Capítulo 4: Interrogar

Ahí nos hallábamos, corriendo en busca del legendario Uxie. Absol iba delante de nosotros, su rápido trotar le sacó ventaja incluso a Sneasel, el cual había empeñado toda su vida en ser el mejor velocista del bosque. A mi altura venía Maylene, quien conservaba una excelente forma física: no puedo negar que a pesar de llevar una vida en sociedad, su ritmo era bastante bueno. A veces me dedicaba unas miradas fugaces, con el ceño fruncido, quizá molesta por mi abrupta reacción de perseguir al Pokemon. Los árboles, completamente nevados, eran solo adornos del paisaje que pasaban tan rápidamente por nuestra vista periférica como una hoja en otoño, si bien el lago no estaba tan lejos, la inmensidad del bosque requería profundo cuidado a la hora de no tropezarse con las enormes ramas recubiertas de nieve. A Candice la habíamos perdido hace un buen rato, desgraciadamente había dejado de lado su cuidado corporal y no pudo adaptarse a nuestro compás a la hora de correr.

— ¿Cuánto nos falta? —Preguntó Maylene— Se me están congelando los tendones.

Apenas la miré solo pude configurar una pequeña sonrisa, ya habíamos llegado al lago Agudeza.

Tal era la inmensidad de la charca que Maylene había quedado atónita, tal como si sus órganos y dentro suyo hubiese tal vacío que ver esta maravilla de la naturaleza, de seguro la llenaría de principio a fin: afortunadamente para ella, ese no es el caso. Después de asimilar el bello paisaje, solo sonrió y miró su reflejo en el agua. Absol, por otro lado, estaba muy preocupado. Comenzó a aullar al cielo, como si de sollozos se tratasen: pero no hubo respuesta. Sneasel me miró, cansado, pero suponía saber la respuesta. El Pokemon me indicó que le echara un vistazo al agua.

Me agaché y miré mi reflejo. Una apariencia famélica, de tez blanca como la nieve misma y cabello azul como lápiz lasuli. Lo que más resaltaba eran mis grandes ojos fijos, tan blancos como mi piel. Jamás me había visto tan detenidamente en el reflejo del agua, ni siquiera cuando me bañaba, porque las bajas temperaturas de la misma solo hacían que me preocupase de lavarme bien algunas partes y ya.

— ¡Ya llegué! —Candice hizo su aparición, contenta pero exhausta— Toma, Artemis. —Me lanzó una Pokeball.

¿Qué? ¿Yo con una Pokeball? ¿Qué clase de chiste era? ¿Acaso iba a dejar de lado todas mis convicciones por una niña, que ni siquiera me explica la procedencia de aquella esfera que privatiza la libertad de un Pokemon?

—En esa Pokeball está el Pokemon Ninetales, me devolví a capturarlo. Te confío que lo devuelvas a su ecosistema, como buen naturista que eres. —Sonrió maléfica.

Desgraciada. Pero ese no era el asunto principal a tratar, más bien nos reunimos para convocar a Uxie. Absol me miró e hizo un ademán de tocar el agua con su pata: ahí comprendí. Aparentemente él había sido enviado por el Pokemon Uxie, así que debía de obedecer en los consejos que me daba. Dirigí lentamente mi mano hacia el líquido cristalino, cuando me di cuenta que Absol ya reposaba su pata dentro del agua. Apenas la toqué un profundo destello emanó de mis ojos, tal fue su intensidad que sentía como mis pupilas se inflaban para explotar en cualquier minuto, lo cual me imposibilitó ver con claridad lo que estaba sucediendo y solamente atiné a cubrirme la vista con mi mano libre. De ahí solo escuché los gritos de asombro de ambas muchachas, así que solo apenas mis retinas se aliviaron, pude erigir la mirada hacia el centro del lago.

— ¡Es Uxie, está a salvo! —Exclamaron ambas al unísono, sorprendidas.

El cielo se había oscurecido, pero el paisaje era precioso. El agua brillaba como el cuarzo, el intenso destello que emanaba del lago reflejaba en el cielo una preciosa aurora boreal y, más profundo en el manto nocturno, las estrellas relucían como preciosas gemas que condecoraban la preciosa escena.

Ambas chicas estaban estupefactas, pero yo no pude presenciar claramente al Pokemon legendario hasta unos segundos después, cuando al fin mis pupilas cesaron cualquier fulguro. Levitando en el medio del lago se encontraba nuestro objetivo, el Pokemon guardián. Uxie jamás abrió sus ojos, pero él sabía que yo me encontraba ahí, frente a él: dispuesto a cualquier enseñanza que quisiera otorgarme. Aunque no fue eso precisamente lo que obtuve.

—Nunca quince años se me habían hecho tan eternos. —Replicó majestuosamente el Pokemon, sus palabras retumbaron en la mente de todos los presentes y un enorme escalofrío recorrió mi cuerpo al oír sus murmullos dentro de mi cabeza— Humano llamado Artemis por su Sneasel, gran compañero y fiel seguidor a la misión que se le encomendó a sus padres: Has hecho bien en venir a mi encuentro. No está demás agradecer a Absol, quien fue especialmente criado y guiado para ser tu legítimo y fiel guardián.

¿Qué estaba oyendo? ¿Absol, mi guardián? Inmediatamente miré al Pokemon, desconcertado. ¿De qué se trataba todo esto? Sneasel solo sonrió y dio un paso atrás. ¡Un momento, Maylene y Candice! Me desvié mi mirada para contemplarlas, pero estaban petrificadas.

—No es necesario que te despidas de tu amigo, querido Sneasel: tu fidelidad y vigor han demostrado que eres capaz de acompañarlo en toda circunstancia. ¡Humano Artemis! —Inmediatamente, mi mente se quedó en blanco. No sabía cómo reaccionar— ¡Tu deber es el de colaborar con los grandes héroes que se inmiscuirán en la misión de proteger a este mundo!

¿Qué? ¿YO? ¡No lo entiendo en absoluto!

—Comprendo tu desconcierto. —Replicó, como si leyera mi mente— Tu ser más querido se verá prometido a destruir todo lo que puedes llegar a amar algún día, y también todo lo que hemos creado, inclusive a él. Humano Artemis, has de dejar de lado tus pensamientos negativos que solamente ofuscan tu mente, estos no te ayudarán en nada a lo largo de tu camino. Absol servirá de puente espiritual para comunicarnos las veces que requieras de consejos-

— ¡Pero Uxie! ¡No sé qué es lo que debo hacer, ni si lograré mi cometido!

Confesé, cobardemente.

— ¿Qué pasa si fallo? ¿Tanta responsabilidad caerá sobre mí?

—Humano Artemis. Solamente el que no hace nada, jamás se equivoca. Es necesario que tú misma persona crezca a lo largo de este viaje, es por eso que los tres Pokemon del lago bendeciremos tu travesía. ¡Yo, Uxie, el ser de la sabiduría! —Replicó e instantáneamente una fuertísima ventisca comenzó a azotar la paz del lago— ¡Te bendije con la infinita capacidad de comprensión hacia tus pares!

¡Ahí está, todo tiene sentido ahora!

—Aquella dicha se verá afianzada según el lazo que forjes con los Pokemon. Es por eso que te costó comprender a Absol al principio. Ahora tu siguiente objetivo es recorrer Sinnoh de un extremo a otro, conocer a los que serán tus compañeros de viaje y fortalecerte junto a ellos. Desgraciadamente… —Hizo una breve pausa y comenzó a juguetear con sus dos colitas, perdiendo la seriedad en el asunto— Mis compañeros Azelf y Mesprit están sumidos en un profundo sueño, del cual desconozco si despertarán. ¡Por favor, necesito que los ayudes a ellos también! —Su carácter sabio se tornó bastante expresivo y un poco más tímido y sentimental que antes— ¡Te teletransportaré al Pueblo Arena, donde comenzará tu misión!

El Pokemon se acercó a mi silueta, bastante desconcertada y confusa. Yo miré a las que habían sido mis compañeras hasta hace unos minutos atrás, pero aún se encontraban sumidas en su parálisis mental.

—No te preocupes por ellas. Recordarán lo que pasó hasta que derrotaron al Ninetales que llevas en aquella Pokeball, los demás serán recuerdos ficticios.

Realmente Uxie tenía un poder tremendo en influir en la mente de los demás y, siendo sincero, envidiaba un poco aquel don. Me hubiera gustado en otras circunstancias haber borrado cualquier recuerdo de las personas sobre la sociedad y sus costumbres nocivas, pero eso no era lo importante ahora. Uxie me estaba mirando bastante molesto, pero ambos sabíamos que no era tema de rigor.

—Confío en ti, humano Artemis.

Mi silueta, mi escencia, mi cuerpo, ¡Mi vida! ¡Ay de mí, todo se estaba desvaneciendo frente a mis ojos! Sneasel lloriqueaba, sus pies habían pasado a formar parte de otra dimensión, mientras la cola y el cuerpo de Absol se esfumaban tal como si fuera un diente de león. Mis manos, ahí estaban, frente a mí, convirtiéndose lentamente en polvo que acariciaba el viento. Todo se tornaba negro, mis recuerdos pasaban solamente a ser un arte pasajero que estaba siendo expuesto frente a mis ojos, como si fuera una amenaza de Uxie. Caí dormido.

Cuando desperté, estaba sobre una plataforma blanca con una textura mucho más suave que el sillón de aquella casa rústica de la otra vez. Todo estaba oscuro y no podía encontrar a mis compañeros Sneasel y Absol, por lo que traté de buscar la salida del lugar. Varias veces –al estar completamente oscuro- me golpee el dedo pequeño del pie, pero no me podía quedar quejándome todo el día. ¡Al fin! Hallé una puerta y la abrí. Di a parar a otra habitación, mucho más grande e iluminada, en ella yacía sentado un viejo algo extraño estudiando a Sneasel, el cual apenas me miró le propinó un rodillazo al viejo y se lanzó hacia mis brazos.

— ¡Auch! ¡Qué le pasa a este Sneasel! —Reclamó el viejo— Parece un Pokemon salvaje. —El viejo me miró, furioso.

—Pues sí, es un Pokemon salvaje. —Le pellizqué una mejilla a mi amigo mientras miraba confundido al viejo— ¿Y Absol?

—Ah… Ese Absol es muy intenso. Está contemplando el pueblo desde el techo de mi laboratorio, parece muy analítico. —El viejo luego de procesar un rato, me miró algo hostil— Mi nombre es Rowan, profesor Rowan. ¿Puedo saber qué es lo que hace un joven famélico inconsciente en el centro del pueblo? —Preguntó, frunciendo el ceño.

Durante ese lapso de tiempo pensé en una respuesta que no comprometiera mi misión, pero me di cuenta de algo mucho más importante.

— ¡Profesor Rowan! —Exclamé, sorprendido— He leído mucho de sus artículos sobre la evolución. —Le sonreí, esperando así evitar su pregunta.

El viejo me miró de reojo y luego apartó la vista, molesto. No le había dado las gracias por haberme acogido en su laboratorio, pero eso no importa ahora. Desconozco en absoluto la región de Sinnoh y con suerte había visto un par de mapas escabullidos entre las páginas de algún o que otro libro, así que lo primordial ahora era saber mi ubicación. ¡Lo tengo! En las revistas decían que el laboratorio del profesor Rowan se encontraba en pueblo Arena, uno muy cercano a la gigantesca urbe de Jubileo.

— ¿Cómo dices que ese Sneasel es salvaje? ¿Acaso Absol también lo es? —Preguntó, alzando una de sus canosas cejas— ¿No eres un entrenador Pokemon?

—No, no lo soy. —Lo miré con su misma actitud, hostil y a la defensiva— Este Sneasel es mi amigo —Jugué con él, haciéndole cosquillas en el pecho con mi dedo índice— Absol también lo es, y solo me acompañan. No luchamos si no es para salvar nuestras vidas y no les doy órdenes, porque ellos como Pokemon son autovalentes de un humano como yo.

—Interesante. —Sonrió levemente— ¿Cómo te llamas?

—Mis amigos me llaman Artemis. —Y con amigos me refería a Sneasel.

No podía perder más tiempo en esta charla, me debía ir cuando antes. ¡Cierto! Había algo que me preocupaba… Sneasel bajó de mis brazos y urge en mi bolsillo, esperando encontrar…

— ¿Buscas esto? —Me mostró la Pokeball de Ninetales— Es la prueba de que al menos, no eres cien por ciento consiente de tus palabras. —Me lanzó la Pokeball.

— ¡No te incumbe, viejo metiche! —La recibí y di un paso hacia atrás— Ese Ninetales estaba en peligro y lo salvé. Precisamente, en peligro de otro entrenador, ¡Y ahora lo devolveré a su hábitat!

El viejo se molestó por mi trato hacia él, pero parecía tener una respuesta consecuente en cuanto me miró a los ojos.

—En Sinnoh no hay hogar para un Ninetales. Es una región fría, desgraciadamente no abundan las manadas de Vulpix, generalmente están repartidas y los Pokemon de esta especie que quedan solitarios, son asesinados por otro Pokemon. Es la ley del más fuerte. —El viejo se dio media vuelta— Si quieres me lo puedes dejar a mí y yo lo investigaré un tiempo. Te lo devolveré en cuanto haya encontrado un lugar seguro, o simplemente te avisaré y me contactaré con mis colegas de otras regiones. ¡Claro! Quizás en Jotho tenga a su familia expectante por su regreso. —Me volvió a mirar, con unos ojos fulminantes— Me causa curiosidad de dónde sacó ese Ninetales aquel entrenador…

¡Me ha pillado! Pero eso ni yo lo sabía a ciencia cierta. Aquella persona vestida de rojo era un total misterio para mí, pero de seguro tenía que ver con la misión que me encomendó Uxie. Tampoco le podía comentar mucho al respecto, puesto que a pesar de haberme acogido, aquel viejo seguía siendo un misterio para mí, aún lo consideraba como alguien que no se había ganado mi confianza. De ninguna manera dejaría Ninetales en sus manos, quizá qué clase de experimentos pasarían por su pelaje si es que este mequetrefe le pusiera una mano encima. Había llegado la hora de irme, pues no tengo interés alguno en continuar con esta interrogación sin sentido.

—Sneasel, nos vamos. —Le miré y me asintió— Profesor Rowan, gracias por el hospedaje. Nos veremos en otra ocasión. —Rápidamente me escabullí hacia la salida, pero un enorme Staraptor estaba tras la puerta.

— ¿Sabes, Artemis? Me pareces un sujeto muy sospechoso. Últimamente han ocurrido acontecimientos extraños en Sinnoh…

¿Qué?

—… Y tú eres mí única y gran pista, no te dejaré ir tan fácilmente.

Pues yo jamás me dejaría atrapar así de fácil. En apenas un segundo, Absol estaba sobre aquel Staraptor mordiéndole el cuello, y Sneasel aprovechó la ocasión para congelarle las alas.

— ¡Hasta la vista, viejo Rowan! —Salí velozmente del laboratorio y busqué algún escondite por el cual pudiera avanzar con mi viaje.

Me causó gran impacto una enorme mansión que, no venía con el carácter de pueblucho llano. No me quedo tiempo para admirar el paisaje puesto que Rowan me miraba furibundo, mientras atendía a su Staraptor. No me quedó otra opción que simplemente correr junto a mis amigos por una ruta vacía, donde en el horizonte se podían observar grandes edificios.