Hola a todos. Espero que tengan un lindo miércoles. Con este capítulo llegamos a la recta final, después de esto nos queda un capítulo más y un diminuto epílogo que publicaré ambos en una semana así que disfrútenlo que se termina.
DISCLAMER.- Todo lo que puedan reconocer le pertenece a J.K. Rowling, la Warner y no sé a quien más, yo solo escribo por diversión y sin ánimo de lucro. La estrofa del principio de la historia le pertenece al grupo Sylvania y la canción se llama No Sé Que Será De Mi.
Este trabajo está dedicado a Violette Moore.
Y para Yazmín Snape, solo para celebrar que tenemos quince primaveras XP, ella sabe de que hablo.
OTRO LUGAR
por
Adrel Black
LA TORRE
Hoy mi cielo yace gris,
Sin estrellas que te hagan sonreír.
Hoy la luna se durmió
Y la luz se apagó,
No sé qué va a ser de mí…
(No sé qué será de mí, Sylvania)
Snape ha estado dando vueltas alrededor de los dos sepulcros por lo que parecen horas al final harta de solo mirarle me he sentado en la hierba con mi espalda descansando en el frío ónix de su lapida, la quietud del lugar tiene una cualidad extraña. Debería de estar preocupada pero no lo estoy, en el bosque prohibido trinan las aves y el lago mantiene sus aguas en una tranquilidad apacible. Es como si de pronto el Profesor Snape y yo fuéramos los únicos seres en este mundo. La túnica del profesor se ha vuelto "sólida" por decirlo de alguna manera, ya no parece terminar entre tentáculos de humo, sino en las ondas habituales que hace mientras camina.
De manera inusual —eso por decir poco —el sol no se ha movido ni un ápice desde que la nieve se derritió dando paso a esa falsa primavera, no avanza, no oscurece, no brilla en exceso, solo se mantiene haciendo de este lugar y momento un instante detenido en el tiempo que ninguno de los dos podemos explicar.
Tal vez debería ir a buscar a la Profesora McGonagall, pero, si esto es solo un sueño no tiene ningún caso.
—Usted dijo que vio al director —le digo al profesor Snape que está de pie a unos pasos de mí. —Asiente. — ¿Ha visto a otras personas? —él hace un gesto negativo sin decir palabra. Luego de un momento de silencio parece pensarlo mejor y empieza a hablar con la vista aun perdida a lo lejos.
—Recuerdo el momento en que Voldemort lanzó a Nagini contra mí, el dolor cuando la serpiente me mordió, recuerdo cuando entregué los pensamientos a Potter y luego, recuerdo estar esperando la muerte. —Se toca el cuello que luce liso y pálido, como siempre, luego me mira —la recuerdo a usted, llorando en la casa de los gritos —asiento, aunque evito su mirada, las imágenes de los momentos en los que le acuné mientras él se ahogaba vienen a mi mente, no comenta nada al respecto, lo que es extraño dado su sentido del humor amargo y su habilidad para burlarse de los demás. —Recuerdo que amenazaba a alguien, alguien… —frunce un poco el entrecejo —de San Mungo, supongo por las ropas verde lima que tenía, aunque no sé cómo llegué hasta allí.
—Yo lo llevé —le digo —ningún medimago en el castillo quería atenderle, así que lo llevé a San Mungo y amenacé a uno para que le atendiera. —Una risilla sarcástica suena y me doy cuenta que debí parecer aún más desquiciada de lo que temía.
— ¿Por qué hizo eso?
— ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Dejarle morir? —Él se queda callado y sigue dando vueltas con las manos cruzadas sobre el pecho y la larga capa ondeando tras él.
—Recuerdo haberme levantado de la cama de San Mungo y haberme sentido perdido, vagué por un rato hasta que Albus me encontró y me trajo a Hogwarts. Aunque no recuerdo el trayecto.
— ¿No recuerda el viaje? —intento hacer memoria tampoco recuerdo como llegué aquí, solo que estaba aquí, ahora que lo pienso tampoco recuerdo cómo llegué al ministerio cuando Harry, Ron y yo fuimos a ver a Shacklebolt.
Snape está mirándome, es extraño que haya confusión en sus ojos, lo habitual es solo un vacío tétrico, pero parece tan aturdido como yo.
—Después de eso —continúa como si no se hubiera interrumpido —recuerdo estar en Hogwarts, había alumnos que luego se fueron y solo quedó Albus.
—Pero el profesor Dumbledore está…
—Muerto, claro —dice él mirando el sepulcro blanco, —yo le maté ¿no es cierto? —Y detiene su relato hasta que yo asiento, luego retoma —pero yo no lo sabía, o no lo recordaba, hasta que usted me trajo aquí. Yo solo pensaba que nos habíamos quedado solos en el castillo porque eran vacaciones o algo así. Y que todo lo demás, Nagini, Voldemort, San Mungo, usted, todo había sido solo una pesadilla.
No dije nada porque me incluyera en su lista de pesadillas, seguramente lo había sido, Doña Preguntitas saltando en su asiento al menor indicio de una pregunta, levantando la mano y haciendo señas como una imbécil intentando que él se diera cuenta que yo tenía todas las respuestas. Aunque no era así, ahora mismo estamos en medio de una enorme pregunta ¿en dónde estamos? Y más aún ¿Por qué estamos aquí? Y Preguntitas no tiene ni una remota idea.
—También la vi en mis habitaciones. —Su vista se clava en mí, lo sé, lo siento, la pesadez de su mirada está sobre mis hombros, aun así no levanto el rostro. — ¿Cómo consiguió abrirlo?
No tengo que preguntar, ambos sabemos que se refiere al diario.
—No lo sé…
— ¿Por qué estaba en mis habitaciones Granger?
—Yo…
—No tenía ningún derecho a leer lo que había escrito en él, es usted una entrometida.
—Lo sé pero…
—Una necia.
No respondo, lo soy, entrometida y necia, por querer salvarle de la muerte, cuando él quería morir, por querer encontrar algo más que solo la fría fachada, por pensar que saber más de él cambiaría lo que ya era una realidad que él era solo esto, un mortífago intentando redimirse, tal y como cualquier persona tenía derecho a intentar. Que era la entrometida y necia que —aunque no podía probarlo —nos había traído hasta este lugar al aferrarse de que podía defenderle, no sólo de morir solo, sino de sí mismo, de su destrucción. Por querer hacerle saber que merecía más.
Asiento con la cabeza a modo de aceptación.
Frunce el ceño de nuevo.
— ¿Lo sabe?
— ¿Qué cosa?
Snape baja la mirada, parece contrariado.
— ¿Lo leyó? —estoy bastante segura que en cualquier otra situación, esto podría ser gracioso, el imponente e iracundo Snape mira el suelo con gesto de desprecio incapaz de mirarme a los ojos.
Tiene algo de revancha el quedarme callada hasta que él me enfrente, es bueno que la necia y entrometida Doña Preguntitas tenga de vez en cuando el control de alguna situación. Él suelta el aire y con aspecto mortificado levanta la vista, en espera de respuesta.
— ¿La escena después de navidad? —Digo, parece tragar un poco antes de empezar a caminar de nuevo. — ¿La escena en la que se masturbó mientras pensaba en mi vestido rosa horrendo?
—Estaba borracho Granger, no olvide esa parte.
"Touché", pienso.
El silencio cae sobre nosotros de nuevo, pareciera que se han ido horas desde que estamos aquí, el sol sigue alto.
—Debe de haber una manera de salir de aquí Granger. —Snape se tira del cabello negro, nunca lo vi tan desesperado.
Los pensamientos corren por mi mente sin que ninguno embone con los demás, es más una especie de lío sin concierto alguno, para intentar ponerlos en orden empiezo a hablar en voz alta.
— ¿Qué es lo último que recuerda? ¿Lo último que esté seguro que fue real?
— ¿El momento en San Mungo, cuando usted amenazaba al medimago? —suena como una pregunta.
—Sí, —asiento —ese momento también estoy segura que fue real. —Intento hacer memoria —después de eso le atendieron los medimagos y me dijeron que estaba muerto.
— ¿Qué hay de McGonagall? —pregunta él.
— ¿De qué habla?
— ¿Ella está viva?
Lo pienso un segundo, la última vez que vi a la Profesora fue cuando Snape huyó del castillo durante la batalla, después de eso no tengo idea de si ella sobrevivió o no.
—No lo sé, después de la batalla yo solo me fui hacia San Mungo con usted, y después de eso solo recuerdo haber estado aquí con ella. —Es entonces cuando la primera idea que me parece coherente llega a mi mente. —Si usted está muerto y el Profesor Dumbledore está muerto, tal vez McGonagall y yo también lo estamos.
—No sea estúpida Granger, eso no tiene ningún sentido. —Frunce el ceño con malestar. —Aun en el caso de que usted estuviera muerta, dígame ¿por qué estaría aquí conmigo? —Me encojo de hombros —exacto —dice como si mi silencio probara su punto. —No hay manera posible en la que hubiéramos muerto y nos encontráramos, tal vez ustedes tres, pero yo no.
—No comprendo.
—Yo tenía un pase directo hacia la mazmorra —no entiendo a lo que se refiere y de seguro él ve la confusión en mi rostro porque hace una seña fastidiada hacia abajo, —el infierno, Granger, el inframundo, el averno, pero usted Granger —su voz se suaviza un poco. —Usted obviamente iba a la torre —hace un gesto hacia el cielo en el cual el sol no se ha movido.
—Entonces tal vez quien está muerta soy yo…
— ¿De qué habla?
—Tal vez esta es mi torre.
Snape me mira, en sus ojos hay molestia, luego suelta un rosario con todas palabras altisonantes que es capaz de recordar, estoy bastante segura que algunas ni siquiera están en inglés, parecían latín y obviamente parecían maldiciones.
Una vez que el hombre se ha calmado me mira con enfado.
— ¿En serio piensa que esto es su paraíso? Abandonada aquí con Dumbledore y McGonagall y… conmigo. —Yo lo miro con seriedad, la idea de que estoy muerta y de alguna manera me concedieron quedarme en el castillo que yo tanto amaba, con mi profesora favorita y con el hombre del que estaba enamorada se afianza en mí. — ¿Qué hizo para merecerse esto, Granger? —su voz resuena henchida de sarcasmo.
Es obvio que no entiende y que está siendo irónico, él no tiene manera de saber que yo lo quería y yo no voy a decírselo, no creo que él quiera escucharlo de cualquier manera.
—Sea lo que sea —trato de calmarle —es algo que sucede por nosotros, usted o yo lo estamos generando.
—Lo dice por el clima —yo asiento, desde que estamos aquí el tiempo dejó de saltar, la nieve se derritió, el viento se calmó, el sol brilla, no hace calor ni frío y el tiempo no pasa. Es como si estar juntos en este lugar estabilizara, lo que sea que estuviera ocurriendo.
—Pero usted no está muerta —aclara él.
— ¿Usted recuerda cuando murió? —él niega —pero recuerda haber sido atacado. Yo no recuerdo estar herida, tenía algunos rasguños y golpes, pero nada que me llevara a la muerte.
—Entonces tal vez solo está soñando. Aunque para ser sincero no me siento como un invento de su imaginación.
—Creo que eso diría un invento de mi imaginación —él asiente dándome la razón yo sonrío.
— ¿Por qué su imaginación inventaría esa entrada en mi diario?
—Tal vez a mi imaginación le hubiera gustado pensar que usted me había mirado ese día en navidad. —Los dos nos quedamos callados. —Bien —me pongo de pie, tengo la espalda dolorida por el tiempo que he pasado sentada en el suelo, me sacudo el pantalón de la tierra y las hierbas que se han quedado pegados en él —sea que esté muerta o sea que dormida hay una forma de averiguarlo.
Sin esperarle empiezo a caminar hacia el castillo. Él sin invitación se pone a mi altura y camina a mi lado. Andamos todo el camino hasta la torre de Gryffindor en silencio.
Al entrar a la sala común es imposible no reparar en el enorme hueco, a pesar de que todo ha vuelto a la normalidad a nuestro alrededor, aquella parte de la torre sigue estando dañada.
—Esto… —él se acerca hacia aquel hueco desde el que la luz se cuela; su tamaño es lo suficientemente importante como para que pasara a través suyo un auto grande — ¿Desde cuándo está así de dañada su torre?
—Desde que llegué aquí —luego lo entiendo —ayer cuando caminamos desde mi habitación hasta los terrenos usted no vio esto, usted no vio ese hueco hasta este momento en que yo se lo estoy mostrando.
—No lo entiendo —murmura.
Camino hacia ese lugar donde las piedras se han desprendido, el estómago me da un vuelco a causa de vértigo, un escalofrío me recorre la columna, aun así me acerco más, tengo tanto miedo.
—Granger —él pone su mano en mi hombro —puede caer, no se acerque al filo.
—Es que ese es el punto profesor.
Entonces él lo entiende.
—Va a saltar.
—Si esto es un sueño el miedo me despertará; si estoy muerta nada puede pasarme.
— ¿Y si no es ninguna de esas dos cosas y se mata?
— ¿Qué más puede ser?
—Claro que no lo sabemos Granger. —Su voz se vuelve sibilante. —Pero esta solución es burda, es la alumna más inteligente de su generación y yo soy un Maestro en Pociones, esto es una solución digna de Weasley y Potter.
Suelto una risa. De verdad me encantaría quedarme aquí, con él. Camino un poco más hacia el borde, él no me detiene, por el contrario camina conmigo.
Mis manos están sudando y los escalofríos no se interrumpen ni un momento, mientras me siento en el borde con las piernas colgando hacia el vacío allá abajó se extiende el césped verde esmeralda de los terrenos de Hogwarts. Él se sienta a mi lado parece muy solemne.
—Usted puede ser una necia Granger y una engreída, —luego continúa como si le costara trabajo —pero tiene agallas.
Sonrío, viniendo del Profesor Snape, de seguro es lo más parecido a un halago que nadie en el mundo ha conseguido.
—Profesor Snape.
—Señorita Granger.
—Hay algo que quiero…, necesito decir. —Asiente de forma imperceptible, levanto la mano hasta su mejilla. —Le quiero.
Se queda muy quieto, no parece disfrutar del contacto, aunque tampoco parece disgustarle, solo está ahí con el rostro impertérrito. Me acerco, y le beso, quedo, apenas poniendo mis labios sobre los suyos, él no se mueve, no devuelve, pero no se aparta, aun así es más de lo que puedo pedir, le beso de nuevo, su túnica huele a hierbas, a menta, me mantengo un segundo más de lo necesario, si esta es la única vez, la última vez, solo quiero tenerlo grabado. Luego me aparto.
—Lo lamento —no puedo evitar sentirme ridícula, no es como si hubiera abusado de él, pero aun así tiene algo de vergonzoso.
Miro hacia el vacío y de nuevo me estremezco, él también mira.
—No va a quedar mucho de nosotros —dice.
— ¿Va a saltar?
—No voy a dejarla que se mate sola —a lo lejos puedo ver a McGonagall diciéndome adiós desde los terrenos, su figura es muy nítida gracias a la luz brillante del sol. A su lado la figura blanca de Albus Dumbledore también dice adiós. — ¿También los ve? —me pregunta.
Asiento.
Alzo la mano y digo adiós a los profesores, sea lo que sea esto, este lugar, es momento de irse, sin un segundo pensamiento miro a Severus y salto.
Sus reflejos de mortífago alcanzan a tomarme del brazo su agarre es como el de una tenaza, el corazón me late desbocado, lo único que me separa del vacío es el agarre de Snape, él parece asustado. Un segundo después él también salta.
Estamos cayendo, tengo los ojos cerrados, el viento me silba en los oídos, a pesar de ello su mano aun aferra mi muñeca como si fuera una garra.
Me encanta esta parte porque puedo sentir el vértigo de Hermione y el miedo de Snape, me fascinó y eso es tan narcisista de mi parte, lo sé pero en serio me gustó.
Tengan una linda semana.
Adrel
