Los cabellos de aquel salvador se tornaron del mismo dorado que el futuro que pretendía augurar su llegada. Se lanzó a por aquella copia del acérrimo enemigo de su padre, ejecutando diversos tajos con su espada en distintas direcciones, todos ellos esquivados con socarronería y los ojos cerrados, como si su contrario estuviese jugando con un niño. La ira del uno crecía a la par con el ego del otro, ambos se intercambiaban miradas desafiantes y ninguno de ellos estaba dispuesto a perder.

—No estás avanzando, saiyan. Es normal, tu poder no es comparable al poder de los dioses. —¿Y qué si así era? ¿Qué otra opción había si no? ¿Rendirse? Ya no se trataba sólo de la esperanza de sobrevivir, ni de la vida de los demás, incluso su propio orgullo guerrero le gritaba que siguiese adelante hasta que aquel ser exhalase su último aliento. Golpeó y golpeó hasta que el filo impactó en el cuello de Black, esta vez ya lo tenía, o quizás...

—Una simple espada no podrá acabar conmigo, por mucho poder con la que la blandas. Contrariamente... —Cogió al vuelo el fragmento que se había roto y de una rápida patada ganó distancia con su contrincante. Éste atravesó algunos edificios para acabar tumbado en el suelo bajo un montón de ruinas de los pisos superiores de uno de ellos, librándose después de los escombros con una enorme liberación de energía a su alrededor. Lo que vio entonces le estremeció: El villano estaba frente a Mai, quien vaciaba su cargador contra aquel hombre sin provocarle un sólo rasguño. Los disparos se vieron interrumpidos por un rojo carmesí en conjunción con un horrendo grito, seguido de una risa masculina. El rostro del salvador era la otra cara de la moneda, envuelto en lágrimas en presenciar la escena, molesto por el calentor y el significado de aquellas minúsculas cascadas. Voló hasta ellos y Black les dejó a solas, elevándose, disfrutando el momento. Con aquel trozo del arma clavado en su vientre, Mai agarró la ropa de Trunks, temblorosa, resignada.

—No dejes... que se salga... con la suya... —musitó como orden final. Cerró los ojos cuando todo se volvió oscuro, ennegreciendo a su vez las esperanzas de Trunks. Ya no veía una salida, su fuerza no se equiparaba a la de Black y ella ya no estaba, ¿cómo ardería sin combustible su llama?

La dejó con cuidado en el suelo, agarrándole una mano, y entonces sintió también el abrazo de la muerte en forma de espada en su espalda. Al bajar la mirada pudo distinguir un rosado haz de luz naciendo desde su estómago, derramando sangre encima de su amada.

—Contrariamente los mortales sois débiles y debéis ser aniquilados. Me hubiese gustado jugar más contigo, pero mi gran plan aguarda. Dejarte vivo como siempre, hasta ahora, sí que hubiese sido una verdadera locura. Contigo acaba tu raza guerrera. —¿Había merecido la pena luchar? ¿Morir entre lágrimas? ¿Regalar falsas esperanzas? Si una vez más todo acababa como siempre... Pura locura.