubiese tomado siglos escribir todo su extenso conocimiento, tan perfecto y exacto como su memoria. Y aun así nada de los que Castiel vio, oyó y vivió se comparaba a aquello que Dean le provocaba. Cuando estaba cerca de Dean, su gracia vibraba, agitándose y lanzando destellos como una antigua estrella golpeada por un diminuto meteorito, una estrella cuyo origen se confundía con el del universo mismo y que se estremecía con el toque de una piedrecita de exuberante verdor que otros tacharían de insignificante pero que para Castiel, al contrarío, era todo.

Ocupando un cuerpo humano –Su cuerpo. Aunque aun le fue difícil acostumbrarse a la soledad que al comienzo reemplazaba al alma de Jimmy Novak - el ángel era capaz de sosegarse, detener aquellos impulsos que le gritaban acercarse a Dean, inhalar su aroma, cobijarse en su calor, buscar el contacto que el cazador le ofrecía a veces incluso de forma inconsciente, manteniendo la distancia y usando una máscara de seriedad adornada de un ceño fruncido e insondables ojos azules. Pero ahora, atrapado en ese cuerpo salvaje, su parte animal dominada por el instinto y el sentimiento crudo, derrumbo los muros de la razón y el autocontrol que con tanto esfuerzo Castiel había construido.

El gatito comenzó a ronronear. Dean sintió los oídos tapados y de pronto aquel sonido, de no ser por el insistente golpeteo de su corazón acelerado, parecía ser todo cuanto oía. Cas se acomodó en su lugar, estirando las patitas y la cola, rozando el muslo de Dean. No habría rareza alguna en lo que hacía si él hubiera sido un amo consintiendo a su mascota. Hubiese sido tan simple ceder a esa fantasía, abstraerse y luego retrotraerse a aquella noche, rodeado de latones y autos viejos, soñar que Cas le correspondía, moviendo sus suaves labios para él, sujetándose a su chaqueta de cuero…pero Dean sabía lo que estaba haciendo, desplazando su mano sobre Cas de esa manera tan intima, asustado y emocionado por el sonido de absoluto placer que Cas emitía y la manera en que su cuerpecito se acomodaba al hueco entre su pierna y el cojín. Así que no apartó la mano, consolándose en el hecho de al menos, mientras dormía, Cas lo aceptaba.