"Judy, ven a sentarte al fuego conmigo."
Stu palmoteaba la plana roca en la que estaba sentado, observando a su hija.
Judy se puso de pie de su lugar sobre el pasto, para irse a sentar con su padre. Mientras lo hacía, Stu sacó una resortera desde una correa de corteza, puesta alrededor de su torso. Luego, se dio media vuelta sobre sus patas.
"Esto era de mi padre. Recuerdo cómo la hizo, envolviendo corteza alrededor de él hasta que fuera fuerte." Frotó sus patas sobre la retorcida cuerda y las acolchadas empuñaduras de corteza. Estaba bastante usada, pero la cuerda aún era firme. "¿Sabes por qué has estado tallando balas, pero sin poseer una honda por tu cuenta? Porque siempre te he querido dar la honda de mi padre como él me la dio a mí."
La cola de Judy se sacudió mientras se acercaba a su padre, examinando la resortera que siempre lo vio por tanto tiempo usando. Una vez, cuando un grupo de tejones se acercaba a la aldea, ella vio a su padre calmadamente golpear y acabar a su líder desde trecientos pies de distancia de un solo tiro. Para ella, esa resortera era un objeto legendario, y nunca estuvo segura si fue la honda en sí o la habilidad de su padre quien hizo la pedrada.
"Padre, yo… este es un gran honor. ¿Pero por qué me lo concedes a mí? ¿Por qué no a alguno de tus varios hijos? ¿Jason? ¿Eric?" Esos eran los nombres de sus hermanos mayores, cada uno más fuerte y rápido que ella.
Stu le sonrió y extendió una de sus patas, enroscando deliberadamente la resortera alrededor de ella para juntarlo en un manojo. El fuego parpadeó perezosamente, proyectando sombras a su alrededor. Sus otros hijos e hijas ya se habían ido a dormir.
"Yal vez aún no lo sepas, pero eres la más audaz de los Hopps. Aunque aún eres joven, y bajo supervisión, has probado ser una scout competente. No hay muchos que puedan detectarte a ti y a tu zorro. Vas a necesitar esta honda si quieres ir más allá de las tierras de los Hopps. Te protegerá como si yo estuviera ahí. "¿Has entendido?"
Judy asintió obedientemente, tratando de esconder su emoción. Estaba acostumbrada a una resortera – usualmente usaba una para entrenar, pero ésta no era una como cualquiera. Inculcado en su interior se encontraban todas las formas de protección sobre lo físico que podían ser atribuidas.
Ella estaba feliz por recibir la resortera, pero también estaba bien consiente de lo que significaba. Pronto, ella iba a estar muy lejos de la seguridad de las tierras Hopps. Pronto, ella estaría sola por su cuenta durante días o semanas completas.
"Lo siento, Judy."
La voz de Nick resonó en sus orejas mientras el viento resoplaba por entre los dos. Judy apenas podía entender lo que estaba pasando; solo el pasar del viento y el crujido del pasto y las plantas en su pelaje hacían algo de sentido. Se sentía débil, con miedo, pero no estaba dispuesta a rendirse. Ni su vida, ni la de Nick.
"Entiéndeme; no quiero hacerte daño." Nick no paraba de jadear. Se aferró a Judy para proteger su vida, con sus patas apretadas alrededor de ella. Aún podía sentir el sabor de su pelaje en su boca, al tironearla a sus brazos desde la piel de su cuello. "Solo estoy frustrado y con miedo. Sé que perderte por otro conejo es mejor que perderte por cualquier otra cosa."
Judy gruñó y se retorció del aferre de Nick. "Nick, ¡para! ¡Estamos a salvo!" Rogó ella, pero Nick igual continuó. Corrió hasta que ya no pudo más. Se quedó sin respiración, buscando aire, para luego dejar a Judy bajo un árbol, en donde se puso sobre ella para protegerla de cualquier daño.
"Oh, Nick." Sollozó Judy, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello y frotando su cara sobre su rojo pelaje. Su aroma era potente pero tan filial como reconfortante. Comenzó a acariciar su agitada espalda mientras que él recuperaba el aliento. "Nick, no me voy a ir. No me mandarán lejos de ti." Sus palabras vinieron con lágrimas mientras esperaba que su intención llegara a su zorro.
Nick jadeó, suspiró y frotó su nariz contra la mejilla de ella. "Seamos como nosotros queramos ser. Conozco la tradición del clan, pero a ti también. Deben entender, ser una pareja tan así."
"¿S-somos… Somos pareja? ¿Dos, pero actuamos como uno? Nick, guarda tus hermosas palabras para cuando no esté tan asustada." Una suave risita indicaba que estaba más relajada. Aun así, en lo profundo de su mente, se mantenían los horripilantes aspectos de aquellas bestias gruñidoras, como así también sus palabras.
"¿Qué mamíferos eran esos, Nick, los viste? ¿Los escuchaste? ¿Eran del Blancorebaño?
Nick redujo su voz mientras susurraba preocupadamente por su seguridad. "Deben ser. ¿Quiénes más? Eran raros y temibles. Pero… pero los lobos. ¿Te hirieron?"
Judy negó; Nick pudo sentirlo. "No. No puedo entender esto."
Las orejas de Nick se pararon mientras Judy hablaba, y puso una pata sobre la boca de ella. Un murmullo se escuchó de más allá de donde podían ver. La luna iluminaba muy poco.
"Pacificadora, si así dices que eres." Una voz hizo temblar los sentidos de Judy; una advertencia así usualmente no la alertaba tanto, pero ella no se sintió más segura al escucharla.
Poco a poco y con pesados y muy audibles pasos, la cara llena de sangre de un lobo apareció de entre la noche. La luna irradió su hocico en plata y la sangre que caía de sus garras brillaba como jarabe entre la oscuridad. Incluso en cuatro patas, poseía una gran apariencia sobre Nick y Judy, acurrucado contra el árbol como ellos. Reverenció con su hocico y se sentó en sus patas traseras.
"¿Lobo? ¿Qué es lo que quieres?" Nick se mantuvo a raya con su gruñido, pero algo de ofensa se mantuvo en su voz.
El lobo se echó a reír. Dio un ruido raro; uno que ni Nick ni Judy habían escuchado antes.
"No hables así. Yo te salvé – merezco respeto. ¿No sabes de honor?"
Mientras el lobo hablaba, se lamía la sangre entre sus dientes. Sangre de oveja. Parecía estar solo, sin una manada cerca de Judy o Nick que pudieran olfatear o escuchar. Su voz era como la del lobo hace unos momentos.
"Vamos, Lobo. Habla como necesites." Respondió Judy, sentándose. Una mezcla de terror y asombro hizo temblar su voz. Nick mantuvo su cuerpo en frente de ella. Sus garras se enterraban en el pasto junto a ella, y pudo sentir tenso todo su propio cuerpo, preparado ante algún movimiento repentino o acción drástica.
"Llámame lobo como quieran, pero sepan que mo nombre es Managarm. Mi manada ser pacífica. ¿Conocen a Skadi? Mi Skadi. Enviarme aquí para encontrarlos. Conoce el peligro mejor que cualquier otra."
"¿Skadi? ¿La loba? ¿La loba blanca? Entonces de esa manada, tú eres… Alfa."
El lobo rió otra vez. "Incluso las hijas de conejos conocen esas palabras."
Judy entrecerró sus ojos, ajustándose. Se tomó el tiempo de observar al lobo mientras estaba ahí sentado. Sus orejas triangulares se asemejaban con la sombra como las copas de árboles contra el oscuro cielo, y sus patas eran del tamaño de la cabeza de Judy. Sus mandíbulas parecían como si pudieran devorarle la cabeza de dos mordiscos. Que él sonriera hacía poco para aliviar sus instintos primales; tal sonrisa mostraba sus sangrientos colmillos, largos como dagas.
"Dijiste… Skadi. ¿Ella te envió aquí? ¿Con tu manada? Pero ella dijo-"
"Se equivocó. Yo decido que hacen mis compañeros. Yo y mi promesa."
Nick frunció su nariz. "¿Qué promesa?"
Managarm se cruzó sobre sus patas con calma frente a ellos. "Eres Buscadora del Clan Hopps. Deberías estar preparada para morir… Aunque ningún mamífero les da la bienvenida. Nosotros los de mi manada juramos no herir a ningún Hopps. Qué coincidencia que se encontraban en peligro por los Blancorebaño, ya que no hay sangre que podamos derramar más felizmente que la de ellos."
La mente de Judy daba vueltas. Se agarró del pelaje de Nick y sintió que se erizaba de nuevo, sintiendo su impotente rabia.
"¿Una promesa? Un pacto… ¿Con quién juraste este pacto, lobo? Ningún lobo se ha acercado a las tierras de los Hopps sin una pelea." A decir verdad, ningún lobo ha pasado cerca de las tierras Hopps en un largo, largo tiempo.
Ante esto, Managarm subió las cejas e inclinó su hocico más cerca de Judy. Ella podía ver la nariz del lobo temblando y olfateando. Descruzó sus patas para hacer un gesto, barriendo lentamente una pata hacia al lado.
"Pregúntale a tu padre, joven Hopps. Stu de Hopps honra la primacía de los lobos. Lo respeto mucho."
Nick se alejó de Judy, pero se negó a sentarse en cualquier lugar que no sea entre ella y el lobo. Él se sentó frente a ella, cerca del lobo, y se cruzó de brazos. Cruzó sus patas traseras bajo él, y miró al lobo directo a los ojos. Luego mirarlo seriamente por algunos momentos, suspiró y asintió.
"No puedo confiar en ti fácilmente, pero aunque puedes matarnos, aún no lo has hecho."
Judy se movió para estar cerca de Nick, y puso sus patas sobre él. "Nick, tu… ¿confías? Deberías confiar por ti también, no solo por mí. Yo confío en este lobo. Este depredador. Yo también confío en que no nos va a herir."
Nick giró su cabeza, con sus verdes ojos brillando en la luz de la luna mientras miraba la cálida expresión de Judy. Se preguntaba como ella podía ser tan amable. Él conocía a muchos conejos que todavía se estremecían ante su presencia, que todavía hablaban a su espalda cuando él no escuchaba. Incluso aunque fuera un Hopps como ellos, pocos lo trataban como Judy lo hacía. Él la veía ahora, tan abierta ante este enorme y temible predador, tan confiada, mientras su corazón dolía por su afecto a la benevolencia de Judy.
"Tú eres la esperanza para los depredadores como yo, Judy." Nick la contempló por unos momentos antes de volver su atención hacia el lobo.
"Manada no tiene causa para tener esperanza." Refunfuñó Managarm. "Vivimos y morimos. Construimos cuevas de piedra y la naturaleza los reclama. Educamos a nuestros cachorros y los perdemos por la hambruna. Muy pocos ahora desean consumir la carne de presa."
Judy cerró sus ojos en la oscuridad. Sintió una dolorosa puntada de culpa en su estómago. ¿Acaso ella – todos los Hopps – juzgaron mal a los lobos? ¿O al menos, estos lobos? Pero luego ella recordó…
"Tú dices eso, pero tu Skadi estuvo cazando ratones como alimento." Las ratas no comerciaban con el Clan Hopps, pero eran conocidos y también mamíferos pacíficos.
Managarm suspiró profundamente. Bajó la cabeza y desvió la mirada con sus ojos ámbar. "Mi Skadi. Mucho tiempo separados… Se mueren de hambre en las llanuras, sola, para alimentar a sus cachorros crías. Mis crías. Todo es mí culpa… Está dispuesta a matar presas más que cualquier otro lobo."
"¿Entonces cómo hablaste con ella?" Preguntó Judy con sus ojos bien abiertos.
"¿Hueles la ceniza en el viento? El Blancorebaño quema y mata, depredador y presa. Hay más sangre que derramar. Me encontré con el aroma de Skadi mientras venía desde el oeste hacia donde está el Blancorebaño. Mi manada y yo. Frija está enojada, pero ella entenderá. Skadi dijo mucho acerca ustedes coneja y zorro."
Nick subió sus labios para mostrar sus dientes, pero Managarm no reaccionó.
"¿Quieres matarlos?"
"Como ellos quisieron matarnos. Y a ti. ¿Qué no viste? Quisieron su sangre en el momento en que los vieron."
Judy cerró sus puños. No quería creer con tanta facilidad que sus diferencias eran contrarias. Si todos pudieran solo hablar, igual como lo estaban haciendo con el lobo… ¿Por qué se debía derramar sangre cuando la tierra les daba tanta ganancia a los del Clan Hopps?
"Ahora yo les hago una pregunta, zorro y conejo, ustedes dos Hopps. ¿Qué hacen aquí? ¿Por qué estar aquí y no en la tierra de Hopps? ¿Qué buscan?"
Mientras una brisa los encontraba en el claro, Judy olfateó el aire y sintió el pelaje de los otros lobos. Se estremeció ante esto, pero su mente no se tornó de inmediato al miedo – solo su cuerpo.
Nick le dio con el codo para que supiera que estaba allí, y que él también lo había olido.
"Nosotros… buscamos cultivar en nuevas tierras. Las tierras de Hopps pronto se harán estériles. Padre tomó la decisión. ¿No es segura, esta tierra? ¿Amansar y cultivar? Podríamos… beneficiarnos… podríamos-"
"¿Podrían aterrorizar como los del Blancorebaño lo hacen, conejo?"
Una seria voz femenina hizo que las orejas de Nick y Judy se pararan. Desde los altos arbustos adyacentes a Managarm, un gran y grisáceo lobo se reveló, con una mueca de desaprobación en su hocico. Todos sus rasgos eran como los de Managarm, pero en sus ojos ardían brasas de malicia.
"Frija, esta es coneja de Hopps. Recibió el pacto como todos los Hopps. Habla bien con ella, y hazlo conscientemente."
"Pacto no significa nada a las lanzas y hondas. Esta coneja podría usarlas."
Nick negó con la cabeza en protesta. "Tú no entiendes. Somos pacíficos, solo nos defendemos. Nunca matamos a un lobo en ofensiva, o cualquier otra criatura. Judy y yo – Clan Hopps – solo queremos vivir. ¿Acaso ustedes lobos, que solo quieren también vivir, nos harían daño? ¿Nos matarían como comida?"
Judy tenía dificultades en esconder sus emociones. Quería gritar, quería llorar. Forzarlos a todos a que de alguna forma acepten vivir seguros a pesar de toda esa enemistad latente. Pero se veía que incluso con un pacto, habían lobos que todavía tenían consideraciones acerca de convivir. Era agonizante que Judy tuviera que reconocer que habían muchos conejos de su clan que sentían los mismos sentimientos sobre los lobos.
Frija dio un paso al frente y mostró sus dientes. "No tengo amor por los conejos. No como conejos por el pacto. Eso es todo." Se paseó alrededor de Managarm y luego se devolvió, sacudiendo su cabeza y lamiendo sus labios en fastidio.
Nick gruñó, pero se volvió a poner de pie y rodeó a Judy con un brazo. Ella estaba alegrada. Nick se controlaba más veces a si mismo que ella. Excepto cuando ella lo hería, ahí parecía que perdía toda su conciencia y juicio.
"Ahora nos vamos. Sépanlo." Pas palabras de Judy fueron más firmes, a pesar de todo lo que habían pasado. "El Clan Hopps vendrá a las Praderas. Vamos a domar y cultivar estas tierras, y cuando lo hagamos, haremos la paz con ustedes… y con el Blancorebaño. Nick, ven."
Judy apuntó hacia abajo y Nick se pudo en cuatro patas. Por primera vez en largo rato, ella se subió a su espalda, montándose justo detrás de sus brazos. Allí debía mostrar su poder; su confianza, o lo que quedaba de ella.
"Si dices conocer el miedo- "Llamó Managarm, parándose lentamente. "-lo reencontrarás con el Blancorebaño. Sé incólume, Hopps."
Nick y Judy se encaminaron hacia el sur, juzgando las estrellas. Una vez más se rompió el adagio. Cuando los lobos se perdieron de vista, Judy se agachó cruzando los brazos sobre la espalda de Nick, poniendo su cabeza sobre ellos. La poderosa visión de Nick guio su camino, y Judy al fin tuvo un momento para realmente descansar luego del altercado con el Blancorebaño. La cercana muerte. El rugido de los lobos y el desgarro de la carne.
Nunca ella había estado tan cerca de morir.
"Judy, debo preguntarte."
"¿Sí, Nick?"
"Hay mucho que decirle a tu padre y al clan." Nick eligió sus palabras con delicadeza, como si todavía estuviera trabajando en sus pensamientos mientras hablaba. "Sé que debemos decirles sobre el Blancorebaño y los lobos, pero… ¿Deberíamos decirle lo de nosotros? ¿Seremos capaces?"
Judy descansó su mentón sobre el cuello de Nick y miró a las estrellas mientras era llevada de vuelta a las tierras Hopps. Hubo una gran belleza en las estrellas; los grupos de brillantes puntos en patrones y la bruma de estrellas tenues detrás de ellos. Mientras los contemplaba, encontró dos estrellas que no brillaban tanto, pero estaban muy juntos.
"Primero les diremos lo que tienen que saber primero, Nick. Y luego decidiremos… Decidiremos qué más podemos decirles. Temo enemistad. Temo desentendimiento y falta de juicio. Yo no temo al amor."
Judy sabía que esta no era una respuesta perfecta. Que solo seguiría perturbando a Nick. Pero ella lo amaba de modo que no podía soportar darle falsas esperanzas.
Nick se detuvo y sintió sonreír. También miró hacia las estrellas y vio dos hermosas luces tan cerca de ellas como Judy estaba con él. Se preguntó si ella también las había visto.
