Buenos días a todos, ¿verdad que es pecado levantarse a las 4 de la mañana?, nadie en su sano juicio se levanta a esa hora, odio tener que madrugar :(
DISCLAMER.- Todo lo que puedan reconocer le pertenece a J.K. Rowling, la Warner y no sé a quien más, yo solo escribo por diversión y sin ánimo de lucro. La estrofa del principio de la historia le pertenece al grupo Sylvania y la canción se llama No Sé Que Será De Mi.
Este trabajo está dedicado a Violette Moore.
Y este capítulo de nuevo para Yazmín Snape porque cumplió años. Aun no sé si 15 o 18, pero seguro que por hay anda. XP
OTRO LUGAR
por
Adrel Black
EL SEPULCRO NEGRO
Sé que de nuevo ha de volver
a brillar esa luz en tu interior.
Sé que las estrellas pondré,
la luna despertaré
para hacerte ésta canción.
(No sé que será de mí, Sylvania)
Hubiera preferido desmayarme, hubiera preferido quedarme escondida tras el dosel de mi cama y no haber vuelto a salir nunca, hubiera preferido que el grito atorado en mi garganta escapara y no que se quedara ahí, ahogándome.
— ¿Pro-Profesor Snape?
— ¿A quién esperaba? —dio un paso al frente llevaba los brazos cruzados sobre el pecho como si estuviera conteniéndose de golpearme, una vena cercana a su sien y que era apenas visible entre su cabello palpitaba con rapidez. Arrastrando las palabras y siseando como todo un Slytherin dijo: —ahora, a menos que quiera que su casa pierda todos los puntos que tenga y los que las próximas diez generaciones van a conseguir —había un tic en su boca que enseñaba los colmillos mientras hablaba —le sugiero que me entregue ese diario y me explique ¿cómo fue que lo abrió y cómo demonios es que accedió a mis habitaciones?
Tragué saliva trabajosamente, el grito atorado en mi garganta dificultaba el paso, no podía creerlo, estaba ahí.
—Profesor —dije, mientras apretaba el diario contra mi pecho tratando de protegerlo de la ira de Snape —usted no puede estar aquí.
— ¿Qué diablos hace? —Preguntó cuando cerré los ojos en espera de que esa alucinación desapareciera, los abrí y seguía ahí vociferando —soy un profesor Granger, puedo ir a donde me plazca, no importa si es la torre de Gryffindor o su habitación.
—No me refiero a este lugar sino a… que… usted está… —dejé el diario en la mesilla de noche en un intento de ganar tiempo, había algo frío que sentía en la espina dorsal, me mordí los labios.
— ¿A que yo estoy qué, Granger?
—Usted está muerto —le grité. Sentía casi como una falta de respeto personal que estuviera ahí. ¿Cómo se atrevía a morirse? ¿Cómo se atrevía a aparecer ?
La mirada de ira que había en su rostro se transformó en otra cosa, una mueca que claramente dudaba de mi sanidad mental.
— ¿Qué estupidez está diciendo?
—Yo estaba ahí —le dije —cuando murió.
Siguió mirándome fijamente, en sus ojos había algo, como si intentara acordarse, como si hubiera algo que no recordara claramente, entornó los párpados como si quisiera ver más allá, a través de mi.
— ¿Esto es una broma? —Sus brazos se habían soltado y colgaban laxos a los lados de su cuerpo —No hay nada que pueda salvarla del castigo Granger. Asaltó mis habitaciones y tomó un objeto privado.
—Profesor, —le dije —no hay más alumnos aquí, —él miró alrededor de la habitación como si no hubiera reparado en ello —soy la única porque ayudo a la profesora McGonagall con la reconstrucción.
— ¿Reconstrucción?
—Del castillo.
— ¿Y los demás?
Me encogí de hombros, yo también me lo preguntaba, porqué nadie nos ayudaba a McGonagall y a mí.
—No lo sé, supongo que después de la guerra todos prefieren estar con su familia.
Me miró.
—Dígame Granger, ¿le parezco un fantasma? —había sarcasmo en sus palabras, su ceja alzada indagando en mi cordura.
Negué con la cabeza, él era una presencia sólida, monocromática por su vestimenta negra y blanca, pero su tez tenía el color pálido que yo tan bien le conocía a fuerza de observarlo, no tenía el color blanco perlado propio de los fantasmas.
—No.
— ¡Claro que no!
Y sin mediar otra palabra lanzó su mano, rápida como una serpiente hacia la mesilla de noche en un intento de recuperar el diario.
Los dos nos quedamos sin habla, su mano traspaso la mesita como si él estuviera hecho de humo, entonces reparé en algo más, su capa que arrastraba sobre el suelo parecía convertirse en tentáculos de humo negro a su alrededor.
Él me miró y dijo:
—No puede ser —levantó sus manos examinándolas, como queriendo entender qué sucedía —no soy un fantasma —no supe si hablaba conmigo o se lo decía a si mismo, parecía que intentaba convencerse. —No soy un fantasma, Granger, yo quería morir, jamás hubiera regresado, yo deseaba morir. —Luego con la voz estrangulada dijo —creí que era una pesadilla.
Lo miré en silencio, no sabía que decir, y de cualquier manera de qué valdrían cualquiera de mis palabras.
— ¿De verdad estoy muerto, Granger? —asentí, ahí estaba otra vez, en sus ojos la mirada melancólica.
—Profesor, yo... —no pude contenerme más —yo... —traté de no llorar, —yo lo intenté, quise ayudarlo, intenté salvarlo, pero en San Mungo no pudieron hacer nada y —las lágrimas a pesar de todo rodaron furiosas de tanto haber sido contenidas —lo siento tanto profesor. Lo siento tanto.
Él me miraba, había algo en sus ojos de alma en pena, parecía triste, melancólico y sobre todo muy confundido.
—No lo entiendo —dijo y empezó a caminar; no, a deslizarse por la habitación.
Mientras se deslizaba los objetos a su alrededor crujían, como cuando las casas están abandonadas y escuchas sus maderas o sus paredes crujir. La temperatura de la habitación era gélida.
—No puedo creerlo —dijo él al fin mientras con una mano intenta tocar uno de los pilares del dosel de mi cama pero su mano atravesaba la madera irremediablemente — ¿Y mi cuerpo?—iba a contestarle pero me interrumpió — ¿Entonces lo que pasó con Nagini no fue una pesadilla?
Negué con la cabeza incapaz de contestarle, no sé que me lastimaba más si su dolor o el mío, la idea de que él no había encontrado el descanso, la idea de que él se había ido, la idea de que él estaba ahí, pero a la vez no lo estaba, quise gritar cuando Snape volvió a preguntar.
— ¿Y mi cuerpo?
—Venga —le dije y me encaminé hacia la salida, con rumbo a los jardines.
Hacia el sepulcro de Severus.
.o.O.o.
Yo había olvidado que fuera en los terrenos del castillo hacía un frío gélido me abracé el torso en un intento vano de entrar en calor.
Caminábamos hacia donde sé se encuentran los sepulcros de Snape y Dumbledore.
Era complicado caminar entre la nieve al menos para mi. Snape por el contrario avanzaba como si atravesara la nieve, evité pensar en ello.
— ¿Me sepultaron en Hogwarts?
—Claro que si profesor —caminamos un poco más en silencio y entonces le digo —Harry y la profesora McGonagall estuvieron de acuerdo en ello, todo estuvimos de acuerdo en ello —él me mira y hay escepticismo en su mirada —todos estamos de acuerdo en que usted es un héroe.
Él suelta una risa desdeñosa, como dudando de lo que le digo.
—En verdad.
El hombre solo me mira pero no dice nada, camina serio mirando al frente. Viene a mí el recuerdo de la última anotación que leí en su diario y algo revolotea en mi vientre, la idea de que él haya tenido pensamientos lascivos conmigo me sonroja de manera violenta. Intento cambiar el rumbo de mis pensamientos.
—Profesor…
—Señorita Granger…
—Yo lo vi...
Entonces él me mira sin dejar de caminar y me siento desnuda bajo sus ojos.
—…lo vi cuando lo sepultamos. Me pareció verlo —rectifico sintiéndome estúpida —en la torre de astronomía.
Parece reacio a decir palabra, sus labios están contraídos y sus brazos han vuelto a cruzarse sobre su pecho. Nos acercamos hasta donde los sepulcros están distanciados por apenas algo más de un metro.
Él se detiene y mira su sepulcro donde su cuerpo está grabado en relieve sobre el ónix.
—Que apropiado —dice refiriéndose al sepulcro negro. No digo nada, no hay nada que decir.
Empieza a caminar alrededor del sepulcro y entonces repara en la frase que pedí grabaran en la piedra, lee en voz alta y las palabras frías que están ahí adquieren un nuevo significado en su voz de barítono, no puedo evitar cerrar los ojos.
—La medida del amor, —abro los ojos y él me está mirando, el viento a comenzado a aullar y el cielo que era de blanco perlado se a transformado en un mar gris embramado la nieve a nuestro alrededor se ha ido, como si hubiéramos dado otro salto en el tiempo los terrenos a nuestro alrededor se ven fríos y lúgubres como si estuviéramos al final del otoño —es amar sin medida"
Él se queda serio baja la mirada de nuevo al sepulcro y pasa las manos largas y pálidas por la piedra, no sé si realmente toca la lápida o la traspasa, pero ahí está, siguiendo con sus finos dedos los delicados trazos.
—Lamento si no le gusta —le digo, intentando justificar mi intromisión —es solo que… parecía adecuado.
— ¿Adecuado…? —Snape miró la inscripción con el ceño fruncido a medias, luego sus ojos se iluminaron en el entendimiento. —Por supuesto. Era imposible haber mostrado aquellas memorias a Potter y que él no las anduviera mostrando como si le pertenecieran.
—Harry solo nos las mostró a Ron y a mí.
— ¿Eso debería ser un consuelo?
La respuesta era obvia, negué con la cabeza y bajé la mirada al suelo. Nuestro entorno había cambiado de vuelta, ahora todo reverdecía, bajo nuestros pies el pasto había crecido de la nada, como si simplemente apareciera. Snape miraba a su alrededor, parecía tan contrariado como yo.
— ¿Dónde estamos? —preguntó.
—No tengo idea.
Claro que era una pregunta capciosa, seguíamos de pie junto a su sepulcro en los terrenos de Hogwarts, pero de pronto el castillo parecía reconstruidos, los terrenos esplendorosos, nada delataba que en aquel lugar hubiera habido una lucha.
—De principio creí que estaba soñando, pero, esto no parece un sueño. —parecía más hablar consigo que conmigo — ¿Ha visto a alguien más desde que ha llegado al castillo? —Negué. — ¿A nadie? —Negué de nuevo pensando en ello —antiguos alumnos, otros profesores, alguien del ministerio.
—Les vi el día que le sepultamos. —La arruga de su entrecejo se hace aún más pronunciada, como si yo estuviera diciendo una locura.
— ¿A quién vio? —pregunta.
—Estaban, algunas personas de la orden, de Hogwarts y gente del ministerio. —Quizás usted no los vio —aclaro, recordando como él miraba su propio funeral desde lo alto de la torre —porque todos entraron al castillo por la lluvia que se desató, solo nos quedamos en los terrenos McGonagall y yo hasta que las llamas se extinguieron.
Él me mira, hay algo extraño en sus ojos, luego niega.
—Yo lo recuerdo, estaba en la torre junto a Albus y usted Señorita Granger, estaba sola.
—No. —Niego de nuevo —era usted quien estaba solo.
Cuando comencé esta historia no estaba muy segura de ella, no sé parecía algo alocada, pero es emocionante como terminan los capítulos ¿no?
Nos vemos en una semana.
Adrel
