Hola a todos, discúlpenme por la falta de actualización del día de ayer, pero fue un día muy largo, no sé que más decir, necesito cantidades industriales de cafeína en este momento para comenzar a funcionar y eso que hace casi cuatro horas que ando levantada :S

DISCLAMER.- Todo lo que puedan reconocer le pertenece a J.K. Rowling, la Warner y no sé a quien más, yo solo escribo por diversión y sin ánimo de lucro. La estrofa del principio de la historia le pertenece al grupo Sylvania y la canción se llama No Sé Que Será De Mi.

Este trabajo está dedicado a Violette Moore.

Y este capítulo en particular para Yazmín Snape que tuvo que sobrevivir una semana entera sin spoilers XD. Sorry, fue una semana difícil, prometo que no volverá a ocurrir XDD.


OTRO LUGAR

por

Adrel Black


EL TIEMPO

Solo el tiempo me dirá

si me puedo levantar,

si podré olvidar tu voz,

tu sonrisa, tu ilusión

tus caricias y tu amor.

(No sé que será de mí, Sylvania)

Me pongo de pie y avanzo por el pasillo, el diario abrazado contra mi pecho como si se tratara de un tesoro, avanzo hasta llegar a las puertas que llevan hacia el gran comedor, afuera el sol está muy alto en el cielo, lo veo traspasar las ventanas con su luz, debí quedarme dormida en el pasillo, aunque no lo recuerdo, tengo la sensación de que anochecía cuando entré a la mazmorra, intento poner el tiempo en orden pero no lo logro.

Sacudo la cabeza confundida, algunas veces siento que el tiempo pasa de manera distinta, como si no viviera con continuidad, como si solo diera saltos de un día a otro, incluso el castillo algunas veces parece completo, como si ya no hubiera nada más que reparar. Pero no puede ser, la torre de Gryffindor sigue teniendo el enorme agujero que hace que vea los terrenos al completo desde ahí.

Escucho ruidos en el Gran Comedor y me acerco, al fondo la profesora McGonagall se afana en adornar un enorme árbol de navidad, es hermoso, tan verde que podría ser parte de un bosque encantado, McGonagall hace florituras con su varita y de ella salen flotando carámbanos que parecen de hielo, o tal vez cristal y se acomodan en las ramas del árbol, en la rama de la punta una estrella que parece brillar en luz blanca ilumina todo el conjunto.

— ¿Profesora McGonagall?

—Hola Hermione —me responde sin apenas desviar la vista de su tarea.

— ¿No es algo pronto para poner los adornos de navidad? —le digo con una pequeña sonrisa, ¿quién pone los adornos en junio?

— ¿Pronto? —Ella me mira, sin comprender, y sonríe —mañana es noche buena Señorita Granger.

No hay ningún espejo cerca, pero no lo necesito para saber que palidecí, no llevo tanto tiempo en el castillo, a pasado si acaso una semana, solo una semana, McGonagall tiene que estar equivocada es… no tengo idea que fecha es, pero si acaso estaremos a mediados de junio, es decir, no puede ser que estemos en diciembre.

Me alejo del fondo del comedor y veo a través de uno de los ventanales, fuera los terrenos están gélidos, el lago se ha congelado y el bosque prohibido está aplastado bajo lo que parecen toneladas de nieve, el cielo de color blanco perlado parece estar hecho también de escarcha, "no puede ser", me repito a mi misma, acabo de ver el sol en lo alto del cielo cuando venía para acá.

De pronto me doy cuenta de lo desabrigada que estoy apenas con pantalón de mezclilla y playera. Allá a lo lejos en el bosque prohibido hay alguien de pie, mirando el castillo, se perfectamente quien es, estoy segura de que es Snape, la temperatura parece descender otros diez grados de golpe, está ahí de pie con los brazos cruzados mirando el castillo, me acerco aun más a la ventana, entornando los ojos, intentando forzar mi vista a que alcance a divisar algo que en realidad está muy lejos. Siento mi respiración agitarse.

—Profesora McGonagall —necesito que ella se acerque y me diga si lo que veo es real. Pero apenas en el instante en que desvié la vista para mirar a McGonagall él desapareció.

Trago saliva. Era Snape estoy segura que era Snape.

— ¿Está usted bien, Hermione? —me pregunta McGonagall, mientras me desplomo en una silla de la mesa de Slytherin.

Asiento y luego digo:

— ¿Cuánto tiempo hemos estado aquí profesora McGonagall?

Ella me mira y parece sopesar mi pregunta, luego frunce el ceño como si contara.

—Pues llegamos a principios de junio, ahora son casi finales de diciembre.

Una voz en mi cabeza dice "seis meses, casi siete".

McGonagall se acerca.

— ¿Qué es lo que pasa Hermione?

—Es solo que no me parece que sea tanto tiempo. —Omito por completo decirle que no tengo idea de qué he estado haciendo todos esos meses, mis recuerdos se limitan casi por completo a mis incursiones a las habitaciones de Snape.

—Si, el tiempo parece pasar de una manera extraña algunas veces.

Al parecer ella ha tomado mis palabras como una profunda reflexión sobre el paso del tiempo y no como algo literal, no me puede ser que haya perdido siete meses sin saber en qué.

McGonagall se aleja de nuevo hacia el árbol, al parecer ya tiene suficientes carámbanos blancos y ahora saca de su varita unas enormes esferas doradas que vuelan hacia las ramas del árbol intercalándose con los carámbanos.

Recuerdo hace años, un árbol adornado de la misma manera, con los mismos carámbanos y las mismas esferas, probablemente, adornado por la misma McGonagall, cierro los ojos intentando acordarme y en mi mente lo veo, el baile de navidad, Víktor da vueltas y me hace moverme al mismo ritmo que él, yo sonrío sin poderlo evitar, él me agrada, sin embargo, mi vista se desvía constantemente hacia otro, hacia él.

Snape tiene cara de estar muy aburrido y un tanto abrumado por el ruido de la música, debe de estar acostumbrado al silencio de la mazmorra, sin embargo, hay un momento en el que al ver aquel árbol su mirada se suaviza, parece recordar otro momento.

Hay ocasiones en las que me he acostumbrado a sus ojos de enfado y a sus constantes asedios y rencores que casi he olvidado lo muy melancólica que puede ser su mirada. La música ruidosa termina dando paso a una canción más tranquila, siento las manos de Víktor en mi cintura y me dejo arrastrar por el ritmo de una balada, pero mi mirada no se despega de la figura del profesor Snape, mirando el árbol de navidad. De pronto levanta la vista y me mira, la cercanía de Víktor jamás hubiera logrado descolocarme de esa manera, su mirada se endurece, me siento tan sorprendida que no reacciono a dirigir la vista a otro lugar, parece sumamente enfadado y yo me siento como una intrusa, como si lo hubiera estado espiando, él se da media vuelta, deja de golpe el vaso del que bebía sobre la mesa mas cercana y se aleja fuera del gran comedor, mientras sigo meciéndome en los brazos de Víktor.

Abro los ojos de mi ensoñación y lo veo, igual que aquel día, abandonar el gran comedor hacia el vestíbulo.

Me pongo de pie de golpe, sin pensar lo tonto que suena aquello y salgo hacia el pasillo, los pasos resuenan en el castillo vacío, corro hacia el sonido, me detengo en una encrucijada intentando saber hacia donde continuar, respiro agitadamente, lo escucho, comienzo a correr de nuevo. Sigo caminando a ratos luego corriendo, extrañamente los pasos me llevan hasta la torre de Gryffindor. Escucho el retrato de la dama gorda cerrarse y luego la puerta de mi habitación, corro y al abrir la puerta espero toparme de cara con él, pero la habitación está vacía y yo me pregunto, no por última vez si me he vuelto loca.

.o.O.o.

Estoy escondida dentro del dosel de mi cama, no sé de qué me escondo, solo sé que no debo salir, el diario que encontré en las habitaciones de Severus está sobre mis piernas, abierto.

Abro los ojos asustada, mi respiración se entrecorta, no recuerdo haberlo abierto, no sé cómo forcé la cerradura, lo reviso, pero parece estar perfectamente, como si lo hubiera abierto con la llave.

Me acaricio el puente de la nariz, ¿por qué no recuerdo haber llegado hasta aquí?

Intento hacer memoria, recuerdo haber perseguido a… niego con la cabeza, recuerdo haber escuchado ruidos y haber llegado a mi habitación vacía, luego… nada.

Abro el diario por la primera hoja, la caligrafía pulcra de Snape me saluda, la fecha es de hace años. Contengo la respiración esperando que alguien —Snape —abra de golpe las cortinas del dosel.

Me apresuro a leer, como si corriera contra el tiempo.

A 11 de noviembre de 1980

Albus ha dicho que sería una buena idea, vaciar todos mis demonios en letras, dentro de un libro, la verdad creo que es una estupidez, las únicas personas que conozco que tienen diarios son las chiquillas risueñas que pululan en el colegio como si se tratara de plagas, se mueven a mi alrededor pestañando como si tuvieran tierra en los ojos, odio ser el único profesor joven que tienen, van dejando los diarios por ahí, y luego lloriquean por los rincones porque alguien más los ha encontrado y leído.

Aun así, y aunque nunca lo diré en voz alta, lo haré, porque siento que me estoy envenenando de tanto odio y remordimientos, porque hay instantes, al recordar todo lo vivido que siento que la bilis sube por mi garganta, quemándola, sin dejarme respirar. Si el hijo de Lily no hubiera sobrevivido probablemente me hubiera suicidado, pero el necio chiquillo sobrevivió y ahora debo encontrar en los remordimientos el valor y la paciencia suficientes para convertirme en su niñera. Como si esa fuera la solución.

Soy un imbécil.

Podía imaginar perfectamente al hombre escribiendo aquellas líneas, con unos veinte o veintiún años, con menos líneas en el rostro, la boca torcida y el ceño fruncido. Pasé las páginas al azar y las abrí algo más adelante, había muchos escritos.

A 12 de diciembre de 1985

Hoy pasé por la casa de los muggles, de nuevo, han pasado meses desde que empecé a ir, y sigue siendo tan doloroso como al principio, por algún motivo que no comprendo pensé que el verlos a ellos, a Petunia y al hijo de Lily, de alguna manera, haría que el dolor fuera cicatrizando, pensé que a fuerza de verlos llegaría el momento en el que me insensibilizaría lo suficiente como para que ya no me importara, pero eso no ha pasado.

Apenas a lo lejos pude ver a Petunia, esa mujer sigue siendo tan vulgar y corriente como lo era cuando fuimos niños, parece como si todas las virtudes sobresalientes de ésa familia hubieran ido a parar a Lily, mientras que Petunia se hubiera llevado la peor parte de la carga genética.

La belleza física fue de Lily, la belleza de carácter fue de Lily, la magia fue de Lily, la amargura, la deslucida belleza, la vulgaridad de sangre todas fueron de Petunia.

Llevaba a un bodoque en brazos, era obvio que era su hijo, de ella y del hombre enorme y soso con el que se casó. Jugaba con aquel mocoso mientras que otro niño de cabello negro permanecía sentado en una cobija sobre el césped, ella lo ignoraba y seguía jugando con su hijo.

Sentí furia y quise hechizarla, cómo se atrevía a tratar de aquella manera al hijo de Lily, sin embargo, al verlo detenidamente fue como mirar la cara de James.

Entonces me di cuenta que esto nunca funcionará, que nunca voy a dejar de sentirme culpable, que la herida no está cerrando, no está mejorando, que yo no estoy olvidando, que nada ha cambiado.

De alguna manera me hizo sentir peor el mirarla, ¿porqué la gente como ella sobrevive mientras que la gente como Lily muere?

¿Acaso la respuesta no es obvia?, porque la gente como Lily se mezcla con gente como yo, yo que fui el único culpable de su muerte…

Lo sabía, sabía que era cuestión de tiempo para que el nombre de Lily apareciera, no puedo imaginar su vida, tantos años purgando una culpa que nunca va a terminar de supurar, que nunca se iba a perdonar.

3 de julio 1987

Creo que estoy ebrio, y por una vez en mucho tiempo no me importa, he cuidado de no embriagarme, no sería ni siquiera un poco digno, ir a trompicones por los corredores como si fuera un borracho indigente que ronda por el callejón Knokturn, aun así no me importa, si pudiera bebería más, pero el whisky de fuego escasea, en pocas palabras botella y media desapareció, pero soy todo un maestro del autocontrol, así que en lugar de ir por el colegio dando algún espectáculo humillante, me dedico a estar encerrado y hacerle confesiones a este estúpido diario como si fuera un adolescente. No estoy seguro porque me embriago, no se si es de dolor…, no, creo que es más bien de estupidez.

Podría decir que me embriago por gusto, pero en realidad lo que me duele es que me creía tan listo que nunca me di cuenta de lo imbécil que fui.

Recuerdo aquel año no se bien como ocurrió pero ahí estaba, en Hogsmade, a mi izquierda Rodolphus, a mi derecha Lucius y frente a nosotros las tres hermanas Black, Bellatrix, Narcisa y Andrómeda. Claro que ellos cuatro (Rodolphus, Bellatrix, Narcisa y Lucius) estaban liados de modo que Andrómeda y yo nos encontramos de pronto abandonados en las tres escobas mientras las "parejitas" se iban por ahí.

Las hermanas Black solo buscaban con quien abandonar a la pequeña de la familia y ellos alguien que la entretuviera, en realidad, no puedo decir que me sorprenda, ni ahora, ni entonces.

Pero luego, de alguna manera, los dos comenzamos a disfrutar de esos abandonos, e incluso a vernos sin necesidad de que los otros cuatro estuvieran de excusa, no puedo negar que había algo en Andrómeda que me llamaba. Claro que no tenía la belleza deslumbrante de Narcisa y mucho menos la presencia de hierro de Bellatrix, pero en sus ojos grandes había algo que no se encontraba en sus hermanas, había gentileza, un rasgo difícil de encontrar en la casa de Slytherin.

Decidimos ir, aquella navidad a Hogsmade pero luego todo se hecho a perder, Lily apareció llorando y yo me fui a consolarla.

Dijo que James y ella habían peleado, que sabía que él no la amaba, mil y una cosas más que yo creí, ella ahora sabría que James no la quería, que yo era el indicado. Dejé a Andrómeda plantada, alguien me dijo después que me espero mas de dos horas en las tres escobas antes de darse por vencida, mientras tanto yo, entre mis brazos tenía a una llorosa Lily que no tenía en realidad ojos para mí, sino lágrimas para él.

Jamás recordé a Andrómeda sino hasta el día siguiente cuando esperé a Lily fuera de su sala común, el asunto es que ella no venía sola sino con Potter, el maldito de Potter, al parecer, me dijo habían reconciliado sus diferencias y bla bla bla.

No dije nada, que se puede decir en esos casos, acaricié su mejilla y me di media vuelta como el perdedor que era, entonces recordé a Andrómeda y deseé con todas mis fuerzas estar escuchando las travesuras que hacía a sus hermanas cuando estaba en la casa Black, deseé su compañía para que me sacara del enorme agujero que amenazaba con engullirme en aquel momento, pero cuando la encontré e intenté disculparme ella con una mirada que parecía más propia de Bellatrix y con una frialdad glacial que no quedaba nada bien con sus rasgos cálidos me dijo que no tenía importancia. Jamás volvió a dirigirme la palabra.

El último salvavidas se hundió en ese momento, lo perdí, perdiendo así cualquier posibilidad de salvación.

Solté el aire contenido, ¿qué habría pasado si él se hubiera enamorado de Andrómeda Black, si hubiera abandonado el recuerdo de Lily?, quizás él no se habría convertido en mortífago, o quizás habría arrastrado a la madre de Tonks a la oscuridad junto a él.

Nunca lo diría por respeto a Harry pero francamente su madre era una perra.

Abro otra página al azar y me quedo de piedra, se perfectamente que día fue ése, el día en que él me llevó mi carta.

15 de Julio 1991

Creo que es la prueba de que sigo siendo humano, hoy por la tarde Albus me obligó a llevar una carta a una chiquilla hija de muggles, tuve que explicar a los padres de que se trataba y hacer algunos hechizos sencillos para convencerlos, ellos estaban en principio reticentes, incluso a dejarme entrar a la casa, pero ella — la niña —me creyó al momento, algo murmuró sobre hacer volar los objetos e intenté explicarle que es normal a su edad no tener el completo control de la magia, luego me abrazó.

Me abrazó, como se abraza a alguien querido, a un hermano, a un amigo, un padre. Me abrazó porque la noticia que le llevé la llenó de felicidad, por primera vez en años, no pude negarme al contacto, no pude escudarme en una cara de enfado o evitarlo, porque no lo vi venir, por primera vez en años recordé lo que es sentir el contacto humano la caricia de alguien, la piel de alguien, por primera vez en años alguien, sin tener motivos ulteriores, sin estar planeando algo en mi contra, sin intentar nada, me tocó.

Podría decir que el contacto de la chiquilla fue vano, vacío, pues no había motivación de su parte ni de la mía, el contacto entre un adulto y una jovencita desconocidos sin ninguna razón de ser y que sin embargo, hizo vibrar la vena de humanidad que queda en mi interior.

Por primera vez en años me di cuenta que en realidad no estoy muerto.

Recuerdo ese día como si hubiera sido hoy, el día en que él apareció en mi puerta y me dio la mejor noticia que pude recibir, el día en que le conocí, con la emoción y once años apenas no supe que era lo que me estrujaba el estómago, ahora siete años después entiendo que mi cuerpo reaccionaba a él, a su presencia, a su cercanía. Me limpio las lágrimas del rostro solo de pensar que aquel día también fue significativo para él. Que ese momento tenía un lugar en su mente, aun y cuando fuera recóndito, que él podía recordar aquél como un buen día.

Hojeé el diario hacia años posteriores, sabiendo perfectamente lo que buscaba, el día del baile de navidad, el día en que miró el árbol de navidad. Ahí estaba.

25 de diciembre de 1994

Falta poco para que amanezca, pero estoy seguro de que no voy a poder dormir, podría estar borracho, pero todo el whisky que ingerí fue a dar al inodoro, me siento tan asqueado de mi mismo que no pude contener mi estómago.

¿Cómo pude?, es que, no me lo explico, ¡es una niña!, cuántos años tiene, quince si acaso, pero, ¡diablos!, hace años que esto no ocurría, hace años que… Qué ¿Qué?

Es que el día entero a sido una pesadilla, desde, creo que ni siquiera puedo escribir con coherencia…

El día, el día ha sido una pesadilla, cuando la vi entrar de la mano de Krum sentí removerse algo, en el estómago, algo que conozco demasiado bien como para decir que no sé que es, pensé en la niña que me abrazó aquel día cuando le llevé su carta, de esa niña poco quedaba, era una mujer, muy joven, muy muy joven, pero no pude evitar darme cuenta, que la dientona amiga de Harry Potter ya no se ve como una niña, que enfundada en su cursi vestido rosa horrible se adivina que será una joven mujer, bella, hermosa, juvenil, sedosa, turgente, ¡demonios! ¡No puedo!

¿Porqué diablos estoy llorando? Maldita sea.

Quisiera poder callar a mi mente pero, cómo me escondo de mis propios remordimientos, es tan fácil mentir a los demás, pero ¿cómo te mientes a ti mismo?, si yo sé que pensaba en ella, pensaba en Granger mientras estaba tocándome, fue ella, fue Granger la culpable de que sintiera deseo, era su estúpido vestido rosa el que quería desabrochar, era su pelo apretado en un moño demasiado formal para su edad, era a Granger a la que deseé, y después cuando el clímax llegó estuve tan asqueado de mi mismo que el whisky de fuego fue a parar al inodoro junto con la cena, y la poción que tomé para paliar el insomnio.

¿Por qué lo hice? ¿Por qué pensé en Granger de esa forma?

Además de un monstruo también soy un pervertido.

—Eso que está leyendo es privado Señorita Granger —su voz me sacó de mi ensimismamiento.

Aun intentando aceptar lo que acababa de leer salí del dosel de la cama y ahí estaba, en mi habitación, en la torre de Gryffindor, envuelto en su capa negra: Severus Snape.


Chan chan chan CHAAAAANNN!

Ya sé que yo escribí la historia y que es tonto, pero mientas revisaba este capítulo para subirlo, me emocioné de llegar a este punto.

Nos vemos en una semana.

Adrel Black