D! PPGZ no me pertenecen, algunos personajes están inspirados en el libro "Soy el número Cuatro" y el videojuego "SoulCalibur IV"
Era extraño, si no estuviese en una situación así pensaría que aquellas ideas solo estarían presente en la mente de gente estúpida y cursi; pero no le importaba… realmente no le importaba lo patético que era pensar en ese tipo de cosas, no podía evitarlo, había caído en "la red del amor", wow… podría ser más ridículo si se decía en voz alta.
Aquello provocó una sonrisa en el Rowdy, cosa que molestó a la criatura; con fuerza lo lanzó haciendo que terminara estrellado contra la pared, tal fue la magnitud de su lanzamiento que hizo que algunos trozos de la pared se desboronaran y una grieta se formase en ella.
La figura oscura le miró serio y en cuanto comprobó que no se levantaría de nuevo, le dio la espalda y comenzó a avanzar hacia el portal.
Butch estaba adolorido, podía sentir como la sangre se deslizaba en algunas partes de su cuerpo, le costó varios segundos recuperar el aliento, con lentitud comenzó a avanzar hacia la criatura llamándola débilmente, no quería que se la llevara, ¿por qué? Era su enemiga, pero sentía conocerla de antes…
-¿Te has divertido?- preguntó una voz extraña.
Aquel ser se detuvo de golpe, lentamente dirigió su mirada hacia el propietario de aquella voz.
-Suéltala- ordenó el recién llegado.
La criatura comenzó a mecer a la azabache sin apartar la vista del intruso; Butch seguía avanzando, ésta vez más rápido, le molestaba que estuviera haciendo eso con ella, se veía tan vulnerable que daba miedo pensar en lo que podía hacerle.
El ente golpeó fuertemente al nuevo e intentó adentrarse en el portal que hace un rato había creado, sin embargo, una gran muralla de tierra se había formado frente a ésta, impidiendo que escapase.
La bestia rugió con todas sus fuerzas, sus ojos se tornaron rojizos, casi demoniacos y de sus manos comenzaron a brotar unas largas y afiladas garras; aquel cambio provocó una sonrisa divertida en el recién llegado.
Butch observaba sorprendido la transformación, ya daba miedo antes, ahora parecía la materialización de todas las pesadillas que hubiese podido tener cualquiera durante su infancia. Le importaba poco quién fuera aquel chico que ahora lucía unas enormes alas que brotaban de su espalda, necesitaba arrebatar de las garras de aquel ente a la PPGZ, pero, ¿cómo?
Como si le hubiese leído el pensamiento, aquel joven alado le lanzó una de las espadas que empuñaba.
La criatura bufó y se lanzó al verde, pero su ataque fue frustrado por el recién llegado, el cual lo golpeó fuertemente haciendo que chocara contra la pared. Molesto, se puso de pie ignorando la presencia del Rowdy y se dispuso a lanzarse contra el agresor, pero un dolor intenso lo detuvo, uno de sus tentáculos había sido cortado.
Butch logró liberar a Kaoru y atraparla antes de que cayera al suelo, antes de que pudiese atacarlos, el joven alado se lanzó contra la bestia y sin dejar de volar comenzó a atravesar las habitaciones contiguas, rompiendo paredes y destrozando todo con el cuerpo del ente.
Algo que sabía muy bien era que los portales podían ser cerrados si algo los desestabilizaba, como por ejemplo la entrada de un objeto o cuerpo en su interior; Seguramente Kaoru se hubiese burlado de el por saber de ello, pero no pudo evitar ignorar aquella clase, había sido interesante porque estuvo imaginando en como seria desaparecer las PPGZ en uno de ellos.
En cuanto se aseguró de que la azabache seguía viva, la dejó a un lado, lejos de aquel portal. Tomó la espada que hace un momento le habían lanzado y comenzó a avanzar por los agujeros recientemente hechos.
¿Qué iba a decir el director de todo este desastre?...
En el festival se podía sentir la felicidad que todos trasmitían ¡era un gran día!
Boomer se esmeraba por sacarle sonrisas a su acompañante, se sentía feliz de estar en ese festival con ella. Habían pasado por la mayoría de las atracciones e incluso habían ido a probar suerte en la pesca de peces. Varias veces la tela se rompía, las personas cercanas se reían y comentaban por lo bajo, pero el rubio no se daba por vencido y tras varios intentos, al fin lo consiguió, el dueño de la atracción empacó al pez en una bolsa trasparente y se lo entregó a la rubia de tirabuzones que aguardaba sonriente.
-¡Es para ti!- dijo el oji azul con una gran sonrisa en el rostro.
-Gracias Boomer, ¿cómo le pondremos?
La pregunta provocó un sonrojo el Rowdy, cosa que la PPGZ notó y no pudo evitar contagiarse de la reacción.
-Ponle como tú quieras- contestó tímidamente.
-Será Bommy- dijo mirando al pez de cerca.
El oji azul le dedicó una sonrisa y comenzaron avanzar de nuevo, pasaron a comer algunos bocadillos antes de decidir subir a la rueda de la fortuna.
La fila estaba larga, pero si tenían suerte podían llegar a ver los juegos artificiales desde una de sus cabinas en lo alto.
Luego de varios minutos de espera, al fin llegó el turno de los azules. Como todo un caballero, Boomer ofreció su mano a la rubia para que pudiese tomarla y subir a la atracción sin tropezar, en cuanto tomó asiento, el Rowdy subió y se sentó frente a ella.
Ambos observaban sonrientes como la cabina comenzaba a ascender, el Rowdy a veces dirigía su mirada a Miyako y verla hacía que retirara la vista rápidamente para que ésta no notara el sonrojo que se evidenciaba en su rostro.
-Boomer- comenzó la PPGZ –gracias por todo esto.
-No hay problema, podemos… repetirlo si… si quieres- propuso nervioso y sonrojado.
-¡Seguro!- contestó sonriente.
Miyako se sentía extraña, le gustaba pasar tiempo con sus amigos pero con Boomer era diferente… estar con él le provocaba cosquillas en el abdomen; era lindo pasar tiempo con él, era amable, adorable, respetuoso y un montón de cualidades más que no hacían más que aumentar su atractivo.
Muchos chicos se acercaban a ella y le daban cosas, pero ninguno le había hecho sentir tan feliz como los que venían del oji azul que tenía frente a ella.
Pensar en ello provocó un sonrojo en la PPGZ cosa que el Rowdy notó al instante.
-¿Sucede algo?
-No, es sólo que… -su respuesta se vio interrumpida por una sacudida, al parecer la cabina se había detenido, pero fue tan inesperado que hizo que la rubia fuese impulsada hacia adelante.
Rápidamente fue atrapada por los brazos del Rowdy, el cual la miraba un tanto preocupado.
-¿Es… estás bien?
-Sí sí… yo…- ver la cercanía del oji azul le provocó un leve sonrojo.
Boomer por otra parte, no se había fijado en la corta distancia que separaba sus labios de los de la chica que tenía en brazos, su mirada se posó en aquellos encantadores ojos azules que le hacían perder el aliento. Ciertamente se sentía la persona más afortunada del mundo, estar con una chica tan hermosa, disfrutando de un festival, esperando por contemplar juntos el cierre con un gran show de juegos artificiales y a escasos centímetros de distancia...
¿A escasos centímetros de distancia? El Rowdy se sonrojó completamente, no se había percatado de la cercanía de la oji azul.
-Per… perdón- dijo la rubia levantándose rápidamente.
Boomer miró por la ventana enseguida, sentía que su corazón iba a salir de su pecho en cualquier momento, tuvo que esconder sus manos para que Miyako no notara el temblor de éstas.
El corazón de Miyako palpitaba tanto que sentía que Boomer lo escucharía, tragó saliva y llevó ambas manos a su pecho intentando ahogar el sonido.
EN OTRO LUGAR NO MUY LEJOS DE ALLÍ…
En el festival se podían apreciar todo tipo de objetos almacenados en distintas tiendas, algunas personas se acercaban a comprar y contemplar las diversas reliquias que yacían en el mostrador; al fondo de la tienda había un enorme espejo cubierto con una manta, de un momento a otro, una extraña luz comenzó a desprenderse de su interior e inmediatamente desplegarse hacia el exterior. Uno de los vendedores de la tienda observó extrañado la intensidad del brillo que se escapaba por la manta por lo que decidió acercarse a ver de qué se trataba.
En cuanto estuvo lo suficientemente cerca, observó que la luz había desaparecido de repente dando paso a una mano agitándose frente a su rostro; El vendedor cambió de color y comenzó a temblar mientras veía como dos figuras masculinas salían del espejo, el más chico le miró sonriente y articuló una palabra: Bu…
El resto de vendedores corrieron hacia donde se había producido el grito, en el suelo yacía uno de sus compañeros totalmente aterrado por lo que acababa de presenciar, todos intentaron hacerle hablar para saber qué había ocurrido allí pero él no lograba decir algo coherente, para lo cual todos terminaron por verlo como una broma.
-¡Ha sido divertido!- comentó un rubio sonriente con ambos brazos cruzados detrás de su cuello.
-Ahora sólo hay que buscar a ese imbécil- dijo su acompañante ignorando el comentario.
-¡De acuerdo!
Ha sido muy extraño todo esto, pero, por alguna razón siento que ese chico es especial.
Tras varios minutos observando la caída de la cascada, la pelirroja decidió volver al festival; seguramente su amiga debía de estar preocupada buscándola.
Luego de dirigir una última mirada a aquel sitio, soltó un suspiro y comenzó a buscar el camino por donde había llegado a aquel lugar.
Muy cerca de allí era observada por un chico de ojos color miel que meditaba sobre una interrogante que rondaba en su mente.
Pasado un tiempo al fin encontró el camino que la conduciría directamente al festival.
-Espero volver aquí con facilidad, es un lugar muy agradable.
En cuanto llegó de nuevo al lugar donde se estaba concentrando la festividad, observó todo a su alrededor, cada vez habían más personas. En una de las bancas se encontraba una pareja de rubios que por un momento confundió con Boomer y Miyako; tuvo temor de encontrarse con todos los que estuvieron presentes durante la bochornosa escena que tuvo lugar en aquella banca por lo que comenzó a caminar apresuradamente con la mirada en el suelo por si alguien le reconocía.
De vez en cuando levantaba la vista para ver si daba con la ubicación de su amiga rubia, pero no la encontraba y el tumulto de gente que comenzaba a llegar para disfrutar de las últimas actividades festivas hacía que la tarea fuese más difícil.
-Quizás debería volver a casa- pensaba mientras esquivaba personas -Aun así, no me arrepiento. ¡Esos dulces estaban tan deliciosos!
De repente un choque la sacó de sus pensamientos, al parecer había caído sobre alguien.
-Ouh… ¡Lo siento!- se disculpó visiblemente sonrojada al encontrarse con un rostro muy cerca al suyo.
-Chicos miren eso- dijo una voz cercana.
-¡Oh ella se parece a la chica de la escena romántica de hace un rato!- comentó una chica que se acercaba.
-¿¡Q-Qué!?- cuestionó una chica en voz alta- ¿¡cómo lo hace!?
-Ya amiga tranquila.
-No es justo, ¿por qué consigue hombres tan guapos?- preguntó alterada.
-¿No piensas quitarte de encima?- le preguntó el chico que yacía bajo el cuerpo de Momoko.
-¡S-sí! Lo siento- dijo la PPGZ muy sonrojada mientras se levantaba.
-¿No querías quitarte eh?- preguntó un chico rubio a la oji rosa con tono burlón.
Momoko sentía que las mejillas le ardían, nuevamente había gente acercándose a presenciar lo que había pasado. ¿Acaso no tenían nada más que hacer? Y más importante aún… ¿por qué le estaban ocurriendo cosas tan extrañas?
El chico de ojos grisáceos la observaba serio con los brazos cruzados, mientras el chico que lo acompañaba no paraba de reír.
-¿Por qué tan roja?- cuestionó sonriente el rubio.
Cada vez había más personas rodeándolos, no sólo por lo que acababa de ocurrir sino por los chicos que estaban con la pelirroja, al parecer habían llamado la atención de muchas chicas que no paraban de suspirar y gritar cuando alguno de los dos les dirigía la mirada, movía un poco su cabello o cambiaba la postura.
Momoko tragó saliva y buscó con la mirada un espacio entre la gente para huir de la escena, definitivamente iba a volver a casa.
El chico de ojos grisáceos comprendió enseguida lo que quería hacer y sin mediar palabra la tomó de la mano y la sacó del círculo de atención, detrás de la pareja el rubio sonreía y lanzaba besos a las chicas mientras los seguía.
Momoko sentía que le temblaba el cuerpo, no entendía por qué, pero la cálida mano de aquel chico le trasmitía una energía inexplicable. Sorprendida y aún con un leve rubor en las mejillas, siguió su paso sin oponer resistencia; Su mirada comenzó a estudiar aquel muchacho.
Tenía una larga cabellera blanca que se ondeaba de manera elegante, llevaba una gabardina negra, pantalones y botas del mismo tono que resaltaban el color de su piel.
-¿Qué tanto miras?- preguntó el rubio al notar la mirada de la pelirroja sobre su compañero.
-¡Nada!- contestó desviando la mirada.
-¿Enserio?- preguntó de nuevo con tono burlón.
-¡Claro!
-Ah, está bien- dijo cruzando los brazos un tanto decepcionado- Y… ¿cómo te llamas?
-Oh sí, lo siento. Mi nombre es Momoko Akatsutsumi- contestó sonriente.
-¿Ah sí?- preguntó juguetón.
-¡Sí!
De pronto el chico de cabellera larga se detuvo y la PPGZ casi choca contra su espalda.
Momoko dio un paso atrás y le observó extrañada, pero éste no le dirigió la mirada, siguió caminando sin detenerse para luego perderse entre la multitud al igual que su compañero; una macabra sonrisa se dibujó en el rostro de ambos.
Habitación por habitación comenzó a avanzar, preocupado por lo que pudiese pasar en cuanto se encontrase con aquel extraño tipo con alas y el demonio que por poco les mata.
Por más que caminaba sentía que no avanzaba, era como si estuviese andando en círculos, de repente una risa macabra lo hizo detener de golpe.
Con firmeza sostuvo la espada que traía consigo, tragó saliva y esperó por lo que sea que fuese a pasar.
-Creí que no te unirías a la fiesta- vociferó aquel ente.
Butch se giró en dirección a la voz pero aquella criatura fue más rápida y en cuestión de segundos ya lo había tomado por el cuello.
-Él no me divirtió lo suficiente- dijo con tono triste señalando un bulto que yacía en el fondo de la habitación- pero tú si vas a durar ¿verdad? ¡Vamos a jugar!- gritó animado lanzando al Rowdy a un agujero que se formó bajo los pies de ambos.
El golpe no tardó en llegar, adolorido por la caída, comenzó a levantarse del suelo e inspeccionar el lugar en el que se encontraba. Habían muchos cuadros cubriendo las paredes, el suelo estaba formado por baldosas que jugaban con las tonalidades blancas y negras a modo de tablero de ajedrez, del techo colgaba un enorme candelabro, que le daba la sensación de que en cualquier momento caería sobre su cabeza, continuó recorriendo la habitación con la mirada, habían esculturas sin terminar y estatuas de animales disecados con una expresión de terror absoluto, una tenue luz captó su atención, era una chimenea que iluminaba uno de los rincones del gran salón y frente a ella se encontraba un enorme sillón de cuero. No tardó en darse cuenta de quién se encontraba sentado en el.
