Cuando Judy empujó y abrió la enchapada puerta de la choza, fue recibida por la cálida caricia del sol de mediodía. Se sintió bien en su pecho y brazos, y lo disfrutó por un momento, pensando con los ojos cerrados. Pasaron solo segundos antes de reabrirlos y comenzar a buscar a Nick.

"¿Nick?" Llamó ella, inquisitiva de primera, luego con un todo de orden "¡Nick, ven!"

Pero no vino, puesto que no estaba cerca.

A pesar de que un zorro era hábil para esconderse, Judy estaba segura que algún otro conejo lo había visto. Vio a su hermana, alta y delgada, y se acercó a ella en trote urgente.

"¡Melody! ¿Has visto a Nick?"

Melody traía una canasta con lechugas, recién recogidas. Su pelaje café claro contrastaba con el de Judy, y sus patas estaban sucias por trabajar en la tierra. Judy sabía que su hermana prefería estudia sobre el mundo con los ancianos. Cuando escuchó la petición de Judy, se asombró y carcajeó, cerrando sus oscuros ojos.

"Scout Judy, ¿es ésa la forma en que saludas a tu hermana, la que te alejaste por tanto tiempo?"

Judy frunció el ceño y suspiró, dejando caer sus hombros.

"Si, si, lo siento Melody, me da gusto verte bien. Ahora, ¿has visto a mi zorro o no?"

Melody asintió. "Si lo vi. Pasó rápido como un insecto hacia nuestra madre en su bosque de jardín. Nunca lo había visto con esa cara tan dolida."

Judy se acercó para abrazar por sus hombros a su hermana, cuidando de no tirar la canasta con lechugas.

"¡Gracias, hermana!" Exclamó Judy, sinceramente, para luego marcharse corriendo.

Melody la vio, sonriendo y sacudiendo su cabeza mientras que su hermana corría hacia el otro lado del terreno del clan. Pensó que tenía suerte al poseer tal zorro, domesticado, el zorro de un conejo que nada los iba a detener.

Mientras Judy trotaba por el camino, saludando a sus parientes, pronto llegó al bosque de su madre. Estaba justo saliendo del sendero, en un bosquecillo de altos abedules. Se aproximó en silencio, tratando de no interferir con el trabajo de su madre. Inmediatamente, sus ojos percibieron los rayos del sol entre los árboles. Reflejándose en el pelaje familiar, rojo-anaranjado de su zorro, mientras descansaba en el regazo de su madre.

"¿Madre?" Dijo Judy mientras caminaba entre la arboleda.

Bonnie, su madre, se sentaba entre las flores que crecía. Los radiantes colores púrpura, rojos y amarillos ornamentaban el parque como pequeños lunares, y Bonnie vestía una tela pintada de azul proveniente de los pétalos de las flores. Sobre sus piernas, descansaba Nick, mientras ella suavemente le entonaba una canción. Las orejas de Nick estaban caídas, relajadas, y respiraba lenta y silenciosamente. Cuando Judy se acercó, Bonnie subió la vista y le sonrió.

"Judy." Dijo ella, acariciando la espalda de Nick con su pata. "Cuando vi a Nick acercarse. Sabía que estaban seguros, y rara vez estoy más feliz que cuando vuelves sana y salva."

Judy agachó la cabeza bajo una rama y se aproximó al lado de su madre. De rodillas, acercó su pata para ponerla en el cuello de Nick.

"Los siento, Nick… Estás dolido por todo esto, ¿cierto?" Preguntó Judy, suavemente, susurrándole.

Bonnie sintió el dolor desde el momento que vio a Nick. "Tu zorro no habló", dijo ella, "solo vino para reposar conmigo y darme su calor. ¿Qué lo hirió? Y Judy, ¿Qué te ha herido?

"Madre, yo…" Judy no encontraba las palabras. Su frente se arrugó en agonía mental, tomando distraídamente una de sus propias orejas caídas. "En las Praderas, Nick y yo nos peleamos con una loba solitaria."

Bonnie asintió, sus ojos centrados en la calma respiración denotada en la espalda de Nick.

Esta loba, pensamos que era monstruoso, como los cuentos. Pero cuando Nick sorprendió a la loba, no peleó. Cuando… Cuando nosotros la atacamos, no peleó. Solo cuando me acerqué a matarla me habló. Me suplicó, que le perdone la vida por sus cachorros. Vi los ojos de esta loba, madre. No temía la muerte por tener dolor, si no por sus cachorros. Les mentí a todos, a padre y los ancianos, pero no te puedo mentir, madre. No a ti…"

Por una larga pausa, Bonnie calló. Dejó de cantar, pero su pata seguía acariciando la espalda de Nick. Luego, su otra pata la dejó sobre una de las piernas de Judy. Esto hizo que Judy subiera la vista a ella, y Bonnie la miró a los ojos cálidamente.

"Has aprendido algo, Judy. Aprendiste que otros mamíferos a veces… a veces son como nosotros. Aprendiste que no todos los predadores cazan conejos, ¿no es así? Cuando escuché lo que dijiste… Sentí lo que este zorro siente, ya que soy madre, y el también es depredador. ¿Es que no tenemos más en común con esta loba que con cualquier otro?"

Judy asintió con la cabeza al entenderle.

"No hay lobo solitario que nos ofrezca paz con otros lobos., igual que no existe conejo solitario que pueda dar paz a todos los conejos. Así es la vida con estas amenazas. Sospecho que este encuentro no va a cambiar la decisión de tu padre de mudar el clan. No nos queda mucho tiempo aquí, con el terreno así de trabajado, y nuestra población así de grande."

Otra vez, Judy asintió. No dijo nada.

"Creo que hiciste lo correcto, Judy." Dijo Bonnie, y Nick levantó la cabeza. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, y gimió dentro de él.

"Tal como yo lo hice hace tiempo." Susurró Bonnie, sonriéndole al zorro. "Judy, tal vez no te acuerdas, pero cuando eras muy joven, este gentil zorro era mío. Fue mío porque reclamé mucho en contra de un peor destino que el Clan Hopps le había dado. Hablé en contra de que lo mataran por ser necesario. Porque ¿qué necesidad hay en matar a un cachorro? Era más joven ese entonces, igual que tu Judy. Así que nos lo quedamos. Nick, lo llamé. Lo crie para respetar la vida, y el amor. ¿Recuerdas cuando te lo di? Habías cumplido ocho. Eras tan pequeña, pero tu corazón y sueños tan grande."

"Si recuerdo, madre." Dijo Judy al escucharla, y se apretó contra Nick.

"Era un día cálido, Otoño," continuó Bonnie, "y siempre has querido a Nick. Dormían acurrucados todo el tiempo. Eras tan feliz de que sea 'tuyo'. Mientras que tus hermanos y hermanas no confiaban mucho en él, tú lo hacías sin reserva. Sabía que cuando comenzaste a entrenar para ser scout él te sería de gran utilidad. Que él te protegería mejor que yo, muy lejos en terreno salvaje. Y así lo ha hecho, siempre…"

Bonnie se agachó, y luego plantó un beso en el suave pelaje de la frente de Nick.

"Así que cuando te preocupe que no seas parte de nosotros, que te daremos la espalda, no lo hagas. Debes recordar la vida que tienes y has tenido con el Clan. No eres conejo, pero sigues siendo parte del Clan. ¿Entiendes? A pesar que eres de Judy, sigues siendo mío, y te amaré igual que cualquiera de mis hijos."

Judy miró mientras Nick le asentía a Bonnie, con sus ojos húmedos, y Judy lloraba también. Ha temido perder su zorro en muchas oportunidades, pero nunca así, cuando encontró a la loba y al escuchar la voz de los ancianos. En lo profundo de su mente, sabía que no todos los conejos miraban a Nick como su madre lo veía. Recuerdos de haber escuchado reclamaciones tarde en la noche volvieron a ella. Eran esas noches las cuales se tomaba más fuerte de Nick.

Todo lo que Nick pudo decir fue "Gracias", luego suspiró, esnifó y trató de recuperar el aliento.

Bonnie estaba agradecida que la haya buscado y que Judy había vuelto. Se sentó con ellos el resto del rato, sabiendo que su siguiente misión sería mucho más peligrosa que la anterior. Stu planeaba enviarlos una vez más, mientras que el resto del Clan Hopps se preparaba por el éxodo.

"Ven y acuéstate con Nick y tu madre, Judy." Ofreció Bonnie, abriendo un brazo para que Judy colapse. Allí los tres descansaron frente al calor del sol, junto a los colores y aromas placenteros de las flores alrededor de ellos.