"¿Qué quieres decir con inofensivo? Judy, ¡ese era un lobo solitario real! ¡No puedo creer que hablara!" Peter estaba corriendo y saltando delante de Judy y Nick mientras continuaba hablando. No paraba de hablar desde que los tres se habían separado de la loba. Rebotaba de los resistentes troncos de los árboles y corriendo en círculos en el pasto que le llegaba a sus rodillas.

Nick sonrió mientras el joven conejo demostraba una alarmante abundancia de energía.

"Tienes la mitad de la edad de Judy, y eres el doble de ágil." Observó Nick, mirando entre Judy y su hermano notando sus diferencias y similitudes.

Judy no era tan jovial. Ella dejó caer sus orejas y caminaba penosamente.

"¿Judy?" Preguntó Peter, "Tienes las orejas caídas, ¿No me vas a responder? ¿Cómo una criatura tan grande puede ser inofensiva? ¡Un lobo!"

"Es decir, eso era… Era una buena loba. A veces, tal vez, un lobo solitario es un monstruo… Pero a veces, es una madre. ¿Entiendes, Peter?" Judy trató lo mejor que pudo para sonar madura y confiada, pero teniendo en cuenta lo que había pasado, ella estaba más preocupada que cualquier otra cosa.

"Si se lo digo a padre y a los demás, se burlarán de mí." Contestó Peter, mientras su voz se agudizaba como si se estuviera burlando.

Judy subió la vista, y Nick levantó una ceja hacia Peter, quién desvió la vista culposamente.

Peter reconsideró sus palabras. "Pero… si les digo que Judy lo dijo, creo que me escucharán."

Judy se quedó perpleja ante la demostración de madurez del mismo Peter Hopps quien una vez intentó arrancar de raíz un árbol por que "de seguro las manzanas que crecían en las ramas de más abajo eran más dulces." Ralentizó su caminata y giró su pata en el aire como si pusiera en movimiento sus pensamientos.

"Peter… ¿Sabes por qué padre sabía de las Praderas? ¿Por qué no nos envió a otro lugar excepto al norte? ¿Por qué no nos mandó a prepararnos antes si lo sabía?"

Peter se detuvo, y Nick también lo hizo. Se sentó en sus patas traseras y Peter se paseó por donde estuvo caminando Judy, algunos pasos atrás. Se paró frete a Nick y distraídamente jugó con las orejas del zorro.

Tal vez no era tan maduro después de todo. A pesar de que Judy debía confesar que ella también lo hacía cuando no había nadie alrededor.

"Nunca pregunté. Conoces a padre y los ancianos. Siempre han tenido todo topo de conocimientos antiguos. Pactos… creo que era. ¡Pactos, sí! Tiene que haber sido algún pacto."

"¿Si? ¿Con quién?" Interrumpió Nick, sus ojos se encontraron con los de Judy en silenciosa confirmación.

Peter pensó por un momento antes de responder, "Con quienes vivan en las Praderas. Tal vez, no recuerdo."

"No hemos hecho mucho comercio con otros clanes de conejos en varios años… Y no nos encontramos con muchos mamíferos. Vivimos en la tierra ancestral de los Hopps y eso es todo. Pero ahora que la tierra pierde fuerza…" Las palabras de Judy se asomaron lentamente mientras pensaba en las posibilidades. Mientras que en respuestas, se quedó corta en ellas. "Peter. Puedes volver y reportarte con padre. Necesitamos más tiempo. Trata de hacer más tiempo. Nick y yo debemos saber más. Tenemos que encontrar algo."

Peter desaprobó esto, pero igual asintió. Sabía bien que no debía oponerse contra su hermana más grande. Le dio a Nick una palmada en la espalda. Nick le devolvió el gesto empujando su cabeza contra el brazo de Peter.

Judy abrió los brazos, y Peter se acercó. Ella presionó sus patas contra sus orejas.

"Estas creciendo en un buen scout. Serás pronto igual a mí." Afirmó Judy, sonriendo por primera vez en horas.

"Pronto igual que tú, tal vez." Dijo Peter, lentamente soltándose del abrazo. "Pero nunca como tú y Nick." Le dio a Nick una mirada de despido, y luego comenzó a trotar hacia el sur.

Nick y Judy lo vieron irse, y cuando se dio la vuelta para saludar, ellos también lo hicieron.

Pronto, estuvieron solos otra vez.

"Espero que el chico tenga suficiente confianza como para que tu padre lo escuche." Murmuró Nick, acercándose a Judy. "¿Qué vamos a hacer?"

"Blancorebaño. Tenemos que saber dónde está. Si el Clan Hopps se está mudando a un lugar lleno de… lobos y enemigos, tenemos que saber quién es amigo y quién es enemigo."

Por el borde de sus ojos, Judy vio a Nick asentir. Sintió como se movía detrás de ella y ponía sus patas sobre sus hombros. Descansó su hocico entre el par de orejas. Judy sintió el calor de su cercano cuerpo, pelaje contra pelaje.

"Sé que esto te preocupa. Judy, puedo ser un zorro, pero he estado con el Clan Hopps más tiempo que tú. Se nuestras fortalezas. Saldremos de esta."

Nick habló suavemente, y el eco de su voz en las orejas de Judy era reconfortante y consolador. Judy subió un brazo y puso su pata sobre la otra de él. Esperaba que ojalá estuviera diciendo la verdad.

"Gracias. Ahora, tenemos que hacer esto, Nick. Ven. Somos scouts por una razón."

Ambos se dirigieron hacia el norte, siguiendo el camino que habían encaminado con Pete. Esperaban que Peter fuera capaz de poner en alto la migración por al menos un día más. Judy confiaba que le darían un día más lejos de casa para investigar el Blancorebaño, ya que eso era lo más importante.

El sol ya estaba comenzando a ponerse al oeste, y la sombra de las montañas donde habían conocido a la loba oscurecía los campos del salvaje y viridiano césped. Judy y Nick no necesitaron discutir que Nick debía ir primero, liderando una vez más con su visión nocturna. Ambos mantuvieron sus orejas bajas, avanzando por la vegetación.

Pasaron horas sin oír ni ver mamíferos civilizados. La noche cayó para el rato que Nick y Judy llegaron a territorio inexplorado en el norte. Pasaba una brisa helada; un viento soplando desde el mar hacia el este.

"No creo que encontremos el Blancorebaño hoy." Lamentó Nick, sus patas comenzaban a cansarse. "Comienza a anochecer. Deberíamos buscar refugio ahora."

Judy siguió avanzando, mirando por entre unos arbustos. "Nick, no podemos descansar. El tiempo es nuestro enemigo. Debemos saber que hay más adelante."

Nick se detuvo detrás de ella, pasando sus patas por sus orejas. Sacudió su cola y dio un suspiro.

"Continua todo lo que quieras, pero si estas cansada y débil… Ahí es cuando van a atacar."

"Nick, los haces sonar como depredadores. Son presa, como nosotros."

"Di lo que quieras… Sé que las ovejas no son amigos de los conejos. Apenas nos llevamos bien con otros clanes de conejos que buscan comerciar novias, y solo cuando me escondes y me cubres con flores para tapar mí aroma."

"¿Comerciar novias? ¿De qué estás hablando? Nos tenemos el uno al otro, Nick. Así como todos en el Clan Hopps. No te preocupes."

¿Y crees que esto va a durar para siempre? ¿Que un día, no te van a cambiar por el valor de diez conejos en zanahorias a otro clan en alguna compra pacífica?

Judy sacó su cabeza de los arbustos y miró a Nick, con ojos bien abiertos con asombro por la crueldad en su voz y tono.

"Eso… Eso no…"

"No te preocupes, Judy. Volveré a ser un zorro obrero cuando la hora llegue. Ya que ningún conejo excepto el Clan Hopps querría sufrir teniendo a un zorro entre ellos."

"Nick, para. No es así."

Nick se alejó de ella mientras Judy trataba de acercarse para tocar su pelaje. Él se paró en sus patas traseras por un segundo y la miró fijamente, arqueando su espalda hacia ella.

"¡Mientes al decir que no! ¿Cómo sabes? Eres una coneja, no un zorro. Un día me vas a dejar y nunca más te volveré a ver y… y no estoy listo para eso."

"¡Nick, espera! Yo-"

Nick no esperó. Su cara se contrajo en dolor y arrancó por entre el largo césped a su alrededor, corriendo y dejando a Judy parada detrás de los arbustos.

"¡Nick! ¡Nick, no te voy a dejar! ¡No me dejes!" Gritó Judy, llorando y moviéndose por el pasto, saltando para ver por dónde iba Nick. Pero la noche era muy oscura, demasiado. Los ojos de un conejo no eran comparables con los de un zorro en medio de la oscuridad. Todo lo que ella pudo hacer fue levantar sus orejas y olfatear el aire. Suavemente ella lo hizo, avanzando y rastreando lo que pudo del aroma de Nick al rozar su pelaje con el césped. Paró bien sus orejas, tratando de escuchar algún estruendo o una pata rompiendo alguna rama.

Judy no escuchó nada.

Judy golpeó repetidamente el piso con su pata, rechinando sus dientes. En ese momento, ella sintió cuán vulnerable era sin Nick. Aunque antes a veces se separaban para explorar un área más grande, nunca lo habían hecho por una discusión. Comenzó a llenarla un sentimiento de que tal vez nunca volvería y luchó contra las lágrimas. El fuerte y helado viento del oeste parecía castigarla, aunque ella no sabía que había hecho mal.

¿Acaso fue la idea, la callada verdad, de que un día sería intercambiada en favor por otro clan? Era una costumbre que a menudo trataba de olvidad. Solo cuando otros parientes se iban y las Partes Comerciantes se replegaban la hacían recordarlo. O, en raras ocasiones cuando el otro clan debía ofertar, y se incluían más Hopps por matrimonio en intercambio por canastas trenzadas, cosecha o semillas.

A Judy no le gustaba esta costumbre. Al menos, no le gustaba la idea de ser parte de eso, sin importar la cantidad dispuesta a ofrecer, de la que ella no tendría opción. Pero ella sí amaba a los Hopps traídos por matrimonio como cualquier otra hermana.

Dejar el Clan Hopps por otro, elegido por su padre y no ella… ¿Amar a otro conejo?

Judy no estaba segura si podía amar a un conejo, siendo que sabía que amaba ya a un zorro.

"¡Nick!" La voz de Judy sonó con más desesperación. Corrió por entre el pasto en la dirección en que se fue, buscando desesperadamente algún signo de él. Hojas de césped golpeaban su expuesto pelaje y el viento parecía aullarle a sus orejas. Por un momento estuvo segura que el viento era en realidad el aullido de un lobo, pero no prestó atención ni cautela. Debía encontrar a su Nick.

Judy corrió por entre territorio desconocido como si nunca lo hubiera hecho antes. Su respiración se agitó y su corazón retumbaba en sus orejas mientras avanzaba entre los arbustos y enredaderas, emergidas en un vasto campo abierto lleno de altos árboles.

Una repentina luz explotó frente a ella, deteniéndola abruptamente como si fuera una muralla.

A la distancia una figura aparecía con una antorcha levantada; una varilla en llamas con una gran masa quemándose en la punta, como si fuera una flameante pierna de un demonio.

Judy se lanzó al suelo, bajando sus orejas y escondiéndose de la luz mientras la figura trabajaba.

Sujetaba la antorcha en un brazo, y dejaba caer rocas planas con la otra. Cada diez yardas más o menos se detenía para botar una como si marcara territorio.

Marcar el terreno de un clan con piedras planas, grabadas con el símbolo del clan era una costumbre de cada clan de conejos que Judy conocía, incluyendo la suya.

Pero esta figura no era un conejo. Esta figura era de cuerpo grueso y pomposo, como una nube cargada. Judy sabía que era una oveja, su lana blanca era extraña, y Judy no estaba segura cuanta masa corporal estaba cubriéndole. Núnca había visto una oveja antes. Tampoco había escuchado que eran peligrosos, salvo por lo que dijo Nick antes. Tal vez podía comunicarse con la oveja si hablaba la lengua común. Tal vez… Tal vez había visto a Nick.

"¡Alto! ¡Vengo en paz!" Llamó Judy, dando un salto en el césped desde donde estaba. Mostrándose de su escondite y acercándose tentativamente para evitar asustar a la otra pesa.

La oveja levantó la cabeza, dejando caer otra piedra en sorpresa. Miró fijamente a Judy por un largo momento, mientras Judy podía ver la extraña forma de sus pupilas, como de reloj de arena, iluminados por la luz de la antorcha que sostenía. Correas hechas de tela o piel se envolvían alrededor de su lanudo cuerpo, trozos de espesa lana se asomaban por las aperturas de la tela. La antorcha de fuego se reflejaba sobre el largo y brillante metal adherido a la cintura de la oveja.

¿Acaso venía del Blancorebaño?

Antes de que Judy pudiera comunicarse más, la oveja baló un fuerte 'bee' como un llamado, que repercutió en el silencio de la noche a su alrededor. Dos figuras más se asomaron desde atrás de rocas y árboles – más ovejas, aunque solo se veían sus siluetas.

"¡Clan Hopps!" Llamó Judy. "Clan de paz, no soy de temer; ¿podemos hablar?"

La oveja asintió, pero no a Judy si no que a sus compatriotas. Mantuvo la antorcha arriba, mientras que los otros dos desenfundaron largas y crudas cuchillas de sus cinturones. Marcharon hacia Judy, balando en voz baja e intentando flanquearla.

Judy instintivamente saltó hacia atrás, y palmoteó su cinturón para sacar su resortera. Con mano temblorosa, en la opresiva oscuridad, torpemente cargó una piedra en su resortera.

Pero las ovejas ya estaban cerca de ella, a algunos pasos.

Muy cerca.

Se escuchó un exaltado 'bee' de agitación, cuando de repente la antorcha voló por pos aires. Mientras tanto, Judy y la oveja, quienes ambos giraron para ver qué pasaba, vieron una figura con largas orejas y una gruesa y esponjosa cola que se lanzó sobre la oveja que traía la antorcha. Las otras dos ovejas corrieron a investigarla, y Judy las siguió.

"¡¿Nick?!" Llamó Judy en confusión y jadeando en ilusión, Estaba a punto de ver a su amigo, a su amor que había aparecido en cruel venganza ante sus ojos.

El desconocido mamífero se asomaba sobre la oveja caída. La antorcha había caído al suelo y encendió el césped cercano.

Vio lana roja.

El mamífero levantó su cabeza, mostrando blancos colmillos que goteaban sangre y saliva. Judy creyó ver que su gris y café cuerpo parecía una roca gigante, salvo por como exhalaba y gruñía.

"¡Conejo!" Gruñó el lobo, su voz era grave y resonaba con mandato. "¡Sal de aquí!" Y luego el lobo se levantó en sus patas traseras, lanzándose sobre una de las ovejas, que eran el doble de altas que Judy.

Judy se cayó de espalda en alarma. Mientras las dos ovejas sacaban sus armas y atacaban al lobo, tres lobos más aparecieron al borde de la fogata. Sus ojos y dientes brillaban en la creciente fumarola que lamían el cielo como lenguas lupinas. Coordinados y confiados, se lanzaron sobre las ovejas, y Judy sabía que era la siguiente.

Y lo era.

Aún en el suelo, todavía decaída y confundida por el shock, Judy sintió patas con garras, luego dientes tirándola de la parte de atrás de su cuello.

Sus pensamientos, que estaba segura que serían los últimos, fueron los de Nick.